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Etiqueta: Gideon Levy

  • Matando en Gaza, salvando en Nepal: la hipocresía moral de Israel

    Matando en Gaza, salvando en Nepal: la hipocresía moral de Israel

    Gideon Levy. Haaretz.
    Israel no necesita hacer todo el camino hasta Katmandú para salvar vidas; sería suficiente con que levantara el sitio que impone a una hora en coche de Tel Aviv y permitiera que Gaza sea reconstruida.
    Niñas palestinas Gaza
    Niñas estudiantes palestinas Gaza caminan por los escombros de una casa destruida durante el ataque de 2014 en Beit Hanoun, al norte de la Franja de Gaza, el 12 de abril de 2015. / Reuters

    El uniforme es el mismo uniforme. Es el uniforme cuyos portadores bombardearon cientos de casas, escuelas y clínicas en Gaza el verano pasado. Es el uniforme cuyos portadores periódicamente disparan a adolescentes y niños que tiran piedras y a quienes marchan pacíficamente en Cisjordania ocupada. Es el uniforme que cada noche invade hogares con brutalidad y saca a la gente de su cama, a menudo por arrestos innecesarios y políticamente motivados. Es el uniforme que bloquea la libertad de movimiento de las personas en su propia tierra. Es el uniforme que ha abusado de un pueblo entero por décadas.

    Ahora sus portadores están salvando vidas para las cámaras. El malvado ejército para los palestinos se ha convertido en el ejército de salvación en Nepal.

    Los rescatistas israelíes en Nepal ciertamente están infundidos de buenas intenciones. Entre ellos, los soldados reservistas dijeron que dejaron todo para unirse a este esfuerzo. Son sin duda buenas personas que se alistaron para ayudar a israelíes y nepalíes. Es muy conmovedor ver a un bebé prematuro ser cargado sano y salvo por un soldado del ejército israelí.

    Pero no podemos olvidar que usando ese mismo uniforme, el ejército israelí mata bebés por docenas: un informe de B’Tselem publicado la semana pasada enumera 13 casos de viviendas que fueron voladas en Gaza, matando a 31 bebés y 39 niños y niñas. El que hizo eso a decenas de bebés tiene que tener una dosis intolerable de descaro para atreverse a ser fotografiado con un bebé rescatado de un terremoto y jactarse de su humanitarismo.

    Porque después de todo, esto es cuestión de jactancia. Eso es un hecho. Vamos a mostrarnos a nosotros mismos, y en particular el resto del mundo, lo maravillosos que somos, cómo el ejército israelí es verdadera y absolutamente el más moral del mundo.

    «¿Han visto algún avión de rescate iraní?», preguntó un propagandista disfrazado ayer. «Un Estado modelo”, «El hermoso Israel», «La bandera de Israel entre las ruinas», «El orgullo». «Nuestra delegación de ángeles abnegados representa los valores universales de nuestro pueblo y nuestro país», dijo el presidente. «Ellos son el verdadero rostro de Israel: un país preparado para ayudar a cualquier distancia en tales circunstancias», dijo el primer ministro.

    ¿Ángeles abnegados? ¿El verdadero rostro del país? Tal vez. Pero ese rostro angelical también tiene un oscuro lado satánico, uno que no sólo salva bebés, sino que los mata. Cuando ese es el caso, no se puede hablar de «valores universales». No se puede hablar en absoluto de valores. Simplemente no hay derecho a hacerlo. ¿Avigdor Lieberman, el matón que pide a cada rato bombardear y destruir, hablando de humanitarismo?

    Hay países que no mandan a Nepal una ayuda tan generosa como la de Israel; pero no hay un solo país comportándose con tal hipocresía —matando en Gaza y salvando en Nepal— y presentándose a sí mismo como la Madre Teresa. No hay ningún otro país que explote tanto cada oportunidad para hacerse propaganda y mostrarse hasta la náusea embadurnado de vergonzosa autoadulación.

    Hay bebés que mueren en los depósitos de niños de la estación central de autobuses de Tel Aviv, no por razones de fuerza mayor, sino debido a una despiadada política de inmigración. El ejército israelí no está salvando a esos bebés. En Gaza hubo un terremoto durante la operación Borde Protector; los escombros no han sido removidos hasta el día de hoy, y la mayoría de los que perdieron sus hogares permanecen sin techo. Todo el que ha visitado Gaza recientemente ha sido sacudido en lo más profundo de su ser. Y ese terremoto fue hecho por el hombre: fue el trabajo del ejército israelí; el mismo que está en Nepal.

    Israel no necesita hacer todo el camino hasta Katmandú para salvar vidas; sería suficiente con que levantara el sitio que impone a apenas una hora en coche desde Tel Aviv y permitiera que Gaza sea reconstruida. Sería suficiente con darle a los dos millones de personas que viven allí un poco de libertad. Sería suficiente con decidir que en el próximo ataque —que será inevitable— el ejército actuará de manera diferente; que ese mismo ejército que hoy está abocado al rescate no cometa más crímenes de guerra. Que respete el derecho internacional, y tal vez incluso esos «valores universales» en los que Israel se regodea ahora. Que ese mismo ejército que ahora está abrazando bebés no bombardee hogares con bebés adentro.

    Pero todo esto, por supuesto, es mucho más difícil que mandar un 747 a Katmandú y montar el hospital de campaña más grande y mejor equipado posible en frente del ejército de periodistas, y aplaudir al hermoso, virtuoso y moral Israel.

     

    Fuente: Killing in Gaza, saving in Nepal: Israel’s moral hypocrisy, Gideon Levy, Haaretz, 30 de abril del 2015.
    Traducción: María Landi (con aportes de Alicia Herrera)

  • Libro: BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes

    Libro: BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes

    Un libro sobre la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra la política de ocupación ilegal de territorios y el apartheid de la población palestina ejercidos por los gobiernos del Estado israelí. Una campaña cívica de alcance mundial que, al igual que la llevada a cabo contra el apartheid sudafricano, se propone acabar con las desastrosas políticas contrarias a los derechos humanos fundamentales de los sucesivos gobiernos israelíes con la complicidad de las grandes potencias.

    En edición de Luz Gómez, con la participación, por orden alfabético de Frank Barat, Omar Barghouti, Ramzy Baroud, John Berger, Judith Butler, Angela Davis, Richard Falk, Daniel Gil, Luz Gómez, Héctor Grad, Ran Greenstein, Aitor Hernández, Stéphane Hessel, Shir Hever, Ayesha Kidwai, Naomi Klein, Gideon Levy, Ken Loach, Haneen Maikey, José Luis Moragues, Ilan Pappé, Prabir Purkayastha, Raji Sourani, Magali Thill, Desmond Tutu, Alice Walker, Roger Waters y Slavoj Žižek.

    Presentación de Luz Gómez (editora)

    Libro BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes.
    Libro BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes, editado por Luz Gómez. Colección Disenso.

    El llamamiento de la sociedad palestina al Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (2005) se halla en un punto de inflexión. A la vez que la ocupación y el apartheid se han ido agudizando en estos años, se ha consolidado la campaña internacional para presionar a Israel a través del boicot económico, académico y cultural. La Operación Plomo Fundido contra Gaza del invierno de 2008-2009 y la parálisis de la Autoridad Nacional Palestina han hecho posible el cambio de mentalidad en la solidaridad con Palestina. La sociedad civil internacional ha respondido al llamamiento palestino. El BDS se ha convertido en un instrumento eficaz de movilización social y presión política contra la permisividad de los Gobiernos con la ocupación y el apartheid israelíes. El avance del BDS supone la recuperación de una forma de entender la política y la solidaridad ya practicada contra el apartheid de Sudáfrica, pero arrinconada con el triunfo voraz del neoliberalismo en los últimos veinticinco años.

    Lejos de avanzar en una solución que dé respuesta a los derechos de los palestinos reconocidos por Naciones Unidas, Israel ha seguido incumpliendo de forma sistemática todas sus obligaciones como potencia ocupante y como Estado de derecho para todos sus ciudadanos, incluidos los israelíes no judíos. El desprecio a las resoluciones de la ONU ha llegado al punto de que han dejado de ser la referencia en las llamadas «conversaciones de paz». Más colonias, más apartheid, más represión y violencia viene siendo la respuesta israelí a todo intento negociador. A esta realidad oficial se opone la petición de justicia y dignidad, objetivo del movimiento BDS. Sus medios, sean el boicot, las desinversiones económicas o las sanciones internacionales, no son un fin en sí mismos, sino que su verdadero fin es que se acabe el BDS: si el BDS triunfa, está condenado a desaparecer.

    No ha llegado aún ese momento, pero sí está claro que ya no hay marcha atrás. Hace diez años la comunidad universitaria occidental acogió con cierta condescendencia el llamamiento al boicot académico de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI), pero a finales de 2013 varios sindicatos universitarios y asociaciones científicas, incluida la poderosa American Studies Association, han dado su apoyo expreso al BDS. Hace cinco años, antes de la guerra de Gaza, ninguna caja de ahorros, y menos aún holandesa, hubiera pensado en retirar sus inversiones en los bancos israelíes por operar indistintamente en Israel y los territorios ocupados; PGGM lo ha hecho en 2013 invocando su «responsabilidad social». Hace tan solo dos años era inimaginable que Alemania, como anunció su Gobierno en enero de 2014, bloqueara su financiación a instituciones y empresas ubicadas en las colonias de Cisjordania y Jerusalén Oriental. Es más, hace apenas un año el boicot era un tema tabú en los grandes medios de comunicación occidentales. El affaire Scarlett Johansson/Oxfam, denunciado masivamente en las redes sociales, ha acabado arrastrando a la prensa y la televisión al debate, y ha popularizado el BDS. Hasta el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, ha avisado a Israel de que el boicot será imparable si no se presta al acuerdo en la enésima ronda de negociaciones de paz.

    Este libro presenta colaboraciones que reflejan, desde distintas perspectivas, las «formas de desposesión polivalentes» de la ocupación israelí de Palestina. Nuestra pretensión ha sido no solo contar la historia, el sentido y las prácticas del movimiento BDS, sino mostrar además el carácter transversal de la lucha por la justicia en Palestina, que el BDS vehicula. Es un libro con análisis, reflexiones y testimonios de autores palestinos e israelíes, pero también europeos, norteamericanos, sudafricanos e indios, y ha sido posible gracias a la colaboración desinteresada de todos ellos. Algunas contribuciones han aparecido con anterioridad en publicaciones digitales o en otras lenguas, como se recoge en el apartado de créditos.

    Distintas personas han contribuido de un modo u otro a este proyecto. No podemos dejar de mencionar a Jorge Gimeno, que vio su necesidad cuando nada parecía hacerlo viable, e insistió en ella. Y, sobre todo, a los compañeros de Autónom@s por Palestina, el grupo BDS de la Universidad Autónoma de Madrid, que tiene la suerte de contar entre sus miembros con Héctor Grad, Laura Galián y Fernando García Burillo. Sin todos ellos el libro no hubiera salido adelante.

    La lucha contra el racismo y la segregación no conoce fronteras ni excepciones históricas. La justicia, como dice siempre Raji Sourani, o es universal o no existe. Para recordarlo y que se cumpla en Palestina, el BDS está en marcha.

    Libro: BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes
    Libro BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes. Colección Disenso, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

     

    Fuente y más información: Colección Disenso, de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
    Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP).

    Mira el índice del libro en pdf.

  • El último refugio del patriota israelí: el boicot – Gideon Levy

    El último refugio del patriota israelí: el boicot – Gideon Levy

    Gideon Levy. Haaretz.
    Mientras Israel entra en otra vuelta de inacción diplomática, el llamado por un boicot económico se ha convertido en un requerimiento patriótico.

    Cualquiera que tema realmente por el futuro del país tiene que estar a favor de boicotearlo económicamente.

    ¿Una contradictio in terminis? Hemos considerado las alternativas. Un boicot es el menor de todos los males y podría producir beneficios históricos. Es la opción menos violenta y la que tiene menos probabilidades de acabar en un derramamiento de sangre. Sería dolorosa como las otras, pero las otras serían peores.

    Sobre la base de la suposición de que el actual statu quo no puede continuar eternamente, es la opción más razonable para convencer a Israel de que cambie. Su efectividad ya se ha probado. Más y más israelíes se han preocupado recientemente por la amenaza del boicot. Cuando la ministra de justicia Tzipi Livni señala su expansión y en consecuencia llama a romper el impasse diplomático, suministra una prueba de la necesidad de un boicot. Por eso ella, y otros, se suman al movimiento por el boicot, la desinversión y las sanciones. Bienvenidos al club.

    El cambio no vendrá del interior. Eso está claro desde hace mucho tiempo. Mientras los israelíes no paguen un precio por la ocupación, o por lo menos no hagan la conexión entre causa y efecto, no tendrán ningún incentivo para acabar con ella. ¿Y por qué debería preocuparse el residente medio de Tel Aviv de lo que sucede en la ciudad cisjordana de Yenín o en Rafa, en la Franja de Gaza? Esos sitios están muy lejos y no son particularmente interesantes. Mientras la arrogancia y el victimismo continúen en el Pueblo Elegido, el más elegido del mundo, siempre la única víctima, la posición explícita del mundo no cambiará en absoluto.

    Es antisemitismo, decimos. Todo el mundo contra nosotros y nosotros no somos responsables de su actitud hacia nosotros. Y aparte de eso, a pesar de todo, el cantante inglés Cliff Richard vino a actuar aquí. La mayor parte de la opinión pública israelí está divorciada de la realidad, la realidad en los territorios y en el extranjero. Y hay quienes se ocupan de que se mantenga esa peligrosa desconexión. Junto con la deshumanización y la satanización de los palestinos y los árabes, la gente de este país tiene el cerebro demasiado lavado por el nacionalismo para entrar en razón.

    El cambio solo vendrá de fuera. Nadie –incluyendo al autor, por supuesto– quiere otro ciclo de derramamiento de sangre. Un levantamiento popular palestino no violento es una opción, pero es poco probable que ocurra en un futuro cercano. Y luego, existen la presión diplomática estadounidense y el boicot económico europeo. Pero EE.UU. no aplicará presión. Si el gobierno de Obama no lo ha hecho, ningún gobierno estadounidense lo hará. Y luego está Europa. La ministra de justicia Livni dijo que en Europa el discurso se ha vuelto ideológico. Sabe de qué habla. También dijo que un boicot europeo no se limitará a los productos hechos en las colonias en Cisjordania.

    No hay motivos para que se limite. La distinción entre productos de la ocupación y productos israelíes es una creación artificial. Los principales culpables no son los colonos, sino los que fomentan su existencia. Todo Israel está inmerso en la empresa de las colonias, por lo tanto todo Israel debe ser responsable de ello y pagar el precio correspondiente. No hay nadie a quien no afecte la ocupación, incluidos los que intentan mirar hacia otro lado y tomar distancia de ella. Todos somos colonos.

    El boicot económico demostró su efectividad en Sudáfrica. Cuando la comunidad empresarial del régimen del apartheid abordó a los dirigentes del país y les dijo que las circunstancias existentes no podían continuar, se decidió el tema. El levantamiento, la estatura de líderes como Nelson Mandela y Frederik de Klerk, el boicot de los deportes sudafricanos y el aislamiento diplomático del país por supuesto también contribuyeron a la caída del odioso régimen. Pero el tono fue impuesto por la comunidad empresarial.

    Y lo mismo puede suceder aquí. La economía de Israel no resistirá un boicot. Es verdad que al principio reforzará el victimismo, el aislamiento y el nacionalismo, pero no a largo plazo. Podría dar lugar a importante cambio de actitud. Cuando la comunidad empresarial aborde al gobierno, el gobierno escuchará y tal vez actúe. Cuando el daño afecte al monedero de cada ciudadano, más israelíes se preguntarán, tal vez por primera vez, cuál es el problema y por qué está ocurriendo.

    Es difícil y doloroso, casi más allá de lo soportable, para un israelí que ha vivido toda su vida en este país, que nunca lo ha boicoteado, que nunca se ha planteado emigrar y que se siente conectado con esta tierra con todo su ser, llamar a un boicot semejante. Nunca lo he hecho. He comprendido lo que motivó el boicot y he podido suministrar la justificación de motivos semejantes. Pero nunca he predicado que otros den ese paso paso. Sin embargo, cuando Israel se lanza a otra vuelta de profunda estancación, tanto diplomática como ideológica, el llamado a un boicot es necesario como el último refugio de un patriota.

     

    Fuentehttp://www.haaretz.com/opinion/the-israeli-patriot-s-final-refuge-boycott.premium-1.535596
    TraducciónRebelión.