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  • Cuando el rosa no es para todas. The Good Son y el pinkwashing

    Cuando el rosa no es para todas. The Good Son y el pinkwashing

    Mireia Chavarria. Directa.
    The good son, de la cineasta israelí Shirley Berkovit se estrena este jueves en Barcelona en el Documental del Mes. El film habla de la transexualidad en un estado como el de Israel, pero a la vez se olvida del colonialismo y el racismo que lo caracterizan.
    The good son, de la cineasta israelí Shirley Berkovit, sigue el proceso de cambio de sexo del “hijo”
    The good son, de la cineasta israelí Shirley Berkovit, sigue el proceso de cambio de sexo de Or / Directa

    «A ver cuando traes una chica en casa», solía decirme mi padre. «Pues bien, lo hice. Soy yo», afirma la protagonista del documental The good son, de la cineasta israelí Shirley Berkovit. La película, que sigue el proceso de cambio de sexo del «hijo», será proyectada en Barcelona este jueves 5 de marzo en El Documental del mes.

    Pocas veces el género documental ha afrontado el tema de la transexualidad desde una perspectiva tan íntima. En este caso, se trata de un relato en primera persona grabado con una cámara de vídeo que nos muestra fotogramas del proceso de cambio de sexo de un chico que siempre se ha sentido chica. La poca calidad de la imagen, la subjetividad y domesticidad de las presas, la falta de artificialidad… Son aspectos formales que, junto con la alta dosis de emocionalidad e implicación personal de la protagonista, crean un hechizo que despierta la curiosidad y fascinación de la espectadora. Y es que la excepcionalidad de la visibilización de un caso como éste, no por raro sino por invisible, la convierte en privilegiada. Es este rol de testigo voyeur lo que consigue involucrarse completamente en esta introspección que acompaña la transformación física de la protagonista, y le permite así vivir en propia piel su mutación también espiritual y social.

    Las dudas, el miedo y la soledad de la experiencia empiezan una empatía que se convertirá en catarsis al final de esta tragedia con final feliz: el empoderamiento fruto de sentirse orgullosa de lo que ha hecho, no tanto como lo ha hecho, pero sí de haberlo conseguido. Y, además, mucho más que eso, que lo ha hecho a su manera. Y es la canción de Frank Sinatra I did it my way el hilo musical de esta explosión de felicidad consecuencia de un desenlace inusual de satisfacción personal, de aceptación familiar y social, tras un proceso quirúrgico al que no todos pueden acceder por el coste económico que supone.

    También el estado de Israel tiene su manera de lavarse sus manos manchadas de sangre. Y The Good Son, sin desmerecer su calidad cinematográfica, nos hace venir en mente, irremediablemente, lo que se conoce con el nombre de pinkwashing. Y es que la cultura, en este caso el cine, también puede ser una herramienta para «pintar de rosa» el monstruoso rostro colonial y racista de Israel. De hecho, se trata de una táctica que dibuja una Palestina retrógrada, irrespetuosa y opresora de la comunidad homosexual, y tapa los crímenes de Israel con un arco iris, en un intento de hacer olvidar, o incluso justificar la ocupación y el apartheid para autonormalizarlo. Es así como el estado colonialista se coloca la máscara de vanguardista en la defensa de los derechos de la comunidad LGTBI.

    Sin afán de asociar The Good Son directamente al pinkwashing, ni tampoco de olvidar su labor social y política en cuanto a la visibilización, reflexión y retrato de la transexualidad, hay que tener en cuenta que cuando se trata de una producción artística israelí, aunque sea en favor de los derechos LGTBI, no todo el monte es orégano. Es por ello que el movimiento queer mundial, de la mano del BDS, se ha organizado en torno al Pinkwatching Israel para visibilizar y denunciar el pinkwashing. Israel sigue siendo un estado colonial creado a base de violencia y ocupación, donde las israelíes y árabe-palestinas no se pasean en un plano de igualdad; donde todavía muchas personas son refugiadas que no pueden regresar a sus hogares ni recuperar lo que les quitaron; donde se siguen vulnerando los derechos humanos de manera descarada. Por mucho que se pinte de rosa, la desigualdad sigue siendo la norma dentro de Israel. El colonialismo y el racismo que lo caracterizan evidencian que, por mucho que presuman de promover el rosa, en Israel el rosa no es para todas.

     

    Fuente: Quan el rosa no és per a totes, Mireia Chavarria, Directa (3/3/2015).