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  • El magistrado del Supremo, Antonio Martín Pallín: «En Palestina hay un apartheid constante»

    El magistrado del Supremo, Antonio Martín Pallín: «En Palestina hay un apartheid constante»

    Para José Antonio Martín Pallín, Magistrado emérito de la Sala II del Tribunal Supremo, el conflicto palestino-israelí se encuentra en una situación de permanente incertidumbre por la política israelí de asentamientos. Así lo apuntó en la conferencia celebrada en la Casa de Cultura de Mieres, organizada por Parpayuela Espacio Cultural, en colaboración con el Club La Nueva España en las Cuencas.

    El conferenciante estuvo acompañado por Laura González (ex consejera de Vivienda y Bienestar Social del Principado de Asturias, Eurodiputada entre 1993 y 2003, presidenta del Parlamento de Asturias entre 1991 y 1993), que no dudo en confirmar la precaria situación de los palestinos, especialmente desde las instituciones internacionales. «La Unión Europea no está jugando el papel que debería estar jugando», destacó González. Según ella, la UE está siendo muy pasiva, y recordó que, cuando varios diputados europeos estuvieron en Palestina tras la matanza de Yenín, se aprobó una resolución simplemente para cortar las relaciones comerciales con Israel, resolución que nunca se llegó a aplicar. «Lo más doloroso de todo es la falta de valentía, la falta de presencia de la UE en conflictos de estas características. Y esto es lo que hay que denunciar», afirmó la ex diputada, que añadió que «los intereses geopolíticos parece que están por encima de los derechos humanos».

    Por la izquierda, Carlos Barros, José Antonio Martín Pallín y Laura González. Fuente.
    Por la izquierda, Carlos Barros, José Antonio Martín Pallín y Laura González. Fuente.

    Martín Pallín relató su experiencia como miembro del Tribunal Russell y la labor de este tribunal en relación a la actuación de Israel en Palestina. El Tribunal Russell nació bajo el patrocinio de Jean Paul Sartre y tiene un prestigio internacional de carácter moral y ético. El magistrado explicó que el conflicto entre israelíes y palestinos se examinó desde bases jurídicas, y que en primer lugar, se formó un jurado con Premios Nobel de la Paz, ex Ministros y personajes relevantes de reconocido prestigio. A continuación comenzó sus sesiones con un mandato muy específico, según palabras de Martín Pallín: «No se trataba de analizar y condenar todo aquello que estaba analizado y condenado por organismos internacionales, como la ONU, que tiene una larga lista de resoluciones de condena contra Israel. Su objetivo principal era examinar la complicidad de los organismos internacionales con esa conducta y concretamente de la UE». Los resultados hasta el momento son negativos para la UE. «Lo que se está produciendo es una situación continua de apartheid, exactamente igual que la que sucedía en Sudáfrica», señaló Martín Pallín.

    El magistrado alertó de que «hay un gran desconocimiento sobre la situación en Israel». Los asentamientos son espléndidas mansiones con piscina, cuya agua proviene de los acuíferos palestinos, y las aguas residuales se evacuan hacia territorio palestino. Además, existe un concepto llamado «burbuja jurídica» por el que hay una zona de aplicación del derecho israelí en Palestina en torno a los asentamientos, sin que se sepan las dimensiones de esa burbuja, cambiantes en cada caso a voluntad de las autoridades israelíes. Así las cosas, «cuando terminen de ocupar el territorio de la Autoridad Palestina con asentamientos, la posibilidad del Estado Palestino será irreal, y ante la política de hechos consumados sólo quedaría aminorar los daños». Martín Pallín se plantea también si Israel se conformará con conquistar el terreno de la Autoridad Palestina o seguirá hacia Siria, Jordania o Egipto, dada la pasividad de los organismos internacionales.

     

    Fuente: La Nueva España – Diario Independiente de Asturias. Lunes 29 de marzo de 2010.

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  • El porqué del boicot a Sudáfrica ayer y a Israel hoy. Agustín Velloso

    El porqué del boicot a Sudáfrica ayer y a Israel hoy. Agustín Velloso

    El porqué del boicot a Sudáfrica ayer y a Israel hoy

    Agustín Velloso

     

    ¿Por qué boicotear a Israel en 2010?

    En 2010 se cumplen cincuenta años del comienzo del boicot a Sudáfrica y cinco del boicot a Israel. A pesar del tiempo transcurrido y de las diferencias que existen entre uno y otro caso, el establecimiento del apartheid en Sudáfrica, la complicidad de la comunidad internacional, el apoyo de Israel a Sudáfrica, la resistencia de los negros y la participación internacional de los ciudadanos de conciencia mediante el boicot, responde bien a las dudas de los que se preguntan por qué habrían de boicotear a Israel. También guarda interesantes lecciones para los que ya son partidarios del BDS y advertencias para los activistas.

    Lo que se propone a continuación es un ejercicio de comparación histórica que sirve para entender mejor lo que ocurre en Palestina a la luz de lo ocurrido en Sudáfrica.

     

    Apartheid en Sudáfrica y sionismo en Palestina

     

    En 1948 se estableció el Estado de Israel en Palestina y el Partido Nacional tomó el poder en Sudáfrica, el cual mantuvo hasta 1994. Inmediatamente y durante los años siguientes, los gobiernos de ambos países legislaron y actuaron con decisión en contra de los palestinos y los negros y a favor de los judíos y los afrikáners respectivamente.

    El fin último del Partido Nacional era desplazar a todos los negros sudafricanos a las áreas reservadas para ellos, los bantustanes, y otorgarles un permiso para desplazarse como ‘trabajadores invitados’ al territorio reservado a los afrikáners, aproximadamente el 87% del país.
    El fin último del sionismo, encarnado en Israel, es que su territorio (cuyas fronteras nunca ha definido) sea exclusivamente  para todos los judíos del mundo: “el Estado de Israel se considera la creación de todo el pueblo judío y sus puertas están abiertas, de acuerdo a sus leyes, para todos los judíos que deseen inmigrar.” http://www.mfa.gov.il/MFA/MFAArchive/2000_2009/2001/8/The%20Goals%20of%20Zionism%20Today
    Tanto los sionistas en Palestina como los afrikáners en Sudáfrica forman una minoría beligerante contra la mayoría de sus habitantes. Originalmente provienen del exterior para establecerse en medio de una gran mayoría de población autóctona árabe y negra respectivamente, con grave daño para éstas. Lógicamente su dominio sólo puede asegurarse mediante la fuerza de las armas y con un sistema político ilegítimo amparado por leyes repugnantes.

    Para los blancos, los negros tenían que servir a los primeros como mano de obra barata, sujetos a todo tipo de restricciones y sevicias, además de conformarse con ello so pena de pagar con la cárcel o incluso la vida cualquier manifestación de protesta y resistencia.

    Los palestinos que se convirtieron sin quererlo en ciudadanos israelíes en 1948, quedaron sometidos a la ley marcial durante los quince años siguientes (lo que incluye detenciones arbitrarias, o sea, no dictadas por un juez, expulsiones y toques de queda) a diferencia de los judíos, que no quedaron afectados por esa legislación. Tierras pertenecientes a los palestinos fueron confiscadas y en adelante destinadas exclusivamente a los judíos.

    Posteriormente han vivido hasta la fecha – y su situación va a peor- sometidos a una amplia discriminación legal por parte del gobierno y a otra de trato por parte de la mayoría de la población judía.

    Los palestinos que vivían en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este cuando Israel ocupó estas áreas mediante la guerra de 1967, han permanecido desde entonces bajo ocupación militar, sometidos además a ataques mortíferos, deportaciones, encarcelamientos masivos e incluso asedio como ocurre  actualmente en Gaza desde 2007.

    Deshumanización de los negros y de los palestinos

    El teniente coronel Pienaar, que en marzo de 1960 mandaba la fuerza policial en Sharpeville responsable de la matanza de negros que se manifestaban contra la segregación racial, declaró tras los hechos que “la mentalidad de los nativos no les permite reunirse para manifestarse de forma pacífica. Para ellos reunirse significa violencia.” También negó “haber dado la  orden de disparar y añadió que no lo hubiera hecho en tal situación.”

    (Ambrose Reeves: The Sharpeville Massacre – A watershed in South Africa
    http://www.sahistory.org.za/pages/library-resources/articles_papers/1960-sharpeville-massacre-rev-ambrose.html)

    La deshumanización de la víctima es parte esencial del apartheid y del sionismo. Las palabras con las que los líderes israelíes definen a los palestinos no dejan dudas al respecto.

    Rafael Eitan, jefe del ejército israelí: “cuando hayamos colonizado la tierra, todo lo que los árabes serán capaces de hacer será corretear de un lado para otro como cucarachas drogadas en una botella.” http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/4034765.stm

    Golda Meir, primera ministra: “no existe algo llamado pueblo palestino… No es que nosotros vinimos y les echamos fuera y nos apropiamos de su país. Los palestinos no existían.” http://www.monabaker.com/quotes.htm

    Menachem Begin, primer ministro: (los palestinos) “son bestias que caminan sobre dos patas.” http://www.monabaker.com/quotes.htm

     

    La mentira y la propaganda como política paralela a la de los crímenes de Estado

    Israel se niega sistemáticamente a reconocer los crímenes que comete y si no puede hacerlo porque hay testigos que no puede silenciar como a los palestinos, o son de enorme envergadura, como el ataque contra Gaza en diciembre de 2008, entonces miente sobre lo sucedido y utiliza la letanía de los cohetes disparados por Hamas, del derecho a la defensa propia, de sospechosos terroristas que se dirigían a realizar un atentado, etc.

    Lo hace porque sabe que la opinión pública mundial no se va a tomar la molestia de ir más allá de los titulares de la prensa que le es favorable y que raros son los que van a consultar los informes de derechos humanos de la ONU, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, por no hablar de las organizaciones de defensa de los derechos humanos palestina: el Centro Palestino por los Derechos Humanos (http://www.pchrgaza.org/portal/en/), Badil (http://www.badil.org/) Stop the Wall (http://www.stopthewall.org/), etc., que dejan patente las graves violaciones que comete continuamente Israel contra los palestinos.

    En junio de 2006 un proyectil disparado por el ejército israelí mató a siete palestinos de una misma familia -cinco niños entre los muertos- que estaban pasando el día en la playa de Gaza. La maquinaria propagandística de Israel se puso en marcha de inmediato y el mundo recibió la noticia de que una mina terrestre plantada por Hamas había sido la causa de la mortandad.

    Hizo falta que Human Rights Watch enviase al lugar un experto militar, antiguo asesor del Pentágono, Marc Garlasco, para que algún medio se hiciese eco de su informe: “la explicación del ejército israelí es profundamente incorrecta. Entre los restos de metralla había una pieza grabada con las cifras 155MM. Este proyectil es el que usa Israel en los cañones con los que regularmente bombardea el norte de Gaza”
    http://www.guardian.co.uk/world/2006/jun/14/israel1

     

    Las condenas sin sanciones por parte de la comunidad internacional equivalen a connivencia con el Estado delincuente

    La matanza de Sharpeville provocó una condena mundial y la petición de sanciones. En los meses siguientes se produjeron diversos movimientos diplomáticos, entre los que destaca la abstención de Francia y el Reino Unido en la votación de la resolución del Consejo de Seguridad que pide el fin del apartheid (RCSNU S/4300) y la oposición del representante de Estados Unidos, que critica la imposición de sanciones contra Sudáfrica y afirma que su país se opondrá a las mismas.

    Por su parte, la Asamblea General, en su resolución no vinculante 1761, de 1962, pide a sus miembros de forma individual o colectiva la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica en conformidad con la Carta, así como el boicot comercial y otras medidas similares.

    En 1963, frente a la creciente tendencia internacional a favor de sancionar y aislar al gobierno  sudafricano, el embajador estadounidense en la ONU critica esta posición con el argumento de que no obtendrá el resultado buscado y provocará la intransigencia del gobierno. No obstante, se toman algunas medidas menores relativas al comercio de armas, se discute sobre si el embargo ha de distinguir entre las de represión interna y las de defensa, etc.

    Sudáfrica hace caso omiso de la Resolución del Consejo de Seguridad 276, de 1970, avalada por la Corte Internacional de Justicia, que declara ilegal la ocupación de Namibia por parte de Sudáfrica. Francia y el Reino Unido se abstienen.

    En 1976 se produce una nueva matanza de cientos de negros, entre ellos numerosos niños, en Soweto. Esto provoca una oleada de condenas internacionales y algunas empresas extranjeras comienzan a retirar dinero del país.

    Desmond Tutu, viajó a Estados Unidos a finales de 1984, donde criticó la política de ‘diálogo constructivo’ de este país y señaló que podría acabar con el apartheid “mañana mismo” con una política de firmeza. Mientras, la firmeza se emplea en la represión contra los negros: el gobierno declara el estado de emergencia en 2005 y la policía mata a cientos de manifestantes a lo largo del año.

    Israel recibe, en el peor de los casos, condenas por actos similares y más crueles. Sin embargo, no es mediante la oratoria de presidentes, ministros de asuntos exteriores y Secretarios Generales de la ONU como se hace justicia, sino con la firme aplicación de la ley para casos de graves violaciones de los derechos humanos.

    En Palestina no hay justicia, pero la comunidad internacional espera que haya paz sin trabajar para conseguir primero aquella.

     

    La respuesta del Estado delincuente a las protestas: represión sin límites

    En 1977 el líder del Movimiento de la Conciencia Negra, Stephen Biko, es asesinado bajo custodia policial. Inmediatamente el gobierno arresta a otros líderes para evitar movilizaciones en la calle.

    La lista de líderes palestinos asesinados dentro y fuera de Palestina es larga y la de presos resulta increíble: cerca de 10.000. Durante años, sin juicio en muchos casos -lo que se conoce como arresto administrativo- torturados, sin derecho a visitas familiares, en condiciones indignas.

    Nadie está seguro con un Estado delincuente como Israel, ni militantes, ni palestinos ajenos a la resistencia. Por supuesto tampoco niños que tienen la mala fortuna de vivir en un área donde habita un miembro de la resistencia o que pasa por una calle donde tiene lugar un “asesinato selectivo”.

    En julio de 2002 un misil israelí acabó con la vida del líder de Hamas Salah Shehadeh, su mujer, sus hijos y varios vecinos. En 2009 se presentó una querella criminal en España contra los responsables –que obviamente no fueron juzgados en Israel ni en ningún otro país- sobre la cual la justicia española se declaró incompetente.

    Israel emplea la más dura represión contra todo tipo de resistencia, no sólo la armada, como quiere hacer creer la propaganda sionista (que omite que ésta es legítima bajo ocupación militar y a cambio la califica de ‘terrorista’), sino contra todos los palestinos.

    La cifra de cuatrocientos niños asesinados por uno de los ejércitos más poderosos del mundo en el ataque contra Gaza en un mes entre 2008 y 2009 ofrece una idea concisa de lo que es terrorismo. Éste es practicado a diario durante años por Israel y el “mañana mismo” de Tutu parece inalcanzable para los que aún permanecen con vida.

    Los pueblos cisjordanos de Ni’lin y Bi’lin, famosos internacionalmente por sus manifestaciones pacíficas y su “resistencia no violenta contra la ocupación” contra el muro de separación, cuentan con cientos de heridos, otros tantos de detenidos y una decena de muertos a manos del “ejército más moral del mundo” y de sus francotiradores, respectivamente.
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=94854

     

    Gracias a la complicidad internacional, Israel y Sudáfrica se burlan el embargo

    En 1977 la Resolución 418 del Consejo de Seguridad declara el comercio de armas con Sudáfrica “una amenaza para la paz” y aprueba un embargo obligatorio de éstas. Hay que resaltar que no se declara el apartheid una amenaza para la paz, lo cual resulta sorprendente, especialmente si se considera que aquél estaba en vigor desde 1948 –es decir, 30 años- y que Sudáfrica había atacado militarmente a países vecinos.

    Con todo, lo peor es que el embargo se burló, en gran parte debido a que el Consejo de Seguridad estableció un Comité de Sanciones, pero sin dotarle de un sistema de control para el caso. Cuesta creer que este fallo fuese involuntario en políticos de categoría y experiencia acorde a las funciones del Consejo de Seguridad.

    Según el informe de expertos de la ONU sobre embargo y sanciones de 1999, “quedó claro que las armas continuaron llegando a Sudáfrica”. La conclusión de los expertos es que “el embargo de armas no consiguió degradar la capacidad militar de Sudáfrica. Al contrario, el régimen racista logró aumentar su producción interna de armas. Hubo numerosos informes de intercambios secretos de armas con otros países y de que el embargo no fue unánimemente respetado.”
    http://www.un.org/Docs/sc/committees/sanctions/background.doc

    Israel tuvo el papel más destacado en esta violación del embargo. Los intercambios políticos y militares entre ambos países no pudieron ser más estrechos, lo cual incluye tratos con dirigentes sudafricanos que eran nazis y el desarrollo conjunto de tecnología y armamento nucleares.

    El primer ministro Rabin recibió en Jerusalén en 1976 al primer ministro sudafricano Vorster, quien había estado internado en un campo de concentración británico por nazi y había mandado a su ejército a invadir Angola. En la cena de gala Rabin “brindó por los ideales comunes de justicia y coexistencia pacífica”. Vorster correspondió declarando que “Israel y Sudáfrica son víctimas de los enemigos de la civilización occidental.”

    Han pasado 35 años y las mentiras de los gobernantes no han cambiado, las injustas relaciones internacionales tampoco. Se puede consultar al respecto el interesante artículo (del que se extrae la cita anterior y que presenta de forma breve y fidedigna el meollo del asunto publicado también en diversos libros): “Hermanos de armas: el pacto secreto de Israel con Pretoria”, de Chris McGreal, publicado por The Guardian el 7 de febrero de 2006. http://www.guardian.co.uk/world/2006/feb/07/southafrica.israel

     

    Estados Unidos: el paladín de los estados delincuentes y criminales

    Lejos de las reuniones bilaterales en Jerusalén, la Asamblea General sigue enfrentada al Consejo de Seguridad por causa del apartheid. El antidemocrático derecho de veto de sus cinco miembros permanentes deja en un lodazal las decisiones de la mayoría. Aquella aprueba en 1977 una recomendación para que éste imponga un embargo de petróleo a Sudáfrica, pero una vez más Estados Unidos, Reino Unido, Francia y otros países poderosos se abstienen.

    En 1981, con la llegada de Reagan a la presidencia de Estados Unidos, su Departamento de Estado anuncia una política de “diálogo constructivo con Sudáfrica”, política exterior que recuerda inmediatamente a la de España en la actualidad.

    En realidad, eso significaba entonces apoyo a Sudáfrica, como hoy día significa apoyo a Israel. Obama dijo lo mismo al presidente de Líbano en la visita que éste hizo a Washington en diciembre de 2009 al referirse a la paz en la zona: “Lo que compartimos es un compromiso para resolver estas cuestiones mediante el diálogo y las negociaciones en vez de mediante la violencia”.
    http://palestinethinktank.com/2009/12/27/obama-and-suleiman-forget-the-rhetoric-let-the-face-and-the-money-tell-the-story/

    Estados Unidos estaba dispuesto a llegar aún más lejos. En ese mismo año de 1981 rompe con la exigencia común de sus aliados Reino Unido, Francia, Alemania y Canadá a Sudáfrica de llevar a cabo el plan de las Naciones Unidas para la independencia de Namibia y lo une a la retirada de tropas cubanas de Angola.

    En los años siguientes las dos potencias mundiales, Estados Unidos y la Unión Soviética, se enfrentan por medio de países interpuestos en África Austral, que reciben suministros de armas de uno y otro.

    Israel es desde hace muchos años el primer receptor de ayuda militar estadounidense. Desaparecida aquélla y ahora proveedor universal, Estados Unidos firmó en agosto de 2007 un acuerdo con Israel por el que le otorgaba una ayuda militar por valor de 30 mil millones de dólares para los próximos diez años. El mismo vendedor planeaba otro acuerdo militar con sus aliados árabes (Egipto y Arabia Saudita) por valor de 20 mil millones.

    Según informó entonces el New York Times, fuentes oficiales del Departamento de Estado calificaron la ayuda “como una inversión a largo plazo en la paz.”
    http://www.nytimes.com/2007/08/16/world/middleeast/16cnd-israel.html?_r=1&hp

    La verdadera actuación de Estados Unidos respecto de la paz se aprecia bien hoy en Oriente Medio, como se veía ayer en África del Sur, en la última agresión de Israel contra Líbano en 2006:

    En julio de ese año bloqueó una condena de las Naciones Unidas a Israel y fue el único de los quince miembros del Consejo de Seguridad que bloqueó la petición libanesa de llamada al alto el fuego y cualquier otra medida relativa al cese del ataque israelí sobre Líbano.

    En agosto intensificó el envío de armas sofisticadas a Israel del tipo que emplea en sus ataques aéreos, concretamente bombas guiadas por láser y por satélite, mientras se multiplicaban las declaraciones de su secretaria de estado, Rice, y su embajador en las Naciones Unidas, Bolton, sobre “el derecho de Israel a defenderse”, “la principal causa del problema es Hizbolah”, “el presidente no va a tomar decisiones sobre asuntos militares que corresponden a Israel”, recogidas por las agencias de noticias de todo el mundo (Reuters, AP, Aljazeera, etc.)

     

    El apoyo de la comunidad internacional al Estado delincuente

    En 1985 el gobernador del banco central sudafricano viaja a Europa en busca de ayuda para solucionar la crisis financiera de su país, pero apenas encuentra apoyo. Por su lado los trabajadores de las minas de oro anuncian una huelga para aumentar la presión.

    Los políticos israelíes viajan mucho en estos tiempos a Occidente, aunque de forma más o menos disimulada a la vista de las querellas que les llueven desde diversos países, con el fin de llevar su mensaje de “defensa propia”, “guerra contra el terrorismo islámico” y “compromiso con el proceso de paz”, que contrarreste la imagen que tienen entre la ciudadanía de esos países.

    Lamentablemente se les recibe y lo que es peor, se multtiplican y mejoran los acuerdos de todo tipo en todas las áreas entre

     

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  • Pautas para aplicar el boicot cultural internacional a Israel

    Pautas para aplicar el boicot cultural internacional a Israel

    Criterios para el Boicot

    Pautas para aplicar el boicot cultural internacional a Israel

    Antes de discutir las diferentes categorías de productos y eventos culturales, y como norma general fundamental, prácticamente todas las instituciones culturales israelíes, a menos que demuestren lo contrario, son cómplices de mantener la ocupación israelí y de denegar los derechos palestinos básicos, ya sea por medio de su silencio o de su implicación real en justificar, encubrir o desviar de otro modo deliberadamente la atención de las violaciones por parte de Israel del derecho internacional y de los derechos humanos. En consecuencia, se debe boicotear a estas instituciones, todos sus productos y todos los acontecimientos que ellas patrocinen o apoyen. Del mismo modo, se deben boicotear eventos y proyectos que impliquen a individuos que explícitamente representan a estas instituciones cómplices

    Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel, PACBI.
    www.pacbi.org, Rebelión, 22-07-2009

    concentración

    Desde abril de 2004 la PACBI ha invitado a los intelectuales y académicos de todo el mundo a “boicotear exhaustiva y sistemáticamente las instituciones académicas y culturales israelíes como una contribución a la lucha para acabar con la ocupación, colonización y sistema de apartheid de Israel” [1].

    En 2006 la contundente mayoría de los trabajadores de la cultura palestinos, incluyendo a la mayoría de los directores de cine y artistas, apoyados por cientos de trabajadores internacionales de la cultura, hicieron un llamamiento a todos los directores de cine y artistas internacionales de conciencia a unirse al boicot cultural institucional contra Israel [2]. En respuesta a este llamamiento, el célebre escritor y artista británico John Berger hizo pública una declaración que fue respaldada por decenas de destacados artistas, escritores y directores de cine internacional pidiendo a sus colegas de todas partes del mundo que suscribieran el llamamiento palestino de boicot cultural [3].

    En el espíritu de este boicot cultural y coherente con su lógica, en un anuncio publicitario de media página publicado el 8 de mayo de 2008 en [el diario británico] International Herald Tribune bajo el título de “Ninguna razón para celebrar” decenas de destacadas figuras culturales internacionales (incluyendo a Mahmoud Darwish, Augusto Boal, Ken Loach, Andre Brink, Ella Shohat, Judith Butler, Vincenzo Consolo, Ilan Pappe, David Toscana y Aharon Shabtai) firmaron una declaración en respuesta las celebraciones mundiales del “60 aniversario” de Israel afirmando [4]:

    “¡No hay motivos de celebración! A los 60 años Israel es un Estado que sigue denegando a los refugiados palestinos sus derechos sancionados por la ONU simplemente porque son “no judíos”. Sigue ocupando ilegalmente Palestina y otras tierras árabes en violación de muchas resoluciones de la ONU. Sigue violando persistente y terriblemente el derecho internacional y derecho humanos fundamentales con total impunidad, algo que le permite un magnánimo apoyo económico, diplomático y político de Estados Unidos y la Unión Europea. Continúa tratando a sus propios ciudadanos palestinos con una discriminación institucionalizada”.

    La campaña de boicot cultural contra el apartheid sudafricano ha sido una fuente fundamental de inspiración para formular tanto el llamamiento palestino al boicot como sus criterios. En aquel contexto el argumento clave presentado por el régimen sudafricano y por sus defensores en todo el mundo en contra del boicot cultural y deportivo al apartheid cultural (que el boicot viola la libertad de expresión y el intercambio cultural) fue refutado con firmeza por el director del Centro de Naciones Unidas contra el Apartheid, Enuga S. Reddy, quien en 1984 escribió [5]: “Es cuando menos bastante extraño que el régimen sudafricano, que deniega todas las libertades … a la mayoría africana … se vuelva un defensor de la libertad de los artistas y deportistas del mundo. Tenemos una lista de personas que han actuado en Sudáfrica por ignorar la situación, atraídos por el dinero o indiferentes al racismo. Hay que persuadirlos de que dejen de entretener al apartheid, de que dejen de beneficiarse del dinero del apartheid y de que dejen de servir a los propósitos de propaganda del régimen de apartheid”. De forma similar, el objetivo del llamamiento al boicot cultural son las instituciones, proyectos y eventos que siguen sirviendo a las intenciones del régimen colonial y de apartheid israelí.

    Durante cinco años de intenso trabajo con compañeros en varios países para promover el boicot cultural contra Israel, la PACBI ha examinado exhaustivamente decenas de proyectos y eventos culturales, y valorado la aplicabilidad del criterio de boicot a estos y, en consecuencia, ha publicado cartas abiertas, declaraciones u opiniones consultivas sobre el tema. Las dos conclusiones más importantes a las que se llegó a este respecto eran: (a) muchos de estos eventos y proyectos caen en una zona gris e incierta que es difícil de valorar, y (b) el objetivo del boicot debe ser no sólo las instituciones cómplices sino también los vínculos inherentes y orgánicos entre ellas que reproducen la maquinaria de la subyugación colonial y del apartheid. Basándose en esta experiencia y en respuesta a la cada vez mayor demanda a la PACBI de unas pautas en la aplicación del boicot cultural a diversos proyectos, desde festivales de cine a exposiciones de arte y actuaciones musicales y de danza y conferencias, la Campaña expone a continuación unos criterios inequívocos, sistemáticos y coherentes que abordan específicamente los matices y particularidades del campo de la cultura.

    El objetivo fundamental de estos criterios es ayudar a guiar a los trabajadores y organizadores de acontecimientos culturales de todo el mundo cuando se adhieran al llamamiento palestino al boicot, como una contribución al establecimiento de una paz justa en la zona.

    Criterios del boicot cultural

    En adelante, la palabra “producto” se refiere a productos culturales como películas y otras formas de arte; “evento” se refiere a festivales de cine, conferencias, exposiciones de arte, espectáculos de danza y música, giras de artistas y escritores, entre otras actividades.

    Antes de discutir las diferentes categorías de productos y eventos culturales, y como norma general fundamental, prácticamente todas las instituciones culturales israelíes, a menos que demuestren lo contrario, son cómplices de mantener la ocupación israelí y de denegar los derechos palestinos básicos, ya sea por medio de su silencio o de su implicación real en justificar, encubrir o desviar de otro modo deliberadamente la atención de las violaciones por parte de Israel del derecho internacional y de los derechos humanos. En consecuencia, se debe boicotear a estas instituciones, todos sus productos y todos los acontecimientos que ellas patrocinen o apoyen. Del mismo modo, se deben boicotear eventos y proyectos que impliquen a individuos que explícitamente representan a estas instituciones cómplices.

    El siguiente criterio puede que no sea completamente exhaustivo y, desde luego, no sustituye, remplaza o elude otros criterios de boicot que sean de sentido común, particularmente cuando un producto o evento cultura demuestra ser explícitamente justificativo, defensor o promotor de crímenes de guerra, discriminación racial, apartheid, supresión de derechos humanos fundamentales y graves violaciones del derecho internacional.

    Basándose en lo anterior, el boicot cultural a Israel se aplica en las siguientes situaciones:

    (1) El producto cultural es encargado por un organismo oficial israelí

    Todos los productos culturales encargados por un organismo oficial israelí (por ejemplo, una película financiada por un ministerio del gobierno, un municipio, una embajada, un consulado, el Estado u otro organismo público) merecen ser boicoteados por razones institucionales ya que han sido encargados y, por tanto, financiados por el Estado de Israel (o cualquiera de sus instituciones cómplices) específicamente para ayudar a la propaganda del Estado o a los intentos de “renombrar” que tienen el objetivo de diluir, justificar, encubrir u otras formas de desviar la atención de la ocupación israelí y de otras violaciones de los derechos de los palestinos y del derecho internacional. Sin embargo, con mucha frecuencia este nivel de complicidad explícita es difícil de establecer, ya que la información sobre estos encargos directos puede que no esté fácilmente disponible o que incluso se oculte intencionadamente.

    (2) El producto es financiado por un organismo oficial israelí, aunque no encargado (no existen condiciones políticas)

    El término “condiciones políticas” se refiere aquí específicamente a aquellas condiciones que obligan al receptor de un fondo a servir directa o indirectamente a los esfuerzos de propaganda o de “renombrar” del gobierno. Los productos financiados por los organismos oficiales israelíes (tal como se definen en la categoría (1) antes mencionada), pero no encargados y, por consiguiente, no vinculados a ninguna condición política, no son, per se, sujeto de boicot. Según el criterio de la PACBI, los productos culturales individuales que reciben fondos del Estado como parte del derecho de trabajador de la cultura individual en tanto que ciudadano contribuyente sin que él o ella esté obligado a servir a los intereses politicos y a las condiciones políticas del Estado, no son boicoteables. Por otra parte, aceptar estas condiciones políticas convertiría claramente el producto o evento cultural en una forma de complicidad al contribuir a los esfuerzos de Israel de encubrir u ocultar su realidad colonial y de apartheid, y a consecuencia de ello sería boicoteable.

    Mientras que en este contexto se debe respetar completa y sistemáticamente la libertad de expresión, particularmente de la expresión artística, un artista individual, director de cine, escritor, etc., israelí o no, no puede estar exento de ser sujeto de boicots que ciudadanos de conciencia de todo el mundo (más allá del alcance del criterio de boicot de la PACBI) pueden pedir en respuesta a lo que en general se considera un acto o declaración particularmente ofensivo por parte del trabajador o trabajadora de la cultura en cuestión (como la incitación directa o indirecta a la violencia; la justificación — una forma indirecta de defensa – de crímenes de guerra y otras graves violaciones del derecho internacional; declaraciones racistas; participación real en violaciones de derechos humanos, etc.). A este nivel , los trabajadores de la cultura israelíes no estarían automáticamente exentos de una crítica justificada o de cualquier otra forma legal de protesta, incluyendo el boicot; serían tratados como todos los demás infractores en la misma categoría, no mejor ni peor.

    (3) El evento es patrocinado parcial o totalmente por un organismo oficial israelí

    El principio general es que un evento o proyecto llevado a cabo bajo el patrocinio/auspicios de o en relación a un organismo oficial israelí constituye complicidad y, por consiguiente, es merecedor de boicot. También está bien documentado actualmente que los artistas, escritores y otros trabajadores de la cultura que solicitan financiación estatal para cubrir el coste de su participación en eventos internacionales, o de sus productos culturales, deben aceptar contribuir a los esfuerzos de propaganda oficial de Israel. Para ello el trabajador de la cultura debe firmar un contrato con el ministerio de Asuntos Exteriores que obliga al trabajador o trabajadora a “comprometerse a actuar fiel, responsable e incansablemente para proporcionar al ministerio los mejores servicios profesionales. El proveedor del servicio es consciente de que el propósito de encargarle un servicio es promover los intereses políticos del Estado de Israel vía la cultura y el arte, incluyendo el contribuir a crear una imagen positiva de Israel” [6].

    (4) El producto no está financiado o patrocinado por un organismo oficial israelí

    A menos que viole alguno de los criterios antes mencionados, en ausencia de patrocinio oficial israelí, el producto individual de un trabajador israelí de la cultura no es, per se, boicoteable, a pesar de su contenido o de su mérito.

    (5) El evento o el producto promueve falsa simetría o “equilibrio”

    Los eventos y proyectos culturales que implica a palestinos y/o árabes e israelíes y que promueven el “equilibro” entre las “dos partes” al presentar sus respectivos relatos, o se basan en la falsa premisa de que colonizadores y colonizados, opresores y oprimidos, son igualmente responsables del “conflicto”, son intencionadamente engañosos, intelectualmente deshonestos y moralmente censurables. Estos eventos y proyectos, que a menudo buscan fomentar diálogo o “reconciliación entre ambas partes” sin abordar los requisitos de justicia promueven la normalización de la opresión y de la injusticia. A menos que estén enmarcados en el explícito contexto de oposición a la ocupación y a otras formas de la opresión israelí de los palestinos, todos estos eventos y proyectos que reúnen palestinos y/o árabes e israelíes son fuertes candidatos al boicot. Otros elementos que la PACBI tiene en cuenta al evaluar estos eventos y proyectos son las fuentes de financiación, el diseño del programa, los objetivos de la organización o las organizaciones patrocinadoras, los participantes y similares factores relevantes.

    Referencias:

    [1] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=869

    [2] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=315

    [3] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=415

    [4] http://www.pngo.net/data/files/english_statements/08/PNGO-THT-HP5208(2).pdf

    [5] http://www.anc.org.za/un/reddy/cultural_boycott.html

    [6] http://www.haaretz.com/hasen/spages/1005287.html

    Enlace con el original: http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=1045
    Traducción: Beatriz Morales Bastos, www.rebelión.org

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  • La necesidad del boicot cultural a Israel – Ilan Pappe

    La necesidad del boicot cultural a Israel – Ilan Pappe

    Ilan Pappe – 25 de junio de 2009

    Si hay algo nuevo en la interminable historia de Palestina es el claro cambio que se han producido en la opinión pública en el Reino Unido. Recuerdo que vine a estas islas en 1980, cuando el apoyo a la causa palestina estaba confinado al izquierda y, dentro de ella, a una sección y a una corriente ideológica muy particular. El trauma post-Holocausto y el complejo de culpabilidad, los intereses económicos y militares, y la farsa de Israel como la única democracia en Oriente Medio contribuyó todo ello a proporcionar inmunidad al Estado de Israel. Muy pocas personas cambiaron de idea, según parece, ante un Estado que había desposeído a la mitad de la población palestina originaria, demolido la mitad de sus ciudades y pueblos, discriminado a la minoría de esta población originaria que vivía dentro de los límites de sus fronteras por medio de un sistema de apartheid y dividido en enclaves a dos millones y medio de ellos en una dura y opresiva ocupación militar.

    Casi 30 años después parece que se han eliminado todos estos filtros y cataratas en los ojos. La magnitud de la limpieza étnica de 1948 es bien conocida, se deja constancia del sufrimiento de los palestinos en los territorios ocupados e incluso el presidente de Estados Unidos lo describe como insoportable e inhumano. De forma similar, se observa diariamente la destrucción y despoblación de la zona del gran Jerusalén y se reprende y condena frecuentemente la naturaleza racista de las políticas respecto a los palestinos en Israel.

    Naciones Unidas describe la realidad de hoy, en 2009, como una “catástrofe humana”. Los sectores conscientes y concienciados de la sociedad británica saben muy bien quién causa y quién produce esta catástrofe. Ya no se relaciona con circunstancias ambiguas o con el “conflicto”, sino que es claramente considera el resultado de las políticas israelíes a los largo de los años. Cuando se le preguntó al Arzobispo Desmond Tutu qué reacción había tenido cuando visitó los territorios ocupados, señaló con tristeza que era peor que la de la del apartheid. Sabía de qué hablaba.

    Como en el caso de Sudáfrica, estas personas decentes, ya sea individualmente o como miembros de organizaciones, expresan su indignación ante la opresión, colonización, limpieza étnica y hambruna continuas en Palestina. Buscan maneras de demostrar su protesta y algunos incluso esperan convencer a su gobierno de que cambie su vieja política de indiferencia e inacción ante la continua destrucción de Palestina y de los y las palestinas. Muchos de ellos son judíos, ya que muchas de estas atrocidades se han hecho en su nombre de acuerdo con la lógica de la ideología sionista, y unos pocos de ellos son veteranos de luchas civiles anteriores en su país por causas similares a lo largo y ancho de este mundo. Ya no están confinados a un partido político y provienen de todos los ámbitos de la vida.

    Por el momento, el gobierno británico no ha cambiado. También fue pasivo cuando el movimiento anti-apartheid en este país le pidió que impusiera sanciones a Sudáfrica. Fueron necesarias varias décadas para que este activismo desde abajo llegara al más alto nivel político. En el caso de Palestina cuesta más tiempo: la culpa por el Holocausto, los relatos históricos y las distorsiones contemporáneas de Israel como una democracia que busca la paz y de los palestinos como los eternos terroristas islámicos bloquearon el flujo del impulso popular. Pero está empezando a encontrar su lugar y su presencia, a pesar de la acusación hecha a toda demanda de este tipo de ser anti-semítica y a pesar de la demonización del Islam y de los árabes. El tercer sector, este vínculo importante entre los civiles y las agencias gubernamentales, nos ha mostrado el camino: un sindicato tras otro, un grupo profesional tras otro han enviado todos ellos recientemente un mensaje claro: ya está bien. Se ha hecho en nombre de la decencia, de la moralidad humana y del compromiso civil básico de no permanecer de brazos cruzados ante las atrocidades del tipo de las que Israel ha cometido y sigue cometiendo contra el pueblo palestino.

    En los últimos ocho años la política criminal israelí se intensificó y los activistas palestinos buscaban nuevas maneras de hacerle frente. Las probaron todas, la lucha armada, la guerra de guerrilla, el terrorismo y la diplomacia: no funcionó ninguna. Y, sin embargo, no se rinden y ahora proponen una estrategia no violenta, la del boicot, desinversión y sanciones. Con estos medios quieren persuadir a los gobiernos occidentales de salvar de una catástrofe y de un baño de sangre inminentes no sólo a ellos sino, irónicamente, también a los judíos en Israel. Esta estrategia generó el llamamiento al boicot cultural a Israel. Cualquier ámbito de la existencia palestina expresa esta petición: la sociedad civil bajo la ocupación y los palestinos bajo Israel. La apoyan los refugiados palestinos y la encabezan miembros de las comunidades de los palestinos en el exilio. Llega en el momento preciso y ofrece a individuos y organizaciones en el Reino Unido una manera de expresar su indignación ante las políticas israelíes y, al mismo tiempo, una vía de participación en la presión global al gobierno para que cambie su política de proporcionar inmunidad a la impunidad.

    Es desconcertante que, por el momento, este cambio en la opinión pública no haya tenido impacto en la política, pero de nuevo tenemos que recordar los tortuosos caminos que tuvo que recorrer la campaña contra el apartheid [sudafricano] antes de convertirse en política. También merece la pena recordar que dos valientes mujeres de Dublín, que tenían el duro trabajo de cajeras de supermercado, fueron las únicas que se negaron a vender productos sudafricanos. Veintinueve años después, los británicos se unieron a los demás en la imposición de sanciones a Sudáfrica. Así, mientras los gobiernos dudan por razones cínicas, por temor a ser acusados de anti-semitismo o quizá debido a inhibiciones islamofóbicas, los ciudadanos y los activistas hace cuanto está en su mano, simbólica y físicamente, para informar, protestar y denunciar. Tienen una campaña más organizada, la del boicot cultural, o pueden unirse a sus sindicatos en la política coordinada de presión. También puede utilizar su nombre o su prestigio para indicarnos a todos nosotros que las personas decentes de este mundo no pueden apoyar lo que hace y significa Israel. No saben si su acción producirá un cambio inmediato ni si tendrán la suerte de ver el cambio en el lapso de sus vidas. Pero en su propio libro personal de quiénes son y de qué hicieron en sus vidas, y ante el severo ojo de la valoración histórica se les incluirá junto con todos aquellos que no permanecieron indiferentes cuando la inhumanidad bramaba disfrazada de democracia en sus propios países o en cualquier otro lugar.

    Por otra parte, los ciudadanos de este país, especialmente los famosos, que continúan difundiendo, con bastante frecuencia por ignorancia o por razones bastante más siniestras, la fábula de Israel como una sociedad culta occidental o como “la única democracia en Oriente Medio” no sólo están equivocados en relación a los hechos. Proporcionan inmunidad a una de las mayores atrocidades de nuestro tiempo. Algunos de ellos nos piden que dejemos la cultura fuera de nuestras acciones políticas. Este enfoque de la cultura y la vida académica israelí como entidades diferentes del ejército, la ocupación y la destrucción es moralmente corrupta y lógicamente caduca. Un día, finalmente, la indignación desde abajo, incluyendo en el propio Israel, producirá una nueva política; la actual administración estadounidense ya está dando las primeras muestras de ello. La historia no vio con buenos ojos a los directores de cine que colaboraron con el senador estadounidense Joseph McCarthy en los años cincuenta o apoyaron el apartheid. Adoptará una actitud similar con aquellos que ahora callan acerca de Palestina.

    Un excelente caso al respecto se reveló el mes pasado en Edimburgo. El director de cine Ken Loach dirigió una campaña contra las relaciones oficiales y financieras que tenía el festival de cine de la ciudad con la embajada israelí. El sentido de esta postura era transmitir el mensaje de que esta embajada no sólo representa a los directores de cine de Israel, sino también a sus generales que habían masacrado al pueblo de Gaza, a sus torturadores que torturaran a los palestinos y las palestinas en las cárceles, a sus jueces que envían sin juicio a la cárcel a 10.000 palestinos (la mitad de los cuales son menores), a sus racistas alcaldes que quieren expulsar a los árabes de sus ciudades, a sus arquitectos que construyen muros para encerrar a las personas e impedirles que acudan a sus campos, escuelas, cines y oficinas, y a sus políticos que crean una y otra vez estrategias para completar la limpieza étnica de Palestina que iniciaron en 1948. Ken Loach consideró que la única manera de boicotear el festival en su conjunto sería situar a sus directores en un sentido y perspectiva moral. Tenía razón, así que lo hizo porque el caso está nítidamente definido y la acción es tan simple y tan pura.

    No es sorprendente que se oyeran voces en contra. Ésta es una batalla que está en curso y no se ganará fácilmente. Mientras escribo estas líneas conmemoramos 42 años de ocupación israelí, la más larga y una de las más crueles de los tiempos modernos. Pero el tiempo también ha generado la lucidez necesaria para tomar estas decisiones. Esta es la razón por la que la acción de Ken Loach fue efectiva inmediatamente; la próxima vez ni siquiera será necesaria. Uno de sus críticos trató de señalar el hecho de que hay personas en Israel a las que les gustan las películas de Ken Loach, por lo tanto, lo que él hacía era un tanto ingrato. Puedo asegurar que aquellos de nosotros en Israel que vemos las película de Loach también somos quienes aplaudimos su valentía y, a diferencia de este crítico, no creemos que esto sea un acto similar a pedir la destrucción de Israel sino, más bien, la única manera de salvar a los judíos y a los árabes que viven ahí. Pero, en todo caso, es difícil tomar estas críticas en serio cuando van acompañadas de la descripción de Palestina como una entidad terrorista y de Israel como una democracia como Gran Bretaña. La mayoría de nosotros en el Reino Unido estamos lejos de esta necedad propagandísticas y estamos preparados para el cambio. Ahora estamos esperando a que el gobierno de estas islas haga lo mismo.

     

    Ilan Pappe
    The Electronic Intifada, 23 de junio de 2009

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  • Naomi Klein sobre el boicot a Israel

    Naomi Klein sobre el boicot a Israel

    Naomi Klein muestra cómo boicotear a Israel sin cortar el diálogo sobre Palestina

    Cecilie Surasky
    AlterNet

    Traducido para Rebelión por S. Seguí.

    Pocas campañas sobre un tema de justicia global son más polarizadoras, incluso explosivas, que el intento de utilizar el boicot, la desinversión y las sanciones internacionales para presionar a Israel a fin de que ponga fin a la ocupación, tras 42 años, de los territorios palestinos.

    Pregúntenle a Neve Gordon.

    Recientemente, Gordon, jefe del departamento de Ciencias Políticas en la Universidad Ben Gurión y veterano activista por la paz, publicó un desgarrador artículo de opinión en el diario Los Angeles Times, haciendo suyo el llamamiento palestino al boicot, la desinversión y las sanciones (BDS).

    Después de oponerse inicialmente a esta táctica, se convenció de su utilidad y escribió que la presión externa “es la única manera de salvar a Israel de sí mismo.”

    Gordon estaba preparado para una reacción, pero no para la que ha sufrido en las últimas semanas: miembros del parlamento israelí, el Knesset, pidieron su inmediata destitución; el ministro de Educación calificó su artículo de repugnante; y la presidenta de su universidad lo puso a los pies de los caballos, cuando afirmó que invitaba a las personalidades académicas que tengan estos sentimientos a que se busquen un hogar académico y personal en otro lugar. Más tarde, dio a entender que las declaraciones de Gordon podrían constituir un acto de traición. Evidentemente, la estrategia del BDS, que fue parte de la llamada estrategia de Sudáfrica, traza una línea en la arena para muchos que creen que ejercer la presión económica sobre Israel es necesariamente antijudío.

    Sin embargo, para sus precursores el BDS es una táctica no violenta que ha demostrado su validez y que puede presionar a Israel para que acate el derecho internacional y así lograr un impacto en un ámbito en que los esfuerzos de diversos gobiernos han fracasado miserablemente.

    Aunque la sociedad civil palestina hizo el llamamiento al BDS en 2005, este movimiento tomó impulso tras el brutal ataque de Israel a Gaza el pasado diciembre y enero.

    Ahora es innegable que sigue creciendo, especialmente en el mundo de la creación. Autores consagrados como John Berger, Eduardo Galeano y Adrienne Rich lo han apoyado, y los festivales de cine de Israel se enfrentan a una sucesión de boicots.

    El anuncio reciente de que el Toronto International Film Festival va a dedicar una sección especial Ciudad a ciudad en honor de Tel Aviv amenaza con convertir el segundo festival de cine más importante del mundo (después del de Cannes) en sede de airadas protestas.

    Una de las figuras de más alto perfil que ha apoyado la convocatoria del BDS es la escritora y activista canadiense Naomi Klein, que suele reunir multitudes y gran cobertura mediática, y altas ventas de sus libros en sus viajes de promoción de sus obras.

    En el momento de publicar su ultimo superventas, The Shock Doctrine, en hebreo y árabe, Klein decidió que la situación política en Israel y Palestina exigía un enfoque radicalmente diferente.

    En oposición a la ocupación de Israel, Naomi decidió no firmar un contrato de publicación tradicional, con sus anticipos y sus derechos de autor. En su lugar, donó el libro a Andalus, una editorial que trabaja activamente contra la ocupación. Es el único editor de Israel dedicado exclusivamente a la traducción de textos del árabe al hebreo, algo que su fundador Yael Lerer describe como “la política editorial entendida como un acto de resistencia”.

    Klein y Lerer también decidieron emprender una gira promocional que hiciese honor a la llamada de los palestinos en favor de un boicot cultural contra Israel, y que a la vez mostrase que el boicot no implica cortar la comunicación y el diálogo, tan necesarios.

    Con estas premisas, Klein y Lerer aprovecharon la gira para llamar la atención sobre el boicot y la lucha palestina, y para provocar un diálogo interno, en Israel, sobre el boicot como modo de presionar a este país para que cumpla con el derecho internacional.

    El mes pasado, en Tel Aviv, me senté con Klein y Lerer para preguntarles acerca de los objetivos, el significado y los detalles concretos de la aplicación de un boicot cultural, y también por qué Lerer, un judío israelí, está diciendo al mundo: “Por favor, boicotéenme.”

    He aquí algunos extractos de esa entrevista. – Cecilia Surasky

    ________________________

    Cecilie Surasky: ¿Qué es esta llamada al boicot, la desinversión y las sanciones? ¿Y, por qué la apoyan?

    Naomi Klein: Boicot, desinversión y sanciones (BDS) es una táctica con un objetivo muy claro: obligar a Israel a cumplir con el derecho internacional.

    La llamada al BDS la hizo en 2005 una serie extraordinariamente amplia de grupos palestinos de la sociedad civil, partidos políticos y sindicatos. Pero en realidad no comienza a ganar un perfil internacional hasta el ataque israelí contra el Líbano en el verano de 2006.

    En plena guerra, el escritor John Berger, envió una carta, firmada por muchos artistas conocidos, en su mayoría europeos, declarando su apoyo a la estrategia de boicot. Cuando esta carta se conoció, yo estaba de lleno en la escritura de The Shock Doctrine, y tomé una decisión personal en el momento que salió el libro, de que no haría lo que había hecho con las traducciones al hebreo de mis dos libros anteriores, que fueron publicados por editoriales comerciales bastante tradicionales.

    En cambio, pensé hacer lo que John Berger estaba pidiendo, que era encontrar una manera de publicar en hebreo que fuese un apoyo directo a los grupos que trabajan para poner fin a la ocupación. Así es como conocí a Yael, que no tiene nada que ver con el típico editor israelí, y que ha manifestado abiertamente su apoyo al BDS, a un alto costo profesional.

    Surasky: Usted debe haber meditado bien esta idea de un boicot cultural. Muchos críticos dirían que cierra la comunicación en lugar de abrirla. ¿Qué le decidió a dar este paso?

    Klein: Bueno, tiene que ver con el hecho de que el gobierno israelí utiliza abiertamente la cultura como herramienta militar. Aunque las autoridades israelíes creen que están ganando la guerra real por el territorio, también sienten que el país sufre porque casi todo lo que el mundo oye de la región en las noticias es sobre el conflicto: la militarización, la anarquía, la ocupación y Gaza.

    Así que el Ministerio de Asuntos Exteriores puso en marcha una campaña llamada Israel, más allá del conflicto, que incluye el uso de la cultura –películas, libros, artes, turismo y academia– para crear todo tipo de alianzas entre los países occidentales y el Estado de Israel, y para promover la imagen de un país normal y feliz, en lugar de una potencia ocupante agresora. Por esto estamos siempre oyendo hablar de festivales de cine y ferias del libro con un énfasis especial sobre Israel.

    Y así, aunque en general estoy totalmente de acuerdo en que la cultura es positiva –los libros son buenos, las películas son algo positivo y la comunicación es maravillosa– tenemos que entender que se trata de una estrategia estatal de cooptación, para hacer una brutal ocupación más aceptable.

    Hay otras cosas que también entran en esta categoría: el Estado de Israel tiene una estrategia abierta de meter los derechos de gays y lesbianas y el feminismo en el conflicto, poniendo frente a frente el fundamentalismo de Hamás y el supuesto liberalismo ilustrado de Israel, como otra justificación para el castigo colectivo de los palestinos, obviando el poder y la intolerancia cada vez mayores de los judíos ultraortodoxos. Es una estrategia muy sofisticada.

    Esto significa que tenemos que idear estrategias igualmente sofisticadas que defiendan los derechos humanos y la cultura, por una parte, pero que, por otra parte, rechacen todo intento de utilizar nuestro trabajo y nuestros valores para encubrir la fea realidad de la ocupación y la segregación.

    Surasky: Usted ha hecho una gira muy distinta de cualquier otra, para la promoción de un libro. Yael Lerer y su editorial, Andalus, publicaron el libro en hebreo. Aparentemente, hay una contradicción inherente a venir a Israel y Palestina y hacer una gira de promoción a la vez que apoya un boicot. Sin embargo, han conseguido ustedes que funcionara. ¿Pueden explicarlo?

    Yael Lerer: Andalus ha lidiado con esta contradicción desde el principio. Publicamos los escritores árabes que se oponen a la normalización de la ocupación, igual que nosotros. Siempre tratamos de hallar la manera de enfrentar estas contradicciones.

    En realidad, esta es la primera vez que hemos hecho una gira de promoción, porque nuestro modo habitual de hacer frente a estas contradicciones es traducir libros, no celebrar fiestas. Nuestros escritores nunca vienen aquí. Así que aquí hemos tenido este desafío por primera vez.

    Hemos hecho el gran lanzamiento de la edición en hebreo no en Tel Aviv sino en Haifa, en un teatro árabe, donde nuestros anfitriones no eran instituciones oficiales israelíes sino instituciones minoritarias palestinas. Como usted sabe, hay una minoría palestina de un 20 por ciento de la población de Israel.

    Pero este evento no sólo iba dirigido a esta comunidad: invitamos también a los judíos israelíes a venir. Se podía leer en todas partes, en hebreo: Naomi Klein viene a Haifa, ven a escucharla.

    Al mismo tiempo, ha sido importante celebrar los primeros actos relacionados con el Jerusalén Este y Ramallah, con la edición en árabe, y también que, antes de cualquier presentación del libro, Naomi participara en una manifestación en Belén contra el muro de separación.

    Así que hablamos con el público israelí en los eventos y a través de los medios de comunicación israelíes. El libro está disponible en hebreo. Pero, al mismo tiempo, expresamos una fuerte posición contra la normalización. No actuamos como si la situación fuera del todo normal.

    Klein: Esta es la cuestión: esto no es un boicot a los israelíes. Es un boicot al fingimiento de que todo es normal en Israel, porque es para esto para lo que invitan a los productores culturales.

    Ha habido una enorme cantidad de declaraciones falsas acerca de la campaña de boicot, afirmando que se trata de un boicot a los israelíes, o a los judíos, o que es antisemita. Estamos tratando de aclarar estos conceptos erróneos con esta gira. Hay algunas reglas claras: no vamos a trabajar con una feria del libro patrocinada por el Estado, por ejemplo. He rechazado invitaciones para venir a Israel para hablar en festivales de cine patrocinados por el Estado israelí, y cosas así.

    Si mi intención fuera boicotear a los israelíes, yo no estaría en Israel en interacción con los israelíes. Me hubiera quedado en casa.

    Una de las cosas que estamos tratando de manifestar con esta gira es que para una extranjera como yo, sea cual sea la razón por la que decidas venir a Israel, estás haciendo una opción, estás colocándote al lado de una de las partes. Es posible pretender que no es así, pero esto sólo es posible por el éxito de Israel en hacer invisible el conflicto, dentro de una burbuja cuidadosamente construida.

    En mi libro hay un largo capítulo sobre Israel y la construcción del Estado de Seguridad Nacional. Se analizan en detalle las empresas que fabrican el muro, las cercas metálicas y los puestos de control de alta tecnología que mantienen a los palestinos de los territorios ocupados en un estado de vigilancia constante.

    La eficacia del sector de la seguridad nacional hace posible llegar a ciudades como Tel Aviv y estar casi completamente ajeno a lo que está sucediendo en Ramallah o en Gaza. Este Estado es como una comunidad cerrada gigante. Se ha perfeccionado el arte de construir una burbuja de seguridad, lo que es, en cierto sentido, su marca.

    Es una marca que se vende a los judíos de la diáspora como yo. Nos dicen: “Podemos manteneros a salvo, podemos crear, en un mar de enemigos, una burbuja de seguridad para que disfrutes, tengas unas vacaciones de playa maravillosas, puedas ir a festivales de cine y ferias del libro, incluso en el momento en que nosotros bombardeamos de Gaza o convertimos Cisjordania en una cadena de minibantustanes, rodeados de muros y asentamientos en expansión, y de carreteras a las que los palestinos no tienen acceso.”

    Son las dos caras de una misma moneda: la burbuja de la normalidad, la brutalidad del confinamiento. Así pues, que no es un acto políticamente neutral participar de la burbuja.

    Es muy importante que tenga lugar este diálogo, y por esto es tan importante para nosotros que se haya publicado el libro en hebreo, tanto para sacar esta información a la calle israelí como para desafiar a las personas que están tergiversando esta táctica como si fuera un boicot a los judíos o un boicot a los israelíes. No estamos haciendo nada de eso.

    He donado mis derechos de autor a la editorial Andalus, es decir que no tengo ningún beneficio en esto. He escogido esta editorial porque es una editorial activista que mantiene una clara posición en contra de la ocupación.

    Si el libro se vende bien, les ayudará a continuar su trabajo. La campaña de boicot no pide a la gente que no venga a Israel o a los Territorios Ocupados para compartir ideas y arte, pide que lo hagan en una actitud clara contra la ocupación y la discriminación.

    Surasky: ¿Y cómo han reaccionado los medios de comunicación israelíes ante esta primera gira de oposición al boicot?

    Klein: No muy bien. Una de las contradicciones que estamos enfrentando es que realmente queríamos provocar un debate en Israel, porque mientras el BDS se está discutiendo en Europa y Canadá, es casi invisible dentro de Israel; hay una auténtica censura en torno a esta cuestión.

    Prácticamente, la única opinión que se oye es: “Oh, son sólo un montón de antisemitas; odian a los israelíes y a los judíos.” Una opinión muy, muy distorsionada.

    Así que nuestra idea era hacer más difícil este falseamiento, poner algunos datos sobre la mesa y decir: “Miren, hemos traducido este libro, y estoy aquí en Israel. Vamos a celebrar el diálogo y la comunicación que Israel supuestamente defiende con tanto ahínco.”

    Lo que estamos encontrando es mucho interés por parte de los israelíes, pero una gran resistencia de los medios de comunicación israelíes ante el mero hecho de abrir el debate tanto sobre el papel del sector de la seguridad en la presión contra la paz como sobre el posible papel de un movimiento de boicot en la creación de nuevos grupos de presión en favor de la paz.

    Una vez manifestada mi posición clara a favor del boicot, en el diario Ha’aretz, muchos medios de comunicación se cerraron para nosotros, lo cual no dice mucho en favor de la amplitud del debate, pero no es en absoluto sorprendente tampoco.

    Surasky: ¿Cuál es el objetivo de esta campaña? ¿Qué te gustaría que saliera de todo esto?

    Klein: Se basa en la estrategia de Sudáfrica, que la lucha contra el apartheid en Sudáfrica utilizó con gran éxito en la década de 1980. Había boicot académico, boicot cultural y boicot de los consumidores.

    Pero la palanca económica realmente fundamental fue la desinversión por parte de universidades y municipios en las empresas que hacían negocios con la Sudáfrica del apartheid. La campaña comenzó a ser demasiado costosa tanto para las empresas de Sudáfrica como para las transnacionales occidentales que tenían inversiones importantes en Sudáfrica.

    Había también una situación un poco similar a la de Israel, en la que una minoría blanca, boer, que se consideraba parte de Europa, parte de Occidente. Y de repente comenzaron a no poder escuchar los conciertos americanos y europeos que deseaban, a no poder acoger las ferias del libro que querían, y todo esto no les gustó.

    Así que ejercieron presión sobre su gobierno para pusiese fin a la situación, a pesar de que los sudafricanos blancos se tenían por muy virtuosos y les enfurecían los boicots y las sanciones.

    La esperanza es que este tipo de dinámica funcione también aquí, dado que es tan importante para la propia imagen de Israel que el país sea visto como un miembro honorario de la Unión Europea o un adjunto de Estados Unidos.

    Cuando escritores y artistas dejen de participar en la estrategia del gobierno israelí de utilizar la cultura para ocultar lo que hay del otro lado del muro de hormigón, los israelíes puede llegar a la conclusión de que dicho muro es una rémora y decidan acabar con él.

    Lerer: Estoy completamente de acuerdo. Como ciudadano israelí, estimo necesario el boicot por dos razones.

    En primer lugar, quiero que los israelíes sean más conscientes que todo no es normal. No significa nada que muchos israelíes que se consideran de izquierda digan: “Es horrible lo que está ocurriendo en Gaza y en Hebrón”, mientras siguen con sus vidas como si tal cosa.

    Estas personas van a los espectáculos y los conciertos, son las élites de este país. Son los periodistas que trabajan en los periódicos. Quiero conmoverlos, quiero sacudir estas personas y hacerles entender que no pueden continuar su vida normal cuando los palestinos de Qalqiliya [una ciudad de Cisjordania completamente rodeada por el muro de separación], a sólo 15 minutos de Tel Aviv, viven en una prisión.

    La segunda razón por la que me interesa el boicot es porque he perdido la esperanza de crear el cambio desde dentro, que era lo que yo traté de hacer como activista durante muchos años.

    Hace veinte años, nunca me hubiera imaginado esta situación de semiapartheid. Me preocupa el futuro en este lugar, me preocupan mis compatriotas israelíes. Tengo una gran familia aquí y muchos, muchos amigos.

    Conozco a muchas personas que no tienen otro pasaporte y que no tienen otras opciones. Creo que la solución para este lugar, el único futuro posible, es la convivencia. Lamentablemente, en esta etapa, no veo cómo este futuro pueda alcanzarse sin la presión internacional.

    Y creo que el boicot es una herramienta no violenta que ya ha demostrado que puede funcionar. Por eso pido: por favor, boicotéenme.

    Klein: Yo también pienso que tenemos que ser muy claros: éste es un conflicto extraordinariamente asimétrico donde el Estado de Israel es el mayor boicoteador de todos: la economía de Gaza y Cisjordania ha sido totalmente destruida por el cierre fronterizo.

    Además de cerrar las fronteras para que los productores en Gaza no puedan sacar sus frutas y verduras, más de 200 instalaciones industriales en Gaza fueron atacadas durante el ataque, a finales de diciembre y enero. Fue una destrucción sistemática de esa economía, para dar una lección a Gaza por haber votado por Hamás. Así que, el boicot ya está teniendo lugar.

    Según entiendo el BDS, es una táctica a la que estamos recurriendo a causa de la impunidad israelí. Hay una absoluta falta de voluntad de aplicar el derecho internacional al Estado de Israel. Hamás ha cometido crímenes de guerra, pero hay una respuesta internacional a esos crímenes. Sin embargo, no hay respuesta a los crímenes de guerra israelíes, de una escala exponencialmente mayor.

    Estábamos hace poco en Gaza. Lo que realmente me impresionó fue la sensación de choque entre tanta gente por el hecho de que después de los ataques de diciembre-enero, después de que cientos de niños fueran asesinados, la comunidad internacional no ha emprendido ninguna iniciativa para responsabilizar a Israel.

    Es decir, se trataba de una muestra de total impunidad y desprecio por el derecho internacional, por las leyes de la guerra, que, por cierto, fueron creadas en respuesta directa a las atrocidades nazis de la Segunda Guerra Mundial. Y, sin embargo, no sólo no hay consecuencias para los crímenes, sino el asedio ilegal de Gaza sigue adelante.

    Lo que manifiesta el BDS es que nuestros gobiernos han fracasado, las Naciones Unidas han fracasado, la llamada comunidad internacional es una broma. Tenemos que llenar este vacío.

    Creo también que este movimiento puede hacer cambiar el juego de Estados Unidos. Recordemos que una gran parte del éxito de la lucha contra el apartheid en los años 80 se debió a la educación popular.

    Una vez que se llegaba a la conclusión de que nuestra escuela, o nuestra ciudad, debe desinvertir en la Sudáfrica del apartheid, de inmediato se tenía que hacer campaña educativa, y explicar qué era el apartheid, y había que hacer exponer las razones de un modo convincente. Y la gente fue persuadida.

    La llamada campaña palestina en favor del BDS podría desempeñar esta función de agitación en la actualidad, proporcionando a la gente algo concreto en torno a lo que organizarse en sus escuelas y comunidades.

    Tanto si lo reconoce como si no, el Presidente Barack Obama necesita de la lucha palestina para ganar en popularidad entre los movimientos de base, como en su día significó la lucha de Sudáfrica. El presidente ha dado pasos muy pequeños para forjar un nuevo tipo de acuerdo con Israel, pero aún así está enfrentando una enorme presión de la derecha. Tiene que haber una presión contrapuesta sobre Obama que le diga: En realidad, usted no va lo suficientemente lejos. ¿Dice usted no a los nuevos asentamientos? ¿Y si dijéramos: no los asentamientos, punto?

    Así que la única esperanza de que no se limite a su actual posición provisional, sino de que mejore la situación, es que haya un movimiento popular que sea muy claro en sus exigencias de que Israel acate el derecho internacional en todos los frentes, y eso es exactamente lo que es el BDS.

    Surasky: ¿Cómo están respondiendo los israelíes de izquierda a la idea de un boicot?

    Lerer: Algo sucedió en la última guerra de Gaza, en enero. Quinientos cuarenta israelíes, entre los cuales había destacados académicos, actores y cineastas, firmaron una petición solicitando la presión internacional sobre Israel.

    Un párrafo de dicha petición afirmaba que sólo el boicot ayudó en el caso de Sudáfrica. Todavía no era una llamada directa al boicot, pero fue un paso muy importante. Ahora estamos formando un nuevo grupo de ciudadanos israelíes que apoya el llamamiento palestino al boicot, llamado Boicot desde dentro (BFM, Boycott From Within).

    En 2005, tratamos de organizar un grupo de artistas en apoyo del llamamiento palestino al boicot académico y cultural, y fracasamos. La gente nos preguntaba: ¿Cómo podemos boicotearnos a nosotros mismos? Es muy difícil, es demasiado radical. Muchas de estas personas ya han firmado la petición de Gaza, y que se están uniendo a nuestro nuevo grupo Boicot desde dentro.

    Ellos entendieron que no se trata de boicotearnos a nosotros mismos, sino de pedir a la comunidad internacional, a nuestros conciudadanos en todo el mundo que actúen: Por favor, ayúdennos con su boicot.

    Surasky: Hablemos de ejemplos concretos de otras personas que estén apoyando esta convocatoria.

    Klein: La mayoría de los artistas no conocen la llamada al BDS, a pesar de que viene de cientos de grupos palestinos. Estamos trabajando en un contexto en el que las voces palestinas son prácticamente inaudibles en Occidente.

    Así pues, las personas vienen a Israel a recibir un premio, o a dar un concierto en Tel Aviv, no saben que básicamente están rompiendo un boicot. La mayoría no sabe ni siquiera que se ha hecho una llamada a la resistencia no violenta por un pueblo que, recordemos, han sido absolutamente vilipendiado por utilizar cualquier tipo de resistencia armada. Lo que intento decir es lo siguiente: si rechazamos la resistencia armada, y también rechazamos el boicot y las sanciones ¿qué queda?, ¿firmar peticiones en Internet?, ¿realmente creemos que esto va a terminar con la ocupación?

    Pero sí, algunos cineastas políticamente activos han decidido no participar en festivales de cine israelíes patrocinados por Israel.

    Ken Loach se retiró del Melbourne International Film Festival cuando supo que estaba patrocinado por el gobierno israelí. El director de cine canadiense John Greyson retiró una película, magnífica, llamada Fig Trees, del festival de cine gay y lésbico de este año en Tel Aviv.

    Más recientemente, los Yes Men escribieron una carta muy atenta al Festival de Cine de Jerusalén, explicando por qué decidieron retirar del festival su nueva película, The Yes Men Save the World.

    Y ahora se habla de la organización de un festival de cine pro BDS en Ramallah, una vez más para boicotear lo que se entiende por normalidad y a la vez llevar estas películas allí.

    Surasky: Acabo de leer una crítica del BDS según la cual si no se pide el boicot de Corea del Norte, o de Estados Unidos por lo de Afganistán o Irak, entonces la llamada al boicot es antisemita. ¿Cómo se puede abordar esta crítica?

    Klein: Yo también la he oído, pero yo no estoy llamando a un boicot de nadie. Estoy respetando un llamamiento a un boicot que han hecho cientos de grupos palestinos.

    Creo en el principio de que las personas en circunstancias de opresión tienen derecho a la libre determinación. Eso está en el corazón de esta lucha. Esta es una táctica no violenta que ha sido elegida por una amplia gama de grupos de la sociedad civil.

    Los iraquíes, por lo que yo sé, no han pedido un boicot contra Estados Unidos, aunque sería sin duda su derecho. Y sin embargo, algunas personas reaccionan como si yo, en cierto modo, hubiera pensado en mi habitación “A ver a quién boicoteamos hoy. Pito-pito-colorito…, Corea del Norte, Zimbabue, Birmania… ¡Israel!”

    Una vez más, la única razón de esto pueda suceder es debido a que las voces palestinas están efectivamente marginadas en la prensa occidental.

    Por cierto, la mayoría de los ejemplos que se sacan a relucir en estos debates son ejemplos en los que hay sanciones muy claras en contra de estos países. Así que no estamos tratándolos con la impunidad con que estamos tratando a Israel.

    En este caso, se necesita un proyecto desde la base para estar presentes donde los gobiernos han renunciado completamente a su responsabilidad de ejercer presión en nombre del derecho internacional.

    Lerer: Pero no sólo eso, los países citados no tienen festivales de cine y Madonna no va a dar un concierto en Corea del Norte.

    El problema aquí es que la comunidad internacional trata a Israel como si fuera un estado occidental normal, europeo. Y esta es la base del llamamiento al boicot, la relación especial que tienen las universidades israelíes con universidades europeas y estadounidenses, que las universidades de Zimbabwe no tienen.

    Estoy convencido de que Israel no podría continuar la ocupación ni un solo día sin el apoyo de los Estados Unidos y la Unión Europea. La comunidad occidental apoya la ocupación. Como Naomi estaba diciendo, no hacer nada es actuar.

    Surasky: Algunos opinan que esto no va a ayudar, que los israelíes se consideran en estado de sitio, que los judíos están en estado de sitio, y que realmente la iniciativa va a hacer a los israelíes menos abiertos a la paz.

    Klein: Es inevitable que, al menos en el corto plazo, va a alimentar este sentimiento de sitio en Israel.

    Pero no es racional, porque en realidad, lo que estamos tratando es un contexto en el que Israel se ha visto recompensado. Si nos fijamos en estos años clave, desde la elección de Hamás, cuando el sitio de Gaza se hizo completamente brutal e ilegal sin lugar a dudas, el comercio con Israel de hecho ha aumentado sensiblemente. Se han puesto en marcha nuevos acuerdos especiales entre la Unión Europea e Israel, y también con América Latina. El año pasado, las exportaciones israelíes a Canadá aumentaron en un 45 por ciento.

    A pesar de que Israel está siendo recompensado por este crimen y se está saliendo con la suya con una violencia extraordinaria, la sensación entre muchos israelíes de estar en estado de sitio está en aumento.

    La pregunta es, ¿vamos a fomentar esta irracionalidad? Si es así significará que no hacemos nada, que entregamos voluntariamente las herramientas más efectivas del arsenal no violento.

    Israel, a pesar de la abrumadora evidencia en contra, cree que el mundo entero está en contra suyo y que todas las críticas a que se enfrenta son formas de antisemitismo.

    Esto es simplemente falso, y como activistas ya no podemos permitir que el complejo de víctima de un país enmascare la victimización real de la población palestina.

     

     

    © 2009 Independent Media Institute.
    Cecilie Surasky es vicedirectora de la organización Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz).
    S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.
    Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90982
    http://www.alternet.org/story/142341/

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    ¿Por qué boicotear a Israel?

    Omar Barghouti

    “¿Dónde está el mundo? ¿Están todos muertos?” Así clamaba una madre doliente en Rafah (Franja de Gaza) que apareció en al-Yazira. Ante ella, yacía el cuerpo sin vida de su pequeño.

    Enfrentados a la abrumadora opresión de Israel, los palestinos que sufren la ocupación, los de los campos de refugiados y los que habitan en el corazón de la característica forma de apartheid del estado hebreo se vuelven cada vez más hacia el mundo en busca de comprensión, de compasión y, lo que es más importante, de solidaridad. No mendigamos simpatía. Nos ofenden profundamente las actitudes paternalistas porque ya no somos una nación de víctimas desventuradas. Estamos resistiendo la opresión colonial y racial, aspiramos a obtener justicia y una paz auténtica. Por encima de todo, luchamos por el principio universal de una humanidad igualitaria.

    Pero no podemos hacerlo solos. Necesitamos apoyo internacional.

    La cuestión de Palestina fue creada por el mundo, sobre todo por la parte occidental, y es el mundo el que debe estar a la altura de su responsabilidad para resolverlo. El conocido filósofo francés Etienne Balibar capta este rasgo excepcional cuando afirma que la causa palestina es “universal” porque “representa un test para el reconocimiento de lo que está bien y para la aplicación de la ley internacional” [1]. De hecho, en pocas otras causas en la historia moderna se ha cuestionado de una forma tan tremenda la primacía del imperio de la ley y de los principios morales.

    Dada su indiscutible superioridad militar, y lo incuestionable del apoyo omnímodo de que disfruta por parte del único imperio del mundo así como de la falta de voluntad política de los estados árabes y europeos para controlarlo, Israel ha estado violando la legislación internacional con audaz impunidad y con total desconsideración por la opinión de la ONU o de la opinión pública mundial. Solo una presión internacional amplia, sistemática y sostenida puede contribuir a acabar con la injusticia y la opresión de Israel, por medio del establecimiento de su estatus como un estado paria.

    Este artículo se centra en la dimensión ética del boicot, una táctica que yo considero no solo una forma justificada de intervención internacional, sino también un imperativo. Más concretamente, se analiza el boicot académico y cultural por su naturaleza obviamente polémica.

    La llamada palestina al boicot cultural y académico contra Israel [2] se basa de manera específica en la opresión israelí, sistemática y sostenida, del pueblo palestino, que básicamente adopta tres formas:

    Primero: El rechazo de Israel al derecho de retorno de los refugiados palestinos a sus tierras y propiedades, derecho estipulado en la legislación internacional, y la negación de toda responsabilidad por la Nakba, la desposesión masiva y la campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los sionistas en torno a 1948 que convirtió a casi 800.000 palestinos en refugiados. Existe casi un consenso total entre los israelíes, incluyendo a profesores universitarios y otros intelectuales, en la negación de los derechos legales y moralmente vinculantes de los refugiados palestinos [3].

    La dimensión más peculiar en los discursos israelíes populares y cultos sobre la creación del estado consiste en sustituir el concepto de colonización por el de “independencia” y el de destrucción por “nacimiento”. Incluso “izquierdistas” comprometidos a menudo se lamentan por la pérdida de la superioridad moral de Israel tras la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967, como si anteriormente a esa fecha Israel fuera tan civil, legítimo y respetuoso de la ley como Finlandia. Irónicamente, al tiempo que se niegan testarudamente los derechos de los refugiados palestinos, los intelectuales israelíes han desempeñado un papel crucial en las campañas masivas que exigían, y a menudo han conseguido, restitución, repatriación y derechos de compensación para los refugiados judíos de la época de la Segunda Guerra Mundial.

    Segundo: La colonización militar de Cisjordania y la Franja de Gaza desde 1967, con todo lo que implica de expropiaciones de tierra, viviendas demolidas, matanzas indiscriminadas, y, de forma más siniestra, el muro colonial, declarado ilegal por el Tribunal Penal Internacional en julio de este año [2004- N. de la T.], que sirve para facilitar el incesante apoderarse de tierra por parte de Israel y la gradual limpieza étnica de los palestinos [4]. Las universidades israelíes, todas controladas por el gobierno, han sido no solo cómplices en planear, mantener y ofrecer justificaciones para aspectos diversos de la ocupación, sino que además han participado de manera directa en actos de colonización. Aparte del enorme número de actos individuales de connivencia por parte de profesores concretos, las propias instituciones académicas nunca se han abstenido de cometer delitos coloniales:

    La Universidad Hebrea lleva a cabo un proceso de apropiación de tierras lento y sistemático expulsando a sus legítimos propietarios palestinos en el ocupado Jerusalén Oriental.

    La universidad de Tel Aviv (TAU por sus siglas en inglés) hasta la fecha se niega a admitir el hecho de que se asienta sobre un pueblo palestino que fue sometido a limpieza étnica [5]. Algunos de los departamentos de esta universidad mantienen además un vínculo orgánico con el Ejército y con los servicios de inteligencia.

    La Universidad de Bar Ilan no solo mantiene un campus en la colonia ilegal de Ariel cerca de Nablus, sino que ha concedido un doctorado honorario a Ariel Sharon por su papel en la reocupación en marzo de 2002 de ciudades palestinas, que fueron testigos de atrocidades en Jenin y en Nablus así como de destrucción gratuita y matanzas indiscriminadas en todas las principales ciudades palestinas y campos de refugiados de Cisjordania.

    La Universidad de Ben Gurion ha apoyado de formas diversas la lenta limpieza étnica de los beduinos palestinos en el Neguev y ha sido testigo en un silencio que la condena de una política de discriminación racial aplicada durante décadas en esa zona. En un ejemplo muy descarado, sus profesores llevaron a cabo entre 1995 y 2000 un estudio confidencial encargado por el ministerio de Sanidad sobre la alta incidencia de defectos serios de nacimiento y cáncer entre los beduinos que habitaban cerca de un polígono industrial israelí muy contaminante. Aunque los investigadores establecieron una correlación clara entre los contaminantes industriales y la tasa de mortalidad de los ciudadanos palestinos en esa zona, un 65 por ciento más alta que en comunidades similares de Israel, al igual que la tasa de cáncer, un 50 por ciento más alta, estos hallazgos se mantuvieron en secreto por un acuerdo entre los responsables del estudio y el ministerio. Solo se filtraron a la prensa recientemente y por casualidad [6].

    La Universidad de Haifa se jacta de tener a uno de los profesores más racistas de Israel. El profesor Arnon Sofer, el infame “profeta de la amenaza demográfica palestina” que ejerce su gran influencia sin piedad para proporcionar una justificación académica a la limpieza étnica de los palestinos, incluidos los ciudadanos de Israel, de formas y modos siempre novedosos [7]. Es más, la propia universidad ha patrocinado una amplia campaña para encubrir una masacre sionista en el pueblo palestino de Tantura, cercano a Haifa, durante la Nakba, y recurrió a mociones para despedir, desacreditar o silenciar al profesor Ilan Pappe y a uno de sus alumnos por atreverse a revelar los hechos de esa masacre.

    Tal vez sea ya de conocimiento público que los palestinos han sufrido graves pérdidas en vidas humanas debido a los 37 años de ocupación israelí. Pero lo que parece escapar a quienes moldean las opiniones dominantes es que durante la actual Intifada, el ejército israelí ha cruzado muchas de sus anteriores líneas rojas, cometiendo crímenes que recuerdan en la forma, aunque desde luego no en la escala, a los crímenes nazis contra los judíos europeos, como manifestó en una ocasión la diputada británica Oona King [8]. Y el ejército israelí representa adecuadamente y la sociedad israelí en su conjunto lo apoya, sobre todo debido al hecho de que el IDF [Israeli Defense Force, Fuerza Israelí de Defensa, nombre del ejército israelí en inglés. N. de la T.] sigue siendo, en términos relativos, un ejército del pueblo [9].

    Desde obligar a un violinista palestino a tocar en un control militar cerca de Nablus [10], hasta la ejecución a sangre fría de una niña refugiada en Rafah [11], desde grabar la Estrella de David en el brazo a chicos palestinos a inscribir los números de identidad en la frente o el antebrazo de los palestinos, niños y grandes [12], Israel ha actuado con una criminalidad que produce náuseas y con una impunidad que escandaliza y resulta indignante. A pesar de todo esto, los intelectuales y profesores universitarios israelíes que han llamado de forma explícita a terminar con la ocupación siguen siendo una minoría tan pequeña que resulta un poco deprimente. Además, hasta la fecha ningún cuerpo profesional o cuerpo universitario israelí se ha pronunciado públicamente contra la ocupación y las otras formas de opresión israelí. Si esto no es complicidad, ¿qué es?

     Tercero: La tercera forma de opresión israelí apenas se menciona en los medios de comunicación occidentales o en el mundo académico: el sistema de discriminación racial contra los árabes-palestinos [13] que oficialmente son “ciudadanos” de Israel, un estado que categóricamente les excluye de su propia definición y que los castiga severamente cuando al final se atreven a gritar contra la injusticia. Todo el aparato estatal, incluyendo el sistema educativo, está diseñado para mantener a los ciudadanos árabe-palestinos de Israel en un estado de desempoderamiento, en gran medida desposeídos y sin un estatus equiparable en las leyes y prácticas del estado. Es más, a pesar de ser la población indígena, los nativos de la tierra, o quizás por eso mismo, la mayoría colona judía israelí lo ve cada vez más como indeseados, o lo que es peor, como una amenaza demográfica de la que deberían desembarazarse con decisión. Las encuestas de opinión han mostrado de forma sistemática que una mayoría contundente de dos tercios del total de judíos israelíes apoya que “se anime a los árabe a que se vayan” por medios diversos. [14]

     En todos los aspectos esenciales de la vida, desde la propiedad de la tierra a la educación superior y el mercado laboral, Israel lleva 56 años practicando su propia forma de apartheid. De todas las formas de discriminación racial, sobresale en particular la educación. Un estudio innovador de Human Rights Watch publicado en 2001 concluye:

    “Los obstáculos a los que se enfrentan los estudiantes árabes palestinos desde la guardería a la universidad actúan como una serie de cribas que cada vez tienen los agujeros más finos. En cada etapa, el sistema educativo funciona como un filtro que deja fuera a una proporción mayor de alumnos árabe-palestinos que de judíos. Y los tribunales israelíes aún no han usado nunca las leyes o principios más generales de igualdad para proteger a los niños árabe-palestinos contra la discriminación en la educación. [15]

    A pesar de lo dicho más arriba, estoy de acuerdo con quienes alegan que Israel no es idéntico a Sudáfrica, que es un caso más complejo, con más dimensiones e incluso en algunos aspectos hasta más siniestro. Pero, al margen de cómo definamos a Israel, la existencia intrínseca e indiscutible en ese país de un sistema de discriminación racial basado en la identidad religiosa/étnica es lo que motiva las llamadas al estilo de Sudáfrica a la imposición de sanciones contra este país. “Apartheid”, “colonialismo de los colonos sionistas”, “supremacía judía”… etc. son todo variaciones en el nombre de la dolencia. Lo que importa es como curarla del mejor modo posible. Teniendo en cuenta las tres dimensiones de la opresión israelí mencionadas más arriba, se puede concluir que existen suficientes semejanzas entre Israel y Sudáfrica como para abogar por remedios al estilo del país africano.

     Argumentos principales en contra del boicot

    Ciertos distinguidos defensores de la causa palestina [16] se han manifestado en contra de la aplicación de sanciones y un boicot contra Israel al estilo sudafricano por varias razones, de entre las cuales las más significativas son:

    (A) El recuerdo del Holocausto hace que las llamadas al boicot contra Israel sean ampliamente odiadas y resulten contraproducentes por su rechazo popular.

     (B) Israel es en esencia un país democrático con una sociedad civil vibrante y por lo tanto se le puede convencer para que termine con su opresión sin necesidad de recurrir a sanciones.

     (C) A diferencia de Sudáfrica durante el apartheid, la mayoría de la población en Israel se opone a las sanciones.

     (D) El mundo académico israelí es en su mayor parte progresista y está en la vanguardia del movimiento por la paz, por lo que se le debe apoyar, no boicotear.

    Contra-argumentos:

    (A) Como comenta Etienne Balibar: “A Israel no se le debería permitir que instrumentalice el genocidio de los judíos europeos para colocarse por encima de la ley de las naciones” [17]. Además, al mirar hacia otro lado ante la opresión israelí, como hacen Estados Unidos y casi todos las instancias oficiales de Europa, Occidente ha perpetuado de facto la miseria, el sufrimiento humano y la injusticia que han tenido lugar tras el Holocausto. Solo que los oprimidos son otros ahora: son “las víctimas de las víctimas”, como comentó Edward Said.

    En cuanto al argumento de la impopularidad, recientemente se han producido avances significativos en las posturas de la iglesia presbiteriana de EEUU, la iglesia anglicana y ciertas organizaciones judío-norteamericanas, por no hablar del movimiento de boicot de militantes de base que crece rápidamente en Europa. Todo esto apunta a la creciente aceptación en países occidentales de la necesidad de boicotear a Israel. Quienes participaron en el movimiento anti-apartheid en el caso sudafricano a menudo nos recuerdan que ellos también hubieron de enfrentarse a lo que parecían obstáculos insuperables cuando iniciaron el movimiento a finales de los años cincuenta.

     (B) ¿Cómo puede una supremacía etno-religiosa que es además un poder colonial ser considerado una democracia? Israel puede ser una democracia para sus ciudadanos judíos, pero es un apartheid para sus ciudadanos palestinos, como se ha alegado más arriba. El profesor de la Universidad de Nueva York, Tony Judt, por ejemplo, describe a Israel como “un anacronismo disfuncional”, incluyéndolo entre los “etno-estados guiados por la fe y beligerantemente intolerantes.” [18]

     (C) De todos los argumentos anti-boicot, este refleja o una sorprendente ingenuidad o una deshonestidad intelectual deliberada. ¿Debemos decidir si se deben aplicar sanciones a un poder colonial basándonos en la opinión de la mayoría de la comunidad opresora? Y la comunidad oprimida, ¿cuenta para algo?

     (D) Esto es simplemente un mito propagado y mantenido por el mundo académico israelí, que se considera a sí mismo de “izquierdas”. La inmensa mayoría de profesores universitarios israelíes sirve en las fuerzas armadas en la reserva y por lo tanto tiene conocimiento directo de los desmanes que se cometen a diario, pues participa en ellos. Es más, con excepción de una minoría, muy pequeña pero esencial, los académicos israelíes en su mayor parte apoyan la opresión que ejerce su estado o manifiestan su consentimiento guardando silencio al respecto.

     Vale la pena mencionar algunos casos tristemente célebres a modo de ejemplo: el filósofo más celebrado de Israel, Asa Kasher, ha proporcionado una justificación “ética” para los asesinatos extra-judiciales, incluso cuando en este proceso se mata o se hiere de forma deliberada a amplios números de civiles inocentes. [19]

     El historiador militar más destacado de Israel, Martin Van Creveld, de la Universidad Hebrea, aconsejó al ejército israelí en 2002 [20], en el semanario regional Jerusalen, 1, marzo, 2004, que llevara a cabo un genocidio veloz contra los palestinos, explicando: “Quizá matar a 5.000 o 10.000 no será suficiente y entonces habrá que matar a más.”. Concluye diciendo: “Es mejor que haya un asesinato masivo, tras lo cual saldremos y cerraremos con llave a nuestras espaldas.” Como cualquier pacifista, su objetivo último sigue siendo “salir” de los Territorios Ocupados.

     Recientemente Benny Morris ha alegado que se habría podido llegar a la paz en Oriente Medio si se hubiera vaciado Palestina completamente de sus habitantes árabes originarios. [21] Como respuesta, Baruch Kimmerling, profesor de la Universidad Hebrea, escribió: “Permítanme extender la lógica de Benny Morris: si el programa nazi para la solución final al problema judío se hubiera completado, desde luego habría paz en Palestina actualmente.” [22]

     Lejos de constituir ejemplos aislados, posiciones tan explícitamente racistas y criminales son bastante populares en Israel. No solo se consienten en universidades, sino que son muy alabadas, a juzgar por el estatus tan prominente del que disfrutan Kasher, Van Kreveld, Benny Morris y otros de su calaña.

     Argumentos principales contra el boicot II

     Desde una perspectiva ligeramente distinta, algunos académicos han alegado que boicotear a Israel puede resultar contraproducente y que podría desembocar en:

     (1) Que se pierda la capacidad para influir en la posible ruta de Israel hacia la paz.

     (2) Que sirva para radicalizar a la derecha israelí y para segar la hierba bajo los pies de la izquierda en ese país.

     (3) Que indirectamente contribuya a aumentar el sufrimiento de los palestinos, que pueden experimentar pérdidas económicas y pueden incluso ver cómo se deterioran sus condiciones de vida por la opresión de un Israel más aislado y más salvaje.

     Contra-argumentos

     (1) ¿Qué influencia? Europa apenas ejerce ninguna en este momento. Incluso en EEUU la israelización de su política exterior, particularmente en Oriente Medio, alcanza cada vez cotas más altas, con lo que ata de pies y manos cualquier posible presión norteamericana dirigida a restringir, para no hablar ya de cambiar, las políticas opresivas de Israel. En las escasas ocasiones en que el estado hebreo se ha planteado un cambio de política, ha sido debido sobre todo a que se enfrentaba a presiones concertadas ejercidas por la comunidad internacional.

     (2) ¿Qué izquierda? Quienes en Israel se llaman oficialmente “la izquierda”, la izquierda sionista, para ser exactos, hacen que los partidos de extrema derecha en Europa parezcan sin dificultad tan morales como la Madre Teresa, en particular en lo que se refiere al reconocimiento de los derechos de los refugiados palestinos. Por otra parte, la izquierda no-sionista, moralmente consecuente, es un grupo diminuto, cuyos miembros pueden terminar perdiendo beneficios, privilegios y fondos como resultado del boicot. Esto debería obligarnos a calibrar nuestras acciones de boicot, de forma que se reduzca la posibilidad de que esto sea un efecto indeseado de las mismas. Pero, como ya sabemos, esto no es una ciencia exacta (si es que alguna lo es). Antes que centrarnos en el margen de error, debemos hacer hincapié en el impacto positivo que el boicot puede tener en el conjunto del establishment académico isarelí. El precio que puede que paguen algunos académicos de conciencia como efecto colateral inevitable del boicot resulta bastante barato si se compara con el precio que los académicos palestinos, y de hecho todos los palestinos en general, pagan por la ausencia de boicot y de cualquier forma de presión igualmente efectiva sobre Israel.

     El tipo de apoyo más urgente que la comunidad internacional puede proporcionar al mundo académico palestino es adoptar diversas formas de boicot contra las instituciones académicas de Israel, obligándolas a que se desvincularse de su connivencia directa o indirecta en la opresión de su estado. Esto servirá no solo a los palestinos, sino a la larga, también a la izquierda moral en Israel, incluidos los académicos. Desafiar al establishment fanático y militarista puede que a corto plazo fortalezca su apego al poder: el populismo extremo y el surgimiento de las tendencias fascistas en Israel actualmente constituyen pruebas de esto, pero a la larga debilitará a ese establishment, como sucedió en el caso sudafricano. En este país, la represión bajo el apartheid no se fue reduciendo suavemente hasta morir.

     (3) ¿Mas asfixia? Hasta el mayor defensor sudafricano de los derechos humanos, el arzobispo Desmond Tutu, horrorizado por el estado de sitio tan sofisticado y lleno de capas que ha montado Israel en los Territorios Palestinos Ocupados [23], ha encontrado tantas similitudes entre Israel y la Sudáfrica del apartheid, para hacer una llamada al boicot contra el estado hebreo como el aplicado contra el país africano 24].

     Algunos defensores sinceros de los derechos de los palestinos han alegado que boicotear a Israel es un acto de personas que se arrogan una superioridad moral y que ignoran la necesidad apremiante de aliviar el sufrimiento inmediato de los palestinos bajo la ocupación. Pero como he mostrado en otros sitios [25], al margen de todas las intenciones, este tipo de lógica no es simplemente paternalista, pues pretende saber lo que es mejor para los palestinos, sino que además se basa en la premisa inconsciente de que los palestinos tienen necesidades menores a las de otros seres humanos normales. Se implica que la comida, el cobijo y los servicios básicos, que se verían mejor satisfechos sin boicot, según se nos dice, están considerados por los palestinos como más importantes o más profundos que su necesidad de libertad, justicia, auto-determinación, vida digna y la oportunidad para desarrollarse cultural, económica y socialmente en paz.

     Desde un ángulo completamente distinto, hay quien afirma, que a pesar de todo lo dicho más arriba, sigue siendo necesario que los académicos e intelectuales palestinos mantengan y fomenten la apertura de canales de comunicación con sus equivalentes israelíes, para debatir, compartir, aprender, convencer, para superar las “barreras psicológicas” y en último término para llegar a una visión común y a una lucha común por la paz.

     Permítaseme no estar de acuerdo. Quienes imaginan que basta desearlo para acabar con el conflicto y sugieren ciertos foros para el acercamiento, la distensión o el diálogo, con la esperanza de que estos foros conduzcan a procesos reales de reconciliación y finalmente a la paz, o sufren delirios y requieren atención médica o se engañan peligrosamente.

     En primer lugar, dados los señuelos financieros y la manipulación política que normalmente forman parte del paquete de las “sugerencias” occidentales para colaborar, estas últimas se suelen percibir claramente como dictados.

     En segundo lugar, cualquier proyecto conjunto que tenga como objetivo alcanzar una paz justa debe estar basado esencialmente en el rechazo de toda opresión y en el reconocimiento de una humanidad común. Antes de que esto suceda, cualquier comunicación es estrictamente un ejercicio en una negociación asimétrica entre opresor y oprimido. Solo cuando se establece la igualdad puede esa comunicación elevarse al nivel del diálogo. El reconocimiento mutuo de una humanidad común es por lo tanto una condición previa esencial para el diálogo, nunca una consecuencia de él. Como solía decir el difunto Edward Said: “Igualdad o nada.”

     En tercer lugar, si un miembro de la comunidad opresora en teoría acepta, en principio, los requerimientos para la justicia sin actuar para lograrlos, al tiempo que de forma simultánea disfruta de los beneficios que trae consigo la ocupación, la discriminación racial y el uso ilegal de las propiedades de los refugiados palestinos, entonces esa persona seguiría siendo indirectamente responsable y éticamente se le pueden pedir cuentas de la injusticia que está cometiendo su estado. La reflexión sin acción no basta para exonerar a un miembro de un grupo opresor. Se necesita la acción para convertir el compromiso formal en un proceso de cambio y de transformación ética.

     Los israelíes que no dejan de pedir a los palestinos que paguen un precio político por adelantado a cambio de su “noble” reconocimiento de unos pocos derechos palestinos no es que busquen realmente justicia o un final moral para el conflicto. Algunos buscan de forma desvergonzada fondos europeos, otros lo hacen por el prestigio y la fama y algunos incluso participan de este típico comportamiento colonial como una forma de domar a la fierecilla palestina, o de inhibir la resistencia a la opresión.

     Una lucha por la paz que vaya separada de la justicia equivale a institucionalizar la injusticia o a hacer que los oprimidos se sometan a la fuerza demoledora del opresor y acepten la desigualdad como si fuera su destino.

     Quienes intentan cambiar la percepción de los oprimidos antes que ayudar a terminar con la propia opresión son culpables de ceguera moral y de miopía política. Prolongar la opresión no es solo no-ético, es pragmáticamente contraproducente, pues perpetúa el conflicto.

     Para concluir, me gustaría hacer hincapié en la necesidad de aplicar un boicot completo, institucional, dinámico, contra las organizaciones políticas, económicas, culturales y académicas. Sin un apoyo efectivo basado en principios éticos de esta forma civil, no-violenta, mínima de resistencia contra la opresión o por otras formas similares de lucha, los intelectuales y académicos estarán abandonando su obligación moral de defender lo que es correcto, la justicia, la igualdad y la oportunidad de validar el predominio de principios éticos universales.

     Omar Barghouti es un analista político palestino independiente. Su artículo “9.11. Expresar el momento en términos humanos” fue elegido como uno de los “Mejores de 2002” por The Guardian. Su dirección de contacto es: jenna@palnet.com

     Notas:

    Una versión más breve de este artículo fue presentada en el congreso “Resistir el apartheid israelí”, celebrado en SOAS, Universidad de Londres, 5.12.2004.

    Investigador palestino independiente, fundador de la Campaña Palestina por el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI por sus siglas en inglés).

    (NOTA DE LA T: Aunque se han traducido los títulos de los artículos mencionados en las notas, estos materiales solo están disponibles en inglés).

     1. Etienne Balibar, “Una causa política compleja urgente y universal”, discurso en el Congreso de Profesores Universitarios para la Paz Israelo-Palestina (FFIPP), Université Libre de Bruxelles, 3 y 4 de julio.

     2 La llamada palestina al boicot, lanzada por la Campaña palestina por el boicot cultural y académico contra Israel (PACBI por sus siglas en inglés) y respaldada por unos sesenta sindicatos y asociaciones profesionales, educacionales y culturales de las más prominentes en los territorios palestinos ocupados se puede encontrar en http://right2edu.birzeit.edu/news/article178 (en inglés).

     3 “Los líderes palestinos deberían tomarse muy en serio el frente unido en Israel que se opone al derecho de retorno” rezaba el editorial principal de Haaretz, 18 de agosto, 2003.

     4 Según los pacifistas Gadi Algazi y Azmi Bdeir: “Traslado [eufemismo israelí para la limpieza étnica –Omar Barghouti] no es necesariamente un momento dramático, un momento en que la gente es expulsada y tiene que huir de sus ciudades y pueblos. No se trata de una mudanza planeada y bien organizada con autobuses y camiones cargados de gente. El traslado es un proceso más profundo, un proceso paralizante que está oculto a la vista. El elemento principal consiste en ir minando de forma gradual las infraestructuras de la vida de la población civil palestina en los territorios: esa vida debe ser estrangulada de forma continuada por medio de cierres y asedios que impidan que la gente acuda a trabajar o vaya a la escuela, que tenga acceso a servicios médicos, así como el paso de ambulancias y de camiones de agua, lo que provoca que los palestinos vuelvan a la era del burro y el carro. En su conjunto, estas medidas erosionan el vínculo de la población palestina con su tierra.” Citado en: Ran HaCohen, “Limpieza étnica: pasado, presente y futuro”, www.Antiwar.com, 30, diciembre, 2002.

     5 El nombre del pueblo palestino es Sheij Muwannis.

     6 Ran Reznick, Ramat Hovav tiene el doble de defectos de nacimiento y casos de cáncer, Haaretz, 1, junio, 2004.

     7 Un ejemplo es el “Proyecto Mitzpim”, supervisado por Sofer, que promueve la “conquista” de zonas pobladas por árabes-palestinos por medio de colonias y carreteras de uso exclusivo para judíos.

    http://www.haaretz.com/hasen/spages/481680.html

     8 Tras una visita a la Franja de Gaza, que está completamente rodeada por una valla, Oona King, diputada judía del parlamento británico, comentó la ironía a la que se enfrentan actualmente los israelíes, diciendo: “al escapar de las cenizas del Holocausto, han encarcelado a otro pueblo en un infierno similar en su naturaleza, aunque no en su alcance, al gueto de Varsovia”. “Israel puede detener esto ahora”, The Guardian, 12, junio, 2003, http://www.guardian.co.uk/comment/story/0,3604,975423,00.html

     9 Según las encuestas sobre las opiniones judío-israelíes sobre el servicio militar obligatorio, el factor más importante vinculado al apoyo a la continuación del legado del “ejército del pueblo”, una mayoría contundente está a favor. Por ejemplo, ver la sólida encuesta Peace Index llevada a cabo en abril de 2001 por la universidad de Tel Aviv, http://www.tau.ac.il/peace/Peace_Index/2001/English/p_april_01_e.html

     10 Chris McGreal, “Los israelíes indignados por la imagen de soldados que obligan a un violinista a tocar en un control”, The Guardian, 29, noviembre, 2004.

    http://www.guardian.co.uk/israel/Story/0,2763,1361755,00.html

     11 Amos Harel, “Totalmente illegal”, Haaretz, 23/11/2004. http://www.haaretz.com/hasen/spages/504878.html

     12 Serge Schemann, “Al menos 17 personas mueren en un ataque israelí contra un campamento palestino en Gaza”, New York Times, 12/3/2002.

     13 Según la organización Physicians for Human Rights-Israel (Médicos por los Derechos Humanos-Israel): “Aunque los ciudadanos palestinos del estado de Israel representan aproximadamente 20% de la población, esta comunidad sufre una discriminación institucionalizada que genera severas diferencias socio-económicas entre la mayoría judía y la minoría árabe. No se ha hecho una inversión significativa para remediar estas diferencias. Por el contrario, la población palestina sigue sufriendo la falta de fondos y la discriminación en muchos aspectos, incluyendo el empleo, la educación, políticas inmobiliarias y de urbanismo, y servicios de salud.” http://www.phr.org.il/Phr/Pages/PhrArticle_Unit.asp?Cat=37&Pcat=4

     14 Yulie Khromchenco, Encuesta: “64% de judíos apoyan el que se anime a los árabes a que se vayan”, 22, junio, 2004.

     15 Human Rights Watch, “Segunda clase: Discriminación contra los niños árabe-palestinos en las escuelas de Israel, septiembre, 2001. http://www.hrw.org/reports/2001/israel2

     16 Por ejemplo, Noam Chomsky, describe las sanciones como “probablemente dañinas y en el mejor de los casos inútiles”, alegando: “En las presentes circunstancias del mundo real, una llamada a aplicar sanciones, aunque estuviera justificada, les encantaría a los extremistas de derechas y a los partidarios de la línea dura, porque lo podrían convertir sin dificultad en una “prueba” más de que todo el mundo desea eliminar a los judíos y por lo tanto debemos alzarnos para apoyar al pobre Israel para impedir otro Holocausto.” ZNet, May 31, 2004. http://blog.zmag.org/ttt/archives/000492.html

     17 Etienne Balibar, ibid.

     18 Tony Judt, “Israel: La alternative”, New York Review of Books, Vol. 50, número 16, 23, octubre, 2003. http://www.nybooks.com/articles/16671

     19 Reuven Pedatzur, “El filósofo del ejército israelí”, Haaretz, 24, febrero, 2004.

     20 Ran Hacohen, “Contra las negociaciones”, Antiwar.com, 28, marzo, 2002.

    http://www.antiwar.com/hacohen/h032802.html

     21 Benny Morris, “Un Nuevo éxodo para Oriente Medio”, The Guardian, 3, octubre, 2002.

    http://www.guardian.co.uk/israel/comment/0,10551,803417,00.html

     22 Baruch Kimmerling, “Falsa lógica”, The Guardian, 5, octubre, 2002.

    http://www.guardian.co.uk/letters/story/0,3604,805123,00.html

     23 Desmond Tutu, “Apartheid en la Tierra Sagrada”, CounterPunch, 29, abril, 2002.

     24 Desmond Tutu, “¿Desinvierto de la ocupación y del apartheid?”, CounterPunch, 17, octubre, 2002.

     25 Ver “Sobre la creatividad y la ética de los refugiados”, ZNet, 28, septiembre, 2002.

    http://www.zmag.org/content/Mideast/bhargoutirefeth.cfm

     http://www.counterpunch.org/barghouti12222004.html

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  • El BDS, Israel y los afrikaners. Alberto Arce – Carlos Sardiña

    El BDS, Israel y los afrikaners. Alberto Arce – Carlos Sardiña

    El BDS, Israel y los afrikaners

    21.05.2010 – Alberto Arce – Carlos Sardiña

    Una comparación incómoda para la política, para el periodismo, para la cultura.

    La analogía sudafricana y las llamadas al boicot se abren paso y convencen ya a numerosos escritores y artistas

    soldados

    En la Sudáfrica del Apartheid existía un lugar llamado Sun City, trasunto africano de Las Vegas. Una ciudad donde, teóricamente, no existía la discriminación racial. Allí actuaban a cambio de fuertes sumas de dinero reconocidos artistas de renombre internacional. Participaban así en el programa propagandístico diseñado por el gobierno sudafricano para contrarrestar la influencia de la lista de personas que se negaban a viajar al país en solidaridad con los llamamientos al boicot hechos públicos por los líderes del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela o el arzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu.

    En 1985 un grupo de músicos (entre ellos U2, Peter Gabriel, Lou Reed o Keith Richards) grabó una canción y filmó un documental titulados “Sun City, Artistas Unidos contra el Apartheid” que pasó a la historia como uno de los momentos fundamentales de la conformación de la opinión pública mundial sobre el régimen afrikaner de Pretoria. Era una campaña de boicot cultural contra el racismo.

    Varias décadas más tarde y aunque se trata de uno de los temas más controvertidos, vetados  y rechazados por gran parte de la prensa internacional o los líderes políticos mundiales, es cada vez más evidente que la analogía sudafricana, las comparaciones con el régimen de apartheid y los continuos llamamientos de la sociedad civil palestina a una campaña de BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) contra el estado de Israel ganan espacio en el ya de por sí complejo debate en torno a Oriente Medio. Sin ir más lejos, Elton John, uno de los artistas que nunca quiso escuchar las llamadas a boicotear la Sudáfrica racista es objeto en estos momentos de una fuerte campaña de presión internacional para que cancele su actuación prevista en Tel Aviv. Al mismo tiempo, Elvis Costello declarado que “hay veces en las que el silencio tiene más valor que el ruido” tras de suspender su gira por Israel y sumarse al boicot internacional contra el Estado judío.

     

    ¿Cómo surge La estrategia del Boicot, las Desinversiones y las Sanciones?

    La Conferencia de Naciones Unidas contra el Racismo de 1973 aprobó la “Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid”. Reeditada en 1978 y 1983, dicha Convención sirvió como mecanismo para sensibilizar a la opinión pública sobre naturaleza del régimen de Apartheid sudafricano y contribuyó a construir las voluntades políticas que aislaron finalmente al régimen de Pretoria. En 2001 tras la caída del régimen de apartheid, una nueva Conferencia de Naciones Unidas contra el racismo aprobó en ese mismo país la “Declaración y Plan de Acción de Durban para la prevención de la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia”.

    En dicho documento se identifica de manera explícita a la población palestina como uno de los grupos vulnerables víctimas del racismo. Desde entonces, voces tan autorizadas como la del ex-presidente norteamericano Jimmy Carter que publicó en 2006 un libro titulado “Paz, y no apartheid”, han citado la analogía entre el régimen afrikaner de Johannesburgo y el régimen de Tel Aviv. ¿El motivo? El sistema de documentos de identidad que señalan si su poseedor es judío o no, las restricciones en el acceso a las tierras que, en Israel pertenecen en un 93% al Estado y están reservadas exclusivamente a los judíos, el sistema de carreteras de uso exclusivo para colonos en Cisjordania, la ley que impide la reunificación familiar de palestinos residentes en el Estado de Israel o el Muro de separación que Israel construye de forma ilegal según la Corte Internacional de Justicia, en Territorio ocupado, alimentan una comparación que habla de la “bantustanización” de Palestina.

    Se está planteando cómo transformar la analogía entre la situación de la Sudáfrica del Apartheid y la de los territorios palestinos ocupados en una campaña internacional de solidaridad basada en la igualdad de derechos civiles para todos los habitantes del territorio. Escritores israelíes como Uri Davis y Michael Warsavsky participaron el 9 de agosto de 2001 en Jerusalén en el lanzamiento del Movimiento contra el apartheid israelí en Palestina (MAIAP), considerado como primera plataforma de movilización en esta dirección.

    A partir de este primer movimiento, y a lo largo de varios años, organizaciones sociales, sindicatos, partidos, intelectuales y activistas se reunieron periódicamente -siempre a tres bandas, con participantes palestinos, israelíes e internacionales- hasta publicar en 2005 la que se considera como la más representativa, unitaria e internacionalmente extendida “Llamada a una campaña global de Boicot, Desinversiones y Sanciones al estado de Israel hasta que cumpla con sus obligaciones ante el Derecho Internacional”, que recibió el apoyo de decenas de organizaciones palestinas constituidas en el Comité Nacional Palestino para la Campaña de BDS al Estado de Israel y decenas de organizaciones europeas y norteamericanas cuando se presentó públicamente por primera vez fuera de Palestina en una Conferencia Internacional celebrada en Bilbao en octubre de 2008.

    Según sus propios organizadores, el BDS es una campaña que pretende “impedir o entorpecer la ocupación militar israelí de Palestina entendida como un proceso histórico y político en sus diferentes plasmaciones sobre el terreno” mientras se convierte en un instrumento de presión que pretende “obligar a ceder al  Estado de Israel como sujeto con responsabilidad directa en el mantenimiento de la ocupación a través de sus relaciones y las de sus diversas instituciones con el resto de la comunidad internacional, que mantienen también una responsabilidad indirecta en la ocupación”.

    La postura palestina contra la normalización de relaciones con Israel, expresada a través de la Plataforma que promueve el Boicot, es clara: “Rechazamos participar en actividades que limpien la imagen pública de Israel y rechazamos eventos conjuntos en los que no se reconozcan nuestros derechos y el derecho a resistir contra la ocupación israelí. Cualquier evento que no asuma estos principios transmite una falsa imagen de igualdad entre las partes e ignora y legitima la opresión israelí sobre los palestinos. No contribuiremos a ningún evento que menosprecie nuestros derechos o que permita presentar a Israel como algo diferente de lo que en realidad es: un Estado de Apartheid. Y rechazamos los esfuerzos que Israel y sus apologistas realizan para convencernos (…) especialmente de que el conflicto no es más que un síntoma de barreras psicológicas que pueden desaparecer a través del diálogo”.

     

    Artistas que declinan viajar a Israel.

    Siguiendo esta lógica, y probablemente influido por decisiones previas como la de Carlos Santana, Gil Scott Heron, poeta y músico norteamericano, autor de “La revolución no será televisada”, ha sido hasta el momento el penúltimo de los artistas en sumarse a dicha campaña en una lista que crece y se actualixa a diario. El pasado 23 de abril anunció sobre un escenario de Londres, que cancelaba su concierto de fin de gira en Tel Aviv “hasta que todo el mundo sea bienvenido para asistir”. El artista respondía así a una serie de cartas publicadas en diversos medios anglosajones pidiéndole que se sumase a la campaña de boicot al Estado de Israel.

    Respondiendo al mismo tipo de cartas, escritas y hechas públicas por PACBI (Campaña Palestina de Boicot Académico y Cultural al Estado de Israel) en 2009, Andy Bichlbaum y Mike Bonanno, más conocidos como “The Yes Men” retiraron su película “The Yes Men fix the world”, ganadora del Festival de Sundance, del Festival de cine de Jerusalén, rechazando viajar a presentarla en Israel. En una carta explicaban los motivos que les habían llevado a tomar aquella decisión: “Pese a nuestro sentimientos, no podemos olvidarnos de nuestra tarea como activistas. En la década de los 80 tuvo lugar una convocatoria desde Sudáfrica a los artistas de todo el mundo para boicotear el régimen de Apartheid. Hoy en día hay una convocatoria clara de la sociedad civil palestina al Boicot a Israel. Nuestra posición es responder a ella como directores de cine y como activistas colaborando así en la presión al gobierno de Israel para que cumpla con el derecho internacional”.

    Naomi Klein, la autora de No Logo o La doctrina del shock publicó un artículo en The Guardian explicando su modo de sumarse a la campaña de Boicot al Estado de Israel explicando los criterios con los que editaría, en adelante, sus obras en Israel: “Durante ocho años, mis libros fueron publicados en Israel por una editorial llamada Babel. Cuando publiqué La doctrina del shock quería respetar la convocatoria del boicot. Siguiendo el consejo de los activistas palestinos y de escritores como John Berger, que habían adoptado esta opción antes que yo, contacté con una pequeña editorial llamada Al Andalus, formada por activistas fuertemente involucrados en la lucha contra la ocupación desde el interior de Israel y la única editorial israelí que se dedica exclusivamente a traducir literatura árabe al hebreo, y redactamos un contrato que garantiza que todos los beneficios de mis libros permanecerán en Al Andalus. Mi objetivo es boicotear la economía israelí, no a los israelíes”.

    En septiembre de 2009 un grupo de personalidades encabezado por Ken Loach, la propia Klein, Viggo Mortensen, Harry Belafonte, Jane Fonda, que se retractaría posteriormente, Danny Glover o Slavoj Zizek anunciaba su boicot al Festival Internacional de Cine de Toronto. ¿El motivo? protestar por su denominado “Foco en Tel Aviv”, un programa de diez películas sobre la capital israelí en la que no aparecía ninguna mención a los habitantes palestinos de la ciudad. Los cientos de firmantes de la “Declaración de Toronto”  consideraban que no es correcto utilizar actividades culturales internacionales para “lavar la cara del régimen israelí” a través de programas de colaboración cultural con su Ministerio de Asuntos Exteriores. Sobre todo tras lo sucedido en Gaza pocos meses antes, durante la operación “Plomo Fundido” que comienza a jugar el mismo papel catalizador respecto al Boicot a Israel que la matanza de Sharpeville en Soweto jugó en el caso sudafricano, ese tipo de iniciativas son el detonante de una modificación sustancial de la percepción internacional de quien comete masacres y dificultan su justificación.

     

    [hr]

    La Sudáfrica del Apartheid e Israel: parecidos razonables y amistades peligrosas

    Las comparaciones entre Israel y la Sudáfrica del Apartheid son especialmente incómodas para un país que se considera a sí mismo la “única democracia de Oriente Próximo” y hace todo lo posible para que los demás países también le vean así. Sin embargo, la analogía no carece de fundamento y hay motivos de sobra para afirmar que en Israel impera efectivamente un régimen de apartheid. Como señaló recientemente la activista israelí Nurit Peled, el estado israelí “no es una democracia, es una etnocracia”.

    Incluso Michael Ben Yair, ex fiscal general de Israel y ex miembro de su Corte Suprema, ha declarado: “Hemos elegido con entusiasmo convertirnos en una sociedad colonial, ignorando los tratados internacionales, expropiando tierras, transfiriendo colonos desde Israel a territorio ocupado, robando y justificando todas nuestras actividades. Al desear con pasión quedarnos con los territorios ocupados hemos desarrollado dos sistemas judiciales, uno progresista y liberal para Israel y otro cruel e injusto para el territorio ocupado. Hemos establecido de hecho un régimen de Apartheid en los Territorios ocupados.”

    El arzobispo sudafricano y premio Nobel de la Paz Desmond Tutu ha declarado en numerosas ocasiones que la situación de los palestinos en los territorios ocupados por Israel es similar a la de los negros en Sudáfrica durante la época del apartheid y defiende la campaña de boicot como la mejor estrategia que la sociedad civil mundial puede adoptar para poner fin a las injusticias perpetradas por el estado de Israel. El COSATU (Congreso de Sindicatos Sudafricanos), veterana organización en la lucha contra el apartheid sudafricano, también se ha sumado a la campaña.

    El concepto de apartheid no se limita exclusivamente al contexto histórico de la segregación racial vigente en Sudáfrica entre los años 1948 y 1994. Además es un crimen de lesa humanidad reconocido como tal por la “Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid” aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1973 [pdf]. También el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional aprobado en 1998 contempla el apartheid como un crimen de lesa humanidad en su artículo 7 y considera como tal los “actos inhumanos” contemplados en el propio Estatuto “cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales y con la intención de mantener ese régimen”.

    Con esas leyes en la mano, los expertos en derecho internacional Luciana Coconi y David Bondia elaboraron el año pasado un informe [pdf] en el que concluían que “la discriminación a la que se ve sometido el pueblo de Israel constituye crimen de apartheid”. El relator especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, el jurista de origen sudafricano John Dugard, elaboró en 2007 un informe [pdf] en el que afirmaba que las “leyes y prácticas de Israel en los territorios palestinos ocupados son similares a algunos aspectos del apartheid” y “probablemente están contempladas en la Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid”.

    Esa discriminación se traduce en políticas que van desde la “bantustanización” de los territorios palestinos en Cisjordania como consecuencia de la construcción de asentamientos judíos y las carreteras de circunvalación de uso exclusivo para israelíes que los comunican hasta los “asesinatos selectivos” de activistas palestinos, pasando por la restricción de movimientos o las detenciones arbitrarias que sufren los palestinos a diario. Además, los ciudadanos palestinos de Israel, que en teoría deberían disfrutar de los mismos derechos que sus conciudadanos israelíes judíos, sufren una enorme discriminación en lo que respecta al acceso a la educación, la vivienda, el mercado de trabajo o la sanidad.

    Por otro lado, los vínculos entre Israel y la Sudáfrica del apartheid no se limitan a una mera analogía entre sus políticas discriminatorias. Ambos regímenes mantuvieron unas estrechas relaciones durante muchos años, después de que la mayoría de países africanos le dieran la espalda a Israel tras la guerra del Yom Kippur de 1973. Los dos estados colaboraron fundamentalmente en el ámbiro armamentístico, hasta el punto de que Israel ayudó en secreto a Sudáfrica a obtener la bomba nuclear. Las relaciones amistosas alcanzaron su apogeo en 1976, cuando el primer ministro John Vorster (un antiguo simpatizante nazi) viajó a Israel, donde el primer ministro Isaac Rabin le recibió con todos los honores y en un banquete de estado brindó “por los ideales que comparten Israel y Sudáfrica y por la esperanza de justicia y una coexistencia pacífica”. Aquel fue el año del célebre levantamiento de Soweto, que reprimieron brutalmente las fuerzas de seguridad sudafricanas y en el que se calcula que murieron unas setecientas personas.

     

    Fuente: PeriodismoHumano.com.

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