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  • ¿Qué está ocurriendo en Palestina? Las colinas de Sderot y las palabras de paja

    ¿Qué está ocurriendo en Palestina? Las colinas de Sderot y las palabras de paja

    Marta Haserrea, activista de BDS (Bociot, Desinversiones y Sanciones a Israel) y militante de Izquierda Anticapitalista.

    Desde que el pasado 8 de julio Israel comenzó la llamada operación «Margen Protector» sobre la Franja de Gaza, se acentúan aún más las habituales dudas sobre «qué ocurre en Palestina». Ante la falta de información objetiva en los medios, es fácil caer en el recurrido «vete a saber quién tiene razón». Las siguientes líneas son un modesto análisis de lo que está ocurriendo estos días en Gaza.

    Todo tiene un comienzo

    Aunque se relaciona el inicio del “conflicto palestino” con la herencia dejada por la Segunda Guerra mundial, lo cierto es que el sionismo es anterior al “Holocausto nazi”.

    En 1896 Theodorol Herzl presentó el libro titulado Der Judenstaat en el que propuso un plan político para la creación de un país para el pueblo judío.

    En 1917 el Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Arthur James Balfour, escribió una carta a un líder de la comunidad judía apoyando la creación de un hogar judío en el Mandato británico de Palestina. La “Declaración Balfour” es una de las diversas promesas hechas por intereses bélicos en la Primera Guerra Mundial. Ninguno de los acuerdos tenía valor legal ya que Inglaterra no tenía derecho a hacer planes sobre una tierra que no le correspondía.

    El sionismo defiende el derecho del pueblo judío a habitar con exclusividad la Palestina histórica reclamándose descendiente de la tribu de Israel, una de las tribus que pueblan la tierra de Canaán de 1150 a 900 AC. No obstante, tras ellos, muchos otros imperios habitaron en Canaan: asirios (900-609 AC), neobabilonios (612-539 AC), persas (539-332 AC), macedonios (330-67 AC), romanos (67 AC-330 DC), bizantinos (285-634), árabes (634-750), turcos selyúcidas (1037-1157), mongoles (s. XIII), mamelucos (1250-1517) y otomanos (1299-1922).

    Además, la mayoría de los judíos hoy en día proviene de movimientos migratorios múltiples por todo el planeta, en los que se han mezclado con otros pueblos y culturas, muchos han abandonado el judaísmo y otros muchos se han convertido a él desde otros credos. Esto quiere decir que poco o nada tienen que ver los miembros de la actual comunidad judía internacional con los descendientes de la ancestral tribu de Israel.

    El origen geográfico de los judíos de Israel es diverso. En estos últimos años la mayoría de los nuevos israelíes proviene de América Latina, Rusia y África reclamando su derecho a emigrar a Israel (aliyah) no sólo por ser su “Tierra Santa” sino por proclamarse víctimas del “Holocausto judío”, cuando lo cierto es que los nuevos pobladores no han sufrido la persecución nazi ni lejanamente pero están rentabilizando en su provecho el sufrimiento de todos los que realmente sufrieron esa barbarie.

    Los sionistas se defienden de las críticas a la política israelí diciendo que se trata de antisemitismo, en recuerdo victimista al sentimiento antijudío de mediados del siglo XX. Realmente los pueblos semitas son todos los que proceden originariamente de la zona comprendida entre Siria, Egipto, Iraq y la península arábiga. Como hemos visto, la mayoría de los judíos no son semitas (sólo un 10% de ellos lo son) mientras que la mayoría de los árabes sí lo son. En la práctica, “antisemita” sería también “antipalestino”.

    El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas selló con su resolución 181 (no vinculante) la sucesión de agravios que se habían cometido sobre el territorio palestino y resolvió la partición de la Palestina histórica:

    Las Naciones Unidas crearon el monstruo. El 14 de mayo de 1948, David Ben Gurion, el primer Primer Ministro de su historia, lo bautizó Israel.

    nakba
    Nakba (catástrofe) palestina, limpieza étnica.

    La limpieza étnica

    Al finalizar la guerra árabe-israelí que sucedió a la proclamación del nuevo artificial estado, Israel ya se había hecho con el 78% de Palestina.

    En 1967, tras la Guerra de los 6 días, Israel termina de ocupar el 22% restante de Palestina anexionándose Jerusalén Este y ocupando militarmente Gaza y Cisjordania.

    La ocupación en Oriente Medio es el conflicto de la historia moderna que más refugiados y desplazados ha generado (5,7 millones según la UNRWA, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos).

    Son recomendables los documentales sobre Al-Nakba (el desastre palestino):


    Según el Tribunal Internacional de Justicia, el Estado de Israel, como potencia ocupante, es el responsable de la situación de los derechos humanos en Palestina. No obstante, el Estado de Israel se niega a reconocer esta obligación y la ONU y diversos organismos no gubernamentales están asumiendo los costes de la crisis humanitaria derivada de la ocupación.

    El Estado de Israel se autodeclara desde su fundación como un Estado Judío. Por este motivo se niega a conceder ciudadanía a los palestinos de Gaza y Cisjordania. Los palestinos que pudieron permanecer en Israel en el 48 accedieron a ciudadanía israelí en 1952 pero en condición de apartheid y denominados árabes de Israel. Bajo este régimen racista, Israel aplica leyes como la Ley del Retorno por la que se concede ciudadanía a todos los judíos de mundo que la soliciten, la Ley de Entrada en Israel por la que los y las jóvenes de Gaza y Cisjordania no pueden residir en Israel aunque se casen con un israelí, además de otras leyes mediante las cuales el Fondo Nacional Judío se ha ido adueñando de las viviendas palestinas e impide a la población palestina la compra de propiedad.

    La ONU ha exigido en numerosas ocasiones a Israel el desmantelamiento del Muro y la retirada de las colonias (resoluciones 242 y 446, entre otras).

    También son contrarias al derecho internacional las detenciones administrativas indefinidas, aplicadas incluso sobre menores. Israel no ha firmado la ley internacional de protección del menor.

    El bloqueo y los bombardeos sobre 1,7 millones de personas en Gaza son un castigo colectivo, práctica prohibida por el derecho humanitario según señala el artículo 33 del Cuarto Convenio de Ginebra.

    Si esto no es una limpieza étnica, se le parece mucho.

    La mentalidad sionista y las colinas de Sderot

    Sderot
    Contemplando el bombardeo a Gaza desde las colinas de Sderot.

    Pero, ¿cómo puede la población israelí permitir que su gobierno mantenga esta política? No sólo lo permite sino que el sionismo ha conseguido que la población israelí sea parte activa de esta política colonizadora y exterminadora.

    Los jóvenes comienzan el servicio militar obligatorio a los 18 años. Durante 3 años ellos y algo menos de 2 años ellas, participan de todos los métodos de acoso y castigo a la población palestina. Los israelíes son educados en la teoría de “El Pueblo Elegido”, del derecho a ocupar y matar en nombre del judaísmo.

    Israel es una sociedad militarizada hasta su médula. Con la excusa de su protección, ataca sistemáticamente al pueblo ocupado ante el silencio de las organizaciones internacionales supranacionales. Ellas parieron al monstruo y ahora deciden no detenerlo debido a sus jugosos negocios con esta potencia económica y lo rentable que resulta nutrir al 4º ejército más poderoso del mundo.

    Por impactante que parezca, los niños en Israel son llevados por sus progenitores a escribir mensajes de odio a los niños palestinos que luego son introducidos en los misiles lanzados desde los drones (aviones no tripulados por control remoto). Yo he visitado varias veces Palestina y jamás he visto que ningún niño palestino sea incentivado por sus padres a escribir mensajes intimidantes (ni en respuesta a los recibidos) a los israelíes. Tampoco he escuchado nunca que ningún palestino presuma orgulloso de asesinar niños israelíes ni se jacten del sufrimiento de los niños como hemos visto con horror en los mensajes en las redes sociales de los soldados que atacan estos días Gaza y en los cantos en las manifestaciones nacionalistas en Tel Aviv.

    Sderot
    La población de Sderot vitoreaban mientras contemplaban la caída de bombas sobre Gaza.

    También se ha convertido en una moda acudir a contemplar el espectáculo de los ataques aéreos sobre Gaza desde las colinas de Sderot, pequeña cima desde la que pueden verse las bombas caer sobre la población civil en Gaza.

    La alienación de la mentalidad sionista llega estos días al extremo de ofrecernos declaraciones como las de la parlamentaria del Knesset Ayelet Shacked del partido Jewish Home que forma parte de la coalición de gobierno de Israel en favor del exterminio de palestinos.

    El académico israelí Mordechai Kedar dijo en unas recientes declaraciones que “violar a sus hermanas, madre y esposa era la única manera de detener un ataque suicida”.

    Tampoco tiene desperdicio el plan publicado por Moshe Feiglin, el vicepresidente del Parlamento israelí, para “concentrar y exterminar Gaza”.

    ¿Terrorismo o Resistencia?

    Hamas
    Mujer palestina recuerda que Israel asesinaba desde mucho antes de la creación de Hamas.

    Netanyahu ha anunciado que piensa continuar con el ataque sobre Gaza “hasta acabar con todos los túneles de Hamas”. No hace falta ser muy observador para comprobar que Israel lleva masacrando palestinos desde 1948 y que Hamas es un partido político fundado en 1987, ¿cuál era la excusa antes? Hamas es sólo el pretexto actual.

    En 2006 Hamas, partido islamista, gana las elecciones democráticas en Gaza.

    En los años 20 Palestina era un país laico y socialmente avanzado en el mundo árabe. El origen de la aparición de Hamas en la vida política palestina es fruto de la involución social sufrida por décadas de ocupación occidental. Hamas no es el problema, Hamas es una de las consecuencias del problema de Palestina: la ocupación.

    En 1987, las Naciones Unidas, escandalizadas por la escalada de violencia a nivel internacional, expidieron la resolución 42/159 (Medidas para prevenir el Terrorismo Internacional) en la que se definía qué actos eran terrorismo internacional y cómo luchar contra ellos y qué actos no podían ser considerados terrorismo:

    “[…] Reafirmamos el derecho inalienable de todos los pueblos sometidos a regímenes coloniales y racistas y a otras formas de dominación extranjera a la libre determinación y la independencia, y defendiendo la legitimidad de su lucha, especialmente la lucha de los movimientos de liberación nacional, con arreglo a los propósitos y principios de la Carta…[…]

    Art. 14-Nada de lo dispuesto en la presente resolución puede redundar en detrimento alguno del derecho a la libre determinación, la libertad y la independencia, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, de los pueblos a los que se ha privado por la fuerza de ese derecho y […] especialmente los pueblos sometidos a regímenes coloniales y racistas y a la ocupación extranjera u otras formas de dominación colonial, ni el derecho de esos pueblos […] a luchar con tal fin y a pedir y recibir apoyo.”

    Sin embargo, los palestinos, en lucha contra la ocupación, son “te-rro-ris-tas”. Son calificados así no sólo por el estado sionista sino por los gobiernos internacionales que firmaron esta resolución y sus posteriores ratificaciones.

    Las diferentes facciones de la resistencia palestina se limitan a “luchar contra un régimen colonial y racista”. Pero los medios de información niegan unilateralmente el derecho a resistir del pueblo palestino y asocian resistencia con terrorismo y además se lo atribuyen en exclusividad al movimiento político “Hamas” eludiendo que hay otras facciones palestinas en resistencia y que su lucha contra la ocupación no puede definirse como terrorismo según el derecho internacional.

    Gaza, la lucha por la vida

    En 2007 Israel declara el inicio del bloqueo por tierra, mar y aire sobre Gaza. El bloqueo condiciona todas las facetas de la vida en Gaza. La “buffer zone” declarada por Israel ha expulsado a muchos campesinos de la frontera de la Franja y la pesca es imposible por la limitación a 3 millas marítimas para los barcos (en realidad los pescadores gazaguis son atacados por la marina israelí en la propia playa).

    Resistencia
    El pueblo palestino, ejemplo de resistencia.

    Imaginemos por un momento que alguien entra en nuestra casa y comienza a hostigarnos hasta arrinconarnos en el trastero. Nos encierra y nos pasa un plato de comida cada día por debajo de la puerta. Es posible que pudiéramos seguir “vivos” pero, ¿se puede admitir vivir así?

    El pueblo palestino está al límite de su capacidad de aguante. En concreto el pueblo gazagui ha decidido que no va a continuar viviendo bajo el bloqueo ilegal e inhumano al que lleva años sometido. La resistencia palestina tiene el respaldo de la mayoría social en Gaza cuando se niega a aceptar ninguna propuesta de alto el fuego que no incluya el final innegociable del bloqueo.

    Lo que se percibe como un suicidio inentendible desde la manipulación de los medios de comunicación, es en realidad una lucha por la vida ante una situación desesperada en la que ya no queda nada que perder.

    Complicidad internacional y palabras de paja

    Aunque parece obvio que la propia institución que ratificó el conflicto en Palestina no es de ninguna confianza para poner fin a una situación que ellos mismos generaron, la ONU ha demostrado históricamente su incapacidad absoluta para hacer respetar el derecho internacional.

    Ante la escalada de los ataques contra la población civil, el bombardeo de colegios, hospitales, incluso de edificios de la UNRWA, Ban Ki Moon ha condenado los ataques de Israel como crímenes de guerra. Palabras de paja.

    Todas las declaraciones de “consternación, rechazo y condena” son puras palabras de paja, relleno para tapar la verdadera responsabilidad de cualquier dirigente político: suspender los acuerdos preferenciales con Israel, imponer sanciones inmediatas a Israel, denunciar en la Corte Penal Internacional al gobierno israelí por Crímenes contra la Humanidad, suspender las relaciones diplomáticas con Israel, llamar a consultas a sus embajadores y expulsar con carácter inmediato al embajador israelí de su país.

    Por el contrario, el Congreso de EEUU aprobaba justo después de las “palabras de condena de Ban Ki Moon” un nuevo envío de armamento y una nueva partida de 225 millones de dólares para reforzar el escudo antimisiles “Cúpula de Hierro” de Israel.

    Y es que los lobbies judíos no sólo tienen gran influencia económica en EEUU sino que son los que acaban decantando el gobierno entre el partido demócrata o el republicano por la fuerte presencia judía en los “swing states”, estados sin un candidato fijo en las encuestas electorales.

    En Europa tampoco se ha hecho el menor intento de romper el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel.

    Lo mismo aplica a los gobernantes de los países árabes que no han tomado ninguna acción contra Israel, perfecto aliado en la zona para sofocar cualquier intento de revolución social en sus propios países, como la llamada primavera árabe.

    Tan sólo algunos gobiernos de América Latina han tomado algunas medidas concretas en su política internacional ante los crímenes contra la humanidad cometidos por Israel.

    El gobierno español “ha suspendido cautelarmente la venta de armas a Israel”. Esta noticia da una imagen muy “responsable” del gobierno pero la realidad es que la principal colaboración española en materia militar con Israel es la compra de armamento, formación militar y material represivo. ¿Por qué sólo se suspende cautelarmente la venta de armas? Más palabras de paja.

    Escudos humanos

    Israel acusa a Hamas de utilizar a la población como escudos humanos.

    El periodista de la BBC Jeremy Bowen declaró que “no vio ninguna prueba durante su semana en Gaza de que Hamas estuviera utilizando a los palestinos como escudos humanos”.

    La reportera de RTVE Yolanda Álvarez ha sido trasladada de Gaza a Jerusalén por petición del portavoz de la embajada israelí en España que se ha atrevido a tacharla de “aliada de Hamas” debido a la objetividad de sus retransmisiones en directo.

    De ser cierto que el gobierno de Hamas comete crímenes contra su población, ¿Israel no debería querer que la prensa internacional los confirmara? Pero no, Israel no quiere prensa internacional en Gaza para que no haya testigos de su masacre: El 80% de las víctimas en Gaza son población civil, niños, mujeres y ancianos.

    En cambio, Israel lleva años trasladando a su población a los territorios ocupados, hay aproximadamente 450 mil colonos en Cisjordania. Este traspase de población es otra violación del derecho internacional humanitario sobre sus propios ciudadanos, esos ciudadanos a los que la locura sionista convierte en soldados que asesinan a niños jugando en la playa y que disfrutan del espectáculo de un genocidio en las colinas de Sderot.

    Es cierto, el “conflicto” palestino es muy complicado, les roban su tierra, los echan de su casa y cuando se quejan (y aunque no lo hagan) los matan. Vete a saber quién tiene razón.

    Rebélate

    Firma la petición Stop Arming Israel: http://www.bdsmovement.net/stoparmingisrael
    Firma la petición pidiendo al gobierno del Estado español la suspensión de relaciones diplomáticas con Israel: http://chn.ge/1yXtijh
    Firma la petición Israel y Palestina: Así es como se acaba.
    Pide al embajador egipcio en el Estado español que abra el paso de Rafah a Gaza.

    Sigue la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel). Sólo la sociedad civil puede colaborar con la sociedad civil: rescop.org

  • Declaración conjunta de expertos en legislación internacional sobre la ofensiva israelí en Gaza

    Declaración conjunta de expertos en legislación internacional sobre la ofensiva israelí en Gaza

    Nota Premiliminar de Richard Falk: Lo publicado aquí es una declaración conjunta de expertos en derecho internacional de todo el mundo que se enumeran debajo como avalistas. Yo estoy entre los avalistas, y el texto fue redactado inicialmente por varios estudiosos del derecho internacional. Damos la bienvenida a las firmas adicionales que me pueden enviar, señalando la afiliación para su identificación; los nombres se añadirán periódicamente al texto. Veo esto como una importante expresión de profesionalidad jurídica y de conciencia individual en relación con el comportamiento de Israel en Gaza a partir del 8 de julio que ya ha tomado tantas vidas inocentes y han causado una devastación generalizada. Por favor, ¡únete a nosotros y difúndelo!

    La comunidad internacional debe poner fin al castigo colectivo de Israel contra la población civil en la Franja de Gaza

    Como académicos de Derecho Internacional y Penal, defensores de derechos humanos, juristas y personas que creen firmemente en el imperio de la ley y en la necesidad de su respeto en tiempos de paz, y aún más, en tiempos de guerra, sentimos el deber intelectual y moral de denunciar las violaciones graves, la mistificación y falta de respeto por los principios más básicos del Derecho relativo a los conflictos armados y a los derechos humanos fundamentales de toda la población palestina cometidos durante la ofensiva israelí en curso sobre la Franja de Gaza. Condenamos también el lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza, como todos los ataques indiscriminados contra población civil, con independencia de la identidad de los autores, que no sólo es ilegal según el Derecho Internacional, sino también moralmente intolerable. Sin embargo, como también implícitamente señala el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en su Resolución del 23 de julio 2014, las dos partes en conflicto no pueden ser considerados iguales, y sus acciones —una vez más— parecen ser de una magnitud incomparable.

    Una vez más es la población civil desarmada, las «personas protegidas» en virtud del Derecho Internacional Humanitario (DIH), las que se encuentran en el centro de la tormenta. La población civil de Gaza ha sido victima de la falsa interpretación del derecho a la legítima defensa, en medio de una escalada de violencia provocada delante de toda la comunidad internacional. La llamada operación Margen Protector empezó durante un conflicto armado en curso, en el contexto de una larga ocupación beligerante que comenzó en 1967. En el curso de este conflicto continuado, miles de palestinos han sido asesinados y heridos en la Franja de Gaza desde el año 2005, durante los recurrentes y aparentes períodos de «alto el fuego», y después de la «desconexión» unilateral de Israel de la Franja de Gaza. Las muertes causadas por los actos de provocación de Israel en la Franja de Gaza y anteriores a la última escalada de las hostilidades, no deben ser tampoco ignorados.

    Según fuentes de la ONU, en las dos últimas semanas, casi 800 palestinos han sido asesinados en Gaza y más de 4.000 heridos, de los cuales la gran mayoría eran civiles. Varias fuentes independientes indican que sólo el 15 por ciento de las víctimas eran combatientes. Familias enteras han sido asesinadas. Hospitales, clínicas, así como un centro de rehabilitación para personas con discapacidad, han sido blanco de los ataques y severamente dañados. En un solo día, el domingo 20 de julio, más de 100 civiles palestinos fueron asesinados en Shija’iyeh, un barrio residencial de la ciudad de Gaza. Siendo esta una de las operaciones más sangrientas y más agresivas jamás llevadas a cabo por Israel en la Franja de Gaza, una forma de violencia urbana que constituye una falta de respeto total a la inocencia civil. Lamentablemente, a esta le siguió, sólo un par de días más tarde, un ataque igualmente destructor sobre Khuza’a, al este de Khan Younis.

    Además, la ofensiva ha causado ya la destrucción generalizada de edificios e infraestructuras: según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, más de 3.300 casas han sido objetivo de los ataques resultando en su destrucción o gravemente dañadas.

    Como denuncia la Misión de Investigación de las Naciones Unidas (MINU) sobre el conflicto en Gaza, resultado de la operación israelí «Plomo Fundido» en 2008-2009: «Mientras el Gobierno israelí ha tratado de presentar sus operaciones esencialmente como una respuesta a los ataques con cohetes en el ejercicio de su derecho a la defensa propia, la Misión considera que el plan se ha dirigido, al menos en parte, a un objetivo diferente: el pueblo de Gaza en su conjunto». (A/HRC/12/48, párrafo 1883). Lo mismo puede decirse de la ofensiva israelí en curso.

    A la población civil de la Franja de Gaza la están atacando directamente y muchos han sido forzados a abandonar sus hogares. Lo que ya era una crisis de refugiados y humanitaria, se ha agravado con una nueva ola de desplazamientos masivos de la población civil: el número de desplazados internos llega casi a los 150.000, muchos de los cuales han obtenido refugio en escuelas ya rebasadas de la UNRWA, que por desgracia tampoco son zonas seguras como lo han demostrado los reiterados ataques contra la escuela de la UNRWA en Beit Hanoun. Todo el mundo en Gaza está traumatizado y viven en un estado de terror constante. Este resultado es intencionado, ya que Israel se apoya de nuevo en la «doctrina Dahiya«, que recurre deliberadamente al uso desproporcionado de la fuerza para infligir sufrimiento a la población civil con el fin de lograr objetivos políticos (ejercer presión sobre el Gobierno de Hamas) en lugar de objetivos militares.

    Haciendo esto, Israel viola repetida y flagrantemente el Derecho de los conflictos armados, que establece que los combatientes y los objetivos militares pueden ser atacados, es decir, «aquellos objetos que por su naturaleza, ubicación, finalidad o uso contribuyan eficazmente a la acción militar y cuya destrucción total o parcial, captura o neutralización ofrezca, en las circunstancias del momento, una ventaja militar definida». La mayoría de los intensos bombardeos infligidos recientemente sobre Gaza carecen de una justificación militar aceptable. Por el contrario, parecen estar diseñados para aterrorizar a la población civil. Como aclara el Comité Internacional de la Cruz Roja, provocar deliberadamente el terror es, sin lugar a dudas, ilegal según el Derecho internacional consuetudinario.

    La opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, relativa a las armas nucleares, declara que el principio de distinción, que obliga a los estados beligerantes a distinguir entre civiles y combatientes, es uno de los «principios cardinales» del Derecho Internacional Humanitario y uno de los «principios de Derecho consuetudinario internacional inviolables».

    El principio de distinción está codificado en los artículos 48, 51 (2) y 52 (2) del Protocolo Adicional I de 1977 a los Convenios de Ginebra de 1949, al que no se ha hecho ninguna excepción. De acuerdo con el Protocolo Adicional I, «ataques» hace referencia a los «actos violentos contra el adversario, sean ofensivos o defensivos» (artículo 49). De acuerdo con el Derecho Internacional consuetudinario y el Derecho sobre Tratados internacionales, la prohibición de dirigir ataques contra la población civil o bienes civiles, es absoluta. No hay discrecionalidad susceptible de invocar como justificación una necesidad militar.

    Contrariamente a las reivindicaciones que Israel hace, los errores que resulten en muertes de civiles no pueden justificarse: en caso de duda acerca de la naturaleza del objetivo, la ley establece claramente que un bien que normalmente se dedica a fines civiles (como escuelas, viviendas, lugares de culto e instalaciones médicas), presuntamente no se utilizan con fines militares. Durante estas últimas semanas, funcionarios y representantes de la ONU han pedido de manera reiterada a Israel que acate el cumplimiento estricto del principio de precaución en la realización de los ataques en la Franja de Gaza, donde los riesgos se agravan en gran medida por la altísima densidad de población, y que la máxima contención debe ser ejercida para evitar víctimas civiles. Human Rights Watch (HRW) señala que estas normas existen para minimizar errores, «cuando tales errores se repiten, eleva la preocupación sobre si dichas reglas se están violando».

    Es más, incluso cuando los objetivos militares son claros, Israel viola sistemáticamente el principio de proporcionalidad: esto es particularmente evidente en lo que respecta a los cientos de casas de civiles destruidas por el ejército israelí durante la operación militar en curso sobre Gaza. Con la intención declarada de atacar a un solo miembro de Hamás, las fuerzas israelíes han bombardeado y destruido casas ocupadas para uso residencial, por docenas de civiles, incluidas mujeres, niños y familias enteras.

    Es inherentemente ilegal según el Derecho internacional consuetudinario, atacar de manera intencionada bienes de carácter civil. La violación de un principio de Derecho tan fundamental puede constituir un crimen de guerra. Emitir una ‘advertencia’ —tal como Israel indica en relación a la llamada técnica de golpe en el techo o enviar un mensaje de texto cinco minutos antes del ataque— no exime de dicha violación: sigue siendo ilegal atacar intencionadamente una vivienda civil sin demostrar la necesidad militar, ya que significa la violación del principio de proporcionalidad. Además, estas «advertencias» generalmente no sólo son ineficaces, sino que incluso pueden dar lugar a más fatalidades, y parecen ser una excusa prefabricada de Israel para mostrar a las personas que permanecen en sus hogares como «escudos humanos».

    Los ataques indiscriminados y desproporcionados, los blancos de los objetivos que no proporcionan ninguna ventaja militar efectiva, y el ataque intencionado sobre civiles y viviendas de civiles, son rasgos persistentes de la política que Israel utiliza desde hace mucho tiempo, de castigar a toda la población de la Franja de Gaza, y la que desde hace más de siete años, es en la práctica prisionera del cierre impuesto por Israel. Este régimen equivale a una forma de castigo colectivo que vulnera la prohibición incondicional establecida en el artículo 33 del IV Convenio de Ginebra y que ha sido condenado internacionalmente por su ilegalidad. Sin embargo, a pesar de la oposición efectiva de los actores internacionales, la política ilegal de cierre absoluto que Israel impone sobre la Franja de Gaza, ha continuado sin descanso, bajo la mirada cómplice de la comunidad internacional de los Estados.

    ***

    Como afirmaba en el año 2009 la Misión de Investigación de la ONU sobre el Conflicto en Gaza: «La justicia y el respeto del estado de derecho son el fundamento indispensable para la paz. La prolongada situación de impunidad ha creado una crisis de justicia en el territorio palestino ocupado que justifica la la adopción de medidas» (A/HRC/12/48, párrafo 1958). En efecto: «la impunidad de larga data ha sido un factor esencial en la perpetuación de la violencia en la región y en la repetición de violaciones, así como en el deterioro de la confianza entre los palestinos y muchos israelíes en cuanto a las perspectivas de justicia y solución pacífica al conflicto» (A/HRC/12/48,. Párrafo 1964).

    Por lo tanto,

    • Damos la bienvenida a la Resolución adoptada el 23 de julio 2014 en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en la que se estableció una comisión internacional independiente para investigar todas las violaciones del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado.
    • Hacemos un llamamiento a las Naciones Unidas, a la Liga Árabe, a la Unión Europea, y a los demás Estados, en particular los Estados Unidos de América, y a la comunidad internacional en su totalidad y con su poder colectivo, para actuar en virtud de la máxima urgencia y poner fin a la escalada de violencia contra la población civil de la Franja de Gaza, y para activar los procedimientos para la rendición de cuentas de los responsables de las violaciones de Derecho internacional, incluidos los líderes políticos y comandantes militares. En particular:
      • Todos los actores regionales e internacionales deben apoyar la conclusión inmediata de un acuerdo de alto el fuego duradero, integral y de mutuo acuerdo, que debe asegurar el rápido el acceso de la ayuda humanitaria y la apertura de las fronteras de entrada y salida a Gaza.
      • Todas las Altas Partes Contratantes de los Convenios de Ginebra deben ser llamadas urgente e incondicionalmente a que cumplan con sus obligaciones fundamentales, vinculantes en todo momento, para actuar de acuerdo con el Artículo 1 común a todas ellas, y a tomar todas las medidas necesarias para la eliminación de las infracciones graves, claramente definidas por el artículo 146 y el artículo 147 del IV Convenio de Ginebra; reglas que son aplicables también por todas las partes interesadas;
    • Además, denunciamos las vergonzosas presiones políticas ejercidas por varios Estados miembros de la ONU y la ONU en sí misma sobre el presidente Mahmoud Abbas, para disuadirle de recurrir a la Corte Penal Internacional (CPI), e instamos a los líderes gubernamentales de Palestina a apelar a la jurisdicción de la CPI, mediante la ratificación del Tratado de la CPI y en el interim, al someterse a la declaración prevista en el artículo 12 (3) del Estatuto de Roma, con el fin de investigar y enjuiciar los delitos internacionales graves cometidos en el territorio palestino por todas las partes en el conflicto; y
    • El Consejo de Seguridad de la ONU, por último, debe ejercer sus responsabilidades en relación con la paz y la justicia remitiendo la situación en Palestina ante la Fiscalía de la CPI.

    ***

    Nótese que la afiliación institucional tiene únicamente un fin de identificación:

    1. John Dugard, Former UN Special Rapporteur on human rights situation in the Occupied Palestinian Territory
    2. Richard Falk, Former UN Special Rapporteur on human rights situation in the Occupied Palestinian Territory
    3. Alain Pellet, Professor of Public International Law, University Paris Ouest, former Member of the United Nations International Law Commission, France
    4. Georges Abi-Saab, Emeritus Professor of International Law, Graduate Institute of International and Development Studies, Geneva, Former Judge on the ICTY
    5. Vera Gowlland-Debbas, Emeritus Professor of International Law, Graduate Institute of International and Development Studies, Geneva, Switzerland
    6. Chantal Meloni, Adjunct Professor of International Criminal Law, University of Milan, Italy (Rapporteur, Joint Declaration)
    7. Roy Abbott, Consultant in International Humanitarian Law and International Human Rights Law, Australia
    8. Lama Abu-Odeh, Law Professor, Georgetown University Law Center, USA
    9. Susan M. Akram, Clinical Professor and supervising attorney, International Human rights Program, Boston University School of Law, USA
    10. Taris Ahmad, Solicitor at Jones Day, London, UK
    11. Maria Anagnostaki, PhD candidate, Law School University of Athens, Greece
    12. Antony Anghie, Professor of Law, University of Utah, USA
    13. Nizar Ayoub, Director, Al-Marsad, Arab Human Rights Centre in Golan Heights
    14. Valentina Azarov, Lecturer in Human Rights and International Law, Al Quds Bard College, Palestine
    15. Ammar Bajboj, Lecturer in Law, University of Damascus, Syria
    16. Samia Bano, SOAS School of Law, London, UK
    17. Asli Ü Bali, Professor of Law, UCLA School of Law, USA
    18. Jakub Michał Baranowski, Phd Candidate, Universita’ degli Studi Roma Tre, Italy
    19. Frank Barat, Russell Tribunal on Palestine
    20. Emma Bell, Coordinator of the European Group for the Study of Deviance and Social Control, Université de Savoie, France
    21. Barbara Giovanna Bello, Post-doc Fellow, University of Milan, Italy
    22. Brenna Bhandar, Senior lecturer in Law, SOAS School of Law, London, UK
    23. George Bisharat, Professor of Law, UC Hastings College of Law, USA
    24. Barbara Blok, LLM Candidate, University of Essex, UK
    25. John Braithwaite, Professor of Criminology, Australian National University, Australia
    26. Michelle Burgis-Kasthala, lecturer in international law, University of Edinburgh, UK
    27. Eddie Bruce-Jones, Lecturer in Law, University of London, Birkbeck College, UK
    28. Sandy Camlann, LLM Candidate, Université Paris Ouest Nanterre La Défense, France
    29. Grazia Careccia, Human Rights Advocate, London, UK
    30. Baris Cayli, Impact Fellow, University of Stirling, UK
    31. Antonio Cavaliere, Professor of Criminal Law, University Federico II, Naples, Italy
    32. Kathleen Cavanaugh, Senior Lecturer, Irish Center for Human Rights, National University of Ireland, Galway, Ireland
    33. Elizabeth Chadwick, Reader in International Law, Nottingham, UK
    34. Donna R. Cline, Attorney at Law, USA
    35. Karen Corteen, Senior Lecturer in Criminology, University of Chester, UK
    36. Andrew Dahdal, Lecturer, Faculty of Business and Economics, Macquarie University, Sydney, Australia
    37. Teresa Dagenhardt, Reader in Criminology, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
    38. Luigi Daniele, PhD candidate in Law, Italy
    39. Alessandro De Giorgi, Professor of Justice Studies, San Josè State University, USA
    40. Paul de Waart, Professor Emeritus of International Law, VU University, Amsterdam, The Netherlands
    41. Gabriele della Morte, Senior Lecturer in International Law, University Cattolica, Milan, Italy
    42. Max du Plessis, Professor of Law, University of Kwazulu-Natal, and Barrister, South Africa and London, UK
    43. Noura Erakat, Georgetown University, USA
    44. Mohammad Fadel, Associate Professor of Law, University of Toronto Faculty of Law, Canada
    45. Mireille Fanon-Mendés France, Independent Expert UNO, Frantz Fanon Foundation, France
    46. Michelle Farrell, lecturer in law, School of Law and Social Justice, University of Liverpool, UK
    47. Daniel Feierstein, Professor and President International Association of Genocide Scholars (IAGS), Argentina
    48. Eleonor Fernández Muñoz, Costa Rica
    49. Tenny Fernando, Attorney at Law, Sri Lanka
    50. Amelia Festa, LLM Candidate, University of Naples Federico II, Italy
    51. Katherine Franke, Professor of Law, Columbia Law School, USA
    52. Jacques Gaillot, Bishop in partibus of Patenia
    53. Katherine Gallagher, Vice President FIDH, senior attorney, Centre for Constitutional Rights (CCR), New York, USA
    54. Avo Sevag Garabet, LLM, University of Groningen, the Netherlands
    55. Jose Garcia Anon, Professor of Law, Human Rights Institute, University of Valencia, Valencia, Spain
    56. Irene Gasparini, PhD candidate, Universitá Cattolica, Milan, Italy
    57. Stratos Georgoulas, Assistant Professor, University of the Aegean, Greece
    58. Haluk Gerger, Professor, Turkey
    59. Hedda Giersten, Professor, Universitet I Oslo, Norway
    60. Javier Giraldo, Director Banco de Datos CINEP, Colombia
    61. Carmen G. Gonzales, Professor of Law, Seattle University School of Law, USA
    62. Penny Green, Professor of Law and Criminology, Director of the State Crime Initiative, King’s College London, UK
    63. Katy Hayward, Senior Lecturer in Sociology, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
    64. Andrew Henley, PhD candidate, Keele University, UK
    65. Christiane Hessel, Paris, France
    66. Paddy Hillyard, Professor Emeritus, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
    67. Ata Hindi, Institute of Law, Birzeit University, Palestine
    68. Francois Houtart, Professor, National Institute of Higher Studies, Quito, Ecuador
    69. Deena R. Hurwitz, Professor, General Faculty, Director International Human Rights Law Clinic, University of Virginia School of Law, USA
    70. Perfecto Andrés Ibánes, Magistrado Tribunal Supremo de Espagna, Spain
    71. Franco Ippolito, President of the Permanent People’s Tribunal, Italy
    72. Ruth Jamieson, Honorary Lecturer, School of Law, Queen’s University, Belfast, Northern Ireland
    73. Helen Jarvis, former member Extraordinary Chambers in the Courts of Cambodia (ECCC), member of IAGS, Cambodia
    74. Ioannis Kalpouzos, Lecturer in Law, City Law School, London, UK
    75. Victor Kattan, post-doctoral fellow, Law Faculty, National University of Singapore
    76. Michael Kearney, PhD, Lecturer in Law, University of Sussex, UK
    77. Yousuf Syed Khan, USA
    78. Tarik Kochi, Senior Lecturer in Law, School of Law, Politics and Sociology, University of Sussex, UK
    79. Anna Koppel, MSt Candidate in International Human Rights Law, University of Oxford, UK
    80. Karim Lahidji, President of the International Federation for Human Rights (FIDH) and lawyer
    81. Giulia Lanza, PhD Candidate, Università degli Studi di Verona, Italy
    82. Daniel Machover, solicitor, Hickman & Rose, London, UK
    83. Tayyab Mahmud, Professor of Law, Director of the Centre for Global Justice, Seattle University School of Law, USA
    84. Maria C. LaHood, Senior Staff Attorney, CCR, New York, USA
    85. Louise Mallinder, Reader in Human Rights and International Law, University of Ulster, UK
    86. Triestino Mariniello, Lecturer in International Criminal Law, Edge Hill University, UK
    87. Mazen Masri, Lecturer in Law, The City Law School, City University, London, UK
    88. Siobhan McAlister, School of Sociology, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
    89. Liam McCann, Principal Lecturer in Criminology, University of Lincoln, UK
    90. Jude McCulloch, Professor of Criminology, Monash University, Melbourne, Australia
    91. Yvonne McDermott Rees, Lecturer in Law, University of Bangor, UK
    92. Cahal McLaughlin, Professor, School of Creative Arts, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
    93. Araks Melkonyan, LLM Candidate, University of Essex, UK
    94. Antonio Menna, PhD Candidate, Second University of Naples, Caserta, Italy
    95. Naomi Mezey, Professor of Law, Georgetown University Law Center, USA
    96. Michele Miravalle, PhD candidate, University of Torino, Italy
    97. Sergio Moccia, Professor of Criminal Law, University Federico II, Naples, Italy
    98. Kerry Moore, Lecturer, Cardiff University
    99. Giuseppe Mosconi, Professor of Sociology, University of Padova, Italy
    100. Usha Natarajan, Assistant Professor, Department of Law & Centre for Migration and Refugee Studies, The American University in Cairo, Egypt
    101. Miren Odriozola Gurrutxaga, PhD Candidate, University of the Basque Country, Donostia – San Sebastián, Spain
    102. Georgios Papanicolaou, Reader in Criminology, Teesside University, UK
    103. Marco Pertile, Senior Lecturer in International Law, Faculty of Law, University of Trento, Italy
    104. Andreas Philippopoulos-Mihalopoulos, Professor of Law and Theory, LLM, The Westminster Law and Theory Centre, UK
    105. Antoni Pigrau Solé, Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, Spain
    106. Joseph Powderly, Assistant Professor of Public International Law, Leiden University, The Netherlands
    107. Tony Platt, Visiting Professor of Justice Studies, San Jose State University, USA
    108. Scott Poynting, Professor in Criminology, University of Auckland, New Zeeland
    109. Chris Powell, Professor of Criminology, University S.Maine, USA
    110. Bill Quigley, Professor, Loyola University, New Orleans College of Law, USA
    111. John Quigley, Professor of Law, Ohio State University
    112. Zouhair Racheha, PhD Candidate, University Jean Moulin Lyon 3, France
    113. Laura Raymond, International Human Rights Advocacy Program Manager, CCR, New York, USA
    114. Véronique Rocheleau-Brosseau, LLM candidate, Laval University, Canada
    115. David Rodríguez Goyes, Lecturer, Antonio Nariño and Santo Tomás Universities, Colombia
    116. Alessandro Rosanò, PhD Candidate, Università degli Studi di Padova, Italy
    117. Jamil Salem, Director Institute of Law, Birzeit University, Palestine
    118. Mahmood Salimi, LLM Candidate, Moofid University, Iran
    119. Nahed Samour, doctoral fellow, Humboldt University, Faculty of Law, Berlin, Germany
    120. Iain GM Scobbie, Professor of Public International Law, University of Manchester, UK
    121. David Scott, Senior Lecturer in Criminology, Liverpool John Moores University, UK
    122. Phil Scraton, Professor of Criminology, Belfast, Ireland
    123. Rachel Seoighe, PhD Candidate, Legal Consultant, King’s College London, UK
    124. Tanya Serisier, School of Sociology, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
    125. Mohammad Shahabuddin, PdD, Visiting researcher, Graduate School of International Social Sciences, Yokohama National University, Japan
    126. Dean Spade, Seattle University School of Law, USA
    127. Per Stadig, lawyer, Sweden
    128. Chantal Thomas, Professor of Law, Cornell University, USA
    129. Kendall Thomas, Nash Professor of Law, Columbia University, USA
    130. Gianni Tognoni, Lelio Basso Foundation, Rome, Italy
    131. Steve Tombs, Professor of Criminology, The Open University, UK
    132. Paul Troop, Barrister, Garden Court Chambers, UK
    133. Valeria Verdolini, Reader in Sociology, University of Milan, Italy
    134. Francesca Vianello, University of Padova, Italy
    135. Aimilia Voulvouli, Assistant Professor of Sociology, Fatih University, Turkey
    136. Namita Wahi, Fellow, Centre for Policy Research, Dharma Marg, Chanakyapuri, New Delhi, India
    137. Sharon Weill, PhD, Science Po, Paris/ CERAH, Geneva, Switzerland
    138. Peter Weiss, Vice President of Centre for Constitutional Rights (CCR), New York, USA
    139. David Whyte, Reader in Sociology, University of Liverpool, UK
    140. Jeanne M. Woods, Henry F. Bonura, Jr. Distinguished Professor of Law, Loyola University College of Law, New Orleans, USA
    141. William Thomas Worster, Lecturer, International Law, The Hague University of Applied Sciences, The Netherlands
    142. Maung Zarni, Judge, PPT on Sri Lanka and Visiting Fellow, London School of Economics and Political Science

    Fuente: Joint Declaration by International Law Experts on Israel’s Gaza Offensive, Richard Falk blog, 28/07/2014.
    Traducción: Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina.

  • Organizaciones de Derechos Humanos piden actuar inmediatamente para detener la ofensiva israelí

    Organizaciones de Derechos Humanos piden actuar inmediatamente para detener la ofensiva israelí

    Las organizaciones de Derechos Humanos condenan enérgicamente la escalada de la agresión israelí y subrayan el abandono de la comunidad internacional de sus obligaciones legales con la población civil.
    Organizaciones de Derechos Humanos
    Organizaciones de Derechos Humanos piden a la comunidad internacional actuar inmediatamente para detener la ofensiva israelí y proteger a los civiles palestinos.

    Las fuerzas de ocupación israelíes han continuado en su escalada de ataques contra los civiles palestinos y sus bienes. Las fuerzas israelíes habían realizado agresiones diarias en forma de ataques aéreos indiscriminados dirigidos a aterrorizar a la población civil palestina antes de declarar oficialmente el lanzamiento de una ofensiva militar con nombre en código «Operación Eje Protector». Desde el inicio de esta ofensiva, Israel ha desenfundado sus máquinas de guerra, bombardeando y destruyendo instalaciones civiles, utilizando una fuerza excesiva. Como resultado, 36 palestinos han muerto y más de 350 han resultado heridos, la mayoría de ellos mujeres y niños.

    Las fuerzas israelíes han perpetrado violaciones de los derechos humanos que recuerdan las atrocidades que cometieron durante la «Operación Plomo Fundido» (2008-2009) y «Operación Pilar Defensivo» (2012). Por ejemplo, los aviones de guerra israelíes bombardearon una casa perteneciente a la familia Kaware, en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, destruyendo y matando a 7 civiles, entre ellos 5 niños, e hiriendo a otras 28 personas que estaban alrededor o bajo el techo de la casa.

    En otro crimen, la noche del martes 8 de Julio 2014, los aviones de guerra israelíes lanzaron dos misiles contra la casa perteneciente a Mohammed Ahmed Hamad Hamad una calle de Beit Hanoun, en el norte de la ciudad de la Franja de Gaza. Como resultado, los 6 miembros de la familia, entre ellas 3 mujeres, fueron asesinados.

    Sobre la base de los hechos, las organizaciones de derechos humanos firmantes creemos que intimidar a civiles palestinos, causando terribles pérdidas de vidas y propiedades, ha sido el claro objetivo de los ataques militares en curso, y que estos han sido lanzados por aviones de guerra, acorazados y artillería de campo. La escalada de bombardeos durante la noche y los correspondientes cortes de electricidad aterroriza a los niños y limita la capacidad de las personas a desplazarse y prestar asistencia a las víctimas.

    Las organizaciones de derechos humanos condenamos enérgicamente la escalada de la agresión israelí, y subrayamos que el abandono de la comunidad internacional de sus obligaciones legales con la población civil, entre ellos ignorar la opinión consultiva emitida hace diez años por la Corte Internacional de Justicia sobre el Muro en Cisjordania y el informe de la Misión de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Conflicto de Gaza (Informe Goldstone), ha aumentado la impunidad en la comisión de infracciones graves del derecho internacional, que anima a las fuerzas israelíes a cometer más crímenes contra la población civil palestina.

    Los firmantes de esta declaración subrayamos que los ataques lanzados por las fuerzas israelíes llegan al nivel de crímenes de guerra, especialmente en la medida que se dirigen sistemáticamente contra la población civil y sus bienes, y deliberadamente bombardean casas y propiedades públicas y privadas. Por lo tanto, los firmantes pedimos a la Comunidad Internacional actuar de inmediato y con eficacia para cumplir con sus obligaciones legales y morales con la población civil palestina con el fin de detener la ofensiva israelí en la Franja de Gaza, brindar protección a la población civil así como la activación del mecanismo de rendición de cuentas y enjuiciamiento de los que ordenan cometer crímenes de guerra contra civiles palestinos y sus bienes en la Franja de Gaza. Pedimos además al presidente Mahmoud Abbas que ratifique inmediatamente el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional con el fin de enjuiciar a los presuntos criminales de guerra israelíes y asegurarse de que no queden impunes.

  • El último show internacional «made in Israel»

    El último show internacional «made in Israel»

    Artículo de Lidón Soriano, activista de Komite Internazionalistak (KI) y de la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP).

    El tiempo pasa pero las herramientas utilizadas por las fuerzas de poder siguen siendo las mismas. Vetustas, rancias pero efectivas.

    Lo acontecido durante los últimos diecinueve días en Palestina responde a un patrón archiconocido. Lo sorprendente es que haya gente que todavía comulgue con el discurso oficial, habiendo como hay, tantos indicios en su contra. Aquí presentamos algunos argumentos básicos para quienes todavía presentan dudas sobre el asunto.

    1. Cuando los palestinos, bien un comando o grupo armado, llevan a cabo alguna acción de resistencia reivindican inmediatamente su actuación. Para los palestinos eso es motivo de orgullo. Bueno, para ellos y me atrevería a decir que para cualquiera en su sano juicio ya que como escribe Michel Warchasky [1] en un artículo de apoyo a la parlamentaria Haneen Zoabi [2]: «..la lucha contra la ocupación no solo es un derecho, es un deber».
    2. El modus operandi habitual de los grupos de resistencia palestina es mantener a la o las personas secuestradas con vida ya que solo de esa manera se convierten en moneda de cambio. El ejemplo más claro y reciente lo tenemos en la captura del soldado Gilad Shalit. Su negociación y puesta en libertad responde al procedimiento básico palestino con un objetivo y un método de actuación.
    3. La acusación por parte de Netanyahu hacia Hamas como responsables del secuestro al día siguiente del suceso resulta cuanto menos sorprendente por su rápida y eficiente «resolución». Sin embargo, deviene sospechosa teniendo en cuenta que Hamas negó toda participación en esta acción. Además, sobre los dos autores según Israel, Marwan Qawasmeh y Amer Abu Aisha, existe una tupida confusión. Ambos son exculpados por sus familias quienes niegan su autoría. Sin embargo esto no ha sido impedimento para que esta mañana les hayan demolido la casa a las familias de ambos palestinos.
    4. El principal objetivo de Israel, independientemente del color de su gobierno, ha sido y es crear la división entre el pueblo palestino. Desde los años 80 ha apoyado, directa o indirectamente, y de forma alternante a una de las dos fuerzas mayoritarias, Al Fatah y Hamas, con el único objetivo de enfrentarlas. Los representantes palestinos, a su vez, han ido siendo considerados por Israel desde legítimos representantes de su pueblo a terroristas reconocidos o personas non gratas: Yassir Arafat, Isamel Haniye e incluso Mahmoud Abbas han entrado en esa noria calificatoria que responde, exclusivamente al interés de Israel por ningunear y/o enfrentar a las fuerzas políticas palestinas entre sí y con su propio pueblo.
    5. La creación en junio del gobierno de Unidad Nacional Palestino que acababa con las discrepancias existentes durante estos últimos 7 años desde que Hamas ganó unas elecciones de forma transparente y democrática constituyó un duro revés para los intereses de Israel y su objetivo básico de confrontar para dividir y debilitar al pueblo palestino. Ellos saben que la unión hace la fuerza de ahí su obsesión desde hace décadas por romper, a cualquier precio, esa unidad.

    Y cuando decimos «cualquier precio» es lo que queremos decir. Ni más, ni menos.

    A Israel, aunque lleva casi 70 años haciendo todo aquello que le place en territorio palestino sin que ninguna sanción le sea impuesta, le gusta tener alguna excusa para atacar a los palestinos. Eso le permite seguir manteniendo y fortaleciendo su discurso del «derecho a la defensa», curioso oxímoron por el que las fuerzas de ocupación se definen como «de defensa» mientras el pueblo ocupado, que lucha legítimamente en base a los principios del derecho internacional, es tildado de agresor.

    Todos los gobiernos de Israel saben que un ataque a israelíes y si éstos además son jóvenes y bien aparentes, mejor que mejor, es razón más que suficiente para convencer al único sector que tibiamente y en alguna ocasión puede mostrar cierta oposición a las acciones militares israelíes contra los palestinos, los sionistas de izquierdas. También son conscientes que ante el mundo y sus, aparentemente, bienintencionados gobiernos, una excusa de este tipo les permite, en primer lugar, seguir manteniendo su papel de víctima universal y única y, en segundo lugar, atacar sin oposición internacional, cuando no con su apoyo explícito, al pueblo palestino.

    Por eso, resulta evidente que esta acción solo tiene un gran beneficiario: el proyecto sionista de Israel. Y, por ende, no resulta difícil deducir la autoría de esta acción.

    Si en estos últimos 19 días el Tsahal [3] ha asesinado a ocho palestinos y encarcelado a más de quinientos, qué no hará a partir de ahora. Lo más probable es que durante los próximos días asistamos, una vez más, a un despliegue de fuerza desproporcionada que lo único que persigue no es «dar una lección a los palestinos», acto que en todo caso es considerado como una crimen de lesa humanidad al ser un castigo colectivo cometido, además, sobre población civil indefensa, sino seguir implementando el plan de limpieza étnica detalladamente descrito por Ilan Pappe [4], en su libro La limpieza étnica de Palestina.

    La planificación de la expulsión del pueblo palestino de sus tierras y la expropiación de sus tierras y pertenencias lleva más de un siglo implementándose. Éste no será más que otro triste capítulo llevado a cabo ante el silencio cómplice de la comunidad internacional.

     

    Notas:

    [1] Escritor israelí co-fundador del Alternative Information Centre (AIC) único colectivo antisionista formado por israelíes y palestinos. Defensor del estado binacional y varias veces encarcelado por Israel debido a sus escritos y acciones políticas.

    [2] Parlamentaria palestina en la Knesset, miembro del partido político Balad.

    [3] Ejército israelí conocido como «Fuerzas de Defensa de Israel».

    [4] Profesor e historiador israelí exiliado en Gran Bretaña por los continuos ataques sufridos desde la comunidad judía sionista por defender sus tesis criticando duramente las bases sionistas y racistas del estado de Israel.

  • BDS en el mundo árabe: del boicot de los Gobiernos al boicot de los ciudadanos

    BDS en el mundo árabe: del boicot de los Gobiernos al boicot de los ciudadanos

    Luz Gómez. Rebelión.
    Este artículo es una versión ampliada del capítulo correspondiente del libro: Luz Gómez (ed.): BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes, Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014.

    El mundo árabe tiene una historia propia de boicot a Israel que condiciona el actual desarrollo en sus sociedades del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), nacido en 2005 de un llamamiento de 172 asociaciones, sindicatos, organizaciones y partidos palestinos. Esta experiencia distinta tiene dos precedentes: el boicot comercial y financiero a Israel decretado por la Liga Árabe en 1948 y la lucha contra las políticas de «normalización» de Israel posteriores a los Acuerdos de Oslo de 1993. Estos dos hechos comparten la misma dialéctica no resuelta característica de la historia poscolonial de la región, marcada por la tensión entre las pulsiones panarabistas y los intereses estatales. En todos los países árabes la «cuestión palestina» ha sido a la vez un asunto de política interior, interárabe e internacional. Puede pesar como un lastre o ser un impulso, pero es una realidad que determina la estrategia árabe dentro del llamamiento global del BDS.

    Junto a ello, las revueltas árabes en curso han introducido un factor nuevo en la marcha de la solidaridad con Palestina en el mundo árabe. Los levantamientos pacíficos han sacado a la luz el potencial del activismo civil frente a la hipocresía de la política institucional, y una vez más se ha puesto en evidencia que mientras los árabes no sean dueños de su destino, Palestina no lo será del suyo, y viceversa.

    Grafiti en una calle de Egipto de un dibujo de Carlos Latuff.
    Grafiti en una calle de Egipto de un dibujo de Carlos Latuff.

     

    El boicot de la Liga Árabe: de la Nakba a Camp David

    En octubre de 1945, al poco de su creación, la Liga Árabe apoyó de manera expresa el llamamiento al boicot a los productos y servicios sionistas promovido en los años treinta por los líderes palestinos, y unos meses después lo amplió al comercio directo entre cualquier país miembro y las entidades sionistas asentadas en Palestina. Tras la creación del Estado de Israel en 1948, se formalizó el boicot contra el Estado de Israel propiamente dicho. En 1950 la Asamblea de la Liga Árabe (resolución 314) amplió el boicot en su forma original prohibiendo toda relación económica y comercial con terceros que tuvieran relación con Israel. Resulta por ello habitual que se hable de tres niveles de boicot, o boicot primario, secundario y terciario, si bien, según cuenta Nancy Turck, este lenguaje propio de la política norteamericana fue desconocido entre los árabes hasta la década de 1970 [2], cuando el boicot comenzó a preocupar en los círculos económicos occidentales y a discutirse con sus contrapartes árabes. Como se verá, la adopción árabe de este vocabulario fue pareja a la desintegración del boicot real, relativizado por la lógica de los «niveles».

    Siguiendo la formulación de los tres niveles, hoy estándar, se denomina boicot primario al que prohíbe toda transacción e intercambio directos entre los países árabes o sus nacionales e Israel y los suyos. El boicot secundario afecta a cualquier compañía o persona de cualquier país cuyos tratos con Israel supongan el fortalecimiento económico y militar de éste. En un tercer nivel, se prohíbe a toda empresa extranjera que opere en el mundo árabe el uso de materiales, equipamiento y servicios de firmas objeto del boicot.

    La Liga Árabe concebía el boicot como una estrategia política de presión internacional en el marco de la guerra no cerrada con Israel, pues cabe recordar que el armisticio de 1949 no supuso la paz oficial entre los contendientes, sino el fin de las hostilidades armadas. Para la coordinación y seguimiento del boicot se creó en 1951 la Oficina Central del Boicot (OCB), con sede en Damasco y sucursales en las capitales árabes. En reuniones semestrales se establecían las directrices comunes, que no eran vinculantes, sino que luego se formalizaban según los diversos intereses nacionales. Una de las principales iniciativas de la OCB fue la elaboración de una «lista negra» de empresas que incumplían el boicot, generalmente a partir de las respuestas a un cuestionario que la OCB enviaba a las firmas interesadas en invertir en algún país árabe: Ford, Xerox, Topps o Miles Laboratories son algunas de las que figuraron en ella. Sin embargo, la «lista negra» no era unitaria sino estatal, y cada empresa tenía que satisfacer los protocolos locales. Así, por ejemplo, en los años setenta era imposible encontrar Coca-Cola en Egipto, Siria, Kuwait o Irak, mientras que era un producto común en Túnez o Marruecos. Es más, Argelia, Marruecos, Mauritania, Túnez y Sudán nunca elaboraron «listas negras», y en la práctica solo siguieron el boicot primario. Por el contrario, Kuwait era uno de los países más estrictos en la aplicación del boicot. El secretismo de la OCB, la descoordinación y la falta de objetivos vinculantes lastraron desde un primer momento la efectividad del boicot proyectado por la Liga Árabe. Y sobre todo, impidieron que el mundo entendiera por qué el boicot y el aislamiento de Israel eran legítimos.

    Por otro lado, muy pronto se vio la dificultad de implementar el llamado «boicot terciario», que, como mucho, quedó reducido a los grandes proyectos de infraestructuras. También hubo excepciones legales, como la exención del boicot en las transacciones Gobierno-Gobierno, que permitía a los Estados árabes comprar equipamiento militar a las mismas compañías que proveían a Israel, o la excepción generalizada del boicot en el ámbito del turismo. Con todo, la llamada al boicot, con su simbolismo, fue respaldada a su vez por el Movimiento de los No Alineados en los años sesenta, y luego por la Organización de la Conferencia Islámica, y si bien sus resultados han sido más bien pobres en el terreno económico, en el político no ha dejado de tener trascendencia hasta la actualidad.

    Ni Estados Unidos ni Israel, los principales afectados, parecieron preocuparse en exceso por el boicot hasta la crisis del petróleo de 1973. Isaac Rabin, primer ministro de Israel, dedicó al asunto una minuciosa exposición ante el Parlamento israelí en 1975, en la cual alertaba sobre las nefastas consecuencias del mantenimiento del boicot para las inversiones extranjeras en Israel. Pero de cara a la opinión pública ese mismo año Chaim Bar-Lev, ministro de Comercio e Industria, negaba la evidencia en una visita a Washington: «El boicot árabe no significa nada para nosotros. No afecta en absoluto a Israel» [3]. En 2014, ya en los tiempos del BDS, hemos podido escuchar una frase igual de displicente en boca del actual ministro de Economía, Naftali Bennett: «Más vale un boicot que la creación de un Estado palestino» [4].

    El cambio en los equilibrios internacionales que supuso la utilización del petróleo como arma política por parte de la OPEP afectó de manera decisiva al boicot tal cual venía practicándose. El alza de los precios disparó los ingresos de los Estados árabes productores, convertidos de repente en atractivos consumidores para las empresas norteamericanas: EEUU pasó de 1.000 millones de dólares en exportaciones a países árabes en 1971 a 5.400 millones en 1975 y 6.900 millones en 1976 [5]. Para allanar el camino a sus empresas, el Gobierno norteamericano decidió, tras varias normativas parciales que se remontaban a 1959 y 1965, promulgar una legislación antiboicot. No faltó en ello el acostumbrado argumentario moral, que acusaba al boicot de la Liga Árabe de antisemita, afirmando que se regía por criterios étnicos y religiosos; como prueba, se aducían lecturas torticeras o malas traducciones de los protocolos en árabe, como la traducción del término «sionista» por «judío» o «hebreo». Nancy Turck concluía en su informe para la revista Foreing Affairs:

    «Los «Principios Generales para el Boicot a Israel», un compendio de regulaciones sobre el boicot publicado por el OCB, no contienen criterio alguno para el boicot basado en el origen étnico o religioso, y a lo más que se llega es a definir el sionismo en el contexto del apoyo económico y político a Israel». [6]

    Finalmente, en 1979 la Administración Carter incluyó la normativa antiboicot en la Ley para la Administración de las Exportaciones, que declaraba ilegal y sancionaba por la vía civil y criminal a las empresas que participaran en un boicot no patrocinado por EEUU. Algunas, como McDonald’s, prefirieron pagar las multas antes que perder sus mercados árabes. Se calcula que hacia 2005, EEUU había recaudado 26,5 millones de dólares en sanciones [7]. Pero en líneas generales la presión norteamericana surtió efecto y la supervisión árabe se relajó. Además, el boicot pasó a formar parte de la agenda política norteamericana, y el Congreso encargó periódicamente informes de seguimiento a la unidad de Comercio y Finanzas Internacionales de su Servicio de Investigación, algunos de los cuales solo se han conocido gracias a WikiLeaks.

    Europa, que nunca llegó a legislar en esta materia a la manera de EEUU, no se vio presionada por los intereses encontrados de sus empresas, que hasta más tarde no se involucraron a fondo en el mercado israelí. Pero a fecha de hoy la UE es el principal importador de productos israelíes (más de 14.000 millones de dólares en 2012, frente a los 11.000 millones de EEUU) y el primer proveedor de Israel (que importó 22.000 millones de dólares de la UE y 8.000 millones de EEUU). En este nuevo contexto, en el Parlamento Europeo se han promovido recientemente algunas iniciativas, si bien minoritarias, solicitando que la UE se alinee con EEUU y presione a sus socios árabes. Lo resume una pregunta parlamentaria de febrero de 2013 a la Comisión:

    «1. ¿Cuál es la postura de la Vicepresidenta/Alta Representante en relación con la imposición del boicot de la Liga Árabe a Israel, que es un país democrático y amistoso, además de un socio comercial habitual de la UE?
    2. ¿Qué medidas ha tomado ya la Vicepresidenta/Alta Representante para debatir este asunto con la Liga Árabe?
    3. ¿Está dispuesta la Vicepresidenta/Alta Representante a cooperar con el Gobierno de los Estados Unidos para exigir que se ponga fin oficialmente al boicot?»

    Sin embargo, en un sentido político más amplio el boicot de la Liga Árabe murió, como tantas otras cosas, con la firma de los Acuerdos de Paz entre Egipto e Israel en 1978. En Camp David se enterró el sueño unitario árabe, que en buena medida se había forjado en la lucha contra Israel. Y aunque Egipto fue expulsado de la Liga Árabe, la década de 1980 fue testigo de la práctica disolución del boicot como arma de presión económica y política. El boicot fue quedando reducido a una retórica versión primaria en boca de los gobernantes árabes: resultaba difícil liquidarlo sin que se viera afectada la imagen de soberanía de los Estados, que seguían sin establecer relaciones diplomáticas con Israel. El alzamiento palestino de la Primera Intifada y el llamamiento de los líderes del interior al boicot comercial, fiscal y funcionarial en los Territorios Ocupados [8] no cambió esta dinámica. En el mundo árabe los ochenta fueron los años del boicot sin boicot. O del chocolate Nestlé sin fronteras: ¡por fin se vendía en Riad y en Tel Aviv!

     

    «Normalización se deletrea O-s-l-o»

    Edward Said tituló un artículo publicado en Haaretz el 11 de octubre de 1998 «Apartheid se deletrea O-s-l-o». Igual podría decirse de la «normalización». Son las dos caras de la moneda de Oslo: apartheid para Palestina, normalización para Israel. En árabe, la expresión que se utiliza para «normalización» es todavía más ajustada: tatbii, esto es, «naturalización». La «normalización» pretende borrar la historia, el derecho internacional y la noción misma de justicia para consagrar a nivel internacional el estado de cosas interno: la ocupación y el régimen de apartheid. La normalización, además, convierte a Israel en un socio legítimo, cuando no indispensable, en la región.

    Como se vio a reglón seguido de los Acuerdos de Paz de Oslo (1993), la estrategia israelí de «normalización» estaba meticulosamente diseñada. Para Israel, acabar con su aislamiento regional significaba en primera instancia introducirse en los mercados árabes como proveedor de alta tecnología y bienes de equipo, toda vez que la crisis de los años ochenta había mostrado la debilidad estructural de su economía. Lester Thurow, economista estadounidense, lo explicaba así tan solo unos meses antes de Oslo:

    «Los que en la región no producen petróleo deberán fabricar bienes para los que producen petróleo. Israel debería llevar a la mesa de intercambio tecnología, industrias de categoría intermedia y capacidad de organización. Pero nada de eso pude ocurrir si antes no se solucionan las disputas en el mundo árabe e Israel». [9]

    Esto ya se venía ensayando con Egipto: en 1992 Egipto exportó a Israel por valor de 967 millones de libras (sobre todo petróleo, y en segundo lugar productos agrícolas) e importó por valor de 41 millones (fundamentalmente semillas, fertilizantes y material de regadío). En un mercado occidental globalizado, la economía israelí, aislada en Oriente Próximo, amenazaba con convertirse en una carga para sus socios, o peor aún, con ser superflua.

    En mayo de 1994 el Gobierno israelí y la naciente Autoridad Nacional Palestina (ANP) firmaron el Protocolo de París, que regulaba el marco de las relaciones económicas y financieras entre Israel y los territorios gestionados por la ANP. Si bien previsto para un periodo transitorio de cinco años, sigue en vigor en la actualidad, y en 2012 la ANP pidió formalmente a Israel su renegociación. Es un ejemplo más de la perpetuación de la transitoriedad y las asimetrías de Oslo. Por otra parte, en octubre de 1994, Jordania firmó su tratado de paz con Israel, y cuatro meses después los grandes hombres de negocios egipcios, jordanos, norteamericanos y palestinos acordaron en la Declaración de Taba «aunar esfuerzos para acabar con el boicot a Israel» [10].

    El Protocolo de París supedita la economía palestina a Israel, que controla el agua, la tierra y las fronteras, y la somete a la supervisión del FMI y el Banco Mundial, de los que depende la ANP para seguir recibiendo la ayuda financiera de los países donantes. Los fondos de ayuda estadounidenses y europeos han servido para promover proyectos de normalización económica, que alimentan las relaciones de poder desiguales y mantienen la ficción de las negociaciones de «paz». Un macroproyecto paradigmático es el llamado «Corredor de la Paz». Comprende un ferrocarril Jordania-Yenín-Haifa, un canal para unir el mar Muerto y el mar Rojo y la construcción de infraestructuras turísticas regionales, pensadas sobre todo para los árabes de los países del Golfo y que constituyen una seria amenaza para el precario ecosistema de la zona. Por el Corredor de la Paz se pretende que circulen los productos de las Zonas Industriales Cualificadas (ZIC), el plan estrella de la normalización.

    Para la puesta en marcha de las ZIC se precisó la implicación directa del Gobierno de EEUU. Las ZIC, situadas en zonas estratégicas de Egipto, Jordania y Cisjordania, han atraído industrias deslocalizadas de la región, con el consiguiente perjuicio para las economías locales, y han introducido la tecnología punta israelí, de la que ahora dependen. Las mercancías de las ZIC llevan la etiqueta «made in Jordan» o «made in Palestine», subterfugio que en el mundo árabe facilita la circulación de productos israelíes susceptibles de ser boicoteados por la población. Hay que añadir que esta producción penetra libre de aranceles en el mercado norteamericano, de modo que el resto de la exportación regional no puede competir con ella.

    También a escala internacional no árabe la normalización ha reportado notables beneficios a Israel. Destacan las inversiones de Japón (en el pasado uno de los países más escrupulosos en el cumplimiento del boicot de la Liga Árabe) en las industrias automovilística y electrónica, que han contribuido a la bajada de los precios de numerosos bienes de consumo en Israel.

    En este contexto de desintegración generalizada del espíritu y la forma del boicot de 1948, la propia Liga Árabe, que en su origen lo había concebido como una estrategia política en la lucha común contra el sionismo, pasó a considerarlo en función del proyecto de consecución de un Estado palestino independiente en las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como capital. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Kuwait, Bahréin, Catar, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí) anunciaron su renuncia formal al boicot secundario y terciario tras la firma del Tratado de Paz Jordano-Israelí. Y muy pronto Catar, Omán y Marruecos establecieron relaciones comerciales directas con Israel. Entre 1993 y 2001 la Oficina Central del Boicot no se reunió. Cuando lo hizo en 2004, bajo la presión de la Segunda Intifada, asistieron 19 Estados, y faltaron Egipto, Jordania y Mauritania, los tres países que, junto con Marruecos y Túnez, ya habían establecido relaciones diplomáticas con Israel.

    Aunque a raíz de la Segunda Intifada pareció que las nefastas políticas árabes de normalización iban a dar un vuelco, lo cierto es que todo se quedó en el terreno de los buenos propósitos. La Liga Árabe aprobó en 2003 una resolución llamando a intensificar el desvaído boicot (solo Líbano seguía manteniéndolo de hecho en los tres niveles), pero con escaso éxito: en el primer semestre de 2004 el comercio árabe con Israel creció un 47%, y esto sin incluir el negocio a través de países intermediarios como Chipre [11]. En 2007 la OCB volvió a reunirse (esta vez con la participación de 14 Estados, 5 menos que en 2004) y propuso que se reactivara el mecanismo de las listas negras, pero ningún país, salvo Siria, se manifestó dispuesto a asumir las consecuencias inmediatas, como por ejemplo romper con Nestlé.

    En la actualidad la Liga Árabe sigue manteniendo oficialmente el boicot y hasta lo incluye en el orden del día de sus plenarios. Pero en la práctica no se va más allá de las declaraciones de principios. Y aunque el lobby proisraelí de EEEUU lo sigue incluyendo entre sus prioridades, Doron Peskin, consultor israelí especializado en relaciones comerciales con el mundo árabe, lo ha resumido sin tapujos: «El boicot árabe solo existe hoy de boquilla».

     

    Movimiento antinormalización y BDS

    La respuesta de las sociedades árabes a las políticas de normalización promovidas por sus Gobiernos fue inmediata. Desde el principio se denunció el carácter transversal y hegemónico de la normalización/naturalización y se pusieron en marcha estrategias para contrarrestarla. A nivel popular, arraigó el boicot al consumo de productos israelíes, y tras la Segunda Intifada aumentó además el rechazo a las multinacionales que los ciudadanos relacionaban con el conflicto: en Mascate, por ejemplo, los directivos de McDonald’s y KFC reconocieron que la Intifada había influido en la caída de sus ingresos en 2002 [12]. A nivel organizativo, se constituyeron los llamados «movimientos antinormalización», que abrieron un camino en el mundo árabe a lo que luego sería el movimiento BDS global. Su historia anticipa, en buena medida, la del BDS.

    El movimiento antinormalización jordano fue pionero. Hisham Bustani, uno de sus fundadores y destacado militante de izquierda, definió en 1996 la lucha contra la normalización como: «el rechazo a establecer trato o relación con ningún individuo, compañía, institución o producto sionista (sea político, comercial, personal, cultural, turístico, etc.)» [13]. El movimiento antinormalización jordano preludió formas de organización posteriores al incorporar a distintos sectores cívicos. Su motor fue la Unión de Asociaciones Profesionales, y en el organigrama del Comité Nacional Anti-Normalización (NANC, por sus siglas en inglés) se integraron la Asociación Jordana de Escritores, la Asociación de la Prensa Jordana, la Asociación para la Protección de los Consumidores, la Asociación de Cambistas, las Cámaras de Comercio e Industria, asociaciones de mujeres, movimientos estudiantiles de izquierda, sindicatos y partidos políticos islamistas y nacionalistas. Hasta hoy en el NANC se conjugan intereses económicos, políticos y estratégicos, pero existen distintos comités sectoriales con sus propios mecanismos de actuación para denunciar los casos de normalización, prevenirlos o neutralizarlos.

    Este modelo se siguió pronto en Egipto, el otro país objeto preferente de la normalización. Y desde finales de la década de 1990 Argelia, Líbano, Túnez, Omán, Bahréin y Marruecos han creado también sus gestoras de coordinación de actividades antinormalización. Aunque a nivel interárabe se echa en falta una estrategia conjunta, a escala internacional los movimientos antinormalización han sabido integrarse en los foros antiglobalización. Ya en 2001 el movimiento antinormalización jordano denunció en el Foro Social de Génova los intereses hegemónicos sobre la región del proyecto colonial israelí, y desde entonces los distintos movimientos antinormalización se han ido sumando al Foro Social Mundial, situando la lucha contra la normalización en la dimensión altermundista en la que cobra pleno sentido.

    A diferencia del boicot de la Liga Árabe (centralizado, secretista, protocolario, volcado en la acción exterior), el movimiento antinormalización era y es centrífugo, abierto, horizontal y se dirige a las sociedades árabes. Son características que comparte con el movimiento BDS, fruto del llamamiento palestino de 2005. Al igual que en el caso del BDS, su penetración entre los grupos de base y sindicales ha sido notable, si bien, como afirma Wissam al-Saliby, «los activistas no han sido capaces de trasladar estos logros a la política gubernamental debido a su exclusión de las altas esferas de poder y a la continua represión de los Gobiernos». Aunque esto es cierto, el movimiento BDS ha introducido sin embargo un importante giro en las prácticas antinormalización al potenciar la acción ciudadana y no privilegiar la presión política. Esto es especialmente relevante en la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, en sus siglas en inglés), que define la normalización en el contexto árabe y palestino como «la participación en cualquier proyecto, iniciativa o actividad, en Palestina o en el ámbito internacional, que pretenda implícita o explícitamente reunir a palestinos (y/o árabes) e israelíes (personas o instituciones) con cualquier objetivo que no sea denunciar y resistir a la ocupación israelí y a todas las formas de discriminación y opresión contra el pueblo palestino».

    Pero mientras que el ideario del BDS apela al derecho internacional y a la legalidad y deja muy claro que se dirige contra Israel y sus instituciones y empresas y no contra sus ciudadanos, los movimientos antinormalización se han caracterizado siempre por su radicalidad, hasta el punto de que hay sectores antinormalizadores muy críticos con la campaña BDS por las limitaciones programáticas que impone. Por ejemplo, buena parte de los militantes antinormalización se niegan a toda participación conjunta en proyectos de resistencia con ciudadanos israelíes.

    BDS y antinormalización son iniciativas que tienen estrategias diferentes, pero en buena medida confluyen en sus objetivos, y muchas de las acciones del BDS en el actual contexto árabe coinciden con las propias de los movimientos antinormalización. En concreto, se enfrentan a una serie de desafíos:

    •   Vincular los objetivos del boicot económico y comercial a los de la integración árabe, especialmente en dos sentidos: mostrando a los poderes públicos que el boicot a los productos de las colonias israelíes no perjudica a la economía de cada país siempre que la política arancelaria interárabe se flexibilice y promueva la circulación de mercancías; y aprovechando la puesta en marcha de una nueva legislación de boicot para armonizar las distintas normativas estatales, a la manera de lo que está sucediendo en la UE con la exclusión de las colonias del tratado de libre comercio UE-Israel.
    •   Romper la dinámica histórica del boicot árabe centrado en el comercio y ampliar la gama de objetivos. El boicot cultural es una de las asignaturas pendientes en el mundo árabe, y, como analiza Sami Jitan a propósito de la visita del Cirque du Soleil a Ammán en el verano de 2012, de las más difíciles de aprobar dado el grado de snobismo de las élites de la región en el consumo de cultura globalizada.
    •   Abrir la organización de los comités para integrar a otros colectivos. Fue así como nacieron los grupos BDS de Marruecos, en concreto el de Casablanca y el de Marrakech, aunque sus actividades se centran más en la denuncia de las relaciones fluidas entre Marruecos e Israel que en la puesta en marcha de campañas específicas de BDS. También existen grupos propiamente BDS en Líbano, sobre todo implicados en una continua actualización de la normativa estatal sobre boicot. Otros, como los de Catar o Kuwait, se presentan de manera indistinta como «antinormalización» y «BDS». Un caso particular es el de Egipto, donde la solidaridad con Palestina puesta en marcha a raíz de la Segunda Intifada incorporó al movimiento antinormalización a grupos y personas hasta entonces ajenos. Este capital humano ha sido fundamental para sostener el activismo del actual BDS, en la medida en que sus reivindicaciones (por ejemplo en lo referido a la denuncia de los acuerdos energéticos para el comercio de gas con Israel) encajan en el marco general de las reivindicaciones de la revolución de 2011.
    •   Incorporar al ciudadano no ideologizado o bien activista en otros frentes, a objetivos concretos del boicot. Una campaña novedosa en este sentido ha sido la lanzada recientemente en las redes sociales contra las autoridades saudíes por contratar servicios y equipamiento de seguridad del grupo G4S para La Meca, cuando el BDS hace años que denuncia a G4S por su complicidad con el sistema represivo israelí.
    •   Evitar la manipulación política del BDS. Es un reto decisivo en el caso de los sindicatos árabes, perdidos en una retórica estéril, cuando no hipócrita: Kamal Abu Aita, ex representante de la Federación de Sindicatos Independientes Egipcios, anunciaba en el verano de 2011 en un discurso en Londres ante simpatizantes del BDS que la Federación había acordado boicotear a todos los sindicatos y organismos oficiales israelíes, y llamaba «al movimiento sindical internacional a cortar lazos con el Histadrut y a apoyar a la Coalición de Sindicatos Palestinos por el BDS». En 2013, Abu Aita se convirtió en ministro de Recursos Humanos y Trabajo en el Gobierno formado tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Morsi, y que se ha caracterizado, entre otras cosas, por la fluidez de sus relaciones con Israel y la persecución de los gazauíes en Egipto.
    •   Reconducir la dependencia de campañas promovidas desde el exterior hacia una mayor iniciativa propia que retroalimente la efectividad del BDS en las sociedades árabes. Un logro agridulce en esta línea es la marcha atrás del Gobierno de los EAU a la apertura de una sucursal en Dubái de la cadena de joyerías de Lev Leviev, lograda gracias a la presión de la asociación de derechos humanos Adalah-New York.
    •   Recuperar el liderazgo del discurso anticolonialista, que, cada vez más, está siendo protagonizado por los activistas occidentales, y vincularlo con el sentido del BDS. Es una cuestión delicada y difícil de encauzar en la actual situación política y social árabe. A pesar de ello, hay actuaciones que solo pueden partir de las sociedades árabes, y que por desgracia no reciben la misma atención que otras similares promovidas desde EEUU o Europa, lo que es un claro síntoma de imperialismo cultural aplicado en este caso a la solidaridad con Palestina. En este sentido, apenas han trascendido las presiones de músicos, actores y escritores árabes al Gobierno militar egipcio, que en mayo de 2012 lograron que se abriera el paso de Rafah y ese año pudiera celebrarse en Gaza el Festival Palestino de Literatura.
    •   Coordinar la respuesta a las estrategias antiboicot. El terreno académico y cultural es especialmente indicado: una campaña de promoción árabe bien estructurada podría combatir la «marca Israel», con la que el Estado israelí pretende difundir una imagen de potencia cultural y científica ajena a la ocupación y el apartheid. Un buen punto de partida son los artistas árabes de fama internacional que vienen participando en la difusión del boicot, como la escritora egipcia Ahdaf Soueif, la cantante palestina Reem Kelani, el compositor libanés Marcel Khalife o el director cinematográfico palestino Elia Suleiman.

    El momento es decisivo. Las revueltas árabes han recordado la centralidad de la causa palestina en la reivindicación de dignidad, justicia social y libertad de los pueblos árabes. Durante los alzamientos populares de 2011, en ninguna manifestación de Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin o Siria faltaron los llamamientos en favor de Palestina. Sin embargo, cabe el riesgo de que la deriva nacional de cada revolución lastre las estrategias globales en que se fundamenta el actual movimiento BDS. A comienzos de 2014 la persecución de los refugiados palestinos en Siria y su criminalización en Egipto nos recuerdan, una vez más, que los palestinos son moneda de cambio en las políticas nacionales árabes y que de los viejos poderes no cabe esperar nada. Es la prueba de la estrecha relación que hay entre el movimiento BDS y los demandas de apertura democrática de los ciudadanos árabes.

     


    Notas:

    [1] Este artículo es una versión ampliada del capítulo correspondiente del libro: Luz Gómez (ed.): BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes, Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014.
    [2] Nancy Turck: «The Arab boycott of Israel», Foreing Affairs, 55 (1977), p. 472.
    [3] Ibíd. p. 473.
    [4] Le Monde, 29.1.2014.
    [5] N. Turck, art. cit., p. 485.
    [6] Ibíd. p. 480.
    [7] Grassroots Palestinian Anti-Apartheid Wall Campaign: Towards a Global Movement: A framework for today’s anti-apartheid activism, 2007, p. 20.
    [8] Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, Intifada. La voz del levantamiento palestino, Tafalla, Txalaparta, 1991, pp. 211-217.
    [9] Lester Thurow: Head to Head. The Comming Economic Battle Among Japan, Europe, and America, Nueva York, Warner Books, 1993, apud. «Israel se globaliza. Las claves económicas ocultas de Oslo», Nación Árabe, 38 (1999), p. 104.
    [10] «Taba Declaration» en Business America, 116/3 (1995), p. 8.
    [11] Grassroots Palestinian…, art. cit., p. 25.
    [12] Ibíd. p. 28.
    [13] Loles Oliván: «El movimiento antinormalización en Jordania», Nación Árabe, 45 (2001), p.128.

    Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid. Es autora, entre otras obras, de Diccionario de islam e islamismo (Madrid, Espasa, 2009). Recientemente ha editado el volumen colectivo BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes (Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014).

     

    Fuente: BDS en el mundo árabe. Del boicot de los Gobiernos al boicot de los ciudadanos, Luz Gómez, Rebelión, 3/6/2014.

  • El boicot a Israel no es antisemitismo

    El boicot a Israel no es antisemitismo

    Antisionismo no es antisemitismo. Carlos Latuff
    Antisionismo no es antisemitismo / Carlos Latuff

    Ante los asesinatos aparentemente antijudíos de Bruselas, primero hay que lamentar la pérdida de vidas humanas. Todos somos judíos. Las autoridades israelís claman contra el antisemitismo señalando la elección de las víctimas y el lugar del crimen, el Museo Judío. Pero además, Avigdor Lieberman, ministro de Exteriores, extiende la consideración de antisemita al boicot pacífico a los productos israelís. El día 15, dos jóvenes palestinos fueron asesinados por el Ejército israelí, a sangre fría, desarmados, cuando protestaban ante un muro que muerde la Palestina conquistada en 1967. Fueron asesinatos antisemitas. Dos palestinos semitas asesinados por gente que no les reconoce, que considera que deben ser expulsados de su tierra, que no son personas con derechos, no son humanos. Hace tiempo que personas palestinas, israelís, europeas, judías, musulmanas, cristianas y gentiles creen que la falta de empatía ante el sufrimiento de los palestinos y la negación de su derecho a vivir en su propia tierra con dignidad se deben corregir. Ese es el motivo de la campaña de boicot: pedir sanciones a Israel por su política expansionista (la ocupación, las expropiaciones, la esquilmación de la economía palestina) y que no haya inversiones que favorezcan que se mantenga. La vida humana es preciosa, sea la de un ciudadano israelí o un belga. Pero también si es la de un habitante de un territorio ocupado militarmente al que se le quita la dignidad a diario y que no puede vivir, porque no le dejan, con ciudadanía.

    Santiago González (Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. El Escorial)

     

    Fuente: El boicot a Israel no es antisemitismo, El Periódico (29/5/2014)

  • Carta desde Ramallah, por Ben Ehrenreich

    Carta desde Ramallah, por Ben Ehrenreich

    Ben Ehrenreich, periodista y escritor estadounidense, ha investigado los sucesos del pasado 15 de mayo, día de la Nakba. Dos jóvenes palestinos, Nadeem Nowarrah y Mohammad Abu Thaher, morían tras ser alcanzados por munición real de soldados israelíes. «Estaban de cacería», cuentan fuentes presenciales al ver cómo francotiradores disparaban a las personas que les ordenaban, cuando éstas no suponían ningún peligro.
    Funeral Nadeem y Mohammad
    Oraciones de duelo en los funerales de Nadeem Nowarrah y Mohammad Abu Thaher.

    Las cosas más extrañas se convierten en rutina. Todas las noches de la semana, hay un taxi parado frente al recinto de la prisión militar de Ofer en Beitunia, alrededor de 10 minutos al sur de Ramallah, esperando a que se abra la puerta y que la crucen un puñado de hombres aturdidos cargando sus pertenencias en bolsas selladas de plástico mientras caminan hacia la libertad o, al menos, hacia una cárcel más espaciosa conocida como Cisjordania. A veces hay una camioneta en la que venden café, patatas y barritas de caramelo a las familias de los presos mientras esperan en el suelo polvoriento fuera del recinto que también aloja una base militar Israelí, un checkpoint para camiones que entran a Israel, y un tribunal militar —la población de Cisjordania es juzgada en procesos militares en vez de civiles. La última vez que se publicaron datos sobre la tasa de condenas ascendía a 99,74%. La cárcel, por tanto, juega un papel de gran importancia en la vida de Cisjordania: prácticamente la mitad de todos los varones palestinos ha sido encarcelado en algún momento de su vida.

    Cada viernes, cuando los tribunales están cerrados y ningún preso puede ser liberado, adolescentes y jóvenes de Beitunia, Ramallah, y los pueblos de alrededor se reúnen en la larga carretera fuera de la cárcel para tirar piedras hacia la puerta de metal. Pocas veces llegan lo suficientemente cerca para golpearla. Los soldados responden con balas de acero revestidas de goma, grandes cantidades de gases lacrimógenos y, en algunas ocasiones, con munición real. A veces los enfrentamientos pasan de los viernes a la semana laboral. A veces alguien lanza un cóctel molotov. A veces participan decenas de personas, otras sólo un puñado. Los portavoces del ejército israelí —y siguiendo su ejemplo la mayoría de los medios de comunicación israelíes— llaman a los enfrentamientos «disturbios», palabra que les despoja de cualquier intención política y, a quienes participan en ellos, de cualquier cosa parecido a la racionalidad. No son disturbios y tampoco son exactamente manifestaciones. La mayoría de protestas de Cisjordania tienen algún objetivo simbólico claro: cerrar una carretera o forzar un checkpoint, romper una valla, llegar a territorios ocupados por colonos. En la cárcel de Ofer, los niños arriesgan su vida por lanzar piedras a la prisión en la que seguramente serán encarcelados un día generalmente desde una distancia demasiado grande como para alcanzar su objetivo. La desesperanza también tiene sus rutinas.

    Estaba en el centro de Ramallah cuando lo escuché. Alguien había sido asesinado fuera de la cárcel. Era el 15 de Mayo, el día de la Nakba, el 66 aniversario del día en el que se levantaron más de 700.000 palestinos en ciudades y pueblos de lo que se convertiría en el Estado de Israel. (Pregunta a los Cherokee: la fiesta patria de un hombre es un desastre para otro). De los postes de la luz colgaban banderas negras. Fui al hospital y encontré a cientos de personas reunidas en el patio. En la puerta, fui corriendo hacia un médico que conocía y se llamaba Ahmad Nasser. Acababa de llegar de Ofer. Había dos muertos, dijo. El había traído al primero. Se llamaba Nadeem Nowarrah. Le habían disparado en el corazón. Tenía 17 años.

    Nasser me contó que había visto al comandante mirando a través de prismáticos y señalando a los francotiradores hacia dónde debían disparar. En total hubo nueve heridos, todos por munición real. El otro chico que murió también había recibido un disparo en el pecho. Se llamaba Mohammad Abu Thaher. También tenía 17 años. (Otras fuentes periodísticas han dado diferentes datos sobre su edad, de 15 a 22 años). Me encontré a Mohannad Darabee, el médico que había atendido a Abu Thaher en primer lugar. «Escuchamos el disparo y bajamos» dijo. «Miramos hacia atrás y él seguía en el suelo. Gritó y después no dijo nada más».

    El muro de cemento fuera de Ofer. Los testigos informaron de que el disparo que mató a Nadeem fue disparado por soldados que se encontraban detrás de ese muro.
    El muro de cemento fuera de Ofer. Los testigos informaron de que el disparo que mató a Nadeem fue disparado por soldados que se encontraban detrás de ese muro.

    La calle del hospital estaba abarrotada. Adolescentes, algunos todavía con sus uniformes de colegio, pasaban por allí con lágrimas en los ojos. Otros se sentaban en la acera llorando. En dos ocasiones vi un grupo de chicos llevando a uno de ellos tambaleándose de pena hacia la sala de emergencias. Una multitud se había reunido en la morgue del hospital, un edificio bajo estucado. El padre de Nadeem Nowarrah estaba allí. Tendría unos cuarenta y cinco años, con el pelo prematuramente canoso. Las cámaras le rodeaban mientras esperaba a ver los restos de su hijo. Una y otra vez llamaba a Dios y a su hijo. «Querido mío», gritaba una y otra vez. «Si pudiera, si pudiera», gritaba. Detrás suyo, una mujer gemía gritando.

    Un poco más tarde de las cinco, se formó una manifestación: cientos de personas aplaudiendo y cantando. Algunos de los jóvenes que había visto antes abrazándose unos a otros en lágrimas caminaban al frente gritando himnos nacionalistas. De un momento a otro, el dolor individual se transformó en rabia colectiva. Marcharon de la puerta del hospital a la morgue y al revés para llegar después a las calles de la ciudad. «La sangre de los mártires está llamando», gritaban. El chico que habían llevado antes a urgencias yacía colapsado en el cemento, tratando de respirar, solo.

    Vi a Rajai Abu Khalil, un doctor joven que trabaja en urgencias de pie fuera del hospital fumando un cigarro. «Dentro es una locura» dijo. Uno de los heridos estaba todavía en cuidados intensivos. «Puede que salga», dijo, «puede que no». El resto había sido herido en las extremidades. Todo saldría bien. Pero Abu Khalil no tenía ninguna duda de que los soldados habían utilizado munición real (los medios de comunicación israelíes todavía repetían la afirmación del Ejército de que los soldados de Ofer solo habían disparado balas de goma). «Había heridas de salida», me contó Abu Khalil. Nadeem todavía estaba vivo cuando llegó al hospital. Cuando le abrió el pecho «su corazón estaba destrozado». Murió algunos minutos más tarde. Abu Khalil dio una larga calada a su cigarro. «Eran unos niños», dijo, «todos ellos».

     


     

    Por la noche, las fotos estaban colgadas en Facebook: Nadeem haciendo girar su pelota de baloncesto, Mohammad sonriendo, un selfie de Nadeem con su uniforme de los Boy Scout con el brazo de un amigo rodeando sus hombros, los dos chicos boca abajo sobre el asfalto de la carretera de Ofer. A la mañana siguiente fui al funeral. Había demasiada gente para poder entrar en la mezquita, así que se reunieron en un campo detrás de la Universidad de Bir Zeit para realizar las plegarias. Se colocaron lonas gigantes azules y negras en el suelo para que los dolientes no se ensuciaran la ropa cuando se arrodillaran para rezar, pero las lonas no eran suficientemente grandes para que todo el mundo pudiera entrar. Algunos hombres trajeron sus propias alfombras para rezar. Otros se arrodillaron en periódicos o en sus kuffiyas (pañuelo palestino), en banderas amarillas de Fatah o verdes de Hamas. En el centro de la multitud, al frente, los dos cadáveres yacían en sus ataúdes, con sus cuerpos envueltos en banderas palestinas, una bandera amarilla en el pecho de Nadeem Nowarrah y una verde en el de Mohammad Abu Thaher.

    Procesión en el funeral de Nadeem Nowarrah, en el pueblo de Mazra’a al Qabilia de Cisjordania.
    Procesión en el funeral de Nadeem Nowarrah, en el pueblo de Mazra’a al Qabilia de Cisjordania.

    Después de la oración, cuando todo el mundo se levantó de nuevo y los discursos políticos habían acabado, los porteadores levantaron el cuerpo de Nowarrah en sus hombros y empezaron a transportarlo por la serpenteante carretera que bajaba hacia el valle, dirigiéndose al pueblo de su familia Mazra’a al Qabilia. Las mujeres miraban desde los balcones, llorando. Una banda de tambores en uniformes de los Boy Scout lideraba la procesión a lo largo de las estrechas callejuelas del pueblo. Detrás oscilaba Nowarrah en su ataúd, en una horrible parodia del sueño: sus ojos cerrados, sus mejillas lisas y ligeramente amarilleadas, los labios separados lo justo para enseñar sus dientes. Los hombre que estaban directamente a su alrededor daban palmas y gritaban, pero detrás de ellos, los asistentes caminaban en silencio hasta que llegaron al cementerio del pueblo, en una ladera elevada cubierta de hierba y cardos. En la parte de abajo del valle había un grupo de remolques blancos, un «puesto de avanzada», un asentamiento en embrión. Dos torres de radio sobresalían desde más colonias ya establecidas un poco más allá de las colinas. Casi todas las puertas y todas las paredes de la aldea tenían un cartel de Nadeem: un chico de pelo corto en camiseta y sudadera con capucha, frente a la cámara, con la mandíbula y la boca ligeramente torcidos, como si estuviera a punto de hablar, o a punto de sonreír.

    Ya avanzada la tarde, tomé un taxi a Ofer. Los enfrentamientos casi habían terminado cuando llegué. Sólo cinco o seis jóvenes permanecían, turnándose para lanzar piedras contra un enemigo demasiado lejos para verlo. Dos ambulancias esperaban al ralentí al lado de ellos.

    Regresé dos días más tarde con Mohannad Darabee , el médico que había tratado a Abu Thaher, y con Samer Nazal, un fotoperiodista que había estado a pocos metros de Nadeem cuando le dispararon. «Fue exactamente aquí», dijo Nazal, de pie en medio de la calle. Las puertas de la cárcel ni siquiera eran visibles desde donde estábamos. Había cerca de 60 personas en la calle esa tarde, dijo, 10 o 12 lanzando piedras y otras 50 ligeramente más atrás. Era, dijo Nazal, un enfrentamiento «normal», incluso en calma. 20 o 30 soldados se habían reunido detrás de un destrozado muro de hormigón, en el borde del aparcamiento de la prisión, a unos 200 metros carretera abajo. Un grupo más pequeño de la policía fronteriza israelí permanecía en la ladera, a unos 10 metros por encima de la calle y unos 50 metros de distancia.

    La construcción junto a la cual Nowarrah y Abu Thaher fueron abatidos. Sus nombres han sido pintados en rojo sobre el muro.
    La construcción junto a la cual Nowarrah y Abu Thaher fueron abatidos. Sus nombres han sido pintados en rojo sobre el muro.

    Ambos grupos estaban demasiado distantes para estar en peligro de ser golpeados por las piedras, pero los soldados, dijo Nazal, estaban usando munición real cuando llegó al lugar. No estaban disparando salvajemente. «Cada vez era un solo disparo», dijo, «como un francotirador». Había permanecido allí menos de 15 minutos cuando Nowarrah fue alcanzado. «En ese momento recibió un disparo cuando simplemente permanecía de pie en la calle. Ellos le vieron y le dispararon». Darabee llegó al lugar unos 15 minutos después de que la ambulancia se llevara Nadeem. No había nadie allí pero sabía que la herida de Nadeem había sido fatal. Abu Thaher, dijo Darabee, sólo había tirado una piedra a la Policía de Fronteras que estaba en la colina, y corría para ponerse a cubierto detrás de un edificio. Le dispararon por la espalda y cayó en la calzada a unos 10 metros del lugar donde había caído Nadeem. Darabee puso su mano sobre la salida de la herida, en el pecho del chico, para que dejase de sangrar. «Puso su mano sobre la mía», dijo Darabee, y no se movió más. «Murió cuando estábamos llevándole hasta la ambulancia. Pensamos que se había desmayado».

    El propietario del edificio nos invitó a su oficina para tomar un café. Sus cámaras de seguridad habían registrado los tiroteos, dijo, pero él le había dado el material de archivo a la policía palestina. (También le dio una copia a la organización no gubernamental Defensa Internacional de los Niños, que lo publicó en internet). Los testigos me dijeron que habían visto a los comandantes eligiendo los objetivos y habían apuntando hacia ellos antes de sonara cada disparo. El comandante del ejército que estaba detrás del muro derruido, dijo Darabee, usaba prismáticos. El comandante de la Policía de Fronteras en la ladera, dijo Nazal, no los necesitaba. Él señaló, un soldado disparó, y Nadeem cayó. «He estado en muchos enfrentamientos y nunca he visto esto antes», dijo Nazal. «Estaban de cacería».


    Asesinato ilegal de dos jóvenes en las afueras de Ofer. Defence for Children Palestine.

     

    Ben Ehrenreich es corresponsal en Oriente Próximo para LARB. Fotos del autor.

    Fuente: Letter from Ramallah by Ben Ehrenreich, Los Angeles Review of Books, 23/5/2014.

  • Nota al Margen dedica su programa de radio a la campaña BDS

    Nota al Margen dedica su programa de radio a la campaña BDS

    Jorge Ramos Tolosa, especialista en Historia Contemporánea de Israel y Palestina y miembro del grupo BDS País Valencià, habla sobre la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones y el apartheid al que el estado de Israel somete al pueblo palestino en el programa Nota al Margen, de la Universitat de València.
    Nota al Margen 1x16 dedicado al BDS.
    Nota al Margen 1×16 dedicado al BDS.

    Nota al Margen es un programa de análisis crítico de la actualidad desde un enfoque cultural, conducido por Sergio Arnau, Ana Bellido, Diego San José y David Silvestre, cuatro alumnos de periodismo de la Universitat de València. El programa del 1 de abril de 2014 fue dedicado a la campaña palestina de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el estado israelí, y a desgranar el sistema de apartheid y ocupación que ejerce sobre el pueblo palestino.

    Para ello, se contó con el testimonio de Jorge Ramos Tolosa, profesor de Historia Contemporánea en la UV, especialista en Palestina e Israel y miembro del grupo BDS País Valencià.

    Para escucharlo o descargarlo podéis visitar la web de Nota al Margen y elegir el programa 1×16 en la barra de la derecha, o directamente aquí:

    Nota al Margen 1×16 01-04-2014.mp3

  • Israel y Palestina en clave de rap

    Israel y Palestina en clave de rap

    Los australianos Juice Rap News nos traen este mordaz vídeo subtitulado en castellano sobre Israel, Palestina, y los agentes internacionales que juegan su propio papel en la Ocupación. Cuenta con la participación del grupo palestino DAM y el profesor Norman Finkelstein, cuyos testimonios ofrecen una visión más amplia del asunto.

     

    RAP NEWS 24: ISRAEL & PALESTINA [S02:E04]. Décadas de fallidas conversaciones de paz no han llevado a ninguna parte; pero no pierdas todavía la esperanza. Robert Foster intenta acoger el primer Rap por la Paz en Oriente Próximo, usando la rima y la razón para reunir al primer ministro israelí Benjamín «Bibi» Netanyahu, y un representante de Hamás. Investigamos los argumentos principales, contraargumentos y ad hominem de ambas partes. Pero el análisis no sería completo sin profundizar en el «último tabú de Estados Unidos», como dijo Edward Said: el papel de EE. UU. como mejor (y único) colega de Israel (bueno, junto con Australia). Con los cameos estelares del prominente académico judío americano Dr. Norman Finkelstein, y las leyendas del rap palestino DAM, estamos ante un capítulo que pasará a la historia. Únete a nosotros mientras tratamos de forma valiente (o quizás estúpida) uno de los más amargos, divisivos y controvertidos conflictos de nuestros tiempos: Israel y Palestina.

    Escrito y creado por Giordano Nanni y Hugo Farrant en un estudio en el patio de atrás de una casa en los suburbios de Melbourne, Australia, en la tierra de los Wurundjeri.

     

    Más información y créditos la información del vídeo.

  • Luz Gómez: “Sin justicia ni legalidad no puede haber solución para Palestina”

    Luz Gómez: “Sin justicia ni legalidad no puede haber solución para Palestina”

    Entrevista de Carlos Pérez Cruz a Luz Gómez en su blog Todos los caminos están cerrados, y transcrita para El Asombrario & Co. Luz Gómez acaba de editar el libro BDS por Palestina con Ediciones del Oriente y del Mediterráneo sobre la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra la política de ocupación ilegal de territorios y el apartheid de la población palestina ejercidos por los gobiernos del Estado israelí.

    Al margen del cinismo político, la sociedad se moviliza. La tragedia palestina sigue su curso ante la indiferencia cómplice de los Estados; la ocupación israelí avanza al igual que lo hace el muro en Cisjordania; Gaza continúa bloqueada y bajo asedio; los refugiados siguen siéndolo desde hace 66 años mientras a diario se suman más palestinos a esa condición; Israel practica políticas de apartheid en Territorios Ocupados y discrimina a los palestinos que viven dentro de su Estado… A punto de morir las enésimas conversaciones auspiciadas por la administración estadounidense (o de renovarse, otra forma de morir), la sociedad civil articula su respuesta a través del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones). Luz Gómez, profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid (Premio Nacional de Traducción 2012), coordina la publicación de BDS por Palestina [Ediciones del Oriente y del Mediterráneo], libro que recopila diversos artículos, documentos y entrevistas que explican los fundamentos y motivaciones de esta acción no violenta contra las políticas de Israel.

    Luz Gómez / El asombrario & Co. (Carlos Pérez Cruz)
    Luz Gómez / El Asombrario & Co. (Carlos Pérez Cruz)
    “El BDS es un movimiento cívico no violento que promueve el boicot, la desinversión y las sanciones a Israel mientras prosiga con la ocupación y el apartheid”. O sea, que va para largo.

    Sí. Lo ideal sería que acabase dentro de unos meses, ese es el fin último de la campaña de boicot, dejar de tener que ser necesaria, pero me temo que no, y más en estos días en que estamos viendo que las llamadas negociaciones y el proceso de paz previsiblemente van a acelerar la desintegración de la Autoridad Nacional mientras el cumplimiento de las demandas históricas de las sociedad palestina, reconocidas por el derecho internacional, se alejan todavía un poco más.

    “Responde a un llamamiento de la sociedad civil palestina”. Es un detalle que puede parecer irrelevante pero en el que se hace hincapié. ¿Por qué?

    Eso es muy importante, de las cuestiones más interesantes del movimiento BDS. El llamamiento al BDS nace de los propios palestinos y son ellos los que nos invitan a los que estamos fuera de Palestina, los que nos dicen qué podemos hacer, los que coordinan entre nosotros las campañas y las acciones. Nos enseña sobre todo que las iniciativas que vienen desde dentro de la sociedad palestina tienen una mayor trascendencia y trayectoria en términos de eficacia y solidaridad, pues están por encima de coyunturas políticas, a diferencia de los proyectos que hemos conocido durante la pasada década de las ONG y de grupos de distinto tipo, la mayoría desparecidos con la crisis y la falta de financiación. Es importante también porque rompe con determinados prejuicios que existen, incluso entre quienes miran con simpatía al mundo árabe, una suerte de mirada orientalista de los occidentales bienintencionados en la que intentamos imponer nuestras soluciones, dar nuestros consejos, sin escuchar y sin tener en cuenta que los que mejor saben lo que necesitan son los palestinos.

    El BDS “tiene tres objetivos: el fin de la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental; el cumplimiento del derecho al retorno de los refugiados; y la consecución de una ciudadanía igualitaria para los palestinos de Israel”. ¿Objetivos irrenunciables? ¿Factibles?

    Desde luego, son irrenunciables porque sin ellos no hay justicia. Y si no hay justicia no hay solución. Lo dice Raji Sourani [director del Centro Palestino de Derechos Humanos en Gaza], sin justicia la solución es imposible. También hay que decir que el BDS no da soluciones a cómo tenga que ser el Estado palestino, a si habrá dos Estados o un solo Estado binacional o un solo Estado sin diferenciaciones nacionales. Lo que pide es que se cumpla con el derecho internacional, y esto significa que acabe la ocupación de los Territorios Ocupados, tanto de Gaza como de Cisjordania como de Jerusalén Oriental, que la ciudadanía israelí sea igualitaria para los ciudadanos árabes de su Estado, pero también que acabe el apartheid que está practicando el gobierno israelí en Cisjordania a través de toda la legislación que se aplica a los ciudadanos palestinos, y que se cumpla con el derecho de los refugiados palestinos a volver a sus tierras, a sus casas, y a ser recompensados por todos estos años de desposesión. Sin eso, que es justicia ni más ni menos, que es pedir que se cumpla la legalidad y que la justicia impere, no puede haber solución. Son mínimos. A partir de ahí cómo se vehicule el futuro Estado, cómo se gestione, está por discutir, pero no es el fin de la actual campaña BDS.

    Desde la proclamación en 1948 del Estado de Israel hasta el presente ha habido guerras, intifadas, conversaciones llamadas de paz… Con independencia de los métodos, las consecuencias para los palestinos son invariables: siempre a peor. Empeoramiento de sus condiciones de vida, expansión territorial israelí y la consiguiente confiscación de tierras y de recursos naturales de las colonias, construcción del muro y consolidación de un sistema de apartheid, entre otras consecuencias. ¿Es el BDS la alternativa ciudadana a la inoperancia y el pragmatismo cínico de la política?

    Yo creo que sí. Una de las características más importantes del BDS es que se articula y funciona –aunque todo sea política– al margen de la política oficial y de los cauces que hasta ahora se han venido estableciendo. El BDS es interseccional, llama a toda la población. Podemos colaborar como consumidores, como comerciantes, como productores, como profesores, como intelectuales, como artistas… Se puede participar siendo palestino o no, a nivel personal o institucional, como ciudadano de a pie o como militante… Hay distintas campañas en marcha. Este funcionamiento en red es lo que desconcierta a la política tradicional de carácter jerárquico y estructurada verticalmente. El BDS nos llama a todos. Por un lado, el boicot lo podemos practicar todos. Por otro, las sanciones son algo que tiene que ver más con la legislación y la demanda de su cumplimiento, de modo que se exija a Israel que cumpla con el derecho internacional y que si no, se le aplique la propia legislación sancionadora. En cuanto a la desinversión, se centra en la capacidad de presión política y social que ésta tiene en una economía globalizada, de modo que Israel se vea forzado a cambiar sus políticas. Boicot, sanciones y desinversión entrelazados actúan como una especie de tentáculos que afectan a distintos ámbitos e implican a actores diversos, lo cual distingue y aleja el BDS de la política tradicional de los gobiernos, pues los protagonistas primeros siempre son los ciudadanos.

    El BDS no es un arma novedosa, y no sólo porque se aplicara en Sudáfrica. También los países árabes la han aplicado con anterioridad con Israel, por supuesto sus ciudadanos. De ello nos hablas en tu ensayo del libro. ¿Cómo fueron esos boicots precedentes y qué los diferencia del actual movimiento BDS?

    Precisamente esto de lo que estábamos hablando. El boicot de los Estados árabes viene marcado por la Liga Árabe, pero a pesar de que ésta sea un organismo supranacional, la aplicación del boicot dependía de la legislación de cada país. Si bien en un principio, en los años 50, tuvo cierta pujanza y se implementó de manera bastante exhaustiva, con el tiempo el boicot de la Liga Árabe fue perdiendo eficacia hasta prácticamente desaparecer, especialmente a raíz de los Acuerdos de Oslo, que supusieron un punto y aparte radical en demasiadas cuestiones de la historia palestina. La palabra que resume lo que sucedió es “normalización”, esto es, el intento, bajo la batuta de Estados Unidos, de naturalizar a Israel como un Estado legítimo en su entorno regional. La reacción, sobre todo en los países vecinos (Jordania, Egipto), fue la creación de movimientos antinormalización, en cierto modo, y sólo en cierto modo, antecedentes del actual BDS. A efectos de la actual campaña BDS, en el caso árabe, a diferencia de lo que sucede en el resto del mundo, esta historia previa de boicot institucional y su reacción en los movimientos antinormalización obliga a que el BDS deba articular respuestas específicas, pues además, al menos nominalmente, siguen existiendo en casi todos los países árabes boicots estatales a Israel. Por ejemplo, la Liga Árabe lanzó en el año 2006 unas nuevas directrices para reactivar el boicot, por supuesto con poco éxito. Es una situación un tanto paradójica en la que se mezcla la política institucionalizada, jerárquica, y la política horizontal, ciudadana, y desde mi punto de vista resulta especialmente interesante para comprender las relaciones de las sociedades árabes con sus regímenes.

    Damos por supuesto el apoyo de los pueblos árabes a sus hermanos palestinos, pero no es tan evidente en el caso de los gobiernos árabes por eso que se llama la realpolitik. Dices en el libro que muchas cosas murieron con los Acuerdos de Paz entre Egipto e Israel en 1978.

    Sí, porque el encuentro frente a frente en Camp David de los dos líderes, el egipcio Anwar el-Sadat y israelí Menájem Beguin, no solamente es una cuestión simbólica. Supuso además un cambio radical en la estrategia política que había liderado Egipto con el nasserismo en el Movimiento de Países No Alineados y del Tercer Mundo, en los años 50-60. Es importante por la quiebra que esto supone en Egipto y también en el resto de las sociedades árabes. En Egipto la población asumió la ruptura entre régimen y sociedad. Palestina es siempre, desde mi punto de vista, el pivote que permite medir o tantear o ver hacia dónde se está inclinando el resto de la política y las sociedades árabes. Hasta los 70 el nasserismo, aunque fuera de una manera autocrática, criticable, fallida en muchos aspectos, había aunado la voluntad política con la voluntad civil de la población. A partir de Camp David eso se rompe. Palestina sigue siendo una preocupación de la ciudadanía mientras que para el gobierno egipcio se trata de una cuestión de alta política que gestiona al margen de sus ciudadanos y que continuamente le separa de ellos. Algo que se ha dicho a raíz de la revolución de 2011, pero no se ha insistido lo suficiente, y es que la segunda intifada, la intifada de Al-Aqsa del año 2000, propició un movimiento de reorganización de la sociedad civil egipcia a favor de Palestina (algo que también tuvo lugar en Siria o en Argelia, por ejemplo) que articuló a la vez la convicción de que solamente desde la movilización civil se podía cambiar algo respecto a Palestina y, por añadidura, respecto a los propios gobiernos y a la situación concreta de cada Estado árabe.

    Después hablaremos de la reacción israelí al empuje del BDS pero, ¿cuáles son las estratagemas que Israel ha utilizado y utiliza, especialmente a nivel ciudadano pero también de Estados, para dificultar la aplicación práctica del boicot?

    Israel tiene enorme pericia y posibilidades internacionales para atacar el boicot. Algunas estrategias son difíciles de prever, pero otras son de repertorio. La más evidente viene siendo la acusación de antisemitismo a todo el que apoye el boicot, que es fácilmente rebatible puesto que el BDS nada tiene que ver con una cuestión de raza ni de etnia ni de religión, nada que tenga que ver con el judaísmo en sí sino con las políticas de un Estado, en este caso el de Israel. Esto se viene abajo cuando hay destacadísimos judíos en todo el mundo que apoyan la campaña BDS y acusan precisamente a Israel por la utilización del antisemitismo y de la memoria histórica del Holocausto en beneficio de una política estatal y en detrimento del pueblo judío y de su historia. Ahí está por ejemplo la filósofa estadounidense Judith Butler que en el libro responde con claridad a esta acusación. Y también lo contradicen los movimientos que apoyan el boicot desde dentro de Israel, organizaciones israelíes mayoritariamente judías, como Boycott From Within, fundamentales en la campaña BDS. La acusación de racismo, que es la más burda, es la primera que saca Israel a relucir cuando se ataca cualquiera de sus políticas, no sólo mediante el BDS. Otra de las cuestiones que el gobierno de Israel esgrime es que el boicot pretende acabar con el Estado de Israel en sí, puesto que, se dice, se ahogaría su economía. Pero la campaña BDS no tiene esa intención, lo que exige es que los productos de los Territorios Ocupados, si hablamos de economía, no puedan ser tratados como productos del Estado de Israel en la misma situación de igualdad jurídica a nivel de comercio internacional. La propia legislación israelí confunde los Territorios Ocupados que están directamente bajo su jurisdicción y que ya son más del 40% de Cisjordania con territorios propios. Aunque no estén anexionados de hecho lo están en la práctica legal, pues su producción pasa como producción israelí. Por eso el boicot a los productos de los Territorios Ocupados afecta necesariamente al comercio israelí en su conjunto, es el Estado de Israel el primero para el que esas fronteras no existen. Pero el boicot no pretende privar a los ciudadanos israelíes de la posibilidad de que los productos internacionales lleguen a Israel, es decir, simplificando, los ciudadanos israelíes no van a quedar desabastecidos, Israel no va a desaparecer por inanición, por decirlo de alguna manera, sino que lo que se tiene que resentir es la economía del ciudadano israelí que elige a sus gobiernos, los mismos que profundizan en las políticas de ocupación y apartheid.

    Sudáfrica no desapareció después del boicot.

    No, desde luego, como no lo hará Israel, aunque sí el Israel que hoy conocemos. Las tergiversaciones fáciles son las más efectivas a nivel de la opinión internacional, y sobre todo de la opinión interna israelí, que tiene que protagonizar también un cambio radical. Esta es una cuestión muy importante que tiene que ver con el llamado campo de la paz que se dice que existe dentro de Israel, el campo comprometido con la solución de dos Estados. Otra recriminación más sutil que las anteriores es que la presión que implica el boicot, con el rechazo a dialogar con los israelíes que no denuncien directamente la ocupación y se opongan a las políticas de su gobierno, también va contra ellos. Alegan que con el boicot se rompería la posibilidad de trazar puentes pero, como responde el propio Omar Barghouti [cofundador del BDS palestino], después de casi quince años de conversaciones y de negociaciones de paz, ¿qué ha hecho el campo de la paz israelí? ¿Qué ha conseguido? ¿Dónde está? Si realmente es necesario este diálogo, y además también es posible, cambiemos las bases. Partamos de la denuncia y empecemos después a dialogar. No se puede poner en el mismo nivel a la víctima y al verdugo. Hay que reconocer cuál es el estatuto de cada uno y a partir de ahí ver si con este nuevo comienzo es posible una solución, puesto que el diálogo por el diálogo y la relación de iguales lo único que hace es justificar y legitimar el statu quo de la situación actual de ocupación y de apartheid.

    BDS, Boicot, Sanciones y Desinversiones. Tres formas de acción para lograr esos objetivos antes señalados. Aunque sea en síntesis, ¿en qué se cifran esas tres formas de acción? ¿Cuáles son las líneas maestras de la acción BDS?

    El boicot en sí tiene varias campañas en marcha. Hay una que es el boicot comercial a los productos de los Territorios Ocupados y en general al comercio israelí. Se trata de no consumir, no comercializar y no importar productos que vengan de las colonias, de los asentamientos en Territorios Ocupados. Por añadidura, de empresas israelíes que no distinguen entre productos producidos dentro de Israel, el de las fronteras del 67, y en la Cisjordania ocupada. Son importantes los pasos que se están dando en la legislación europea para exigir que el etiquetado deje muy claro de dónde procede cada producto. Esto facilitaría el boicot de los consumidores.

    Existe también el boicot académico, que consiste en denunciar los convenios internacionales de intercambios científicos o docentes, o las actividades propias del mundo universitario, con instituciones o universidades israelíes en tanto que quienes participen en ellos no denuncien la ocupación y la política del Estado de Israel. En este sentido, lo más notable es el rechazo absoluto a cualquier tipo de contacto con la sede universitaria que está en Ariel, en una de las mayores colonias de Cisjordania, lo cual ya está bastante extendido. Insistimos siempre mucho en que el boicot académico no es un boicot contra las personas, es un boicot contra las instituciones. No nos negamos a compartir nuestros proyectos de investigación o a dar clase con profesores que vengan de una universidad israelí, siempre y cuando denuncien la ocupación y la financiación no venga de sus universidades, ni ellos lo hagan como representantes del sistema universitario israelí, porque hasta ahora la universidad israelí no se ha distanciado de la política de los sucesivos gobiernos israelíes respecto a la ocupación de territorios, no la ha denunciado e incluso colabora con proyectos de investigación en campos como el armamentístico o el agrícola que tienen las colonias y la extensión de la ocupación como protagonistas.

    Hay otro tipo de boicot muy importante, sobre todo por la trascendencia pública que tiene, que es el cultural y deportivo. Artistas, cantantes, cineastas… que rechazan actuar en Israel en tanto no cambie la política actual, algunos de cuyos testimonios recogemos en el libro: por ejemplo el del cineasta Ken Loach, el del antiguo líder de Pink Floyd, Roger Waters, el de escritores de renombre internacional que rechazan que sus libros se publiquen en grandes editoriales israelíes partícipes de lleno en el sistema de transmisión del sionismo como forma de conocimiento y visión del Estado de Israel, como por ejemplo Alice Walker, autora de El color púrpura, que explica por qué ella, que le encantaría que su obra estuviera traducida al hebreo, no va a aceptar que se publique en esas condiciones, o Naomi Klein detallando por qué eligió una editorial comprometida con el BDS. Continuamente se ponen en marcha distintas campañas y llamamientos que se pueden ir siguiendo en internet a través de la página del movimiento BDS.

    El boicot es una primera parte de las siglas BDS, que también acogen las desinversiones, algo más difícil de organizar en primera instancia porque se dirige a las decisiones financieras de Estados, organizaciones y empresas. Pero también en este sentido ha habido importantes avances. Hace diez años era imposible pensar que bancos como, por ejemplo, PGGM, una de las principales cajas de ahorro de Holanda, fueran a retirar sus inversiones de bancos israelíes, y sin embargo ha sucedido tras presiones de sus accionistas en coordinación con la campaña BDS. Otra cosa que ha sido muy importante, y que, como nos recuerda Aitor Hernández Carr en el libro, es un gran logro, es que en el nuevo programa marco I+D de la Unión Europea, que llega hasta el año 2020, llamado ‘Horizon 2020’, se haya introducido una cláusula específica en la que se exige que todos los convenios científicos que se hagan con Israel tienen que dejar claro que no va a haber relación con ningún tipo de instituciones u organismos israelíes en los Territorios Ocupados. Hay que decir que de forma global Israel es el primer beneficiario de los fondos de I+D de la Unión Europea, por encima de España o de cualquier otro Estado de la Unión, porque colabora como socio igualitario en multitud de proyectos de toda la Unión. Así que las cuestiones académicas no son solo de boicot, como se ve, también este tipo de desinversión económica es fundamental.

    Las sanciones, tercera parte de la sigla BDS, son una herramienta jurídica indispensable y ahí el papel de los políticos profesionales es fundamental, pues en ellos recae en última instancia la presión para actuar a través de la legalidad internacional. Hasta ahora las sanciones a Israel por su incumplimiento sistemático del derecho internacional no han existido, por más que se hayan puesto en marcha campañas que, sobre todo, han dado a conocer a la opinión pública lo que está sucediendo, como la sentencia no vinculante del Tribunal de la Haya sobre la ilegalidad del Muro de Cisjordania o los procesos judiciales abiertos en Europa, incluida España, contra algunos militares israelíes por su implicación en la operación ‘Plomo fundido’. Las sanciones por el incumplimiento de la legalidad internacional sería el tercer eslabón de esta cadena BDS. Yo creo que hay que ser optimistas porque del boicot inicial hemos llegado a las desinversiones, que están empezando a funcionar. ¿Llegaremos a las sanciones? Para ello es importante también ver qué va a suceder con la Autoridad Nacional, hacia dónde va a ir. ¿Realmente va a buscar su futuro en implicarse en todos los organismos internacionales y en poner en marcha las posibilidades que tiene en la actualidad al haber sido reconocida Palestina como Estado observador dentro de la Asamblea General de Naciones Unidas, o va a seguir en este juego de “amagar y no dar” que no tiene futuro?

    El boicot fue una herramienta fundamental para acabar con el apartheid en Sudáfrica, gran referente y motivador de esta acción para acabar con la ocupación y el apartheid israelí. Ambas situaciones, de ello se habla en el libro, tienen sus diferencias y sus muchas semejanzas, ¿cuáles son las diferencias de seguimiento y fuerza del BDS a Israel a día de hoy comparadas con el BDS a Sudáfrica en su momento de máximo apogeo? ¿Cuán lejos está una acción de lo que logró la otra?

    A nivel de apoyo internacional estamos desde luego muy lejos todavía, pero también hay que decir que hemos ido mucho más deprisa que en la experiencia de Sudáfrica. En ese caso pasaron veinticinco, treinta años, hasta llegar a un consenso internacional sobre la necesidad de acabar con el apartheid y la importancia del boicot para que eso sucediera. Ahora se cumplen diez años desde que en 2004 se lanzó la campaña BDS, en Ramallah. Su comité de coordinación está en contacto y trabaja de forma fluida con los líderes del boicot sudafricano. El BDS es una campaña que aprende de lo que pasó en Sudáfrica pero que también ve las diferencias y se distancia de la mera copia de modelos de manera acrítica. En Sudáfrica la caída del régimen del apartheid se debió fundamentalmente a una cuestión económica. El apartheid ya no era rentable y, al no serlo, desde dentro de la propia sociedad sudafricana blanca se consideró, llegado un momento, que aquello tenía que acabar. Esta situación no es exactamente igual en el caso de Israel. Sí es muy importante que la sociedad israelí se dé cuenta de que la situación actual no se puede mantener, de que esta política de aniquilación del pueblo palestino y de absorción de todos sus recursos, incluido el territorio, no tiene futuro, no tiene posibilidades, que la población palestina está ahí, que los palestinos no se van a marchar y que la comunidad internacional ya no es como en el año 1948, que pudo ignorar la limpieza étnica de entonces. El fin del apartheid y de la ocupación –y de esto hablan en el libro [el profesor de sociología] Ran Greenstein, que es sudafricano, y [el economista] Shir Hever, que es israelí– no será tanto una cuestión económica como política, no será sólo el ahogo económico el que haga cambiar a los israelíes de dentro sino tal vez algo así como el ahogo identitario, el ahogo, fruto entre otras cosas de la presión internacional, por la imagen en negativo de la historia del Estado de Israel, de lo que quiso ser y del futuro que le aguarda como Estado paria. Hay otro factor también muy importante que distingue el BDS por Palestina del caso del boicot sudafricano, y en el libro hay varias intervenciones en este sentido, con artículos en relación con el movimiento sindical europeo, la lucha altermundista en la India o la industria penitenciaria en Estados Unidos.

    Se trata de la complicidad del BDS con otros movimientos locales de carácter alternativo, movimientos de reivindicación de nuevas políticas y del fin de determinadas prácticas económicas. Eso es algo importantísimo, el carácter interseccional de la lucha del BDS con otras luchas y otras reivindicaciones que se están produciendo ahora mismo en el resto del mundo. Desde mi punto de vista, en buena medida es donde se juega su futuro el BDS. Si se consigue aunar estas luchas y mostrar cómo la batalla por la justicia tiene que ser transversal, que no puede quedarse localizada en un espacio, en una historia, en una causa cerrada, por más que la de Palestina en el año 2014, sino reclamar que la justicia o es universal o no lo es, en palabras de Raji Sourani, eso hará que el BDS siga adelante con más fuerza y que más bien antes que después veamos resultados.

    Estás particularmente involucrada dentro de la vertiente académica del BDS. ¿Cuál es su situación a día de hoy? ¿Qué grado de adhesión ha logrado entre la comunidad universitaria y qué queda por lograr en ese ámbito?

    Nos queda mucho, por supuesto, pero también hemos avanzado bastante deprisa en el último año. A nivel estatal los profesores universitarios de las distintas comunidades autónomas nos organizamos en el año 2011 en la Plataforma Estatal por el Boicot Académico a Israel. Este año en el mes de febrero hemos lanzado una campaña de recogida de firmas en apoyo del manifiesto del BDS Académico y, para nuestra sorpresa, en muy pocas semanas hemos recogido ochocientas firmas de profesores, casi cuatro mil de estudiantes y cien de personal de administración y servicios y, sobre todo, hemos conseguido que poco a poco sea una cuestión que pase a discutirse en los órganos administrativos de las universidades, en los departamentos, las facultades y los sindicatos. Hemos descubierto que el apoyo, cuando se empieza a explicar el sentido del BDS y cuáles son los objetivos, es mucho mayor del que esperábamos. Estamos acabando de perfilar para el día 15 de mayo, el día de la Nakba [conmemoración de la “catástrofe» de la limpieza étnica de Palestina], la presentación de la campaña y de los apoyos que ha recibido a los responsables de política universitaria de las distintas administraciones, así como las actuaciones que solicitamos de ellos, en consonancia lo que he comentado a propósito de la campaña general de boicot académico. Por otra parte, a modo de ejemplo práctico de una reciente actuación de BDS académico, los compañeros de la Universidad de Vic han lanzado la campaña “Complicitats que maten” en la que denuncian el convenio que ha firmado la universidad con el Instituto Technion de Israel, que bajo el paraguas de la cooperación científico-médica encubre el reconocimiento de una institución que colabora directamente al mantenimiento de la ocupación.

    También existe una red de boicot académico coordinada a nivel europeo, la EPACBI, en la que estamos integrados, y al mismo tiempo estamos en estrecho contacto con lo que está pasando en Estados Unidos, pues en el último año el BDS académico se ha extendido allí de una manera impensable. Si en Estados Unidos, donde la presión de los intereses de Israel es fortísima, ha sido posible que la mayor asociación de académica del país, la American Studies Association, haya apoyado el boicot, creemos que en España, donde el movimiento de solidaridad con Palestina tiene un largo recorrido, se puede llegar a conseguir que el boicot sea algo generalizado dentro del mundo universitario. Creo que la universidad será, y así debería ser, uno de los primeros espacios de generalización del BDS.

    Y en esos contactos persona a persona, compañero a compañera, ¿cuáles son los mayores prejuicios a los que se enfrenta la campaña BDS a la hora de sumar compromisos?

    Yo diría que el desconocimiento. No es tanto la animadversión ideológica hacia lo que implica un boicot o las posiciones políticas de cada uno, sino el desconocimiento de la historia de Palestina e Israel por un lado, y el desconocimiento de la legislación internacional por otro; y también el desconocimiento, en general, de la pluralidad y de la vitalidad de la sociedad palestina. Se conocen, para bien o para mal, los estereotipos sobre Israel como representante del pueblo judío, los milagros que se han producido con la fundación del Estado “en una tierra sin gente”, “el desierto que florece”, “la única democracia de Oriente Medio”… Toda esa publicidad, la marca Israel que es muy potente y que no se ha visto contrarrestada por el lado palestino. Por un lado está esta ignorancia. Cuando se rompe con la barrera de la ignorancia, cuando se empieza a entender lo que pasa… sobre todo en el mundo universitario, en que, además, cada uno tiene su especialidad. Lo que decíamos de la transversalidad es fácilmente aplicable a la universidad, pues hay que mostrar que la ocupación y el apartheid no es solamente una cuestión política, histórica o social, sino arquitectónica, agroalimentaria o médica, por poner algunos ejemplos. Si a cada uno se le explica con lo que le resulta más cercano, las barreras empiezan a romperse. Boca a boca, persona a persona, sí, pero vuelvo a decir lo que comentaba al comienzo sobre la lógica del BDS: la política ahora no tiene otra vía, la forma clásica, vertical, ha caducado, ya no sólo en Israel y Palestina, sino un poco en todas partes, como estamos viendo con la crisis a todos los niveles en Europa, por no ir más lejos.

    Scarlett Johansson y su affaire con Oxfam y SodaStream han dado un impulso publicitario quizá más que efectivo al BDS. La administración Netanyahu parece haberse puesto algo nerviosa, incluso recibió una advertencia al respecto de John Kerry. ¿Empieza a inquietar el BDS a la administración israelí? ¿Hay ya un contraataque específico más allá de la rutinaria hasbara [propaganda]?

    Sí, claro que sí. De hecho ya está tramitada en el Parlamento israelí la ley antiboicot que va a convertir en criminal, y se le va a poder perseguir por la vía penal, a cualquier ciudadano que apoye la campaña BDS. Pero si el gobierno israelí no respondiera y no reaccionara, es que no estaría funcionando el BDS. Así que el BDS va por el buen camino. Pero eso también está haciendo que dentro de la propia sociedad israelí empiece a haber personas que se replantean qué es el BDS, que empiezan a considerar que puede ser una estrategia útil para salvar, precisamente por propio interés, Israel como sociedad democrática y Estado de derecho, o que por lo menos pueda serlo. En el libro recogemos un artículo de Gideon Levy, uno de los más importantes periodistas israelíes, en el que públicamente manifiesta su apoyo al BDS y explica cómo lo hace por una cuestión egoísta y de interés como israelí y como judío, por el bien del Estado de Israel. Hay que reconocer el coraje que hay que tener para hacer esto dado el carácter tribal, como él mismo dice, de la sociedad israelí. Apoyar públicamente el BDS supone romper la última frontera y salirse por completo de la tribu. Pero que el gobierno de Israel esté empezando a plantearse políticas concretas, no sólo esta legislativa que hemos mencionado sino también políticas de hasbara específicas contra el BDS con consignas a sus embajadas, significa que el BDS funciona y que es una estrategia adecuada. El propio movimiento creará sus mecanismos de respuesta e irá reaccionando. Está bien que sea así, pues el BDS no es algo estanco, monolítico, el BDS siempre está en marcha.

     

    Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, a su vez sección de ‘Carne Cruda 2.0’ que dirige Javier Gallego en la Cadena SER (antes en RNE3). Colabora con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

     

    Fuente: Luz Gómez: “Sin justicia ni legalidad no puede haber solución para Palestina”, Carlos Pérez Cruz, El asombrario & Co., 26/04/2014.

  • Carmel y Mohammed, la vida en Gaza

    Carmel y Mohammed, la vida en Gaza

    Isabel Pérez, periodista residente en Gaza, creó este vídeo para explicar a las y los niños de un colegio de Zaragoza cómo era la vida en Gaza. A través de la mirada de Carmel y Mohammed, dos niños palestinos de 8 y 10 años que viven en la Franja, recorremos las difíciles situaciones que deben enfrentar cada día debido al bloqueo israelí.
     

    Carmel y Mohammed son dos niños palestinos que viven en la Franja de Gaza. Carmel es una niña de 8 años que vive con su familia en un apartamento en la ciudad de Gaza. Su mamá es argelina y es una de las miles de personas que no pueden salir de la Franja para visitar a su familia debido al bloqueo israelí. Quieren construir una casa en los campos de su familia, al norte de la Franja, pero no pueden porque no entra cemento ni el resto del material de construcción debido al mencionado bloqueo.

    Mohammed es un niño de 10 años que vive con su familia y su abuela en el campo de refugiados de Jabalia. Le gusta mucho la música y siempre pregunta por sus antepasados que vivían en una casa con tierras agrícolas y no eran pobres como ellos son ahora. Es la representación del derecho al retorno de los refugiados palestinos que fueron expulsados en 1948 de sus hogares por los sionistas que hoy continúan construyendo Israel sobre territorio palestino ocupado.

    Este vídeo fue creado, inicialmente, para los niños y niñas del colegio Ferrer de La Llana, en Ejea de los Caballeros. Querían conocer la vida en la Franja de Gaza y ¿qué mejor manera de hacerlo sino dejando que niños de la Franja lo cuenten ante la cámara? Este proyecto se ha realizado gracias a la desinteresada colaboración de PMP, Palestine Media Production, en Gaza, que ha dejado gratuitamente las cámaras y el equipo de edición. Tampoco hubiera sido posible sin los niños, entregados y muy atentos en todo momento durante el rodaje.

    El cese de los derechos de autor para utilizar la canción Huelga en la escuela del gran maestro Marcel Khalife, compositor y músico libanés, ha hecho posible la banda sonora de estos minutos de filme documental. Por favor, no dudéis en compartir el video. En cualquier momento podéis poneros en contacto con la directora a través del email: perezperez[arroba]yahoo.es.

    Sobre la directora

    Isabel Pérez es una periodista que vive y trabaja en la Franja de Gaza desde enero de 2013. La co-dirección corre a cuenta de su compañero, Mussa’ab Bashir, natural de la Franja, periodista y traductor. Isabel trabaja para la cadena de televisión HispanTV y colabora para varios medios como Eldiario.es o Periódico Diagonal. Desde 2007 ha vivido en Oriente Medio, en países como Egipto o Irán. Ha sido profesora de español en diferentes institutos Cervantes. Ha realizado estudios sobre Islam y Mundo Árabe, lengua árabe y persa, así como Periodismo de Paz bajo la batuta del reportero Jake Lynch, del Centro para Estudios de Paz y Conflictos de la Universidad de Sidney, Australia.

    El blog personal de Isabel es gazeitunas.wordpress.com.

  • Una app que promueve el boicot a Israel: el móvil como altavoz de la causa palestina

    Una app que promueve el boicot a Israel: el móvil como altavoz de la causa palestina

    Lucía El Asri para Yorokobu.
    Las nuevas tecnologías se han convertido en una nueva aliada para las reivindicaciones pacíficas del pueblo palestino. La primera sigla de la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) pronto podrá ponerse en práctica desde el móvil gracias a una sencilla aplicación.
    BDS app
    BDS app‘, una aplicación que promueve el boicot a Israel dentro de la campaña BDS.

    «Todas las formas pacíficas de intervención internacional, hasta el momento, han fallado a la hora de convencer a Israel de que cumpla con la legislación humanitaria, respete los derechos humanos fundamentales y termine con la ocupación y opresión del pueblo palestino», explica a esta web Maren Mantovani, integrante de la secretaría del Comité Nacional Palestino de BDS.

    Según ella, esta campaña es una medida necesaria y eficaz para acabar con la «impunidad» de Israel. Quienes apoyan la iniciativa consideran que el Estado tiene la obligación de reconocer el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación.

    «En estos momentos solo existen dos alternativas para frenar la ocupación», afirma Sergio Yahni, argentino de origen judío que vive en Israel y codirige el Alternative Information Centre. «Una es la acción no violenta de resistencia popular y la otra es el choque violento». Según Yahni, la BDS es uno de los «pocos elementos no violentos» que quedan para ejercer presión y cambiar la política israelí «que afecta tanto a palestinos como a ciudadanos israelíes».

    La campaña de boicot, desinversiones y sanciones nace en 2005 como una forma de dar respuesta a la falta de atención de la comunidad internacional sobre lo que ocurre en Palestina, relata Javier Díaz Muriana, que trabajó para la BDS desde el terreno. «La legalidad internacional no se aplica a Israel. Así que los palestinos decidieron hacer un llamamiento inspirándose en el ejemplo del pueblo sudafricano contra el apartheid», asegura.

    Con ella, se insta a grandes multinacionales y a gobiernos a dejar de invertir «en un país que no respeta los derechos humanos y que se aprovecha de ello para hacer negocio». También se llama al boicot cultural, económico, deportivo –utilizando especialmente la fuerza del fútbol–, sindical y académico (este último ha llenado titulares tras la adhesión del reconocido científico Stephen Hawking).

    bdsapp04

    El boicot, en un clic

    Quienes estén de acuerdo con la campaña de BDS pronto podrán hacerlo también desde su smartphone a través de la ‘BDS app’. ¿Para qué servirá? La información que existe actualmente sobre la aplicación aún es escasa, pero su objetivo es claro: permitir que cualquier persona, gente común no conectada con la política, pueda contribuir al movimiento de una forma más social. Y favorecer, especialmente, que esa contribución se lleve a cabo por parte de quien consume el producto.

    Contendrá una base de datos con los nombres de las marcas y productos que, a ojos de quienes apoyan la campaña BDS, deberían ser boicoteados. Pero lo más destacado es que vendrá equipada con un escáner para código de barras. Cualquier consumidor podrá pasar el código de barras de los productos que va a adquirir por el lector de su móvil, y, de esta forma, la app identificará rápidamente qué elementos de su lista de la compra están dentro del boicot de BDS.

    Información detallada de las marcas

    bdsapp01bdsapp02La francesa Veolia, la israelí Mekorot –«que es responsable del apartheid de agua de Israel y del robo de este recurso natural a los palestinos»–, Elbit –empresa armamentística israelí y símbolo de la construcción del muro– o SodaStream y Ahava o Premier –ambas localizadas en las colonias–, estarán recogidas y catalogadas dentro de la aplicación, según Marem Mantovani. Quien no conozca los motivos solo tendrá que repasar la documentación recogida en la app, lo que favorecerá la creación de un espacio donde conversar e involucrar al público en el debate sobre la situación en Palestina.

    Ilan Pappé, activista y pensador israelí de reconocido prestigio internacional, comenta a esta web que una aplicación como esta puede ser muy útil para Palestina. «Creo que es muy importante contar lo que está ocurriendo a través de este tipo de mecanismos. Al igual que utilizando internet, Youtube, Twitter o Facebook», concluye.

    ¿Una aplicación efectiva?

    Sete Ruiz, miembro de BDS en Madrid, cree que una aplicación de este tipo puede ayudar a que la campaña llegue a más gente. «Yo me la instalaré en cuanto salga, aunque solo sea por hacer una valoración», asegura. Su efectividad, considera, dependerá de la visión que tenga la gente sobre la propia campaña y el trabajo que realizan sus promotores.

    Javier Díaz Muriana advierte de que este tipo de herramientas no son «un fin en sí mismas, sino un medio para alcanzar algo», pero afirma que una sencilla aplicación como esta «siempre te recuerda que está pasando algo al otro lado del mundo, y que la estrategia definida para ayudar al pueblo palestino es el boicot». «Tenerlo en el móvil puede facilitar la interiorización del mensaje», añade.

    Incluso puede servir ya no solo para reducir el apoyo a este tipo de compañías, sino también para «construir una cultura global de resistencia y solidaridad». Al menos esa es la opinión de Joe Catron, reconocido activista americano de BDS que reside en Gaza. «La ‘BDS app’ difundirá la esencia de la campaña como un sentimiento popular y como una estrategia económica», añade.

    BDS, imposible sin tecnología

    Marem Mantovani lo tiene claro: «el nuevo movimiento de solidaridad con Palestina, que se reformó con la segunda intifada, es impensable sin tecnología». Y esa tecnología va desde la comunicación habitual entre activistas de distintos continentes hasta los mecanismos de difusión. Catron considera que una aplicación para hacer el boicot, «así como los actuales modos de comunicación online como Facebook y Twittter, ayudan a los activistas y defensores de una causa a mantenerse informados, así como a estar en contacto e inspirados».

    Tanto si el boicot se hace de una forma tradicional, como si se ayuda de elementos tecnológicos para intentar ser más efectivo y llegar a más gente, la campaña habrá cumplido su objetivo cuando se consiga poner «fin a la colonización, se desmantele el muro, se reintegren en los territorios a los palestinos del 48 y se tenga en cuenta el derecho de los refugiados al retorno», sentencia Díaz Muriana.

    Díaz Muriana explica que buena parte del camino ya está andado. A su juicio, el éxito de esta campaña en tan poco tiempo es mucho mayor que el que se consiguió en Sudáfrica. «Hace diez años este trabajo era muy incipiente, se entendía como una suerte de amenaza cuyo funcionamiento la gente no entendía y, sin embargo, el tema del boicot va a ser discutido dentro de pocos días en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU», añade Sergio Yahni.

    Según Yahni, internet ha servido para acelerar drásticamente el desarrollo de la iniciativa. Un buen ejemplo lo tuvimos hace apenas unas semanas con el boicot contra la actriz Scarlett Johansson, que protagonizó un polémico anuncio de la empresa SodaStream, duramente criticado por activistas propalestinos. En este caso, la presión de la campaña BDS a través de internet favoreció que la actriz abandonara, por «diferencias de opinión», su labor en la ONG Oxfam.

    ¿Será útil la ‘BDS app’?, se pregunta Yahni. «Cuando salga a la luz ya probaremos si realmente sirve o no a los objetivos de la BDS». Ahora sólo les resta esperar.

     

    Fuente: Una app que promueve el boicot a Israel: el móvil como altavoz de la causa palestina, 4/4/2014, Yorokobu.

  • 30 de marzo: Día de la Tierra Palestina

    30 de marzo: Día de la Tierra Palestina

    Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP-BDS).
    Día de la Tierra Palestina 2014. RESCOP-BDS.
    Día de la Tierra Palestina 2014. RESCOP-BDS.

    El 30 de marzo de 1976, la sociedad palestina convocó una huelga general en protesta por el continuo robo de sus tierras por Israel. El Ejército sionista asesinó a siete jóvenes palestinos con «ciudadanía israelí» que se manifestaban para detener la confiscación de 21.000 dunums (2.100 hectáreas) de tierras palestinas por Israel con el fin de construir colonias para judíos y un campo de entrenamiento militar. Desde entonces, cada 30 de marzo se conmemora la lucha del pueblo palestino plantando un olivo en señal de reivindicación de los derechos legítimos del pueblo palestino sobre la Tierra Palestina y el derecho al retorno.

    El proceso de colonización y limpieza étnica de la Tierra Palestina no ha cesado desde entonces. 37 años después, Israel ha expandido sus colonias ilegales a todos los territorios palestinos ocupados, utilizando para ello todo tipo de infraestructuras militares y civiles, como el horrendo Muro del Apartheid, las colonias ilegales y las leyes racistas. Ha privado de acceso a sus tierras y obligado a abandonar sus casas a decenas de miles de familias palestinas, incluyendo en Jerusalén Este.

    En Israel, los palestinos y palestinas con ciudadanía israelí son discriminados. No han podido retornar a sus pueblos y muchos de ellos aún viven en pueblos no reconocidos sin servicios públicos de ningún tipo. Las familias beduinas son hostigadas y desplazadas a la fuerza. Todas estas prácticas contravienen la legislación internacional y los Derechos Humanos y han sido condenadas por Naciones Unidas.

    En el Día de la Tierra Palestina, la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP-BDS) y las 40 ONG, comités de solidaridad y grupos BDS que la componen, queremos:

    RECORDAR que aunque no sean noticia en los medios de comunicación, la colonización de Palestina, las demoliciones de casas e infraestructuras, la usurpación de tierras y el pillaje de recursos palestinos, no han cesado ni disminuido desde el inicio de las supuestas negociaciones de paz lideradas por Estados Unidos, que han demostrado tener un impacto nulo en las políticas de ocupación y Apartheid israelíes. De la misma manera, Israel sigue cometiendo violaciones de derechos humanos contra el pueblo palestino: asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y un largo etcétera.

    DEMANDAR a los gobiernos central, autonómicos y locales, y a sus parlamentos que tomen todas las medidas a su alcance para sancionar a Israel por sus crímenes y su vulneración del Derecho Humanitario Internacional, parando la eliminación de la jurisdicción universal contenida en la reforma del Código Penal, prohibiendo el acceso de los productos de los asentamientos ilegales a nuestros territorios, y cesando todo tipo de comercio de armas y cooperación policial y militar con Israel.

    LLAMAR a la ciudadanía, movimientos y organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos, artistas, personal académico, y tejido empresarial y a las personas que trabajan en el sector agrícola, que se adhieran a la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel.

    INSTAR a ADIF y otras empresas comercializadoras que cierren los puestos de cosméticos Premier en las estaciones de Atocha y Sants así como en los mercados y centros comerciales. Son productos fabricados ilegalmente en territorio palestino por una empresa israelí que los etiqueta como fabricados en Israel engañando así a los consumidores y consumidoras del Estado español.

    ¡Apoya la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel!
    ¡No a la ocupación del territorio palestino! ¡No a la complicidad con el colonialismo y el Apartheid israelíes! ¡Por el fin de las colonias! ¡Por el derecho al retorno de todos y todas las refugiadas palestinas!

     

    Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP-BDS). Consulta las actividades en diversas ciudades su página web.

  • Libro: BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes

    Libro: BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes

    Un libro sobre la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra la política de ocupación ilegal de territorios y el apartheid de la población palestina ejercidos por los gobiernos del Estado israelí. Una campaña cívica de alcance mundial que, al igual que la llevada a cabo contra el apartheid sudafricano, se propone acabar con las desastrosas políticas contrarias a los derechos humanos fundamentales de los sucesivos gobiernos israelíes con la complicidad de las grandes potencias.

    En edición de Luz Gómez, con la participación, por orden alfabético de Frank Barat, Omar Barghouti, Ramzy Baroud, John Berger, Judith Butler, Angela Davis, Richard Falk, Daniel Gil, Luz Gómez, Héctor Grad, Ran Greenstein, Aitor Hernández, Stéphane Hessel, Shir Hever, Ayesha Kidwai, Naomi Klein, Gideon Levy, Ken Loach, Haneen Maikey, José Luis Moragues, Ilan Pappé, Prabir Purkayastha, Raji Sourani, Magali Thill, Desmond Tutu, Alice Walker, Roger Waters y Slavoj Žižek.

    Presentación de Luz Gómez (editora)

    Libro BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes.
    Libro BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes, editado por Luz Gómez. Colección Disenso.

    El llamamiento de la sociedad palestina al Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (2005) se halla en un punto de inflexión. A la vez que la ocupación y el apartheid se han ido agudizando en estos años, se ha consolidado la campaña internacional para presionar a Israel a través del boicot económico, académico y cultural. La Operación Plomo Fundido contra Gaza del invierno de 2008-2009 y la parálisis de la Autoridad Nacional Palestina han hecho posible el cambio de mentalidad en la solidaridad con Palestina. La sociedad civil internacional ha respondido al llamamiento palestino. El BDS se ha convertido en un instrumento eficaz de movilización social y presión política contra la permisividad de los Gobiernos con la ocupación y el apartheid israelíes. El avance del BDS supone la recuperación de una forma de entender la política y la solidaridad ya practicada contra el apartheid de Sudáfrica, pero arrinconada con el triunfo voraz del neoliberalismo en los últimos veinticinco años.

    Lejos de avanzar en una solución que dé respuesta a los derechos de los palestinos reconocidos por Naciones Unidas, Israel ha seguido incumpliendo de forma sistemática todas sus obligaciones como potencia ocupante y como Estado de derecho para todos sus ciudadanos, incluidos los israelíes no judíos. El desprecio a las resoluciones de la ONU ha llegado al punto de que han dejado de ser la referencia en las llamadas «conversaciones de paz». Más colonias, más apartheid, más represión y violencia viene siendo la respuesta israelí a todo intento negociador. A esta realidad oficial se opone la petición de justicia y dignidad, objetivo del movimiento BDS. Sus medios, sean el boicot, las desinversiones económicas o las sanciones internacionales, no son un fin en sí mismos, sino que su verdadero fin es que se acabe el BDS: si el BDS triunfa, está condenado a desaparecer.

    No ha llegado aún ese momento, pero sí está claro que ya no hay marcha atrás. Hace diez años la comunidad universitaria occidental acogió con cierta condescendencia el llamamiento al boicot académico de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI), pero a finales de 2013 varios sindicatos universitarios y asociaciones científicas, incluida la poderosa American Studies Association, han dado su apoyo expreso al BDS. Hace cinco años, antes de la guerra de Gaza, ninguna caja de ahorros, y menos aún holandesa, hubiera pensado en retirar sus inversiones en los bancos israelíes por operar indistintamente en Israel y los territorios ocupados; PGGM lo ha hecho en 2013 invocando su «responsabilidad social». Hace tan solo dos años era inimaginable que Alemania, como anunció su Gobierno en enero de 2014, bloqueara su financiación a instituciones y empresas ubicadas en las colonias de Cisjordania y Jerusalén Oriental. Es más, hace apenas un año el boicot era un tema tabú en los grandes medios de comunicación occidentales. El affaire Scarlett Johansson/Oxfam, denunciado masivamente en las redes sociales, ha acabado arrastrando a la prensa y la televisión al debate, y ha popularizado el BDS. Hasta el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, ha avisado a Israel de que el boicot será imparable si no se presta al acuerdo en la enésima ronda de negociaciones de paz.

    Este libro presenta colaboraciones que reflejan, desde distintas perspectivas, las «formas de desposesión polivalentes» de la ocupación israelí de Palestina. Nuestra pretensión ha sido no solo contar la historia, el sentido y las prácticas del movimiento BDS, sino mostrar además el carácter transversal de la lucha por la justicia en Palestina, que el BDS vehicula. Es un libro con análisis, reflexiones y testimonios de autores palestinos e israelíes, pero también europeos, norteamericanos, sudafricanos e indios, y ha sido posible gracias a la colaboración desinteresada de todos ellos. Algunas contribuciones han aparecido con anterioridad en publicaciones digitales o en otras lenguas, como se recoge en el apartado de créditos.

    Distintas personas han contribuido de un modo u otro a este proyecto. No podemos dejar de mencionar a Jorge Gimeno, que vio su necesidad cuando nada parecía hacerlo viable, e insistió en ella. Y, sobre todo, a los compañeros de Autónom@s por Palestina, el grupo BDS de la Universidad Autónoma de Madrid, que tiene la suerte de contar entre sus miembros con Héctor Grad, Laura Galián y Fernando García Burillo. Sin todos ellos el libro no hubiera salido adelante.

    La lucha contra el racismo y la segregación no conoce fronteras ni excepciones históricas. La justicia, como dice siempre Raji Sourani, o es universal o no existe. Para recordarlo y que se cumpla en Palestina, el BDS está en marcha.

    Libro: BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes
    Libro BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes. Colección Disenso, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

     

    Fuente y más información: Colección Disenso, de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
    Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP).

    Mira el índice del libro en pdf.