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Autor: BoicotIsrael

  • Naomi Klein sobre el boicot a Israel

    Naomi Klein sobre el boicot a Israel

    Naomi Klein muestra cómo boicotear a Israel sin cortar el diálogo sobre Palestina

    Cecilie Surasky
    AlterNet

    Traducido para Rebelión por S. Seguí.

    Pocas campañas sobre un tema de justicia global son más polarizadoras, incluso explosivas, que el intento de utilizar el boicot, la desinversión y las sanciones internacionales para presionar a Israel a fin de que ponga fin a la ocupación, tras 42 años, de los territorios palestinos.

    Pregúntenle a Neve Gordon.

    Recientemente, Gordon, jefe del departamento de Ciencias Políticas en la Universidad Ben Gurión y veterano activista por la paz, publicó un desgarrador artículo de opinión en el diario Los Angeles Times, haciendo suyo el llamamiento palestino al boicot, la desinversión y las sanciones (BDS).

    Después de oponerse inicialmente a esta táctica, se convenció de su utilidad y escribió que la presión externa «es la única manera de salvar a Israel de sí mismo.»

    Gordon estaba preparado para una reacción, pero no para la que ha sufrido en las últimas semanas: miembros del parlamento israelí, el Knesset, pidieron su inmediata destitución; el ministro de Educación calificó su artículo de repugnante; y la presidenta de su universidad lo puso a los pies de los caballos, cuando afirmó que invitaba a las personalidades académicas que tengan estos sentimientos a que se busquen un hogar académico y personal en otro lugar. Más tarde, dio a entender que las declaraciones de Gordon podrían constituir un acto de traición. Evidentemente, la estrategia del BDS, que fue parte de la llamada estrategia de Sudáfrica, traza una línea en la arena para muchos que creen que ejercer la presión económica sobre Israel es necesariamente antijudío.

    Sin embargo, para sus precursores el BDS es una táctica no violenta que ha demostrado su validez y que puede presionar a Israel para que acate el derecho internacional y así lograr un impacto en un ámbito en que los esfuerzos de diversos gobiernos han fracasado miserablemente.

    Aunque la sociedad civil palestina hizo el llamamiento al BDS en 2005, este movimiento tomó impulso tras el brutal ataque de Israel a Gaza el pasado diciembre y enero.

    Ahora es innegable que sigue creciendo, especialmente en el mundo de la creación. Autores consagrados como John Berger, Eduardo Galeano y Adrienne Rich lo han apoyado, y los festivales de cine de Israel se enfrentan a una sucesión de boicots.

    El anuncio reciente de que el Toronto International Film Festival va a dedicar una sección especial Ciudad a ciudad en honor de Tel Aviv amenaza con convertir el segundo festival de cine más importante del mundo (después del de Cannes) en sede de airadas protestas.

    Una de las figuras de más alto perfil que ha apoyado la convocatoria del BDS es la escritora y activista canadiense Naomi Klein, que suele reunir multitudes y gran cobertura mediática, y altas ventas de sus libros en sus viajes de promoción de sus obras.

    En el momento de publicar su ultimo superventas, The Shock Doctrine, en hebreo y árabe, Klein decidió que la situación política en Israel y Palestina exigía un enfoque radicalmente diferente.

    En oposición a la ocupación de Israel, Naomi decidió no firmar un contrato de publicación tradicional, con sus anticipos y sus derechos de autor. En su lugar, donó el libro a Andalus, una editorial que trabaja activamente contra la ocupación. Es el único editor de Israel dedicado exclusivamente a la traducción de textos del árabe al hebreo, algo que su fundador Yael Lerer describe como «la política editorial entendida como un acto de resistencia».

    Klein y Lerer también decidieron emprender una gira promocional que hiciese honor a la llamada de los palestinos en favor de un boicot cultural contra Israel, y que a la vez mostrase que el boicot no implica cortar la comunicación y el diálogo, tan necesarios.

    Con estas premisas, Klein y Lerer aprovecharon la gira para llamar la atención sobre el boicot y la lucha palestina, y para provocar un diálogo interno, en Israel, sobre el boicot como modo de presionar a este país para que cumpla con el derecho internacional.

    El mes pasado, en Tel Aviv, me senté con Klein y Lerer para preguntarles acerca de los objetivos, el significado y los detalles concretos de la aplicación de un boicot cultural, y también por qué Lerer, un judío israelí, está diciendo al mundo: «Por favor, boicotéenme.»

    He aquí algunos extractos de esa entrevista. – Cecilia Surasky

    ________________________

    Cecilie Surasky: ¿Qué es esta llamada al boicot, la desinversión y las sanciones? ¿Y, por qué la apoyan?

    Naomi Klein: Boicot, desinversión y sanciones (BDS) es una táctica con un objetivo muy claro: obligar a Israel a cumplir con el derecho internacional.

    La llamada al BDS la hizo en 2005 una serie extraordinariamente amplia de grupos palestinos de la sociedad civil, partidos políticos y sindicatos. Pero en realidad no comienza a ganar un perfil internacional hasta el ataque israelí contra el Líbano en el verano de 2006.

    En plena guerra, el escritor John Berger, envió una carta, firmada por muchos artistas conocidos, en su mayoría europeos, declarando su apoyo a la estrategia de boicot. Cuando esta carta se conoció, yo estaba de lleno en la escritura de The Shock Doctrine, y tomé una decisión personal en el momento que salió el libro, de que no haría lo que había hecho con las traducciones al hebreo de mis dos libros anteriores, que fueron publicados por editoriales comerciales bastante tradicionales.

    En cambio, pensé hacer lo que John Berger estaba pidiendo, que era encontrar una manera de publicar en hebreo que fuese un apoyo directo a los grupos que trabajan para poner fin a la ocupación. Así es como conocí a Yael, que no tiene nada que ver con el típico editor israelí, y que ha manifestado abiertamente su apoyo al BDS, a un alto costo profesional.

    Surasky: Usted debe haber meditado bien esta idea de un boicot cultural. Muchos críticos dirían que cierra la comunicación en lugar de abrirla. ¿Qué le decidió a dar este paso?

    Klein: Bueno, tiene que ver con el hecho de que el gobierno israelí utiliza abiertamente la cultura como herramienta militar. Aunque las autoridades israelíes creen que están ganando la guerra real por el territorio, también sienten que el país sufre porque casi todo lo que el mundo oye de la región en las noticias es sobre el conflicto: la militarización, la anarquía, la ocupación y Gaza.

    Así que el Ministerio de Asuntos Exteriores puso en marcha una campaña llamada Israel, más allá del conflicto, que incluye el uso de la cultura –películas, libros, artes, turismo y academia– para crear todo tipo de alianzas entre los países occidentales y el Estado de Israel, y para promover la imagen de un país normal y feliz, en lugar de una potencia ocupante agresora. Por esto estamos siempre oyendo hablar de festivales de cine y ferias del libro con un énfasis especial sobre Israel.

    Y así, aunque en general estoy totalmente de acuerdo en que la cultura es positiva –los libros son buenos, las películas son algo positivo y la comunicación es maravillosa– tenemos que entender que se trata de una estrategia estatal de cooptación, para hacer una brutal ocupación más aceptable.

    Hay otras cosas que también entran en esta categoría: el Estado de Israel tiene una estrategia abierta de meter los derechos de gays y lesbianas y el feminismo en el conflicto, poniendo frente a frente el fundamentalismo de Hamás y el supuesto liberalismo ilustrado de Israel, como otra justificación para el castigo colectivo de los palestinos, obviando el poder y la intolerancia cada vez mayores de los judíos ultraortodoxos. Es una estrategia muy sofisticada.

    Esto significa que tenemos que idear estrategias igualmente sofisticadas que defiendan los derechos humanos y la cultura, por una parte, pero que, por otra parte, rechacen todo intento de utilizar nuestro trabajo y nuestros valores para encubrir la fea realidad de la ocupación y la segregación.

    Surasky: Usted ha hecho una gira muy distinta de cualquier otra, para la promoción de un libro. Yael Lerer y su editorial, Andalus, publicaron el libro en hebreo. Aparentemente, hay una contradicción inherente a venir a Israel y Palestina y hacer una gira de promoción a la vez que apoya un boicot. Sin embargo, han conseguido ustedes que funcionara. ¿Pueden explicarlo?

    Yael Lerer: Andalus ha lidiado con esta contradicción desde el principio. Publicamos los escritores árabes que se oponen a la normalización de la ocupación, igual que nosotros. Siempre tratamos de hallar la manera de enfrentar estas contradicciones.

    En realidad, esta es la primera vez que hemos hecho una gira de promoción, porque nuestro modo habitual de hacer frente a estas contradicciones es traducir libros, no celebrar fiestas. Nuestros escritores nunca vienen aquí. Así que aquí hemos tenido este desafío por primera vez.

    Hemos hecho el gran lanzamiento de la edición en hebreo no en Tel Aviv sino en Haifa, en un teatro árabe, donde nuestros anfitriones no eran instituciones oficiales israelíes sino instituciones minoritarias palestinas. Como usted sabe, hay una minoría palestina de un 20 por ciento de la población de Israel.

    Pero este evento no sólo iba dirigido a esta comunidad: invitamos también a los judíos israelíes a venir. Se podía leer en todas partes, en hebreo: Naomi Klein viene a Haifa, ven a escucharla.

    Al mismo tiempo, ha sido importante celebrar los primeros actos relacionados con el Jerusalén Este y Ramallah, con la edición en árabe, y también que, antes de cualquier presentación del libro, Naomi participara en una manifestación en Belén contra el muro de separación.

    Así que hablamos con el público israelí en los eventos y a través de los medios de comunicación israelíes. El libro está disponible en hebreo. Pero, al mismo tiempo, expresamos una fuerte posición contra la normalización. No actuamos como si la situación fuera del todo normal.

    Klein: Esta es la cuestión: esto no es un boicot a los israelíes. Es un boicot al fingimiento de que todo es normal en Israel, porque es para esto para lo que invitan a los productores culturales.

    Ha habido una enorme cantidad de declaraciones falsas acerca de la campaña de boicot, afirmando que se trata de un boicot a los israelíes, o a los judíos, o que es antisemita. Estamos tratando de aclarar estos conceptos erróneos con esta gira. Hay algunas reglas claras: no vamos a trabajar con una feria del libro patrocinada por el Estado, por ejemplo. He rechazado invitaciones para venir a Israel para hablar en festivales de cine patrocinados por el Estado israelí, y cosas así.

    Si mi intención fuera boicotear a los israelíes, yo no estaría en Israel en interacción con los israelíes. Me hubiera quedado en casa.

    Una de las cosas que estamos tratando de manifestar con esta gira es que para una extranjera como yo, sea cual sea la razón por la que decidas venir a Israel, estás haciendo una opción, estás colocándote al lado de una de las partes. Es posible pretender que no es así, pero esto sólo es posible por el éxito de Israel en hacer invisible el conflicto, dentro de una burbuja cuidadosamente construida.

    En mi libro hay un largo capítulo sobre Israel y la construcción del Estado de Seguridad Nacional. Se analizan en detalle las empresas que fabrican el muro, las cercas metálicas y los puestos de control de alta tecnología que mantienen a los palestinos de los territorios ocupados en un estado de vigilancia constante.

    La eficacia del sector de la seguridad nacional hace posible llegar a ciudades como Tel Aviv y estar casi completamente ajeno a lo que está sucediendo en Ramallah o en Gaza. Este Estado es como una comunidad cerrada gigante. Se ha perfeccionado el arte de construir una burbuja de seguridad, lo que es, en cierto sentido, su marca.

    Es una marca que se vende a los judíos de la diáspora como yo. Nos dicen: «Podemos manteneros a salvo, podemos crear, en un mar de enemigos, una burbuja de seguridad para que disfrutes, tengas unas vacaciones de playa maravillosas, puedas ir a festivales de cine y ferias del libro, incluso en el momento en que nosotros bombardeamos de Gaza o convertimos Cisjordania en una cadena de minibantustanes, rodeados de muros y asentamientos en expansión, y de carreteras a las que los palestinos no tienen acceso.»

    Son las dos caras de una misma moneda: la burbuja de la normalidad, la brutalidad del confinamiento. Así pues, que no es un acto políticamente neutral participar de la burbuja.

    Es muy importante que tenga lugar este diálogo, y por esto es tan importante para nosotros que se haya publicado el libro en hebreo, tanto para sacar esta información a la calle israelí como para desafiar a las personas que están tergiversando esta táctica como si fuera un boicot a los judíos o un boicot a los israelíes. No estamos haciendo nada de eso.

    He donado mis derechos de autor a la editorial Andalus, es decir que no tengo ningún beneficio en esto. He escogido esta editorial porque es una editorial activista que mantiene una clara posición en contra de la ocupación.

    Si el libro se vende bien, les ayudará a continuar su trabajo. La campaña de boicot no pide a la gente que no venga a Israel o a los Territorios Ocupados para compartir ideas y arte, pide que lo hagan en una actitud clara contra la ocupación y la discriminación.

    Surasky: ¿Y cómo han reaccionado los medios de comunicación israelíes ante esta primera gira de oposición al boicot?

    Klein: No muy bien. Una de las contradicciones que estamos enfrentando es que realmente queríamos provocar un debate en Israel, porque mientras el BDS se está discutiendo en Europa y Canadá, es casi invisible dentro de Israel; hay una auténtica censura en torno a esta cuestión.

    Prácticamente, la única opinión que se oye es: «Oh, son sólo un montón de antisemitas; odian a los israelíes y a los judíos.» Una opinión muy, muy distorsionada.

    Así que nuestra idea era hacer más difícil este falseamiento, poner algunos datos sobre la mesa y decir: «Miren, hemos traducido este libro, y estoy aquí en Israel. Vamos a celebrar el diálogo y la comunicación que Israel supuestamente defiende con tanto ahínco.»

    Lo que estamos encontrando es mucho interés por parte de los israelíes, pero una gran resistencia de los medios de comunicación israelíes ante el mero hecho de abrir el debate tanto sobre el papel del sector de la seguridad en la presión contra la paz como sobre el posible papel de un movimiento de boicot en la creación de nuevos grupos de presión en favor de la paz.

    Una vez manifestada mi posición clara a favor del boicot, en el diario Ha’aretz, muchos medios de comunicación se cerraron para nosotros, lo cual no dice mucho en favor de la amplitud del debate, pero no es en absoluto sorprendente tampoco.

    Surasky: ¿Cuál es el objetivo de esta campaña? ¿Qué te gustaría que saliera de todo esto?

    Klein: Se basa en la estrategia de Sudáfrica, que la lucha contra el apartheid en Sudáfrica utilizó con gran éxito en la década de 1980. Había boicot académico, boicot cultural y boicot de los consumidores.

    Pero la palanca económica realmente fundamental fue la desinversión por parte de universidades y municipios en las empresas que hacían negocios con la Sudáfrica del apartheid. La campaña comenzó a ser demasiado costosa tanto para las empresas de Sudáfrica como para las transnacionales occidentales que tenían inversiones importantes en Sudáfrica.

    Había también una situación un poco similar a la de Israel, en la que una minoría blanca, boer, que se consideraba parte de Europa, parte de Occidente. Y de repente comenzaron a no poder escuchar los conciertos americanos y europeos que deseaban, a no poder acoger las ferias del libro que querían, y todo esto no les gustó.

    Así que ejercieron presión sobre su gobierno para pusiese fin a la situación, a pesar de que los sudafricanos blancos se tenían por muy virtuosos y les enfurecían los boicots y las sanciones.

    La esperanza es que este tipo de dinámica funcione también aquí, dado que es tan importante para la propia imagen de Israel que el país sea visto como un miembro honorario de la Unión Europea o un adjunto de Estados Unidos.

    Cuando escritores y artistas dejen de participar en la estrategia del gobierno israelí de utilizar la cultura para ocultar lo que hay del otro lado del muro de hormigón, los israelíes puede llegar a la conclusión de que dicho muro es una rémora y decidan acabar con él.

    Lerer: Estoy completamente de acuerdo. Como ciudadano israelí, estimo necesario el boicot por dos razones.

    En primer lugar, quiero que los israelíes sean más conscientes que todo no es normal. No significa nada que muchos israelíes que se consideran de izquierda digan: «Es horrible lo que está ocurriendo en Gaza y en Hebrón», mientras siguen con sus vidas como si tal cosa.

    Estas personas van a los espectáculos y los conciertos, son las élites de este país. Son los periodistas que trabajan en los periódicos. Quiero conmoverlos, quiero sacudir estas personas y hacerles entender que no pueden continuar su vida normal cuando los palestinos de Qalqiliya [una ciudad de Cisjordania completamente rodeada por el muro de separación], a sólo 15 minutos de Tel Aviv, viven en una prisión.

    La segunda razón por la que me interesa el boicot es porque he perdido la esperanza de crear el cambio desde dentro, que era lo que yo traté de hacer como activista durante muchos años.

    Hace veinte años, nunca me hubiera imaginado esta situación de semiapartheid. Me preocupa el futuro en este lugar, me preocupan mis compatriotas israelíes. Tengo una gran familia aquí y muchos, muchos amigos.

    Conozco a muchas personas que no tienen otro pasaporte y que no tienen otras opciones. Creo que la solución para este lugar, el único futuro posible, es la convivencia. Lamentablemente, en esta etapa, no veo cómo este futuro pueda alcanzarse sin la presión internacional.

    Y creo que el boicot es una herramienta no violenta que ya ha demostrado que puede funcionar. Por eso pido: por favor, boicotéenme.

    Klein: Yo también pienso que tenemos que ser muy claros: éste es un conflicto extraordinariamente asimétrico donde el Estado de Israel es el mayor boicoteador de todos: la economía de Gaza y Cisjordania ha sido totalmente destruida por el cierre fronterizo.

    Además de cerrar las fronteras para que los productores en Gaza no puedan sacar sus frutas y verduras, más de 200 instalaciones industriales en Gaza fueron atacadas durante el ataque, a finales de diciembre y enero. Fue una destrucción sistemática de esa economía, para dar una lección a Gaza por haber votado por Hamás. Así que, el boicot ya está teniendo lugar.

    Según entiendo el BDS, es una táctica a la que estamos recurriendo a causa de la impunidad israelí. Hay una absoluta falta de voluntad de aplicar el derecho internacional al Estado de Israel. Hamás ha cometido crímenes de guerra, pero hay una respuesta internacional a esos crímenes. Sin embargo, no hay respuesta a los crímenes de guerra israelíes, de una escala exponencialmente mayor.

    Estábamos hace poco en Gaza. Lo que realmente me impresionó fue la sensación de choque entre tanta gente por el hecho de que después de los ataques de diciembre-enero, después de que cientos de niños fueran asesinados, la comunidad internacional no ha emprendido ninguna iniciativa para responsabilizar a Israel.

    Es decir, se trataba de una muestra de total impunidad y desprecio por el derecho internacional, por las leyes de la guerra, que, por cierto, fueron creadas en respuesta directa a las atrocidades nazis de la Segunda Guerra Mundial. Y, sin embargo, no sólo no hay consecuencias para los crímenes, sino el asedio ilegal de Gaza sigue adelante.

    Lo que manifiesta el BDS es que nuestros gobiernos han fracasado, las Naciones Unidas han fracasado, la llamada comunidad internacional es una broma. Tenemos que llenar este vacío.

    Creo también que este movimiento puede hacer cambiar el juego de Estados Unidos. Recordemos que una gran parte del éxito de la lucha contra el apartheid en los años 80 se debió a la educación popular.

    Una vez que se llegaba a la conclusión de que nuestra escuela, o nuestra ciudad, debe desinvertir en la Sudáfrica del apartheid, de inmediato se tenía que hacer campaña educativa, y explicar qué era el apartheid, y había que hacer exponer las razones de un modo convincente. Y la gente fue persuadida.

    La llamada campaña palestina en favor del BDS podría desempeñar esta función de agitación en la actualidad, proporcionando a la gente algo concreto en torno a lo que organizarse en sus escuelas y comunidades.

    Tanto si lo reconoce como si no, el Presidente Barack Obama necesita de la lucha palestina para ganar en popularidad entre los movimientos de base, como en su día significó la lucha de Sudáfrica. El presidente ha dado pasos muy pequeños para forjar un nuevo tipo de acuerdo con Israel, pero aún así está enfrentando una enorme presión de la derecha. Tiene que haber una presión contrapuesta sobre Obama que le diga: En realidad, usted no va lo suficientemente lejos. ¿Dice usted no a los nuevos asentamientos? ¿Y si dijéramos: no los asentamientos, punto?

    Así que la única esperanza de que no se limite a su actual posición provisional, sino de que mejore la situación, es que haya un movimiento popular que sea muy claro en sus exigencias de que Israel acate el derecho internacional en todos los frentes, y eso es exactamente lo que es el BDS.

    Surasky: ¿Cómo están respondiendo los israelíes de izquierda a la idea de un boicot?

    Lerer: Algo sucedió en la última guerra de Gaza, en enero. Quinientos cuarenta israelíes, entre los cuales había destacados académicos, actores y cineastas, firmaron una petición solicitando la presión internacional sobre Israel.

    Un párrafo de dicha petición afirmaba que sólo el boicot ayudó en el caso de Sudáfrica. Todavía no era una llamada directa al boicot, pero fue un paso muy importante. Ahora estamos formando un nuevo grupo de ciudadanos israelíes que apoya el llamamiento palestino al boicot, llamado Boicot desde dentro (BFM, Boycott From Within).

    En 2005, tratamos de organizar un grupo de artistas en apoyo del llamamiento palestino al boicot académico y cultural, y fracasamos. La gente nos preguntaba: ¿Cómo podemos boicotearnos a nosotros mismos? Es muy difícil, es demasiado radical. Muchas de estas personas ya han firmado la petición de Gaza, y que se están uniendo a nuestro nuevo grupo Boicot desde dentro.

    Ellos entendieron que no se trata de boicotearnos a nosotros mismos, sino de pedir a la comunidad internacional, a nuestros conciudadanos en todo el mundo que actúen: Por favor, ayúdennos con su boicot.

    Surasky: Hablemos de ejemplos concretos de otras personas que estén apoyando esta convocatoria.

    Klein: La mayoría de los artistas no conocen la llamada al BDS, a pesar de que viene de cientos de grupos palestinos. Estamos trabajando en un contexto en el que las voces palestinas son prácticamente inaudibles en Occidente.

    Así pues, las personas vienen a Israel a recibir un premio, o a dar un concierto en Tel Aviv, no saben que básicamente están rompiendo un boicot. La mayoría no sabe ni siquiera que se ha hecho una llamada a la resistencia no violenta por un pueblo que, recordemos, han sido absolutamente vilipendiado por utilizar cualquier tipo de resistencia armada. Lo que intento decir es lo siguiente: si rechazamos la resistencia armada, y también rechazamos el boicot y las sanciones ¿qué queda?, ¿firmar peticiones en Internet?, ¿realmente creemos que esto va a terminar con la ocupación?

    Pero sí, algunos cineastas políticamente activos han decidido no participar en festivales de cine israelíes patrocinados por Israel.

    Ken Loach se retiró del Melbourne International Film Festival cuando supo que estaba patrocinado por el gobierno israelí. El director de cine canadiense John Greyson retiró una película, magnífica, llamada Fig Trees, del festival de cine gay y lésbico de este año en Tel Aviv.

    Más recientemente, los Yes Men escribieron una carta muy atenta al Festival de Cine de Jerusalén, explicando por qué decidieron retirar del festival su nueva película, The Yes Men Save the World.

    Y ahora se habla de la organización de un festival de cine pro BDS en Ramallah, una vez más para boicotear lo que se entiende por normalidad y a la vez llevar estas películas allí.

    Surasky: Acabo de leer una crítica del BDS según la cual si no se pide el boicot de Corea del Norte, o de Estados Unidos por lo de Afganistán o Irak, entonces la llamada al boicot es antisemita. ¿Cómo se puede abordar esta crítica?

    Klein: Yo también la he oído, pero yo no estoy llamando a un boicot de nadie. Estoy respetando un llamamiento a un boicot que han hecho cientos de grupos palestinos.

    Creo en el principio de que las personas en circunstancias de opresión tienen derecho a la libre determinación. Eso está en el corazón de esta lucha. Esta es una táctica no violenta que ha sido elegida por una amplia gama de grupos de la sociedad civil.

    Los iraquíes, por lo que yo sé, no han pedido un boicot contra Estados Unidos, aunque sería sin duda su derecho. Y sin embargo, algunas personas reaccionan como si yo, en cierto modo, hubiera pensado en mi habitación «A ver a quién boicoteamos hoy. Pito-pito-colorito…, Corea del Norte, Zimbabue, Birmania… ¡Israel!»

    Una vez más, la única razón de esto pueda suceder es debido a que las voces palestinas están efectivamente marginadas en la prensa occidental.

    Por cierto, la mayoría de los ejemplos que se sacan a relucir en estos debates son ejemplos en los que hay sanciones muy claras en contra de estos países. Así que no estamos tratándolos con la impunidad con que estamos tratando a Israel.

    En este caso, se necesita un proyecto desde la base para estar presentes donde los gobiernos han renunciado completamente a su responsabilidad de ejercer presión en nombre del derecho internacional.

    Lerer: Pero no sólo eso, los países citados no tienen festivales de cine y Madonna no va a dar un concierto en Corea del Norte.

    El problema aquí es que la comunidad internacional trata a Israel como si fuera un estado occidental normal, europeo. Y esta es la base del llamamiento al boicot, la relación especial que tienen las universidades israelíes con universidades europeas y estadounidenses, que las universidades de Zimbabwe no tienen.

    Estoy convencido de que Israel no podría continuar la ocupación ni un solo día sin el apoyo de los Estados Unidos y la Unión Europea. La comunidad occidental apoya la ocupación. Como Naomi estaba diciendo, no hacer nada es actuar.

    Surasky: Algunos opinan que esto no va a ayudar, que los israelíes se consideran en estado de sitio, que los judíos están en estado de sitio, y que realmente la iniciativa va a hacer a los israelíes menos abiertos a la paz.

    Klein: Es inevitable que, al menos en el corto plazo, va a alimentar este sentimiento de sitio en Israel.

    Pero no es racional, porque en realidad, lo que estamos tratando es un contexto en el que Israel se ha visto recompensado. Si nos fijamos en estos años clave, desde la elección de Hamás, cuando el sitio de Gaza se hizo completamente brutal e ilegal sin lugar a dudas, el comercio con Israel de hecho ha aumentado sensiblemente. Se han puesto en marcha nuevos acuerdos especiales entre la Unión Europea e Israel, y también con América Latina. El año pasado, las exportaciones israelíes a Canadá aumentaron en un 45 por ciento.

    A pesar de que Israel está siendo recompensado por este crimen y se está saliendo con la suya con una violencia extraordinaria, la sensación entre muchos israelíes de estar en estado de sitio está en aumento.

    La pregunta es, ¿vamos a fomentar esta irracionalidad? Si es así significará que no hacemos nada, que entregamos voluntariamente las herramientas más efectivas del arsenal no violento.

    Israel, a pesar de la abrumadora evidencia en contra, cree que el mundo entero está en contra suyo y que todas las críticas a que se enfrenta son formas de antisemitismo.

    Esto es simplemente falso, y como activistas ya no podemos permitir que el complejo de víctima de un país enmascare la victimización real de la población palestina.

     

     

    © 2009 Independent Media Institute.
    Cecilie Surasky es vicedirectora de la organización Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz).
    S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.
    Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90982
    http://www.alternet.org/story/142341/
  • Personalidades de la cultura vasca se suman a la campaña de boicot a Israel

    Personalidades de la cultura vasca se suman a la campaña de boicot a Israel

    Deportistas, artistas, escritores, músicos, bertsolaris y profesores vascos han suscrito el manifiesto «Elkartuz», que expresa su adhesión al boicot que a nivel internacional se está llevando a cabo contra Israel, a iniciativa de colectivos palestinos, con el objetivo de «acabar con la opresión, la limpieza étnica y la política de apartheid contra Palestina».

    El bertsolari Iñaki Viñaspre y la periodista Naroa Iturri presentaron el manifiesto, que denuncia que 60 años después de la creación de Israel, la Nakba o Catástrofe palestina, el Estado sionista se ha apropiado del 88% de la Palestina histórica, hay más de cuatro millones de refugiados palestinos, Gaza sufre un bloqueo permanente, los checkpoints impiden la libre circulación, el Muro ha robado tierras en Cisjordania, hay más de 11.000 presos políticos y se han arrancado miles de olivos, base de la economía palestina.

    Por ello, quienes suscriben el manifiesto se comprometen a abstenerse de participar en cualquier forma de cooperación o colaboración de carácter académico o cultural con las instituciones israelíes, defienden el boicot a las instituciones israelíes, promueven la desinversión en Israel, apoyarán la condena a Israel mediante resoluciones de organizaciones culturales y académicas y respaldarán directamente a las instituciones académicas y culturales palestinas.

    Entre los firmantes se encuentran Alfonso Sastre, Koldo Izagirre, Amets Arzallus, Sustrai Colina, Floren Aoiz, Sorkun Rubio, Fredi Paia, Antton Mendizabal, Fernando Mijangos, Kepa Acero, Irati Anda, Oier Mendizabal, Joseba Tapia, Txerra Bolinaga. Itziar Ituño, Ramón Agirre, Nekane Martiarena, Joseba Agudo y Estitxu Fernández.

  • John Berger y otros 93 autores, cineastas, músicos y artistas apelan al boicot cultural contra Israel

    John Berger y otros 93 autores, cineastas, músicos y artistas apelan al boicot cultural contra Israel

    La misiva, firmada por artistas de toda Europa, de América del Sur y del Norte, así como por israelíes y palestinos, afirma:

    Hay un frágil alto el fuego en el Líbano, bien que violado por los vuelos israelíes. Entretanto, continúa la diaria brutalidad del Ejército israelí en Gaza y Cisjordania. Mueren diez palestinos por cada muerto israelí; han muerto más de 200, muchos de ellos niños, desde el pasado verano.

    Se incumplen las resoluciones de las Naciones Unidas, se violan los derechos humanos con el robo de tierras palestinas, la demolición de viviendas y la destrucción de cosechas.

    Para el arzobispo Desmond Tutu, así como para Ronnie Kasrils (judío, antiguo comandante del Congreso Nacional Africano, y en la actualidad ministro de Seguridad de Sudáfrica), la situación de los palestinos es peor que la de los sudafricanos negros bajo el apartheid. Mientras tanto, los gobiernos occidentales aluden al «legítimo derecho» de Israel a la autodefensa y continúan sumninistrándole armamento.

    Se combatió mejor el desafío que suponía el apartheid. La respuesta internacional no violenta al apartheid fue una campaña de boicot, desinversiones y, por último, de sanciones impustas por la ONU que permitieron al régimen cambiar sin que se produjera un terrible baño de sangre. Hoy, los profesores, escritores, cineastas y organizaciones no gubernamentales palestinas han convocado un boicot académico y cultural de Israel comparable para ofrecer otra vía hacia una paz justa. Este llamamiento ha sido respaldado internacionalmente por docentes universitarios de muchos países europeos, cineastas y arquitectos y por algunos valerosos disidentes. Es hora de que otros se adhieran a la campaña, pues, siguiendo la pregunta de Primo Levi: Si no ahora, ¿cuándo?

    Apelamos a escritores y artistas de creación a que dén su apoyo a nuestros colegas palestinos e israelíes respaldando el llamamiento al boicot (www.pacbi.org).

    ¡No visitemos, expongamos ni actuemos en Israel!

     

    Lista de fimantes a 19 de diciembre:

    Aguirre, Carmen, (dramaturga) Al Bayati, Hana (cineasta) Alcalay, Ammiel, (poeta) Alkadhi, Rheim (artista) Aziz, Sylvat (artista) Benner, Ron (artista) Berger, John (escritor y artista) Beverley, John (escritor) Bove, Paul (editor y escritor) Bresheeth, Haim (cineasta) Brittain, Victoria (escritora) Budney, Jen (conservador de arte) Cameron, Lindsley (autor) Carew, Keggie (artista) Casana, Manuel Molins (dramaturgo) Chanan, Michael (escritor y cineasta) Chirot, David-Baptiste (artista/escritor) Chrysakis, Thanos (compositor) Courtney, Andrew (artista) Cox, Molly Hankwitz (artista y escritora) Creativity Commons (colectivo de artistas) D’Agostino, Ornella (coreógrafa) Davis, Matt (músico) Deane, Raymond (músico) Deutsch, Stephen (compositor) Dibb, Mike (cineasta) Donoghue, Ben (cineasta) Eno, Brian (músico) Erfanian, Eshrat (artista) Fiennes, Sophie (cineasta) Fisher, Jean (escritor) Frere, Jane (videoartista) Fried, Klaus (cineasta) Galeano, Eduardo (escritor) Ghaibah, Anas (realizador de TV) Ghossein, Mirene (escritor y editor) Gill, Rajdeep Singh (conservador de arte) Gordon, Avery (escritor) Greyson, John (cineasta) Guillen, Maria Muñoz (bailarina) Halama, Henry (artista) Hamka, Nada (artista) Hashemi, Gita (artista) Hassan, Jamelie (artista) Huleileh, Serene (bailarina/coreógrafa) Humm, Maggie (escritora) Hussien, Reham (traductor) James, Rob (escritor) Jenik, Adriene (artista) Jimeno, Dolores (escritora) Joly, Magdalene (bailarina y música) Kelani, Reem (cantante) Karabelia, Vassia (historiadora del arte) Kauff, Tarak (escritor) Kaya, Mircan (músico) Knupp, Rainer (artista de movimiento) Kukovec, Dunja (historiadora del arte) Kumar, Vinod (escritora) Lane, Joel (poeta) Levidow, Les (escritora y música) Loshitzky, Yosefa (escritora) Lozano, Rian (conservador de arte) Malinowitz, Harriet (escritora) Marlat, Daphne (escritora) Masri, Hala (coordinador teatral) Matelli, Federica (conservadora de arte) McCaughey, Peter (artista) Metcalfe, Rohelia Hamilton (cineasta) Miyoshi, Masao (escritor) Montagnino, Carlo (artista) Morgan, Jenny (cineasta) Muntadas, Antoni (artista) Naguib, Fabiola Nabil (conservadora de arte) Neufeldt, Brigitte (artista) Nuñez, Alejandra Pérez (artista de sonido) Ostrow, Saul (crítico/conservador de arte) Pangbourne, Annabelle (compositor) Parker, Cornelia (artista) Pennell, Miranda (cineasta) Radhakrishnan, R (escritora) Rosselson, Leon (cantautor y autor) Roy, Arundhati (novelista) Rubin, Andrew (escritor) Salloum, Jayce (artista) Sampaio, Miriam (artista) Samuel, Julian (novelista) Sances, Jos (artista) Saraste, Leena (fotógrafo) Sarlin, Paige (cineasta) Scordìa, Cinzia (artista-performer) Serra, Toni /Abu Ali (videoartista) Shammas, Anton (novelista y cineasta) Shibli, Ahlam (artista) Shiri, Keith (conservador de arte) Simons, Patrick (compositor) Smith, John (artista-cineasta) Solt, John (poeta) Somes-Charlton, Chris (director) Soueif, Ahdaf (novelista) Staikou, Evi (artista) Suleiman, Elia (cineasta) Sureda, Josep Ramis (bailarín) Szpakowski, Michael (compositor) Tres (artista) Tudela, Ana Navarrete (artista) Valldosera, Eulalia (artista) Van Zwanenberg, Roger (editor) Walkley, Ron (arquitecto) Ward, David (compositor) Younghusband, Gene (teórico de los medios) Zangana, Haifa (novelista)

    Si desean añadir su nombre, póngase en contacto con: info@bricup.org.uk

     

  • Carta de Ken Loach en apoyo del boicot a Israel

    Carta de Ken Loach en apoyo del boicot a Israel

    Apoyo la petición de cineastas palestinos, artistas y otros para boicotear el estado, instituciones culturales y entidades israelíes e insto a otros a unirse a esta campaña.

    Los palestinos están obligados a proponer este boicot después de cuarenta años de ocupación militar de sus tierras, destrucción de sus casas y secuestro y asesinato de sus civiles.

    Ellos no tienen esperanza de que esta opresión terminará en un futuro próximo.

    Como ciudadanos ingleses tenemos que reconocer nuestra propia responsabilidad. Debemos condenar al gobierno Británico y a los gobiernos estadounidenses por apoyar y armar a Israel. También debemos oponernos a las actividades terroristas de los ingleses y de gobiernos estadounidenses que continuan con sus guerras y ocupaciones ilegales.

    Sin embargo, es imposible no hacer caso de las peticiones de compañeros palestinos. Por consiguiente, yo rehusaría cualquier invitación al Festival de Cine de Haifa u otros festivales.

    Les saluda,
    Ken Loach

  • ¿Por qué boicotear a Israel? Omar Barghouti

    ¿Por qué boicotear a Israel? Omar Barghouti

    ¿Por qué boicotear a Israel?

    Omar Barghouti

    “¿Dónde está el mundo? ¿Están todos muertos?” Así clamaba una madre doliente en Rafah (Franja de Gaza) que apareció en al-Yazira. Ante ella, yacía el cuerpo sin vida de su pequeño.

    Enfrentados a la abrumadora opresión de Israel, los palestinos que sufren la ocupación, los de los campos de refugiados y los que habitan en el corazón de la característica forma de apartheid del estado hebreo se vuelven cada vez más hacia el mundo en busca de comprensión, de compasión y, lo que es más importante, de solidaridad. No mendigamos simpatía. Nos ofenden profundamente las actitudes paternalistas porque ya no somos una nación de víctimas desventuradas. Estamos resistiendo la opresión colonial y racial, aspiramos a obtener justicia y una paz auténtica. Por encima de todo, luchamos por el principio universal de una humanidad igualitaria.

    Pero no podemos hacerlo solos. Necesitamos apoyo internacional.

    La cuestión de Palestina fue creada por el mundo, sobre todo por la parte occidental, y es el mundo el que debe estar a la altura de su responsabilidad para resolverlo. El conocido filósofo francés Etienne Balibar capta este rasgo excepcional cuando afirma que la causa palestina es “universal” porque “representa un test para el reconocimiento de lo que está bien y para la aplicación de la ley internacional” [1]. De hecho, en pocas otras causas en la historia moderna se ha cuestionado de una forma tan tremenda la primacía del imperio de la ley y de los principios morales.

    Dada su indiscutible superioridad militar, y lo incuestionable del apoyo omnímodo de que disfruta por parte del único imperio del mundo así como de la falta de voluntad política de los estados árabes y europeos para controlarlo, Israel ha estado violando la legislación internacional con audaz impunidad y con total desconsideración por la opinión de la ONU o de la opinión pública mundial. Solo una presión internacional amplia, sistemática y sostenida puede contribuir a acabar con la injusticia y la opresión de Israel, por medio del establecimiento de su estatus como un estado paria.

    Este artículo se centra en la dimensión ética del boicot, una táctica que yo considero no solo una forma justificada de intervención internacional, sino también un imperativo. Más concretamente, se analiza el boicot académico y cultural por su naturaleza obviamente polémica.

    La llamada palestina al boicot cultural y académico contra Israel [2] se basa de manera específica en la opresión israelí, sistemática y sostenida, del pueblo palestino, que básicamente adopta tres formas:

    Primero: El rechazo de Israel al derecho de retorno de los refugiados palestinos a sus tierras y propiedades, derecho estipulado en la legislación internacional, y la negación de toda responsabilidad por la Nakba, la desposesión masiva y la campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los sionistas en torno a 1948 que convirtió a casi 800.000 palestinos en refugiados. Existe casi un consenso total entre los israelíes, incluyendo a profesores universitarios y otros intelectuales, en la negación de los derechos legales y moralmente vinculantes de los refugiados palestinos [3].

    La dimensión más peculiar en los discursos israelíes populares y cultos sobre la creación del estado consiste en sustituir el concepto de colonización por el de “independencia” y el de destrucción por “nacimiento”. Incluso “izquierdistas” comprometidos a menudo se lamentan por la pérdida de la superioridad moral de Israel tras la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967, como si anteriormente a esa fecha Israel fuera tan civil, legítimo y respetuoso de la ley como Finlandia. Irónicamente, al tiempo que se niegan testarudamente los derechos de los refugiados palestinos, los intelectuales israelíes han desempeñado un papel crucial en las campañas masivas que exigían, y a menudo han conseguido, restitución, repatriación y derechos de compensación para los refugiados judíos de la época de la Segunda Guerra Mundial.

    Segundo: La colonización militar de Cisjordania y la Franja de Gaza desde 1967, con todo lo que implica de expropiaciones de tierra, viviendas demolidas, matanzas indiscriminadas, y, de forma más siniestra, el muro colonial, declarado ilegal por el Tribunal Penal Internacional en julio de este año [2004- N. de la T.], que sirve para facilitar el incesante apoderarse de tierra por parte de Israel y la gradual limpieza étnica de los palestinos [4]. Las universidades israelíes, todas controladas por el gobierno, han sido no solo cómplices en planear, mantener y ofrecer justificaciones para aspectos diversos de la ocupación, sino que además han participado de manera directa en actos de colonización. Aparte del enorme número de actos individuales de connivencia por parte de profesores concretos, las propias instituciones académicas nunca se han abstenido de cometer delitos coloniales:

    La Universidad Hebrea lleva a cabo un proceso de apropiación de tierras lento y sistemático expulsando a sus legítimos propietarios palestinos en el ocupado Jerusalén Oriental.

    La universidad de Tel Aviv (TAU por sus siglas en inglés) hasta la fecha se niega a admitir el hecho de que se asienta sobre un pueblo palestino que fue sometido a limpieza étnica [5]. Algunos de los departamentos de esta universidad mantienen además un vínculo orgánico con el Ejército y con los servicios de inteligencia.

    La Universidad de Bar Ilan no solo mantiene un campus en la colonia ilegal de Ariel cerca de Nablus, sino que ha concedido un doctorado honorario a Ariel Sharon por su papel en la reocupación en marzo de 2002 de ciudades palestinas, que fueron testigos de atrocidades en Jenin y en Nablus así como de destrucción gratuita y matanzas indiscriminadas en todas las principales ciudades palestinas y campos de refugiados de Cisjordania.

    La Universidad de Ben Gurion ha apoyado de formas diversas la lenta limpieza étnica de los beduinos palestinos en el Neguev y ha sido testigo en un silencio que la condena de una política de discriminación racial aplicada durante décadas en esa zona. En un ejemplo muy descarado, sus profesores llevaron a cabo entre 1995 y 2000 un estudio confidencial encargado por el ministerio de Sanidad sobre la alta incidencia de defectos serios de nacimiento y cáncer entre los beduinos que habitaban cerca de un polígono industrial israelí muy contaminante. Aunque los investigadores establecieron una correlación clara entre los contaminantes industriales y la tasa de mortalidad de los ciudadanos palestinos en esa zona, un 65 por ciento más alta que en comunidades similares de Israel, al igual que la tasa de cáncer, un 50 por ciento más alta, estos hallazgos se mantuvieron en secreto por un acuerdo entre los responsables del estudio y el ministerio. Solo se filtraron a la prensa recientemente y por casualidad [6].

    La Universidad de Haifa se jacta de tener a uno de los profesores más racistas de Israel. El profesor Arnon Sofer, el infame “profeta de la amenaza demográfica palestina” que ejerce su gran influencia sin piedad para proporcionar una justificación académica a la limpieza étnica de los palestinos, incluidos los ciudadanos de Israel, de formas y modos siempre novedosos [7]. Es más, la propia universidad ha patrocinado una amplia campaña para encubrir una masacre sionista en el pueblo palestino de Tantura, cercano a Haifa, durante la Nakba, y recurrió a mociones para despedir, desacreditar o silenciar al profesor Ilan Pappe y a uno de sus alumnos por atreverse a revelar los hechos de esa masacre.

    Tal vez sea ya de conocimiento público que los palestinos han sufrido graves pérdidas en vidas humanas debido a los 37 años de ocupación israelí. Pero lo que parece escapar a quienes moldean las opiniones dominantes es que durante la actual Intifada, el ejército israelí ha cruzado muchas de sus anteriores líneas rojas, cometiendo crímenes que recuerdan en la forma, aunque desde luego no en la escala, a los crímenes nazis contra los judíos europeos, como manifestó en una ocasión la diputada británica Oona King [8]. Y el ejército israelí representa adecuadamente y la sociedad israelí en su conjunto lo apoya, sobre todo debido al hecho de que el IDF [Israeli Defense Force, Fuerza Israelí de Defensa, nombre del ejército israelí en inglés. N. de la T.] sigue siendo, en términos relativos, un ejército del pueblo [9].

    Desde obligar a un violinista palestino a tocar en un control militar cerca de Nablus [10], hasta la ejecución a sangre fría de una niña refugiada en Rafah [11], desde grabar la Estrella de David en el brazo a chicos palestinos a inscribir los números de identidad en la frente o el antebrazo de los palestinos, niños y grandes [12], Israel ha actuado con una criminalidad que produce náuseas y con una impunidad que escandaliza y resulta indignante. A pesar de todo esto, los intelectuales y profesores universitarios israelíes que han llamado de forma explícita a terminar con la ocupación siguen siendo una minoría tan pequeña que resulta un poco deprimente. Además, hasta la fecha ningún cuerpo profesional o cuerpo universitario israelí se ha pronunciado públicamente contra la ocupación y las otras formas de opresión israelí. Si esto no es complicidad, ¿qué es?

     Tercero: La tercera forma de opresión israelí apenas se menciona en los medios de comunicación occidentales o en el mundo académico: el sistema de discriminación racial contra los árabes-palestinos [13] que oficialmente son “ciudadanos” de Israel, un estado que categóricamente les excluye de su propia definición y que los castiga severamente cuando al final se atreven a gritar contra la injusticia. Todo el aparato estatal, incluyendo el sistema educativo, está diseñado para mantener a los ciudadanos árabe-palestinos de Israel en un estado de desempoderamiento, en gran medida desposeídos y sin un estatus equiparable en las leyes y prácticas del estado. Es más, a pesar de ser la población indígena, los nativos de la tierra, o quizás por eso mismo, la mayoría colona judía israelí lo ve cada vez más como indeseados, o lo que es peor, como una amenaza demográfica de la que deberían desembarazarse con decisión. Las encuestas de opinión han mostrado de forma sistemática que una mayoría contundente de dos tercios del total de judíos israelíes apoya que “se anime a los árabe a que se vayan” por medios diversos. [14]

     En todos los aspectos esenciales de la vida, desde la propiedad de la tierra a la educación superior y el mercado laboral, Israel lleva 56 años practicando su propia forma de apartheid. De todas las formas de discriminación racial, sobresale en particular la educación. Un estudio innovador de Human Rights Watch publicado en 2001 concluye:

    “Los obstáculos a los que se enfrentan los estudiantes árabes palestinos desde la guardería a la universidad actúan como una serie de cribas que cada vez tienen los agujeros más finos. En cada etapa, el sistema educativo funciona como un filtro que deja fuera a una proporción mayor de alumnos árabe-palestinos que de judíos. Y los tribunales israelíes aún no han usado nunca las leyes o principios más generales de igualdad para proteger a los niños árabe-palestinos contra la discriminación en la educación. [15]

    A pesar de lo dicho más arriba, estoy de acuerdo con quienes alegan que Israel no es idéntico a Sudáfrica, que es un caso más complejo, con más dimensiones e incluso en algunos aspectos hasta más siniestro. Pero, al margen de cómo definamos a Israel, la existencia intrínseca e indiscutible en ese país de un sistema de discriminación racial basado en la identidad religiosa/étnica es lo que motiva las llamadas al estilo de Sudáfrica a la imposición de sanciones contra este país. “Apartheid”, “colonialismo de los colonos sionistas”, “supremacía judía”… etc. son todo variaciones en el nombre de la dolencia. Lo que importa es como curarla del mejor modo posible. Teniendo en cuenta las tres dimensiones de la opresión israelí mencionadas más arriba, se puede concluir que existen suficientes semejanzas entre Israel y Sudáfrica como para abogar por remedios al estilo del país africano.

     Argumentos principales en contra del boicot

    Ciertos distinguidos defensores de la causa palestina [16] se han manifestado en contra de la aplicación de sanciones y un boicot contra Israel al estilo sudafricano por varias razones, de entre las cuales las más significativas son:

    (A) El recuerdo del Holocausto hace que las llamadas al boicot contra Israel sean ampliamente odiadas y resulten contraproducentes por su rechazo popular.

     (B) Israel es en esencia un país democrático con una sociedad civil vibrante y por lo tanto se le puede convencer para que termine con su opresión sin necesidad de recurrir a sanciones.

     (C) A diferencia de Sudáfrica durante el apartheid, la mayoría de la población en Israel se opone a las sanciones.

     (D) El mundo académico israelí es en su mayor parte progresista y está en la vanguardia del movimiento por la paz, por lo que se le debe apoyar, no boicotear.

    Contra-argumentos:

    (A) Como comenta Etienne Balibar: “A Israel no se le debería permitir que instrumentalice el genocidio de los judíos europeos para colocarse por encima de la ley de las naciones” [17]. Además, al mirar hacia otro lado ante la opresión israelí, como hacen Estados Unidos y casi todos las instancias oficiales de Europa, Occidente ha perpetuado de facto la miseria, el sufrimiento humano y la injusticia que han tenido lugar tras el Holocausto. Solo que los oprimidos son otros ahora: son “las víctimas de las víctimas”, como comentó Edward Said.

    En cuanto al argumento de la impopularidad, recientemente se han producido avances significativos en las posturas de la iglesia presbiteriana de EEUU, la iglesia anglicana y ciertas organizaciones judío-norteamericanas, por no hablar del movimiento de boicot de militantes de base que crece rápidamente en Europa. Todo esto apunta a la creciente aceptación en países occidentales de la necesidad de boicotear a Israel. Quienes participaron en el movimiento anti-apartheid en el caso sudafricano a menudo nos recuerdan que ellos también hubieron de enfrentarse a lo que parecían obstáculos insuperables cuando iniciaron el movimiento a finales de los años cincuenta.

     (B) ¿Cómo puede una supremacía etno-religiosa que es además un poder colonial ser considerado una democracia? Israel puede ser una democracia para sus ciudadanos judíos, pero es un apartheid para sus ciudadanos palestinos, como se ha alegado más arriba. El profesor de la Universidad de Nueva York, Tony Judt, por ejemplo, describe a Israel como “un anacronismo disfuncional”, incluyéndolo entre los “etno-estados guiados por la fe y beligerantemente intolerantes.” [18]

     (C) De todos los argumentos anti-boicot, este refleja o una sorprendente ingenuidad o una deshonestidad intelectual deliberada. ¿Debemos decidir si se deben aplicar sanciones a un poder colonial basándonos en la opinión de la mayoría de la comunidad opresora? Y la comunidad oprimida, ¿cuenta para algo?

     (D) Esto es simplemente un mito propagado y mantenido por el mundo académico israelí, que se considera a sí mismo de “izquierdas”. La inmensa mayoría de profesores universitarios israelíes sirve en las fuerzas armadas en la reserva y por lo tanto tiene conocimiento directo de los desmanes que se cometen a diario, pues participa en ellos. Es más, con excepción de una minoría, muy pequeña pero esencial, los académicos israelíes en su mayor parte apoyan la opresión que ejerce su estado o manifiestan su consentimiento guardando silencio al respecto.

     Vale la pena mencionar algunos casos tristemente célebres a modo de ejemplo: el filósofo más celebrado de Israel, Asa Kasher, ha proporcionado una justificación “ética” para los asesinatos extra-judiciales, incluso cuando en este proceso se mata o se hiere de forma deliberada a amplios números de civiles inocentes. [19]

     El historiador militar más destacado de Israel, Martin Van Creveld, de la Universidad Hebrea, aconsejó al ejército israelí en 2002 [20], en el semanario regional Jerusalen, 1, marzo, 2004, que llevara a cabo un genocidio veloz contra los palestinos, explicando: “Quizá matar a 5.000 o 10.000 no será suficiente y entonces habrá que matar a más.”. Concluye diciendo: “Es mejor que haya un asesinato masivo, tras lo cual saldremos y cerraremos con llave a nuestras espaldas.” Como cualquier pacifista, su objetivo último sigue siendo “salir” de los Territorios Ocupados.

     Recientemente Benny Morris ha alegado que se habría podido llegar a la paz en Oriente Medio si se hubiera vaciado Palestina completamente de sus habitantes árabes originarios. [21] Como respuesta, Baruch Kimmerling, profesor de la Universidad Hebrea, escribió: “Permítanme extender la lógica de Benny Morris: si el programa nazi para la solución final al problema judío se hubiera completado, desde luego habría paz en Palestina actualmente.” [22]

     Lejos de constituir ejemplos aislados, posiciones tan explícitamente racistas y criminales son bastante populares en Israel. No solo se consienten en universidades, sino que son muy alabadas, a juzgar por el estatus tan prominente del que disfrutan Kasher, Van Kreveld, Benny Morris y otros de su calaña.

     Argumentos principales contra el boicot II

     Desde una perspectiva ligeramente distinta, algunos académicos han alegado que boicotear a Israel puede resultar contraproducente y que podría desembocar en:

     (1) Que se pierda la capacidad para influir en la posible ruta de Israel hacia la paz.

     (2) Que sirva para radicalizar a la derecha israelí y para segar la hierba bajo los pies de la izquierda en ese país.

     (3) Que indirectamente contribuya a aumentar el sufrimiento de los palestinos, que pueden experimentar pérdidas económicas y pueden incluso ver cómo se deterioran sus condiciones de vida por la opresión de un Israel más aislado y más salvaje.

     Contra-argumentos

     (1) ¿Qué influencia? Europa apenas ejerce ninguna en este momento. Incluso en EEUU la israelización de su política exterior, particularmente en Oriente Medio, alcanza cada vez cotas más altas, con lo que ata de pies y manos cualquier posible presión norteamericana dirigida a restringir, para no hablar ya de cambiar, las políticas opresivas de Israel. En las escasas ocasiones en que el estado hebreo se ha planteado un cambio de política, ha sido debido sobre todo a que se enfrentaba a presiones concertadas ejercidas por la comunidad internacional.

     (2) ¿Qué izquierda? Quienes en Israel se llaman oficialmente “la izquierda”, la izquierda sionista, para ser exactos, hacen que los partidos de extrema derecha en Europa parezcan sin dificultad tan morales como la Madre Teresa, en particular en lo que se refiere al reconocimiento de los derechos de los refugiados palestinos. Por otra parte, la izquierda no-sionista, moralmente consecuente, es un grupo diminuto, cuyos miembros pueden terminar perdiendo beneficios, privilegios y fondos como resultado del boicot. Esto debería obligarnos a calibrar nuestras acciones de boicot, de forma que se reduzca la posibilidad de que esto sea un efecto indeseado de las mismas. Pero, como ya sabemos, esto no es una ciencia exacta (si es que alguna lo es). Antes que centrarnos en el margen de error, debemos hacer hincapié en el impacto positivo que el boicot puede tener en el conjunto del establishment académico isarelí. El precio que puede que paguen algunos académicos de conciencia como efecto colateral inevitable del boicot resulta bastante barato si se compara con el precio que los académicos palestinos, y de hecho todos los palestinos en general, pagan por la ausencia de boicot y de cualquier forma de presión igualmente efectiva sobre Israel.

     El tipo de apoyo más urgente que la comunidad internacional puede proporcionar al mundo académico palestino es adoptar diversas formas de boicot contra las instituciones académicas de Israel, obligándolas a que se desvincularse de su connivencia directa o indirecta en la opresión de su estado. Esto servirá no solo a los palestinos, sino a la larga, también a la izquierda moral en Israel, incluidos los académicos. Desafiar al establishment fanático y militarista puede que a corto plazo fortalezca su apego al poder: el populismo extremo y el surgimiento de las tendencias fascistas en Israel actualmente constituyen pruebas de esto, pero a la larga debilitará a ese establishment, como sucedió en el caso sudafricano. En este país, la represión bajo el apartheid no se fue reduciendo suavemente hasta morir.

     (3) ¿Mas asfixia? Hasta el mayor defensor sudafricano de los derechos humanos, el arzobispo Desmond Tutu, horrorizado por el estado de sitio tan sofisticado y lleno de capas que ha montado Israel en los Territorios Palestinos Ocupados [23], ha encontrado tantas similitudes entre Israel y la Sudáfrica del apartheid, para hacer una llamada al boicot contra el estado hebreo como el aplicado contra el país africano 24].

     Algunos defensores sinceros de los derechos de los palestinos han alegado que boicotear a Israel es un acto de personas que se arrogan una superioridad moral y que ignoran la necesidad apremiante de aliviar el sufrimiento inmediato de los palestinos bajo la ocupación. Pero como he mostrado en otros sitios [25], al margen de todas las intenciones, este tipo de lógica no es simplemente paternalista, pues pretende saber lo que es mejor para los palestinos, sino que además se basa en la premisa inconsciente de que los palestinos tienen necesidades menores a las de otros seres humanos normales. Se implica que la comida, el cobijo y los servicios básicos, que se verían mejor satisfechos sin boicot, según se nos dice, están considerados por los palestinos como más importantes o más profundos que su necesidad de libertad, justicia, auto-determinación, vida digna y la oportunidad para desarrollarse cultural, económica y socialmente en paz.

     Desde un ángulo completamente distinto, hay quien afirma, que a pesar de todo lo dicho más arriba, sigue siendo necesario que los académicos e intelectuales palestinos mantengan y fomenten la apertura de canales de comunicación con sus equivalentes israelíes, para debatir, compartir, aprender, convencer, para superar las “barreras psicológicas” y en último término para llegar a una visión común y a una lucha común por la paz.

     Permítaseme no estar de acuerdo. Quienes imaginan que basta desearlo para acabar con el conflicto y sugieren ciertos foros para el acercamiento, la distensión o el diálogo, con la esperanza de que estos foros conduzcan a procesos reales de reconciliación y finalmente a la paz, o sufren delirios y requieren atención médica o se engañan peligrosamente.

     En primer lugar, dados los señuelos financieros y la manipulación política que normalmente forman parte del paquete de las “sugerencias” occidentales para colaborar, estas últimas se suelen percibir claramente como dictados.

     En segundo lugar, cualquier proyecto conjunto que tenga como objetivo alcanzar una paz justa debe estar basado esencialmente en el rechazo de toda opresión y en el reconocimiento de una humanidad común. Antes de que esto suceda, cualquier comunicación es estrictamente un ejercicio en una negociación asimétrica entre opresor y oprimido. Solo cuando se establece la igualdad puede esa comunicación elevarse al nivel del diálogo. El reconocimiento mutuo de una humanidad común es por lo tanto una condición previa esencial para el diálogo, nunca una consecuencia de él. Como solía decir el difunto Edward Said: “Igualdad o nada.”

     En tercer lugar, si un miembro de la comunidad opresora en teoría acepta, en principio, los requerimientos para la justicia sin actuar para lograrlos, al tiempo que de forma simultánea disfruta de los beneficios que trae consigo la ocupación, la discriminación racial y el uso ilegal de las propiedades de los refugiados palestinos, entonces esa persona seguiría siendo indirectamente responsable y éticamente se le pueden pedir cuentas de la injusticia que está cometiendo su estado. La reflexión sin acción no basta para exonerar a un miembro de un grupo opresor. Se necesita la acción para convertir el compromiso formal en un proceso de cambio y de transformación ética.

     Los israelíes que no dejan de pedir a los palestinos que paguen un precio político por adelantado a cambio de su “noble” reconocimiento de unos pocos derechos palestinos no es que busquen realmente justicia o un final moral para el conflicto. Algunos buscan de forma desvergonzada fondos europeos, otros lo hacen por el prestigio y la fama y algunos incluso participan de este típico comportamiento colonial como una forma de domar a la fierecilla palestina, o de inhibir la resistencia a la opresión.

     Una lucha por la paz que vaya separada de la justicia equivale a institucionalizar la injusticia o a hacer que los oprimidos se sometan a la fuerza demoledora del opresor y acepten la desigualdad como si fuera su destino.

     Quienes intentan cambiar la percepción de los oprimidos antes que ayudar a terminar con la propia opresión son culpables de ceguera moral y de miopía política. Prolongar la opresión no es solo no-ético, es pragmáticamente contraproducente, pues perpetúa el conflicto.

     Para concluir, me gustaría hacer hincapié en la necesidad de aplicar un boicot completo, institucional, dinámico, contra las organizaciones políticas, económicas, culturales y académicas. Sin un apoyo efectivo basado en principios éticos de esta forma civil, no-violenta, mínima de resistencia contra la opresión o por otras formas similares de lucha, los intelectuales y académicos estarán abandonando su obligación moral de defender lo que es correcto, la justicia, la igualdad y la oportunidad de validar el predominio de principios éticos universales.

     Omar Barghouti es un analista político palestino independiente. Su artículo “9.11. Expresar el momento en términos humanos” fue elegido como uno de los “Mejores de 2002” por The Guardian. Su dirección de contacto es: jenna@palnet.com

     Notas:

    Una versión más breve de este artículo fue presentada en el congreso “Resistir el apartheid israelí”, celebrado en SOAS, Universidad de Londres, 5.12.2004.

    Investigador palestino independiente, fundador de la Campaña Palestina por el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI por sus siglas en inglés).

    (NOTA DE LA T: Aunque se han traducido los títulos de los artículos mencionados en las notas, estos materiales solo están disponibles en inglés).

     1. Etienne Balibar, “Una causa política compleja urgente y universal”, discurso en el Congreso de Profesores Universitarios para la Paz Israelo-Palestina (FFIPP), Université Libre de Bruxelles, 3 y 4 de julio.

     2 La llamada palestina al boicot, lanzada por la Campaña palestina por el boicot cultural y académico contra Israel (PACBI por sus siglas en inglés) y respaldada por unos sesenta sindicatos y asociaciones profesionales, educacionales y culturales de las más prominentes en los territorios palestinos ocupados se puede encontrar en http://right2edu.birzeit.edu/news/article178 (en inglés).

     3 “Los líderes palestinos deberían tomarse muy en serio el frente unido en Israel que se opone al derecho de retorno” rezaba el editorial principal de Haaretz, 18 de agosto, 2003.

     4 Según los pacifistas Gadi Algazi y Azmi Bdeir: “Traslado [eufemismo israelí para la limpieza étnica –Omar Barghouti] no es necesariamente un momento dramático, un momento en que la gente es expulsada y tiene que huir de sus ciudades y pueblos. No se trata de una mudanza planeada y bien organizada con autobuses y camiones cargados de gente. El traslado es un proceso más profundo, un proceso paralizante que está oculto a la vista. El elemento principal consiste en ir minando de forma gradual las infraestructuras de la vida de la población civil palestina en los territorios: esa vida debe ser estrangulada de forma continuada por medio de cierres y asedios que impidan que la gente acuda a trabajar o vaya a la escuela, que tenga acceso a servicios médicos, así como el paso de ambulancias y de camiones de agua, lo que provoca que los palestinos vuelvan a la era del burro y el carro. En su conjunto, estas medidas erosionan el vínculo de la población palestina con su tierra.” Citado en: Ran HaCohen, “Limpieza étnica: pasado, presente y futuro”, www.Antiwar.com, 30, diciembre, 2002.

     5 El nombre del pueblo palestino es Sheij Muwannis.

     6 Ran Reznick, Ramat Hovav tiene el doble de defectos de nacimiento y casos de cáncer, Haaretz, 1, junio, 2004.

     7 Un ejemplo es el “Proyecto Mitzpim”, supervisado por Sofer, que promueve la “conquista” de zonas pobladas por árabes-palestinos por medio de colonias y carreteras de uso exclusivo para judíos.

    http://www.haaretz.com/hasen/spages/481680.html

     8 Tras una visita a la Franja de Gaza, que está completamente rodeada por una valla, Oona King, diputada judía del parlamento británico, comentó la ironía a la que se enfrentan actualmente los israelíes, diciendo: “al escapar de las cenizas del Holocausto, han encarcelado a otro pueblo en un infierno similar en su naturaleza, aunque no en su alcance, al gueto de Varsovia”. “Israel puede detener esto ahora”, The Guardian, 12, junio, 2003, http://www.guardian.co.uk/comment/story/0,3604,975423,00.html

     9 Según las encuestas sobre las opiniones judío-israelíes sobre el servicio militar obligatorio, el factor más importante vinculado al apoyo a la continuación del legado del “ejército del pueblo”, una mayoría contundente está a favor. Por ejemplo, ver la sólida encuesta Peace Index llevada a cabo en abril de 2001 por la universidad de Tel Aviv, http://www.tau.ac.il/peace/Peace_Index/2001/English/p_april_01_e.html

     10 Chris McGreal, “Los israelíes indignados por la imagen de soldados que obligan a un violinista a tocar en un control”, The Guardian, 29, noviembre, 2004.

    http://www.guardian.co.uk/israel/Story/0,2763,1361755,00.html

     11 Amos Harel, “Totalmente illegal”, Haaretz, 23/11/2004. http://www.haaretz.com/hasen/spages/504878.html

     12 Serge Schemann, “Al menos 17 personas mueren en un ataque israelí contra un campamento palestino en Gaza”, New York Times, 12/3/2002.

     13 Según la organización Physicians for Human Rights-Israel (Médicos por los Derechos Humanos-Israel): “Aunque los ciudadanos palestinos del estado de Israel representan aproximadamente 20% de la población, esta comunidad sufre una discriminación institucionalizada que genera severas diferencias socio-económicas entre la mayoría judía y la minoría árabe. No se ha hecho una inversión significativa para remediar estas diferencias. Por el contrario, la población palestina sigue sufriendo la falta de fondos y la discriminación en muchos aspectos, incluyendo el empleo, la educación, políticas inmobiliarias y de urbanismo, y servicios de salud.” http://www.phr.org.il/Phr/Pages/PhrArticle_Unit.asp?Cat=37&Pcat=4

     14 Yulie Khromchenco, Encuesta: “64% de judíos apoyan el que se anime a los árabes a que se vayan”, 22, junio, 2004.

     15 Human Rights Watch, “Segunda clase: Discriminación contra los niños árabe-palestinos en las escuelas de Israel, septiembre, 2001. http://www.hrw.org/reports/2001/israel2

     16 Por ejemplo, Noam Chomsky, describe las sanciones como “probablemente dañinas y en el mejor de los casos inútiles”, alegando: “En las presentes circunstancias del mundo real, una llamada a aplicar sanciones, aunque estuviera justificada, les encantaría a los extremistas de derechas y a los partidarios de la línea dura, porque lo podrían convertir sin dificultad en una “prueba” más de que todo el mundo desea eliminar a los judíos y por lo tanto debemos alzarnos para apoyar al pobre Israel para impedir otro Holocausto.” ZNet, May 31, 2004. http://blog.zmag.org/ttt/archives/000492.html

     17 Etienne Balibar, ibid.

     18 Tony Judt, “Israel: La alternative”, New York Review of Books, Vol. 50, número 16, 23, octubre, 2003. http://www.nybooks.com/articles/16671

     19 Reuven Pedatzur, “El filósofo del ejército israelí”, Haaretz, 24, febrero, 2004.

     20 Ran Hacohen, “Contra las negociaciones”, Antiwar.com, 28, marzo, 2002.

    http://www.antiwar.com/hacohen/h032802.html

     21 Benny Morris, “Un Nuevo éxodo para Oriente Medio”, The Guardian, 3, octubre, 2002.

    http://www.guardian.co.uk/israel/comment/0,10551,803417,00.html

     22 Baruch Kimmerling, “Falsa lógica”, The Guardian, 5, octubre, 2002.

    http://www.guardian.co.uk/letters/story/0,3604,805123,00.html

     23 Desmond Tutu, “Apartheid en la Tierra Sagrada”, CounterPunch, 29, abril, 2002.

     24 Desmond Tutu, “¿Desinvierto de la ocupación y del apartheid?”, CounterPunch, 17, octubre, 2002.

     25 Ver “Sobre la creatividad y la ética de los refugiados”, ZNet, 28, septiembre, 2002.

    http://www.zmag.org/content/Mideast/bhargoutirefeth.cfm

     http://www.counterpunch.org/barghouti12222004.html

  • El BDS, Israel y los afrikaners. Alberto Arce – Carlos Sardiña

    El BDS, Israel y los afrikaners. Alberto Arce – Carlos Sardiña

    El BDS, Israel y los afrikaners

    21.05.2010 – Alberto Arce – Carlos Sardiña

    Una comparación incómoda para la política, para el periodismo, para la cultura.

    La analogía sudafricana y las llamadas al boicot se abren paso y convencen ya a numerosos escritores y artistas

    soldados

    En la Sudáfrica del Apartheid existía un lugar llamado Sun City, trasunto africano de Las Vegas. Una ciudad donde, teóricamente, no existía la discriminación racial. Allí actuaban a cambio de fuertes sumas de dinero reconocidos artistas de renombre internacional. Participaban así en el programa propagandístico diseñado por el gobierno sudafricano para contrarrestar la influencia de la lista de personas que se negaban a viajar al país en solidaridad con los llamamientos al boicot hechos públicos por los líderes del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela o el arzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu.

    En 1985 un grupo de músicos (entre ellos U2, Peter Gabriel, Lou Reed o Keith Richards) grabó una canción y filmó un documental titulados “Sun City, Artistas Unidos contra el Apartheid” que pasó a la historia como uno de los momentos fundamentales de la conformación de la opinión pública mundial sobre el régimen afrikaner de Pretoria. Era una campaña de boicot cultural contra el racismo.

    Varias décadas más tarde y aunque se trata de uno de los temas más controvertidos, vetados  y rechazados por gran parte de la prensa internacional o los líderes políticos mundiales, es cada vez más evidente que la analogía sudafricana, las comparaciones con el régimen de apartheid y los continuos llamamientos de la sociedad civil palestina a una campaña de BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) contra el estado de Israel ganan espacio en el ya de por sí complejo debate en torno a Oriente Medio. Sin ir más lejos, Elton John, uno de los artistas que nunca quiso escuchar las llamadas a boicotear la Sudáfrica racista es objeto en estos momentos de una fuerte campaña de presión internacional para que cancele su actuación prevista en Tel Aviv. Al mismo tiempo, Elvis Costello declarado que “hay veces en las que el silencio tiene más valor que el ruido” tras de suspender su gira por Israel y sumarse al boicot internacional contra el Estado judío.

     

    ¿Cómo surge La estrategia del Boicot, las Desinversiones y las Sanciones?

    La Conferencia de Naciones Unidas contra el Racismo de 1973 aprobó la “Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid”. Reeditada en 1978 y 1983, dicha Convención sirvió como mecanismo para sensibilizar a la opinión pública sobre naturaleza del régimen de Apartheid sudafricano y contribuyó a construir las voluntades políticas que aislaron finalmente al régimen de Pretoria. En 2001 tras la caída del régimen de apartheid, una nueva Conferencia de Naciones Unidas contra el racismo aprobó en ese mismo país la “Declaración y Plan de Acción de Durban para la prevención de la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia”.

    En dicho documento se identifica de manera explícita a la población palestina como uno de los grupos vulnerables víctimas del racismo. Desde entonces, voces tan autorizadas como la del ex-presidente norteamericano Jimmy Carter que publicó en 2006 un libro titulado “Paz, y no apartheid”, han citado la analogía entre el régimen afrikaner de Johannesburgo y el régimen de Tel Aviv. ¿El motivo? El sistema de documentos de identidad que señalan si su poseedor es judío o no, las restricciones en el acceso a las tierras que, en Israel pertenecen en un 93% al Estado y están reservadas exclusivamente a los judíos, el sistema de carreteras de uso exclusivo para colonos en Cisjordania, la ley que impide la reunificación familiar de palestinos residentes en el Estado de Israel o el Muro de separación que Israel construye de forma ilegal según la Corte Internacional de Justicia, en Territorio ocupado, alimentan una comparación que habla de la “bantustanización” de Palestina.

    Se está planteando cómo transformar la analogía entre la situación de la Sudáfrica del Apartheid y la de los territorios palestinos ocupados en una campaña internacional de solidaridad basada en la igualdad de derechos civiles para todos los habitantes del territorio. Escritores israelíes como Uri Davis y Michael Warsavsky participaron el 9 de agosto de 2001 en Jerusalén en el lanzamiento del Movimiento contra el apartheid israelí en Palestina (MAIAP), considerado como primera plataforma de movilización en esta dirección.

    A partir de este primer movimiento, y a lo largo de varios años, organizaciones sociales, sindicatos, partidos, intelectuales y activistas se reunieron periódicamente -siempre a tres bandas, con participantes palestinos, israelíes e internacionales- hasta publicar en 2005 la que se considera como la más representativa, unitaria e internacionalmente extendida “Llamada a una campaña global de Boicot, Desinversiones y Sanciones al estado de Israel hasta que cumpla con sus obligaciones ante el Derecho Internacional”, que recibió el apoyo de decenas de organizaciones palestinas constituidas en el Comité Nacional Palestino para la Campaña de BDS al Estado de Israel y decenas de organizaciones europeas y norteamericanas cuando se presentó públicamente por primera vez fuera de Palestina en una Conferencia Internacional celebrada en Bilbao en octubre de 2008.

    Según sus propios organizadores, el BDS es una campaña que pretende “impedir o entorpecer la ocupación militar israelí de Palestina entendida como un proceso histórico y político en sus diferentes plasmaciones sobre el terreno” mientras se convierte en un instrumento de presión que pretende “obligar a ceder al  Estado de Israel como sujeto con responsabilidad directa en el mantenimiento de la ocupación a través de sus relaciones y las de sus diversas instituciones con el resto de la comunidad internacional, que mantienen también una responsabilidad indirecta en la ocupación”.

    La postura palestina contra la normalización de relaciones con Israel, expresada a través de la Plataforma que promueve el Boicot, es clara: “Rechazamos participar en actividades que limpien la imagen pública de Israel y rechazamos eventos conjuntos en los que no se reconozcan nuestros derechos y el derecho a resistir contra la ocupación israelí. Cualquier evento que no asuma estos principios transmite una falsa imagen de igualdad entre las partes e ignora y legitima la opresión israelí sobre los palestinos. No contribuiremos a ningún evento que menosprecie nuestros derechos o que permita presentar a Israel como algo diferente de lo que en realidad es: un Estado de Apartheid. Y rechazamos los esfuerzos que Israel y sus apologistas realizan para convencernos (…) especialmente de que el conflicto no es más que un síntoma de barreras psicológicas que pueden desaparecer a través del diálogo”.

     

    Artistas que declinan viajar a Israel.

    Siguiendo esta lógica, y probablemente influido por decisiones previas como la de Carlos Santana, Gil Scott Heron, poeta y músico norteamericano, autor de “La revolución no será televisada”, ha sido hasta el momento el penúltimo de los artistas en sumarse a dicha campaña en una lista que crece y se actualixa a diario. El pasado 23 de abril anunció sobre un escenario de Londres, que cancelaba su concierto de fin de gira en Tel Aviv “hasta que todo el mundo sea bienvenido para asistir”. El artista respondía así a una serie de cartas publicadas en diversos medios anglosajones pidiéndole que se sumase a la campaña de boicot al Estado de Israel.

    Respondiendo al mismo tipo de cartas, escritas y hechas públicas por PACBI (Campaña Palestina de Boicot Académico y Cultural al Estado de Israel) en 2009, Andy Bichlbaum y Mike Bonanno, más conocidos como “The Yes Men” retiraron su película “The Yes Men fix the world”, ganadora del Festival de Sundance, del Festival de cine de Jerusalén, rechazando viajar a presentarla en Israel. En una carta explicaban los motivos que les habían llevado a tomar aquella decisión: “Pese a nuestro sentimientos, no podemos olvidarnos de nuestra tarea como activistas. En la década de los 80 tuvo lugar una convocatoria desde Sudáfrica a los artistas de todo el mundo para boicotear el régimen de Apartheid. Hoy en día hay una convocatoria clara de la sociedad civil palestina al Boicot a Israel. Nuestra posición es responder a ella como directores de cine y como activistas colaborando así en la presión al gobierno de Israel para que cumpla con el derecho internacional”.

    Naomi Klein, la autora de No Logo o La doctrina del shock publicó un artículo en The Guardian explicando su modo de sumarse a la campaña de Boicot al Estado de Israel explicando los criterios con los que editaría, en adelante, sus obras en Israel: “Durante ocho años, mis libros fueron publicados en Israel por una editorial llamada Babel. Cuando publiqué La doctrina del shock quería respetar la convocatoria del boicot. Siguiendo el consejo de los activistas palestinos y de escritores como John Berger, que habían adoptado esta opción antes que yo, contacté con una pequeña editorial llamada Al Andalus, formada por activistas fuertemente involucrados en la lucha contra la ocupación desde el interior de Israel y la única editorial israelí que se dedica exclusivamente a traducir literatura árabe al hebreo, y redactamos un contrato que garantiza que todos los beneficios de mis libros permanecerán en Al Andalus. Mi objetivo es boicotear la economía israelí, no a los israelíes”.

    En septiembre de 2009 un grupo de personalidades encabezado por Ken Loach, la propia Klein, Viggo Mortensen, Harry Belafonte, Jane Fonda, que se retractaría posteriormente, Danny Glover o Slavoj Zizek anunciaba su boicot al Festival Internacional de Cine de Toronto. ¿El motivo? protestar por su denominado “Foco en Tel Aviv”, un programa de diez películas sobre la capital israelí en la que no aparecía ninguna mención a los habitantes palestinos de la ciudad. Los cientos de firmantes de la “Declaración de Toronto”  consideraban que no es correcto utilizar actividades culturales internacionales para “lavar la cara del régimen israelí” a través de programas de colaboración cultural con su Ministerio de Asuntos Exteriores. Sobre todo tras lo sucedido en Gaza pocos meses antes, durante la operación “Plomo Fundido” que comienza a jugar el mismo papel catalizador respecto al Boicot a Israel que la matanza de Sharpeville en Soweto jugó en el caso sudafricano, ese tipo de iniciativas son el detonante de una modificación sustancial de la percepción internacional de quien comete masacres y dificultan su justificación.

     

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    La Sudáfrica del Apartheid e Israel: parecidos razonables y amistades peligrosas

    Las comparaciones entre Israel y la Sudáfrica del Apartheid son especialmente incómodas para un país que se considera a sí mismo la “única democracia de Oriente Próximo” y hace todo lo posible para que los demás países también le vean así. Sin embargo, la analogía no carece de fundamento y hay motivos de sobra para afirmar que en Israel impera efectivamente un régimen de apartheid. Como señaló recientemente la activista israelí Nurit Peled, el estado israelí “no es una democracia, es una etnocracia”.

    Incluso Michael Ben Yair, ex fiscal general de Israel y ex miembro de su Corte Suprema, ha declarado: “Hemos elegido con entusiasmo convertirnos en una sociedad colonial, ignorando los tratados internacionales, expropiando tierras, transfiriendo colonos desde Israel a territorio ocupado, robando y justificando todas nuestras actividades. Al desear con pasión quedarnos con los territorios ocupados hemos desarrollado dos sistemas judiciales, uno progresista y liberal para Israel y otro cruel e injusto para el territorio ocupado. Hemos establecido de hecho un régimen de Apartheid en los Territorios ocupados.”

    El arzobispo sudafricano y premio Nobel de la Paz Desmond Tutu ha declarado en numerosas ocasiones que la situación de los palestinos en los territorios ocupados por Israel es similar a la de los negros en Sudáfrica durante la época del apartheid y defiende la campaña de boicot como la mejor estrategia que la sociedad civil mundial puede adoptar para poner fin a las injusticias perpetradas por el estado de Israel. El COSATU (Congreso de Sindicatos Sudafricanos), veterana organización en la lucha contra el apartheid sudafricano, también se ha sumado a la campaña.

    El concepto de apartheid no se limita exclusivamente al contexto histórico de la segregación racial vigente en Sudáfrica entre los años 1948 y 1994. Además es un crimen de lesa humanidad reconocido como tal por la “Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid” aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1973 [pdf]. También el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional aprobado en 1998 contempla el apartheid como un crimen de lesa humanidad en su artículo 7 y considera como tal los “actos inhumanos” contemplados en el propio Estatuto “cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales y con la intención de mantener ese régimen”.

    Con esas leyes en la mano, los expertos en derecho internacional Luciana Coconi y David Bondia elaboraron el año pasado un informe [pdf] en el que concluían que “la discriminación a la que se ve sometido el pueblo de Israel constituye crimen de apartheid”. El relator especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, el jurista de origen sudafricano John Dugard, elaboró en 2007 un informe [pdf] en el que afirmaba que las “leyes y prácticas de Israel en los territorios palestinos ocupados son similares a algunos aspectos del apartheid” y “probablemente están contempladas en la Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid”.

    Esa discriminación se traduce en políticas que van desde la “bantustanización” de los territorios palestinos en Cisjordania como consecuencia de la construcción de asentamientos judíos y las carreteras de circunvalación de uso exclusivo para israelíes que los comunican hasta los “asesinatos selectivos” de activistas palestinos, pasando por la restricción de movimientos o las detenciones arbitrarias que sufren los palestinos a diario. Además, los ciudadanos palestinos de Israel, que en teoría deberían disfrutar de los mismos derechos que sus conciudadanos israelíes judíos, sufren una enorme discriminación en lo que respecta al acceso a la educación, la vivienda, el mercado de trabajo o la sanidad.

    Por otro lado, los vínculos entre Israel y la Sudáfrica del apartheid no se limitan a una mera analogía entre sus políticas discriminatorias. Ambos regímenes mantuvieron unas estrechas relaciones durante muchos años, después de que la mayoría de países africanos le dieran la espalda a Israel tras la guerra del Yom Kippur de 1973. Los dos estados colaboraron fundamentalmente en el ámbiro armamentístico, hasta el punto de que Israel ayudó en secreto a Sudáfrica a obtener la bomba nuclear. Las relaciones amistosas alcanzaron su apogeo en 1976, cuando el primer ministro John Vorster (un antiguo simpatizante nazi) viajó a Israel, donde el primer ministro Isaac Rabin le recibió con todos los honores y en un banquete de estado brindó “por los ideales que comparten Israel y Sudáfrica y por la esperanza de justicia y una coexistencia pacífica”. Aquel fue el año del célebre levantamiento de Soweto, que reprimieron brutalmente las fuerzas de seguridad sudafricanas y en el que se calcula que murieron unas setecientas personas.

     

    Fuente: PeriodismoHumano.com.