Más de una veintena de personas del mundo académico argentino se han unido ya al manifiesto por el BDS Académico en Argentina que se acaba de lanzar. La campaña, que denuncia el papel activo de las universidades israelíes en el régimen de apartheid y pide la no-colaboración con el mismo, ha cosechado grandes éxitos en los últimos meses, como la adhesión de importantes asociaciones estadounidenses y europeas, o la expulsión del programa europeo Horizon 2020 de instituciones en territorios ocupados.
En el Estado español, el manifiesto BDS Académico por Palestina ha reunido en pocos meses más de 1.600 firmas (incluyendo 800 profesores e investigadoras). Los departamentos de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de Granada, así como el de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna han sido las primeras instituciones oficiales en unirse. En Cataluña se ha obtenido un posicionamiento en contra del apartheid y la ocupación palestina tanto de la Secretaría de Universidades de la Generalitat como del rector de la Universitat de Vic.
Para adherirte a la campaña argentina de forma individual o un colectivo, visita la web de BDS por Palestina en Argentina o escribe a bdsacademicoargentina@gmail.com con tus datos personales y académicos. Para información en castellano sobre el BDS académico a nivel mundial, entra al sitio del BDS Académico en el Estado español, además puedes unirte a la Campaña “Boicot Académico por Palestina en Argentina” también en Facebook.
MANIFIESTO: Las universidades y el apartheid israelí: acabemos con la complicidad
Como miembros de la comunidad universitaria, nos sumamos a la llamada hecha desde el conjunto de la sociedad y de las universidades palestinas pidiendo a la sociedad civil internacional que adopte la campaña para el Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) al Estado de Israel como la forma más pacífica y efectiva de obligar a Israel a cumplir la Legalidad Internacional vigente*. La campaña del BDS al Estado de Israel se inició en el año 2005 ante las constantes violaciones de los derechos humanos por parte del Estado de Israel y la reiterada falta de voluntad de los estados y actores internacionales para hacer que este Estado cumpla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas.
Esta campaña, que se apoya en la exitosa experiencia del movimiento internacional de boicot al Apartheid de Sudáfrica y ha recibido el apoyo de destacados activistas como el premio nobel de la paz Desmond Tutu, de organizaciones judías como Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz) y de un número creciente de académicos israelíes, ha demostrado ser una vía de creciente eficacia para que la sociedad civil internacional presione, mediante acciones no-violentas, a la comunidad internacional con el objetivo de hacer respetar los derechos de la población palestina.
Dentro de la campaña BDS, el boicot académico nace como respuesta al apoyo institucional unánime de las universidades israelíes a las políticas de ocupación y apartheid contra la población palestina, que, entre otras cosas, se materializa en una estrecha cooperación con el ejército israelí y en políticas discriminatorias contra los estudiantes palestinos. Por todo ello pedimos que, mientras el Estado de Israel no cumpla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, se apliquen las siguientes medidas:
Los organismos oficiales de Ciencia y Tecnología (CyT) y la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación en Argentina suspendan la cooperación con sus semejantes israelíes, así como las convocatorias a propuestas de cooperaciones académicas, científicas y tecnológicas de Universidades e Institutos de investigación argentinos con los israelíes.
Mientras esto no se cumpla, pedimos a las agrupaciones gremiales, sindicales, centros de estudiantes, colectivos populares, ONG por los derechos humanos, partidos políticos y otros colectivos, que presionen a dichos organismos oficiales para que así lo hagan y que tomen las medidas a su alcance para implementar dicha moratoria.
En el ámbito universitario, la mejor medida de presión a nuestro alcance es la misma que viene siendo utilizada por universitarios de todo el mundo comprometidos con una solución justa para los pueblos de la región: el boicot académico. En consecuencia, pedimos la suspensión de las relaciones entre nuestras instituciones universitarias y las israelíes hasta que el Estado de Israel respete el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, al tiempo que nos declaramos solidarios con todas aquellas personas -universitarias o no- que en Israel luchan valientemente en defensa de los derechos humanos, sociales y políticos del pueblo palestino.
* El llamamiento tiene el apoyo de más 170 organizaciones de la sociedad civil palestina, así como de todas las universidades palestinas. Puede verse en bdsmovement.net y pacbi.org.
La única vía para que las instituciones académicas argentinas no sean cómplices silenciosas de un sistema de ocupación, colonización y Apartheid es sumando el máximo de apoyo posible. Ante la inoperancia de los organismos internacionales, los pueblos debemos actuar. ¡Firmá y difundí!
Entrevista a David Comedi, coordinador de la Campaña BDS Académico por Palestina en Argentina
El programa Derribando Muros de Radio Gráfica entrevistó a David Comedi, doctor en Física, profesor de la Universidad Nacional de Tucumán e Investigador Independiente de CONICET. Comedi es miembro fundador del Grupo Tucumán por Palestina y coordinador del grupo Boicot Académico por Palestina en Argentina.
El mundo árabe tiene una historia propia de boicot a Israel que condiciona el actual desarrollo en sus sociedades del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), nacido en 2005 de un llamamiento de 172 asociaciones, sindicatos, organizaciones y partidos palestinos. Esta experiencia distinta tiene dos precedentes: el boicot comercial y financiero a Israel decretado por la Liga Árabe en 1948 y la lucha contra las políticas de «normalización» de Israel posteriores a los Acuerdos de Oslo de 1993. Estos dos hechos comparten la misma dialéctica no resuelta característica de la historia poscolonial de la región, marcada por la tensión entre las pulsiones panarabistas y los intereses estatales. En todos los países árabes la «cuestión palestina» ha sido a la vez un asunto de política interior, interárabe e internacional. Puede pesar como un lastre o ser un impulso, pero es una realidad que determina la estrategia árabe dentro del llamamiento global del BDS.
Junto a ello, las revueltas árabes en curso han introducido un factor nuevo en la marcha de la solidaridad con Palestina en el mundo árabe. Los levantamientos pacíficos han sacado a la luz el potencial del activismo civil frente a la hipocresía de la política institucional, y una vez más se ha puesto en evidencia que mientras los árabes no sean dueños de su destino, Palestina no lo será del suyo, y viceversa.
Grafiti en una calle de Egipto de un dibujo de Carlos Latuff.
El boicot de la Liga Árabe: de la Nakba a Camp David
En octubre de 1945, al poco de su creación, la Liga Árabe apoyó de manera expresa el llamamiento al boicot a los productos y servicios sionistas promovido en los años treinta por los líderes palestinos, y unos meses después lo amplió al comercio directo entre cualquier país miembro y las entidades sionistas asentadas en Palestina. Tras la creación del Estado de Israel en 1948, se formalizó el boicot contra el Estado de Israel propiamente dicho. En 1950 la Asamblea de la Liga Árabe (resolución 314) amplió el boicot en su forma original prohibiendo toda relación económica y comercial con terceros que tuvieran relación con Israel. Resulta por ello habitual que se hable de tres niveles de boicot, o boicot primario, secundario y terciario, si bien, según cuenta Nancy Turck, este lenguaje propio de la política norteamericana fue desconocido entre los árabes hasta la década de 1970 [2], cuando el boicot comenzó a preocupar en los círculos económicos occidentales y a discutirse con sus contrapartes árabes. Como se verá, la adopción árabe de este vocabulario fue pareja a la desintegración del boicot real, relativizado por la lógica de los «niveles».
Siguiendo la formulación de los tres niveles, hoy estándar, se denomina boicot primario al que prohíbe toda transacción e intercambio directos entre los países árabes o sus nacionales e Israel y los suyos. El boicot secundario afecta a cualquier compañía o persona de cualquier país cuyos tratos con Israel supongan el fortalecimiento económico y militar de éste. En un tercer nivel, se prohíbe a toda empresa extranjera que opere en el mundo árabe el uso de materiales, equipamiento y servicios de firmas objeto del boicot.
La Liga Árabe concebía el boicot como una estrategia política de presión internacional en el marco de la guerra no cerrada con Israel, pues cabe recordar que el armisticio de 1949 no supuso la paz oficial entre los contendientes, sino el fin de las hostilidades armadas. Para la coordinación y seguimiento del boicot se creó en 1951 la Oficina Central del Boicot (OCB), con sede en Damasco y sucursales en las capitales árabes. En reuniones semestrales se establecían las directrices comunes, que no eran vinculantes, sino que luego se formalizaban según los diversos intereses nacionales. Una de las principales iniciativas de la OCB fue la elaboración de una «lista negra» de empresas que incumplían el boicot, generalmente a partir de las respuestas a un cuestionario que la OCB enviaba a las firmas interesadas en invertir en algún país árabe: Ford, Xerox, Topps o Miles Laboratories son algunas de las que figuraron en ella. Sin embargo, la «lista negra» no era unitaria sino estatal, y cada empresa tenía que satisfacer los protocolos locales. Así, por ejemplo, en los años setenta era imposible encontrar Coca-Cola en Egipto, Siria, Kuwait o Irak, mientras que era un producto común en Túnez o Marruecos. Es más, Argelia, Marruecos, Mauritania, Túnez y Sudán nunca elaboraron «listas negras», y en la práctica solo siguieron el boicot primario. Por el contrario, Kuwait era uno de los países más estrictos en la aplicación del boicot. El secretismo de la OCB, la descoordinación y la falta de objetivos vinculantes lastraron desde un primer momento la efectividad del boicot proyectado por la Liga Árabe. Y sobre todo, impidieron que el mundo entendiera por qué el boicot y el aislamiento de Israel eran legítimos.
Por otro lado, muy pronto se vio la dificultad de implementar el llamado «boicot terciario», que, como mucho, quedó reducido a los grandes proyectos de infraestructuras. También hubo excepciones legales, como la exención del boicot en las transacciones Gobierno-Gobierno, que permitía a los Estados árabes comprar equipamiento militar a las mismas compañías que proveían a Israel, o la excepción generalizada del boicot en el ámbito del turismo. Con todo, la llamada al boicot, con su simbolismo, fue respaldada a su vez por el Movimiento de los No Alineados en los años sesenta, y luego por la Organización de la Conferencia Islámica, y si bien sus resultados han sido más bien pobres en el terreno económico, en el político no ha dejado de tener trascendencia hasta la actualidad.
Ni Estados Unidos ni Israel, los principales afectados, parecieron preocuparse en exceso por el boicot hasta la crisis del petróleo de 1973. Isaac Rabin, primer ministro de Israel, dedicó al asunto una minuciosa exposición ante el Parlamento israelí en 1975, en la cual alertaba sobre las nefastas consecuencias del mantenimiento del boicot para las inversiones extranjeras en Israel. Pero de cara a la opinión pública ese mismo año Chaim Bar-Lev, ministro de Comercio e Industria, negaba la evidencia en una visita a Washington: «El boicot árabe no significa nada para nosotros. No afecta en absoluto a Israel» [3]. En 2014, ya en los tiempos del BDS, hemos podido escuchar una frase igual de displicente en boca del actual ministro de Economía, Naftali Bennett: «Más vale un boicot que la creación de un Estado palestino» [4].
El cambio en los equilibrios internacionales que supuso la utilización del petróleo como arma política por parte de la OPEP afectó de manera decisiva al boicot tal cual venía practicándose. El alza de los precios disparó los ingresos de los Estados árabes productores, convertidos de repente en atractivos consumidores para las empresas norteamericanas: EEUU pasó de 1.000 millones de dólares en exportaciones a países árabes en 1971 a 5.400 millones en 1975 y 6.900 millones en 1976 [5]. Para allanar el camino a sus empresas, el Gobierno norteamericano decidió, tras varias normativas parciales que se remontaban a 1959 y 1965, promulgar una legislación antiboicot. No faltó en ello el acostumbrado argumentario moral, que acusaba al boicot de la Liga Árabe de antisemita, afirmando que se regía por criterios étnicos y religiosos; como prueba, se aducían lecturas torticeras o malas traducciones de los protocolos en árabe, como la traducción del término «sionista» por «judío» o «hebreo». Nancy Turck concluía en su informe para la revista Foreing Affairs:
«Los “Principios Generales para el Boicot a Israel”, un compendio de regulaciones sobre el boicot publicado por el OCB, no contienen criterio alguno para el boicot basado en el origen étnico o religioso, y a lo más que se llega es a definir el sionismo en el contexto del apoyo económico y político a Israel». [6]
Finalmente, en 1979 la Administración Carter incluyó la normativa antiboicot en la Ley para la Administración de las Exportaciones, que declaraba ilegal y sancionaba por la vía civil y criminal a las empresas que participaran en un boicot no patrocinado por EEUU. Algunas, como McDonald’s, prefirieron pagar las multas antes que perder sus mercados árabes. Se calcula que hacia 2005, EEUU había recaudado 26,5 millones de dólares en sanciones [7]. Pero en líneas generales la presión norteamericana surtió efecto y la supervisión árabe se relajó. Además, el boicot pasó a formar parte de la agenda política norteamericana, y el Congreso encargó periódicamente informes de seguimiento a la unidad de Comercio y Finanzas Internacionales de su Servicio de Investigación, algunos de los cuales solo se han conocido gracias a WikiLeaks.
Europa, que nunca llegó a legislar en esta materia a la manera de EEUU, no se vio presionada por los intereses encontrados de sus empresas, que hasta más tarde no se involucraron a fondo en el mercado israelí. Pero a fecha de hoy la UE es el principal importador de productos israelíes (más de 14.000 millones de dólares en 2012, frente a los 11.000 millones de EEUU) y el primer proveedor de Israel (que importó 22.000 millones de dólares de la UE y 8.000 millones de EEUU). En este nuevo contexto, en el Parlamento Europeo se han promovido recientemente algunas iniciativas, si bien minoritarias, solicitando que la UE se alinee con EEUU y presione a sus socios árabes. Lo resume una pregunta parlamentaria de febrero de 2013 a la Comisión:
«1. ¿Cuál es la postura de la Vicepresidenta/Alta Representante en relación con la imposición del boicot de la Liga Árabe a Israel, que es un país democrático y amistoso, además de un socio comercial habitual de la UE?
2. ¿Qué medidas ha tomado ya la Vicepresidenta/Alta Representante para debatir este asunto con la Liga Árabe?
3. ¿Está dispuesta la Vicepresidenta/Alta Representante a cooperar con el Gobierno de los Estados Unidos para exigir que se ponga fin oficialmente al boicot?»
Sin embargo, en un sentido político más amplio el boicot de la Liga Árabe murió, como tantas otras cosas, con la firma de los Acuerdos de Paz entre Egipto e Israel en 1978. En Camp David se enterró el sueño unitario árabe, que en buena medida se había forjado en la lucha contra Israel. Y aunque Egipto fue expulsado de la Liga Árabe, la década de 1980 fue testigo de la práctica disolución del boicot como arma de presión económica y política. El boicot fue quedando reducido a una retórica versión primaria en boca de los gobernantes árabes: resultaba difícil liquidarlo sin que se viera afectada la imagen de soberanía de los Estados, que seguían sin establecer relaciones diplomáticas con Israel. El alzamiento palestino de la Primera Intifada y el llamamiento de los líderes del interior al boicot comercial, fiscal y funcionarial en los Territorios Ocupados [8] no cambió esta dinámica. En el mundo árabe los ochenta fueron los años del boicot sin boicot. O del chocolate Nestlé sin fronteras: ¡por fin se vendía en Riad y en Tel Aviv!
«Normalización se deletrea O-s-l-o»
Edward Said tituló un artículo publicado en Haaretz el 11 de octubre de 1998 «Apartheid se deletrea O-s-l-o». Igual podría decirse de la «normalización». Son las dos caras de la moneda de Oslo: apartheid para Palestina, normalización para Israel. En árabe, la expresión que se utiliza para «normalización» es todavía más ajustada: tatbii, esto es, «naturalización». La «normalización» pretende borrar la historia, el derecho internacional y la noción misma de justicia para consagrar a nivel internacional el estado de cosas interno: la ocupación y el régimen de apartheid. La normalización, además, convierte a Israel en un socio legítimo, cuando no indispensable, en la región.
Como se vio a reglón seguido de los Acuerdos de Paz de Oslo (1993), la estrategia israelí de «normalización» estaba meticulosamente diseñada. Para Israel, acabar con su aislamiento regional significaba en primera instancia introducirse en los mercados árabes como proveedor de alta tecnología y bienes de equipo, toda vez que la crisis de los años ochenta había mostrado la debilidad estructural de su economía. Lester Thurow, economista estadounidense, lo explicaba así tan solo unos meses antes de Oslo:
«Los que en la región no producen petróleo deberán fabricar bienes para los que producen petróleo. Israel debería llevar a la mesa de intercambio tecnología, industrias de categoría intermedia y capacidad de organización. Pero nada de eso pude ocurrir si antes no se solucionan las disputas en el mundo árabe e Israel». [9]
Esto ya se venía ensayando con Egipto: en 1992 Egipto exportó a Israel por valor de 967 millones de libras (sobre todo petróleo, y en segundo lugar productos agrícolas) e importó por valor de 41 millones (fundamentalmente semillas, fertilizantes y material de regadío). En un mercado occidental globalizado, la economía israelí, aislada en Oriente Próximo, amenazaba con convertirse en una carga para sus socios, o peor aún, con ser superflua.
En mayo de 1994 el Gobierno israelí y la naciente Autoridad Nacional Palestina (ANP) firmaron el Protocolo de París, que regulaba el marco de las relaciones económicas y financieras entre Israel y los territorios gestionados por la ANP. Si bien previsto para un periodo transitorio de cinco años, sigue en vigor en la actualidad, y en 2012 la ANP pidió formalmente a Israel su renegociación. Es un ejemplo más de la perpetuación de la transitoriedad y las asimetrías de Oslo. Por otra parte, en octubre de 1994, Jordania firmó su tratado de paz con Israel, y cuatro meses después los grandes hombres de negocios egipcios, jordanos, norteamericanos y palestinos acordaron en la Declaración de Taba «aunar esfuerzos para acabar con el boicot a Israel» [10].
El Protocolo de París supedita la economía palestina a Israel, que controla el agua, la tierra y las fronteras, y la somete a la supervisión del FMI y el Banco Mundial, de los que depende la ANP para seguir recibiendo la ayuda financiera de los países donantes. Los fondos de ayuda estadounidenses y europeos han servido para promover proyectos de normalización económica, que alimentan las relaciones de poder desiguales y mantienen la ficción de las negociaciones de «paz». Un macroproyecto paradigmático es el llamado «Corredor de la Paz». Comprende un ferrocarril Jordania-Yenín-Haifa, un canal para unir el mar Muerto y el mar Rojo y la construcción de infraestructuras turísticas regionales, pensadas sobre todo para los árabes de los países del Golfo y que constituyen una seria amenaza para el precario ecosistema de la zona. Por el Corredor de la Paz se pretende que circulen los productos de las Zonas Industriales Cualificadas (ZIC), el plan estrella de la normalización.
Para la puesta en marcha de las ZIC se precisó la implicación directa del Gobierno de EEUU. Las ZIC, situadas en zonas estratégicas de Egipto, Jordania y Cisjordania, han atraído industrias deslocalizadas de la región, con el consiguiente perjuicio para las economías locales, y han introducido la tecnología punta israelí, de la que ahora dependen. Las mercancías de las ZIC llevan la etiqueta «made in Jordan» o «made in Palestine», subterfugio que en el mundo árabe facilita la circulación de productos israelíes susceptibles de ser boicoteados por la población. Hay que añadir que esta producción penetra libre de aranceles en el mercado norteamericano, de modo que el resto de la exportación regional no puede competir con ella.
También a escala internacional no árabe la normalización ha reportado notables beneficios a Israel. Destacan las inversiones de Japón (en el pasado uno de los países más escrupulosos en el cumplimiento del boicot de la Liga Árabe) en las industrias automovilística y electrónica, que han contribuido a la bajada de los precios de numerosos bienes de consumo en Israel.
En este contexto de desintegración generalizada del espíritu y la forma del boicot de 1948, la propia Liga Árabe, que en su origen lo había concebido como una estrategia política en la lucha común contra el sionismo, pasó a considerarlo en función del proyecto de consecución de un Estado palestino independiente en las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como capital. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Kuwait, Bahréin, Catar, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí) anunciaron su renuncia formal al boicot secundario y terciario tras la firma del Tratado de Paz Jordano-Israelí. Y muy pronto Catar, Omán y Marruecos establecieron relaciones comerciales directas con Israel. Entre 1993 y 2001 la Oficina Central del Boicot no se reunió. Cuando lo hizo en 2004, bajo la presión de la Segunda Intifada, asistieron 19 Estados, y faltaron Egipto, Jordania y Mauritania, los tres países que, junto con Marruecos y Túnez, ya habían establecido relaciones diplomáticas con Israel.
Aunque a raíz de la Segunda Intifada pareció que las nefastas políticas árabes de normalización iban a dar un vuelco, lo cierto es que todo se quedó en el terreno de los buenos propósitos. La Liga Árabe aprobó en 2003 una resolución llamando a intensificar el desvaído boicot (solo Líbano seguía manteniéndolo de hecho en los tres niveles), pero con escaso éxito: en el primer semestre de 2004 el comercio árabe con Israel creció un 47%, y esto sin incluir el negocio a través de países intermediarios como Chipre [11]. En 2007 la OCB volvió a reunirse (esta vez con la participación de 14 Estados, 5 menos que en 2004) y propuso que se reactivara el mecanismo de las listas negras, pero ningún país, salvo Siria, se manifestó dispuesto a asumir las consecuencias inmediatas, como por ejemplo romper con Nestlé.
En la actualidad la Liga Árabe sigue manteniendo oficialmente el boicot y hasta lo incluye en el orden del día de sus plenarios. Pero en la práctica no se va más allá de las declaraciones de principios. Y aunque el lobby proisraelí de EEEUU lo sigue incluyendo entre sus prioridades, Doron Peskin, consultor israelí especializado en relaciones comerciales con el mundo árabe, lo ha resumido sin tapujos: «El boicot árabe solo existe hoy de boquilla».
Movimiento antinormalización y BDS
La respuesta de las sociedades árabes a las políticas de normalización promovidas por sus Gobiernos fue inmediata. Desde el principio se denunció el carácter transversal y hegemónico de la normalización/naturalización y se pusieron en marcha estrategias para contrarrestarla. A nivel popular, arraigó el boicot al consumo de productos israelíes, y tras la Segunda Intifada aumentó además el rechazo a las multinacionales que los ciudadanos relacionaban con el conflicto: en Mascate, por ejemplo, los directivos de McDonald’s y KFC reconocieron que la Intifada había influido en la caída de sus ingresos en 2002 [12]. A nivel organizativo, se constituyeron los llamados «movimientos antinormalización», que abrieron un camino en el mundo árabe a lo que luego sería el movimiento BDS global. Su historia anticipa, en buena medida, la del BDS.
El movimiento antinormalización jordano fue pionero. Hisham Bustani, uno de sus fundadores y destacado militante de izquierda, definió en 1996 la lucha contra la normalización como: «el rechazo a establecer trato o relación con ningún individuo, compañía, institución o producto sionista (sea político, comercial, personal, cultural, turístico, etc.)» [13]. El movimiento antinormalización jordano preludió formas de organización posteriores al incorporar a distintos sectores cívicos. Su motor fue la Unión de Asociaciones Profesionales, y en el organigrama del Comité Nacional Anti-Normalización (NANC, por sus siglas en inglés) se integraron la Asociación Jordana de Escritores, la Asociación de la Prensa Jordana, la Asociación para la Protección de los Consumidores, la Asociación de Cambistas, las Cámaras de Comercio e Industria, asociaciones de mujeres, movimientos estudiantiles de izquierda, sindicatos y partidos políticos islamistas y nacionalistas. Hasta hoy en el NANC se conjugan intereses económicos, políticos y estratégicos, pero existen distintos comités sectoriales con sus propios mecanismos de actuación para denunciar los casos de normalización, prevenirlos o neutralizarlos.
Este modelo se siguió pronto en Egipto, el otro país objeto preferente de la normalización. Y desde finales de la década de 1990 Argelia, Líbano, Túnez, Omán, Bahréin y Marruecos han creado también sus gestoras de coordinación de actividades antinormalización. Aunque a nivel interárabe se echa en falta una estrategia conjunta, a escala internacional los movimientos antinormalización han sabido integrarse en los foros antiglobalización. Ya en 2001 el movimiento antinormalización jordano denunció en el Foro Social de Génova los intereses hegemónicos sobre la región del proyecto colonial israelí, y desde entonces los distintos movimientos antinormalización se han ido sumando al Foro Social Mundial, situando la lucha contra la normalización en la dimensión altermundista en la que cobra pleno sentido.
A diferencia del boicot de la Liga Árabe (centralizado, secretista, protocolario, volcado en la acción exterior), el movimiento antinormalización era y es centrífugo, abierto, horizontal y se dirige a las sociedades árabes. Son características que comparte con el movimiento BDS, fruto del llamamiento palestino de 2005. Al igual que en el caso del BDS, su penetración entre los grupos de base y sindicales ha sido notable, si bien, como afirma Wissam al-Saliby, «los activistas no han sido capaces de trasladar estos logros a la política gubernamental debido a su exclusión de las altas esferas de poder y a la continua represión de los Gobiernos». Aunque esto es cierto, el movimiento BDS ha introducido sin embargo un importante giro en las prácticas antinormalización al potenciar la acción ciudadana y no privilegiar la presión política. Esto es especialmente relevante en la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, en sus siglas en inglés), que define la normalización en el contexto árabe y palestino como «la participación en cualquier proyecto, iniciativa o actividad, en Palestina o en el ámbito internacional, que pretenda implícita o explícitamente reunir a palestinos (y/o árabes) e israelíes (personas o instituciones) con cualquier objetivo que no sea denunciar y resistir a la ocupación israelí y a todas las formas de discriminación y opresión contra el pueblo palestino».
Pero mientras que el ideario del BDS apela al derecho internacional y a la legalidad y deja muy claro que se dirige contra Israel y sus instituciones y empresas y no contra sus ciudadanos, los movimientos antinormalización se han caracterizado siempre por su radicalidad, hasta el punto de que hay sectores antinormalizadores muy críticos con la campaña BDS por las limitaciones programáticas que impone. Por ejemplo, buena parte de los militantes antinormalización se niegan a toda participación conjunta en proyectos de resistencia con ciudadanos israelíes.
BDS y antinormalización son iniciativas que tienen estrategias diferentes, pero en buena medida confluyen en sus objetivos, y muchas de las acciones del BDS en el actual contexto árabe coinciden con las propias de los movimientos antinormalización. En concreto, se enfrentan a una serie de desafíos:
Vincular los objetivos del boicot económico y comercial a los de la integración árabe, especialmente en dos sentidos: mostrando a los poderes públicos que el boicot a los productos de las colonias israelíes no perjudica a la economía de cada país siempre que la política arancelaria interárabe se flexibilice y promueva la circulación de mercancías; y aprovechando la puesta en marcha de una nueva legislación de boicot para armonizar las distintas normativas estatales, a la manera de lo que está sucediendo en la UE con la exclusión de las colonias del tratado de libre comercio UE-Israel.
Romper la dinámica histórica del boicot árabe centrado en el comercio y ampliar la gama de objetivos. El boicot cultural es una de las asignaturas pendientes en el mundo árabe, y, como analiza Sami Jitan a propósito de la visita del Cirque du Soleil a Ammán en el verano de 2012, de las más difíciles de aprobar dado el grado de snobismo de las élites de la región en el consumo de cultura globalizada.
Abrir la organización de los comités para integrar a otros colectivos. Fue así como nacieron los grupos BDS de Marruecos, en concreto el de Casablanca y el de Marrakech, aunque sus actividades se centran más en la denuncia de las relaciones fluidas entre Marruecos e Israel que en la puesta en marcha de campañas específicas de BDS. También existen grupos propiamente BDS en Líbano, sobre todo implicados en una continua actualización de la normativa estatal sobre boicot. Otros, como los de Catar o Kuwait, se presentan de manera indistinta como «antinormalización» y «BDS». Un caso particular es el de Egipto, donde la solidaridad con Palestina puesta en marcha a raíz de la Segunda Intifada incorporó al movimiento antinormalización a grupos y personas hasta entonces ajenos. Este capital humano ha sido fundamental para sostener el activismo del actual BDS, en la medida en que sus reivindicaciones (por ejemplo en lo referido a la denuncia de los acuerdos energéticos para el comercio de gas con Israel) encajan en el marco general de las reivindicaciones de la revolución de 2011.
Incorporar al ciudadano no ideologizado o bien activista en otros frentes, a objetivos concretos del boicot. Una campaña novedosa en este sentido ha sido la lanzada recientemente en las redes sociales contra las autoridades saudíes por contratar servicios y equipamiento de seguridad del grupo G4S para La Meca, cuando el BDS hace años que denuncia a G4S por su complicidad con el sistema represivo israelí.
Evitar la manipulación política del BDS. Es un reto decisivo en el caso de los sindicatos árabes, perdidos en una retórica estéril, cuando no hipócrita: Kamal Abu Aita, ex representante de la Federación de Sindicatos Independientes Egipcios, anunciaba en el verano de 2011 en un discurso en Londres ante simpatizantes del BDS que la Federación había acordado boicotear a todos los sindicatos y organismos oficiales israelíes, y llamaba «al movimiento sindical internacional a cortar lazos con el Histadrut y a apoyar a la Coalición de Sindicatos Palestinos por el BDS». En 2013, Abu Aita se convirtió en ministro de Recursos Humanos y Trabajo en el Gobierno formado tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Morsi, y que se ha caracterizado, entre otras cosas, por la fluidez de sus relaciones con Israel y la persecución de los gazauíes en Egipto.
Reconducir la dependencia de campañas promovidas desde el exterior hacia una mayor iniciativa propia que retroalimente la efectividad del BDS en las sociedades árabes. Un logro agridulce en esta línea es la marcha atrás del Gobierno de los EAU a la apertura de una sucursal en Dubái de la cadena de joyerías de Lev Leviev, lograda gracias a la presión de la asociación de derechos humanos Adalah-New York.
Recuperar el liderazgo del discurso anticolonialista, que, cada vez más, está siendo protagonizado por los activistas occidentales, y vincularlo con el sentido del BDS. Es una cuestión delicada y difícil de encauzar en la actual situación política y social árabe. A pesar de ello, hay actuaciones que solo pueden partir de las sociedades árabes, y que por desgracia no reciben la misma atención que otras similares promovidas desde EEUU o Europa, lo que es un claro síntoma de imperialismo cultural aplicado en este caso a la solidaridad con Palestina. En este sentido, apenas han trascendido las presiones de músicos, actores y escritores árabes al Gobierno militar egipcio, que en mayo de 2012 lograron que se abriera el paso de Rafah y ese año pudiera celebrarse en Gaza el Festival Palestino de Literatura.
Coordinar la respuesta a las estrategias antiboicot. El terreno académico y cultural es especialmente indicado: una campaña de promoción árabe bien estructurada podría combatir la «marca Israel», con la que el Estado israelí pretende difundir una imagen de potencia cultural y científica ajena a la ocupación y el apartheid. Un buen punto de partida son los artistas árabes de fama internacional que vienen participando en la difusión del boicot, como la escritora egipcia Ahdaf Soueif, la cantante palestina Reem Kelani, el compositor libanés Marcel Khalife o el director cinematográfico palestino Elia Suleiman.
El momento es decisivo. Las revueltas árabes han recordado la centralidad de la causa palestina en la reivindicación de dignidad, justicia social y libertad de los pueblos árabes. Durante los alzamientos populares de 2011, en ninguna manifestación de Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin o Siria faltaron los llamamientos en favor de Palestina. Sin embargo, cabe el riesgo de que la deriva nacional de cada revolución lastre las estrategias globales en que se fundamenta el actual movimiento BDS. A comienzos de 2014 la persecución de los refugiados palestinos en Siria y su criminalización en Egipto nos recuerdan, una vez más, que los palestinos son moneda de cambio en las políticas nacionales árabes y que de los viejos poderes no cabe esperar nada. Es la prueba de la estrecha relación que hay entre el movimiento BDS y los demandas de apertura democrática de los ciudadanos árabes.
Notas:
[1] Este artículo es una versión ampliada del capítulo correspondiente del libro: Luz Gómez (ed.): BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes, Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014.
[2] Nancy Turck: «The Arab boycott of Israel», Foreing Affairs, 55 (1977), p. 472.
[3] Ibíd. p. 473.
[4] Le Monde, 29.1.2014.
[5] N. Turck, art. cit., p. 485.
[6] Ibíd. p. 480.
[7] Grassroots Palestinian Anti-Apartheid Wall Campaign: Towards a Global Movement: A framework for today’s anti-apartheid activism, 2007, p. 20.
[8] Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, Intifada. La voz del levantamiento palestino, Tafalla, Txalaparta, 1991, pp. 211-217.
[9] Lester Thurow: Head to Head. The Comming Economic Battle Among Japan, Europe, and America, Nueva York, Warner Books, 1993, apud. «Israel se globaliza. Las claves económicas ocultas de Oslo», Nación Árabe, 38 (1999), p. 104.
[10] «Taba Declaration» en Business America, 116/3 (1995), p. 8.
[11] Grassroots Palestinian…, art. cit., p. 25.
[12] Ibíd. p. 28.
[13] Loles Oliván: «El movimiento antinormalización en Jordania», Nación Árabe, 45 (2001), p.128.
Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid. Es autora, entre otras obras, de Diccionario de islam e islamismo (Madrid, Espasa, 2009). Recientemente ha editado el volumen colectivo BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes (Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014).
La col·laboració del Festival Primavera Sound amb l’Ambaixada d’Israel a Espanya converteix al Festival en còmplice de les polítiques contràries al Dret Internacional i als Drets Humans que l’Estat sionista du a terme a Palestina des de 1948.
Primavera Sound: els “Sons d’Israel” són #SoundsFromApartheid.
El Festival de música independent Primavera Sound, que tindrà lloc a Barcelona entre el 28 i el 31 de maig, inclou en el seu cartell d’artistes convidats a tres bandes israelianes: Vaadat Charigim, The Secret Sea i Lola Marsh, que formen part de la secció “Sounds from Israel“. Aquestes tres bandes tenen previst tocar el 29 de maig en el marc de PrimaveraPro, que l’organització del Festival defineix com a “una trobada dirigida a professionals de la indústria musical que es duu a terme de forma paral·lela a Primavera Sound”.
Les tres bandes musicals incloses en la secció “Sounds from Israel” reben el suport institucional de l’Ambaixada d’Israel a Espanya, tal com informa clarament la pàgina web de PrimaveraPro: “El departament de Cultura de l’Ambaixada d’Israel a Espanya té per objectiu recolzar empreses, artistes o organismes que promouen la cultura i la ciència israeliana fora de les seves fronteres en l’Estat espanyol. El seu objectiu és donar a conèixer les últimes innovacions en els camps de la cultura i la ciència en les quals Israel, en la seva curta història com a nació, destaca a tot el món. En aquesta ocasió aposta per donar a conèixer el millor del panorama musical israelià promovent una petita mostra de grups seleccionats d’entre més de 190 candidatures presentades“.
El 6 de juliol de 2004, la Campanya Palestina pel Boicot Acadèmic i Cultural d’Israel (PACBI, en les seves sigles en anglès), formada per desenes d’organitzacions de la societat civil palestina, va llençar una crida a la comunitat internacional demanant que s’apliqui un boicot a totes les institucions culturals i acadèmiques israelianes, com a contribució noviolenta en la lluita contra les polítiques d’ocupació, colonització i apartheid que Israel du a terme a Palestina des de 1948.
Un any més tard, el 9 de juliol de 2005, més de 170 organitzacions de la societat civil palestina van llençar una crida al Boicot, Desinversions i Sancions (BDS) contra Israel fins que aquest Estat: 1/ posi fi a l’ocupació i colonització de totes les terres àrabs ocupades al juny de 1967 i destrueixi el Mur; 2/ reconegui els drets fonamentals de la ciutadania àrab-palestina d’Israel; i 3/ respecti, protegeixi i promogui el dret dels refugiats palestins a tornar a les seves cases i propietats tal com estableix la resolució 194 de les Nacions Unides.
Les directrius de PACBI defineixen que el boicot cultural és aplicable quan “un esdeveniment cultural està totalment o parcialment patrocinat per un organisme israelià oficial o una institució còmplice”. L’actuació d’aquestes tres bandes israelianes en el marc del Festival Primavera Sound viola clarament la crida al boicot cultural de la societat civil palestina, a causa del suport institucional que reben de l’Ambaixada d’Israel a Espanya. Les institucions israelianes inverteixen una gran quantitat de recursos econòmics per promoure la seva cultura, en un intent desesperat de netejar la seva imatge davant d’una comunitat internacional cada cop més farta de les seves sistemàtiques polítiques il·legals.
La col·laboració del Festival Primavera Sound amb l’Ambaixada d’Israel a Espanya converteix al Festival en còmplice de les polítiques contràries al Dret Internacional i als Drets Humans que l’Estat sionista du a terme a Palestina des de 1948.
En vista del que hem exposat més amunt, demanem a l’organització del Festival: i) que cancel·li els concerts de les bandes israelianes Vaadat Charigim, The Secret Sea i Lola Marsh i la secció “Sounds from Israel”; ii) que trenqui totes les seves relacions actuals de col·laboració amb l’Ambaixada d’Israel a Espanya i amb qualsevol altra institució d’aquest Estat.
En cas que l’organització del Festival es negui a donar resposta a aquestes dues demandes, demanem a les persones que tenen previst assistir a aquest Festival, que boicotegin els concerts d’aquestes tres bandes israelianes i no hi participin de cap manera.
Inspirat en el magnífic exemple del boicot cultural que es va dur a terme contra el règim d’apartheid sud-africà, el boicot cultural a Israel té cada dia més força i rep un suport creixent d’artistes i personalitats internacionals lligades al sector cultural. Entre els artistes internacionals que ja han donat el seu suport al boicot cultural d’Israel hi ha Cassandra Wilson, Bono, Natacha Atlas, Jean Luc Godard, Cat Power, Jello Biafra, Lenny Kravitz, Lhasa, Roger Waters, Elvis Costello, Carlos Santana, Annie Lennox, Devendra Banhart, Vanessa Paradis, Gil Scott-Heron, The Pixies i Massive Attack.
A l’Estat espanyol, molts artistes i intel·lectuals donen també suport al boicot cultural a Israel: Obrint Pas, Maruja Torres, Juan Diego Botto, Amparo Sánchez (Amparanoia), Pilar Bardem, Cesk Freixas, Los Chicos del Maíz, Leo Bassi, Pau Alabajos, Willy Toledo, etc. La Guia de boicot cultural contra l’apartheid israelià, publicada el 2013 per la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP), ofereix tota la informació necessària sobre les raons d’aquest boicot cultural i com aplicar-lo.
Primavera Sound: els “Sons d’Israel” són sons d’apartheid.
Prou de complicitat! Boicot cultural a Israel!
Firmen:
BDS Catalunya
Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP)
Complicitats que maten
Plataforma Aturem la Guerra
Revolta Global-Esquerra Anticapitalista
Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC)
En lluita
(Totes aquelles organitzacions i moviments que vulguin firmar el comunitat i no ho hagin fet encara, ens poden escriure a info@bdscatalunya.org)
Ante los asesinatos aparentemente antijudíos de Bruselas, primero hay que lamentar la pérdida de vidas humanas. Todos somos judíos. Las autoridades israelís claman contra el antisemitismo señalando la elección de las víctimas y el lugar del crimen, el Museo Judío. Pero además, Avigdor Lieberman, ministro de Exteriores, extiende la consideración de antisemita al boicot pacífico a los productos israelís. El día 15, dos jóvenes palestinos fueron asesinados por el Ejército israelí, a sangre fría, desarmados, cuando protestaban ante un muro que muerde la Palestina conquistada en 1967. Fueron asesinatos antisemitas. Dos palestinos semitas asesinados por gente que no les reconoce, que considera que deben ser expulsados de su tierra, que no son personas con derechos, no son humanos. Hace tiempo que personas palestinas, israelís, europeas, judías, musulmanas, cristianas y gentiles creen que la falta de empatía ante el sufrimiento de los palestinos y la negación de su derecho a vivir en su propia tierra con dignidad se deben corregir. Ese es el motivo de la campaña de boicot: pedir sanciones a Israel por su política expansionista (la ocupación, las expropiaciones, la esquilmación de la economía palestina) y que no haya inversiones que favorezcan que se mantenga. La vida humana es preciosa, sea la de un ciudadano israelí o un belga. Pero también si es la de un habitante de un territorio ocupado militarmente al que se le quita la dignidad a diario y que no puede vivir, porque no le dejan, con ciudadanía.
Santiago González (Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. El Escorial)
Ben Ehrenreich, periodista y escritor estadounidense, ha investigado los sucesos del pasado 15 de mayo, día de la Nakba. Dos jóvenes palestinos, Nadeem Nowarrah y Mohammad Abu Thaher, morían tras ser alcanzados por munición real de soldados israelíes. “Estaban de cacería”, cuentan fuentes presenciales al ver cómo francotiradores disparaban a las personas que les ordenaban, cuando éstas no suponían ningún peligro.
Oraciones de duelo en los funerales de Nadeem Nowarrah y Mohammad Abu Thaher.
Las cosas más extrañas se convierten en rutina. Todas las noches de la semana, hay un taxi parado frente al recinto de la prisión militar de Ofer en Beitunia, alrededor de 10 minutos al sur de Ramallah, esperando a que se abra la puerta y que la crucen un puñado de hombres aturdidos cargando sus pertenencias en bolsas selladas de plástico mientras caminan hacia la libertad o, al menos, hacia una cárcel más espaciosa conocida como Cisjordania. A veces hay una camioneta en la que venden café, patatas y barritas de caramelo a las familias de los presos mientras esperan en el suelo polvoriento fuera del recinto que también aloja una base militar Israelí, un checkpoint para camiones que entran a Israel, y un tribunal militar —la población de Cisjordania es juzgada en procesos militares en vez de civiles. La última vez que se publicaron datos sobre la tasa de condenas ascendía a 99,74%. La cárcel, por tanto, juega un papel de gran importancia en la vida de Cisjordania: prácticamente la mitad de todos los varones palestinos ha sido encarcelado en algún momento de su vida.
Cada viernes, cuando los tribunales están cerrados y ningún preso puede ser liberado, adolescentes y jóvenes de Beitunia, Ramallah, y los pueblos de alrededor se reúnen en la larga carretera fuera de la cárcel para tirar piedras hacia la puerta de metal. Pocas veces llegan lo suficientemente cerca para golpearla. Los soldados responden con balas de acero revestidas de goma, grandes cantidades de gases lacrimógenos y, en algunas ocasiones, con munición real. A veces los enfrentamientos pasan de los viernes a la semana laboral. A veces alguien lanza un cóctel molotov. A veces participan decenas de personas, otras sólo un puñado. Los portavoces del ejército israelí —y siguiendo su ejemplo la mayoría de los medios de comunicación israelíes— llaman a los enfrentamientos “disturbios”, palabra que les despoja de cualquier intención política y, a quienes participan en ellos, de cualquier cosa parecido a la racionalidad. No son disturbios y tampoco son exactamente manifestaciones. La mayoría de protestas de Cisjordania tienen algún objetivo simbólico claro: cerrar una carretera o forzar un checkpoint, romper una valla, llegar a territorios ocupados por colonos. En la cárcel de Ofer, los niños arriesgan su vida por lanzar piedras a la prisión en la que seguramente serán encarcelados un día generalmente desde una distancia demasiado grande como para alcanzar su objetivo. La desesperanza también tiene sus rutinas.
Estaba en el centro de Ramallah cuando lo escuché. Alguien había sido asesinado fuera de la cárcel. Era el 15 de Mayo, el día de la Nakba, el 66 aniversario del día en el que se levantaron más de 700.000 palestinos en ciudades y pueblos de lo que se convertiría en el Estado de Israel. (Pregunta a los Cherokee: la fiesta patria de un hombre es un desastre para otro). De los postes de la luz colgaban banderas negras. Fui al hospital y encontré a cientos de personas reunidas en el patio. En la puerta, fui corriendo hacia un médico que conocía y se llamaba Ahmad Nasser. Acababa de llegar de Ofer. Había dos muertos, dijo. El había traído al primero. Se llamaba Nadeem Nowarrah. Le habían disparado en el corazón. Tenía 17 años.
Nasser me contó que había visto al comandante mirando a través de prismáticos y señalando a los francotiradores hacia dónde debían disparar. En total hubo nueve heridos, todos por munición real. El otro chico que murió también había recibido un disparo en el pecho. Se llamaba Mohammad Abu Thaher. También tenía 17 años. (Otras fuentes periodísticas han dado diferentes datos sobre su edad, de 15 a 22 años). Me encontré a Mohannad Darabee, el médico que había atendido a Abu Thaher en primer lugar. “Escuchamos el disparo y bajamos” dijo. “Miramos hacia atrás y él seguía en el suelo. Gritó y después no dijo nada más”.
El muro de cemento fuera de Ofer. Los testigos informaron de que el disparo que mató a Nadeem fue disparado por soldados que se encontraban detrás de ese muro.
La calle del hospital estaba abarrotada. Adolescentes, algunos todavía con sus uniformes de colegio, pasaban por allí con lágrimas en los ojos. Otros se sentaban en la acera llorando. En dos ocasiones vi un grupo de chicos llevando a uno de ellos tambaleándose de pena hacia la sala de emergencias. Una multitud se había reunido en la morgue del hospital, un edificio bajo estucado. El padre de Nadeem Nowarrah estaba allí. Tendría unos cuarenta y cinco años, con el pelo prematuramente canoso. Las cámaras le rodeaban mientras esperaba a ver los restos de su hijo. Una y otra vez llamaba a Dios y a su hijo. “Querido mío”, gritaba una y otra vez. “Si pudiera, si pudiera”, gritaba. Detrás suyo, una mujer gemía gritando.
Un poco más tarde de las cinco, se formó una manifestación: cientos de personas aplaudiendo y cantando. Algunos de los jóvenes que había visto antes abrazándose unos a otros en lágrimas caminaban al frente gritando himnos nacionalistas. De un momento a otro, el dolor individual se transformó en rabia colectiva. Marcharon de la puerta del hospital a la morgue y al revés para llegar después a las calles de la ciudad. “La sangre de los mártires está llamando”, gritaban. El chico que habían llevado antes a urgencias yacía colapsado en el cemento, tratando de respirar, solo.
Vi a Rajai Abu Khalil, un doctor joven que trabaja en urgencias de pie fuera del hospital fumando un cigarro. “Dentro es una locura” dijo. Uno de los heridos estaba todavía en cuidados intensivos. “Puede que salga”, dijo, “puede que no”. El resto había sido herido en las extremidades. Todo saldría bien. Pero Abu Khalil no tenía ninguna duda de que los soldados habían utilizado munición real (los medios de comunicación israelíes todavía repetían la afirmación del Ejército de que los soldados de Ofer solo habían disparado balas de goma). “Había heridas de salida”, me contó Abu Khalil. Nadeem todavía estaba vivo cuando llegó al hospital. Cuando le abrió el pecho “su corazón estaba destrozado”. Murió algunos minutos más tarde. Abu Khalil dio una larga calada a su cigarro. “Eran unos niños”, dijo, “todos ellos”.
Por la noche, las fotos estaban colgadas en Facebook: Nadeem haciendo girar su pelota de baloncesto, Mohammad sonriendo, un selfie de Nadeem con su uniforme de los Boy Scout con el brazo de un amigo rodeando sus hombros, los dos chicos boca abajo sobre el asfalto de la carretera de Ofer. A la mañana siguiente fui al funeral. Había demasiada gente para poder entrar en la mezquita, así que se reunieron en un campo detrás de la Universidad de Bir Zeit para realizar las plegarias. Se colocaron lonas gigantes azules y negras en el suelo para que los dolientes no se ensuciaran la ropa cuando se arrodillaran para rezar, pero las lonas no eran suficientemente grandes para que todo el mundo pudiera entrar. Algunos hombres trajeron sus propias alfombras para rezar. Otros se arrodillaron en periódicos o en sus kuffiyas (pañuelo palestino), en banderas amarillas de Fatah o verdes de Hamas. En el centro de la multitud, al frente, los dos cadáveres yacían en sus ataúdes, con sus cuerpos envueltos en banderas palestinas, una bandera amarilla en el pecho de Nadeem Nowarrah y una verde en el de Mohammad Abu Thaher.
Procesión en el funeral de Nadeem Nowarrah, en el pueblo de Mazra’a al Qabilia de Cisjordania.
Después de la oración, cuando todo el mundo se levantó de nuevo y los discursos políticos habían acabado, los porteadores levantaron el cuerpo de Nowarrah en sus hombros y empezaron a transportarlo por la serpenteante carretera que bajaba hacia el valle, dirigiéndose al pueblo de su familia Mazra’a al Qabilia. Las mujeres miraban desde los balcones, llorando. Una banda de tambores en uniformes de los Boy Scout lideraba la procesión a lo largo de las estrechas callejuelas del pueblo. Detrás oscilaba Nowarrah en su ataúd, en una horrible parodia del sueño: sus ojos cerrados, sus mejillas lisas y ligeramente amarilleadas, los labios separados lo justo para enseñar sus dientes. Los hombre que estaban directamente a su alrededor daban palmas y gritaban, pero detrás de ellos, los asistentes caminaban en silencio hasta que llegaron al cementerio del pueblo, en una ladera elevada cubierta de hierba y cardos. En la parte de abajo del valle había un grupo de remolques blancos, un “puesto de avanzada”, un asentamiento en embrión. Dos torres de radio sobresalían desde más colonias ya establecidas un poco más allá de las colinas. Casi todas las puertas y todas las paredes de la aldea tenían un cartel de Nadeem: un chico de pelo corto en camiseta y sudadera con capucha, frente a la cámara, con la mandíbula y la boca ligeramente torcidos, como si estuviera a punto de hablar, o a punto de sonreír.
Ya avanzada la tarde, tomé un taxi a Ofer. Los enfrentamientos casi habían terminado cuando llegué. Sólo cinco o seis jóvenes permanecían, turnándose para lanzar piedras contra un enemigo demasiado lejos para verlo. Dos ambulancias esperaban al ralentí al lado de ellos.
Regresé dos días más tarde con Mohannad Darabee , el médico que había tratado a Abu Thaher, y con Samer Nazal, un fotoperiodista que había estado a pocos metros de Nadeem cuando le dispararon. “Fue exactamente aquí”, dijo Nazal, de pie en medio de la calle. Las puertas de la cárcel ni siquiera eran visibles desde donde estábamos. Había cerca de 60 personas en la calle esa tarde, dijo, 10 o 12 lanzando piedras y otras 50 ligeramente más atrás. Era, dijo Nazal, un enfrentamiento “normal”, incluso en calma. 20 o 30 soldados se habían reunido detrás de un destrozado muro de hormigón, en el borde del aparcamiento de la prisión, a unos 200 metros carretera abajo. Un grupo más pequeño de la policía fronteriza israelí permanecía en la ladera, a unos 10 metros por encima de la calle y unos 50 metros de distancia.
La construcción junto a la cual Nowarrah y Abu Thaher fueron abatidos. Sus nombres han sido pintados en rojo sobre el muro.
Ambos grupos estaban demasiado distantes para estar en peligro de ser golpeados por las piedras, pero los soldados, dijo Nazal, estaban usando munición real cuando llegó al lugar. No estaban disparando salvajemente. “Cada vez era un solo disparo”, dijo, “como un francotirador”. Había permanecido allí menos de 15 minutos cuando Nowarrah fue alcanzado. “En ese momento recibió un disparo cuando simplemente permanecía de pie en la calle. Ellos le vieron y le dispararon”. Darabee llegó al lugar unos 15 minutos después de que la ambulancia se llevara Nadeem. No había nadie allí pero sabía que la herida de Nadeem había sido fatal. Abu Thaher, dijo Darabee, sólo había tirado una piedra a la Policía de Fronteras que estaba en la colina, y corría para ponerse a cubierto detrás de un edificio. Le dispararon por la espalda y cayó en la calzada a unos 10 metros del lugar donde había caído Nadeem. Darabee puso su mano sobre la salida de la herida, en el pecho del chico, para que dejase de sangrar. “Puso su mano sobre la mía”, dijo Darabee, y no se movió más. “Murió cuando estábamos llevándole hasta la ambulancia. Pensamos que se había desmayado”.
El propietario del edificio nos invitó a su oficina para tomar un café. Sus cámaras de seguridad habían registrado los tiroteos, dijo, pero él le había dado el material de archivo a la policía palestina. (También le dio una copia a la organización no gubernamental Defensa Internacional de los Niños, que lo publicó en internet). Los testigos me dijeron que habían visto a los comandantes eligiendo los objetivos y habían apuntando hacia ellos antes de sonara cada disparo. El comandante del ejército que estaba detrás del muro derruido, dijo Darabee, usaba prismáticos. El comandante de la Policía de Fronteras en la ladera, dijo Nazal, no los necesitaba. Él señaló, un soldado disparó, y Nadeem cayó. “He estado en muchos enfrentamientos y nunca he visto esto antes”, dijo Nazal. “Estaban de cacería”.
Asesinato ilegal de dos jóvenes en las afueras de Ofer. Defence for Children Palestine.
Organizaciones sociales y políticas canarias realizaron una protesta contra la presencia del embajador israelí en unas jornadas que se han organizado junto con el Ayuntamiento de La Laguna. Estos colectivos demandan al alcalde que se posicione del lado del pueblo palestino y apoye el movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel. Arriba las que luchan cubrieron la protesta.
Acto en protesta en La Laguna / Arriba las que luchan.
Ante la celebración de una semana temática de Israel en La Laguna con presencia del propio embajador de ese estado sionista, diversos colectivos políticos, sindicales, de derechos humanos, así como ciudadanos a título individual se han reunido hoy frente a las oficinas del Registro del Ayuntamiento de La Laguna con el fin de presentar un documento dirigido al alcalde lagunero en el que se le insta a no colaborar “en mejorar la imagen exterior del apartheid israelí”.
Igualmente se le solicita que “sea coherente con la política de cooperación internacional de su propio Ayuntamiento”, así como que se sume “a la campaña no violenta del BDS e intente enmendar su error con un compromiso semejante, e incluso mayor, con los derechos palestinos”.
Presentado y leído el documento, un grupo de los firmantes se concentró en la Plaza del Exconvento de Santo Domingo donde se realizarán las jornadas con el fin de hacer visibles sus demandas y denunciar el carácter genocida del Estado de Israel y en apoyo a la lucha del Pueblo Palestino.
El embajador abandona bruscamente la conferencia ante preguntas de los asistentes
Durante la celebración en La Laguna, Tenerife, de una semana temática de Israel organizada por el Ayuntamiento de La Laguna con la colaboración de la embajada de Israel en Madrid, del 15 al 24 de mayo de este año 2014, el embajador de Israel decide dar por finalizada su conferencia y acaba, de forma abrupta, su participación ante las preguntas “impertinentes” de algunos de los asistentes que cuestionan su intervención.
Carta dirigida al Alcalde de La Laguna
Desde diferentes colectivos y miembros de la ciudadanía expresamos nuestro desacuerdo y rechazo a la colaboración entre el Ayuntamiento de La Laguna y la embajada de Israel en Madrid, con la celebración de una semana temática de Israel en La Laguna, del 15 al 24 de mayo.
No colabore en mejorar la imagen exterior del apartheid israelí. Ante la carencia de argumentos políticos para seguir prolongando la ocupación militar de los territorios palestinos y su política de segregación de la población palestina, Israel está utilizando la diplomacia cultural para edulcorar su imagen exterior y rebasar así su aislamiento político internacional. Resulta moral y legalmente insostenible colaborar con un régimen que, a semejanza de la Sudáfrica del apartheid, mantiene una política segregacionista y de violación sistemática de los derechos humanos como se recogen por todas las instituciones y agencias internacionales especializadas, e incluso por organizaciones israelíes como B’Tselem. Además, con sus acciones en los territorios palestinos ocupados, Israel infringe las normas del Derecho Internacional humanitario e incurre en responsabilidad por crímenes de lesa humanidad. La prolongación de su ocupación durante cerca de medio siglo es incompatible con el derecho de libre determinación de los pueblos, del que es titular el pueblo palestino, como lo reconoce la Asamblea General de las Naciones Unidas y el propio Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.
¿Hubiera usted, Sr. Alcalde, colaborado con la Sudáfrica de la supremacía racial blanca? Si entonces no lo hubiera hecho, no colabore con un régimen que practica una política semejante en Palestina como señalan destacadas personalidades que lucharon contra el apartheid en Sudáfrica como el Arzobispo Desmond Tutu. El mismo día que usted, Sr. Alcalde, inaugura estas jornadas conjuntamente con el embajador israelí, se conmemora la 66ª independencia de Israel, pero también la Nakba o catástrofe palestina. Esto es, la limpieza étnica de Palestina, la expulsión de los palestinos de su tierra, la destrucción de sus aldeas y ciudades, su expropiación y desalojo, la negación flagrante de sus derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales. Hechos documentados por los palestinos, pero también por los nuevos historiadores israelíes. No es la mejor fecha para exponerse ante las cámaras de la opinión pública, Sr. Alcalde, negando la tragedia palestina al retratarse junto al representante diplomático del Estado que somete a ocupación militar al pueblo palestino.
Sea coherente con la política de cooperación internacional de su propio Ayuntamiento. La institución que usted preside tiene una larga trayectoria de cooperación internacional descentralizada y de solidaridad internacional con los pueblos, en particular, con el pueblo saharaui. También ha brindado alguna colaboración puntual en esta materia a Palestina. Durante la agresión israelí a la Franja de Gaza en el invierno de 2008‐2009, su corporación emitió una declaración institucional de condena de la política israelí, demandando incluso acciones. En consecuencia, le pedimos que sea coherente con su propia trayectoria y compromisos políticos. Pero, sobre todo, no emplee los fondos públicos del Ayuntamiento en contribuir a blanquear el expediente de la ocupación militar israelí y sus leyes discriminatorias sobre otro pueblo. A nadie se le oculta esta realidad, no sea cómplice de la misma ni esboce un falso equilibrio entre la potencia militar ocupante y el pueblo ocupado, entre la víctima y su agresor. No es coherente defender los derechos humanos, las libertades y la justicia en una parte del mundo y al mismo tiempo colaborar con quien viola esos mismos derechos.
Súmese a la campaña no violenta del BDS e intente enmendar su error con un compromiso semejante, e incluso mayor, con los derechos palestinos. Inspirado en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, existe un movimiento global de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) que busca terminar con la ocupación militar israelí, la discriminación racial y la negación de los derechos palestinos. Iniciado por la sociedad civil palestina en 2005, el movimiento del BDS se articula globalmente como una forma no violenta de presionar a Israel para que cumpla con la legalidad internacional y, en particular, con los derechos de los palestinos reconocidos por Naciones Unidas y el Derecho Internacional. En suma, se trata de que toda la población que vive dentro de las fronteras israelíes goce de los mismos derechos, aunque no sea judía. Incluso el propio Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, aludió implícitamente a este movimiento de solidaridad global al advertir a Israel que su intransigencia e inmovilidad en las negociaciones podía acarrearle una campaña de boicot internacional. A semejanza de la larga lucha contra el apartheid, el movimiento del BDS sigue sumando de manera creciente numerosas adhesiones desde el ámbito político, económico, cultural y académico, que resultaban impensables hace apenas unos años en países como Estados Unidos y Holanda, entre otros.
Sr. Alcalde, no intente remar contra el curso de la historia. Procure enmendar su error poniendo fin a la colaboración con la embajada de Israel y sus colaboradores en las Islas. Reafirme su posición de adhesión a los derechos humanos, las libertades y la justicia que asisten al pueblo palestino. Intente compensar la situación creada con un compromiso semejante e incluso mayor y continuado en el tiempo con los derechos palestinos o, cuando menos, recordando públicamente al embajador israelí que Israel también debe cumplir sus obligaciones internacionales, respetar los derechos humanos de los palestinos y liberarles de la ocupación militar que les humilla y subyuga. Esto no significa negar ni lesionar los derechos de los judíos israelíes; por el contrario, lo que se persigue es que los palestinos disfruten de esos mismos derechos. Pese a su todavía importante apoyo externo, Israel no se mantendrá política ni legalmente inmune en la escena internacional durante todo el tiempo, de la misma manera que Sudáfrica tampoco se sostuvo. Potencias más grandes han sucumbido en la historia reciente. Deberá elegir, Sr. Alcalde, entre estar al lado del legado de lucha por la igualdad, justicia y libertad de Mandela o del de la opresión, ocupación, expropiación y segregación racial de la nueva Sudáfrica del apartheid que representa Israel. Como ciudadanos y colectivos de la ciudad de La Laguna dejamos testimonio público de dónde queremos que esté nuestro Ayuntamiento y Alcalde. Ahora le toca a usted pronunciarse.
Izquierda Unida
Sí se puede
Comité Canario de Solidaridad con los Pueblos (CCSP)
Asociación Canaria de Amigos del Pueblo Saharaui (ACAPS)
Partido Comunista del Pueblo Canario (PCPC)
Juventudes de Izquierda Unida
Colectivo de Jóvenes Comunistas (CJC)
Juventudes Comunistas Canarias (JCC)
Saharacciones
Azarug
Plataforma Bolivariana
Acción en Red Canarias
Comisiones de Base (CO.BAS)
Enseñantes Asamblearios (EA)
Intersindical Canaria (IC)
Confederación General de Trabajadores (CGT)
El Festival de música de Ashdod del que afortunadamente se ha caído el nombre de Luz Casal, constituye una oportunidad para que Diego el Cigala demuestre su compromiso por acabar con el sistema de Apartheid.
La RESCOP pide a Diego el Cigala que suspenda su concierto en Israel.
La Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) pidió a mediados de abril al cantante Diego el Cigala que atendiera al llamamiento de artistas palestinos e internacionales al boicot cultural contra el sistema colonial y de Apartheid que es hoy en día el Estado israelí, y que suspendiera su participación en el Festival Mediterráneo que tendrá lugar en Israel a finales de mayo. Pero no ha recibido respuesta al correo enviado.
El próximo 9 de julio, hará 10 años que el Tribunal Internacional de Justicia pidió a Israel que desmantelara el Muro de Apartheid con el que aísla y anexiona los territorios palestinos, sentencia que Israel ha desacatado por completo en todo este tiempo. La suspensión de las negociaciones de paz por Israel, la colonización galopante realizada por Israel en los territorios palestinos y el asesinato a sangre fría, el pasado 15 de mayo, de dos jóvenes que participaban en una manifestación pacífica contra el encarcelamiento administrativo de 125 palestinos y palestinas, han demostrado una vez más que sólo las medidas de boicot y sanciones pueden acabar con la impunidad de este Estado ocupante.
En este contexto, la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina vuelve a pedir a Diego el Cigala que no incumpla el llamamiento al boicot contra el Apartheid israelí y se una a intelectuales y artistas de la talla de Stephen Hawking, Roger Waters, Mira Nair, Emma Thompson, Naomi Klein, Iain Banks, Elvis Costello, Pixies o el guitarrista Santana. Ya son miles de artistas los que se han adherido al boicot cultural como medida de presión para que abandone sus políticas criminales y violaciones de la legalidad internacional y vulneraciones de los Derechos Humanos de la población palestina. Recientemente la filósofa Grace Lee Boggs y el famoso actor Danny Glover, exigieron la retirada de su película en un festival de Tel Aviv en señal de protesta por las políticas coloniales y de Apartheid practicadas por Israel.
El Festival de música de Ashdod del que afortunadamente se ha caído el nombre de Luz Casal, constituye una oportunidad para que Diego el Cigala demuestre su compromiso por acabar con el sistema de Apartheid establecido en Palestina por el Estado israelí, y se una a la campaña de Boicot Desinversión y Sanciones respaldada por el Relator especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos, Richard Falks.
La filósofa y activista Grace Lee Boggs y el actor y activista Danny Glover han denunciado la inclusión de la película Una revolucionaria americana: La evolución de Grace Lee Boggs en un festival de cine israelí patrocinado por el gobierno esta semana.
“Nos solidarizamos con el pueblo de Palestina y apoyamos su llamamiento de boicot cultural y académico a Israel”, Grace Lee Boggs y Dany Glover.
“Como personas que aparecen en la película… nos quedamos impactados al ver que la película sería proyectada en el festival DocAviv en Israel del 13 al 15 de mayo. Esta fue programada sin nuestro consentimiento”, destaca el comunicado.
Los autores dicen que pidieron que la película fuera retirada, pero “los organizadores del festival y los productores de la película nos informaron de que esto no era posible y que mantendrían la proyección a pesar de nuestras objeciones”.
“La película magnifica el trabajo de una vida y el legado de Grace Lee Boggs. Ella ha declarado explícitamente su apoyo al boicot y piensa que esta proyección está en flagrante contradicción con su legado y su trabajo constante como revolucionaria”.
Boggs, hija de inmigrantes chinos que vive en Detroit, ha sido una militante radical y escritora, “cuyas siete décadas de compromiso político abarcan los principales movimientos sociales de los últimos cien años en los Estados Unidos”, incluidos sobre todo los Derechos Civiles y el Black Power.
“Vamos a buscar las oportunidades para que esta película y las ideas que contiene estén disponibles en Palestina de forma que apoye el movimiento, y daremos a conocer nuestra respuesta lo más pronto posible”, concluye el comunicado.
Apoyo del gobierno y de las empresas
Los patrocinadores de DocAviv incluyen organizaciones del gobierno israelí, como el Ministerio de Cultura y Deportes, el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Municipalidad de Tel Aviv y la Autoridad Portuaria de Tel Aviv.
El festival recibe fondos de la Lotería nacional israelí bajo control del Estado que financia numerosas construcciones en las colonias de los territorios ocupados de Cisjordania, que son ilegales en virtud del derecho internacional.
Otro patrocinador es el Banco Leumi, uno de los bancos israelíes que ha visto como grandes inversores internacionales han retirado su capital por la implicación del banco en la colonización de la tierra palestina ocupada.
DocAviv está apoyado por varias embajadas europeas y empresas extranjeras como Fiat y FedEx.
Firmado por: Grace Lee Boggs, William Ayers, Richard Feldman, Danny Glover, Shea Howell, Invincible, Angela Jones, Scott Kurashige, Jenny Lee, Julia Putnam, Ronald Scott y Stephen Ward.
Palestina instará a los delegados del Congreso de la FIFA del próximo mes a imponer sanciones contra Israel mientras continúe actuando “como el matón del barrio”, dijo el martes Jibril Rajoub, presidente de la Federación de Fútbol Palestina.
Rajoub en Ramallah en 2011. Foto de Sharon Bukov.
Rajoub, en una conferencia en el Foro Asiático Soccerex a las orillas del Mar Muerto, dijo que la relación entre los dos vecinos de Oriente Próximo han empeorado tras el reciente arresto de un futbolista palestino y el tiroteo de otros dos jugadores.
Añadió que el grupo de trabajo creado el año pasado por el presidente de la FIFA, Sepp Blatter, integrado por representantes de las respectivas confederaciones, la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas (UEFA) y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), ha fracasado en su intento de aplicar algún cambio real o mejora en los asuntos principales de libertad de circulación y entrada para deportistas palestinos.
No ha habido comentarios al respecto de ninguna fuente israelí.
Rajoub, que además es presidente del Comité Olímpico Palestino, dijo: “Desde el Congreso de Mauricio, cuando el presidente Blatter formó el grupo de trabajo, hemos intentado cambiar. Hasta ahora Israel no está cooperando. Espero que Blatter y todos aquellos que tienen buenas intenciones puedan solucionar el problema antes del Congreso, si no solicitaré sanciones contra Israel. No pueden seguir comportándose como el matón del barrio, violando los estatutos de la FIFA y la Carta Olímpica y rechazando cualquier buena intención ya sea de la UEFA, la FIFA, la AFC, la Federación de Fútbol Palestina u otras partes interesadas”.
La FIFA, institución que gobierna las federaciones de fútbol en todo el mundo, ha realizado informes optimistas sobre la labor del grupo de trabajo en su página web durante el último año, pero Rajoub dibujó una mirada mucho más amarga de la situación.
Tampoco mostró grandes esperanzas de mejoría antes del Congreso el 9 y 10 de junio en São Paulo, que tendrá lugar justo antes del comienzo de la Copa Mundial de Fútbol de Brasil.
Mientras Rajoub no especificó las sanciones que podrían ser tomadas contra Israel, explicó por qué sentía que eran necesarias.
Sucesos catastróficos
“Ha habido dos sucesos catastróficos. La semana pasada nuestro equipo nacional estaba en Catar preparándose para la Copa Asiáticay cuando regresaban los israelíes arrestaron a uno de los jugadores y ahora se encuentra en prisión sin ningún motivo”, dijo Rajoub. “Estoy seguro de que le soltarán en una o dos semanas, entonces, ¿por qué le arrestaron?”.
“El otro evento fue el conocido incidente en el que dispararon e hirieron a dos deportistas que tuvieron que ir a Jordania para recibir tratamiento durante tres meses. Cuando volvieron fueron detenidos”, añadió el presidente de la Federación de Fútbol de Palestina.
“No creo que esta forma de actuar deba quedar sin sanciones, sin ser castigada”.
“El año pasado, en el Congreso de Mauricio, dije que tenía la esperanza de que el próximo año pudiera ir con una solución, pero si no hay solución iré con sanciones. Esto es lo que voy a hacer aunque sigo esperando que quizás algo ocurra antes del Congreso”, dijo Rajoub.
“Según mi propia experiencia, como palestino y también como presidente de la Federación de Fútbol, Israel nunca accede a nada sin ser presionado a ello”.
“Creo que el presidente de la UEFA, Michel Platini, podría ejercer presión. Lo hizo una vez cuando Israel prohibió a los equipos de Jordania e Irak jugar en Palestina, y tras su advertencia inmediatamente todo cambió y fue permitida la entrada a estos equipos”.
Rajoub está también molesto por la carta que Israel envió a Blatter en la que afirmaba que están “preparados para desarrollar el deporte en Palestina, pero debe hacerse a través de nuestros canales”.
Era el colmo para Rajoub que dijo a Reuters que esto “implicaría que estamos afiliados a Israel”. “Significa que no reconocen nuestra propia existencia como entidad deportiva palestina. Este es el problema de fondo y en lo que nos respecta no creo que suceda nada”.
“Es lo que pasó en Sudáfrica durante las décadas de los 80 y 90. Significa que es un pretexto y considero que es suficiente para solicitar sanciones”, añadió Rajoub.
Kirsten Nematandani, expresidente de la SAFA (Asociación de Fútbol de Sudáfrica), dijo dar su total apoyo a la reclamación palestina. “Como país nos damos cuenta de lo que Palestina está experimentando. Nosotros mismos hemos pasado por una situación muy similar durante décadas. Sólo espero que, cunado llegue el Congreso, habrá algo sobre la mesa que nos dé un camino a seguir”.
Nota: Iremos actualizando esta misma entrada con las respuestas de los partidos que todavía no han contestado el formulario que se les hizo llegar. Ver la web de la RESCOP para tener la última información.
Bandera palestina frente a la sede de la Comisión Europea, Bruselas, 2011.
La Coordinación Europea de Asociaciones y Comités de Solidaridad con Palestina (ECCP), de la que la Red de Solidaridad contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) es miembro, ha lanzado en todos los países que componen la Unión Europea una campaña de consulta a los candidatos y candidatas al Parlamento Europeo para conocer su compromiso para defender los derechos del pueblo palestino y acabar con la impunidad de Israel en su violación de los Derechos Humanos y de la legalidad internacional y en sus crímenes contra la humanidad.
La campaña consiste en presentar a las/os candidatas/os un documento donde se describe brevemente la situación actual del pueblo palestino y de las relaciones entre la Unión Europea e Israel: la continua expansión de los asentamiento ilegales israelíes en territorio palestino y las últimas directrices de la UE y de algunos gobiernos que las componen denunciando la ilegalidad de dichos asentamientos y la intención de no comerciar con las empresas que trabajan en ellos; la destrucción de las infraestructuras financiadas por la UE en ataques por las fuerzas israelíes (valoradas en 49,14 millones de euros); el continuo asedio y bloqueo total de la Franja de Gaza que desprovee a la población de comida, combustible y otras necesidades, y constituye una forma de castigo colectivo que viola el artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra; y la política de Israel sobre la demolición de casas palestinas y el desplazamiento forzado.
En dicho documento se incluyen también seis preguntas que tienen como objetivo conocer cuál será la postura de las/los candidatas/os, si salen elegidos cómo miembros del Parlamento Europeo, en las relaciones entre la UE e Israel que garanticen el respeto de las leyes internacionales y cuál será su grado de en una solución justa del conflicto Palestino-Israelí.
El cuestionario solicita la postura de los candidatos en las siguientes cuestiones: la exclusión de los asentamientos, y de los productos que allí se fabrican, de las relaciones entre la UE e Israel; el respeto a los derechos humanos en los tratados UE/Israel y la consiguiente oposición si estos no se respetan; el apoyo al derecho a la autodeterminanción del pueblo palestino; la suspensión de los acuerdos de cooperación en el caso de Israel; y la suspensión de la colaboración militar e intercambio de servicios de seguridad y del comercio de armas (compra y venta) con Israel.
La RESCOP como miembro de la ECCP ha enviado el cuestionario a 31 de los 41 partidos políticos que se presentan a las elecciones al Parlamento Europeo por el Estado español. Después de numerosas gestiones, han sido 11 candidatos de 7 agrupaciones políticas distintas los que han mostrado interés sobre la campaña y han respondido al cuestionario enviado:
Jordi Sebastià de Coalició Compromís, partido que se presenta en colaboración con otras agrupaciones dentro de la iniciativa Primavera Europea, contesta sí a las 6 cuestiones, mostrando así su intención si sale elegido como parlamentario.
Javier Couso y Carmen Duce Díaz (IU) candidatos de la iniciativa La Izquierda Plural, muestran su total apoyo a la causa palestina y responden sí a todas las cuestiones.
Juan Fernando López Aguilar, candidato por el PSOE, muestra su apoyo a la mayoría de las cuestiones realizadas menos a la concerniente a la cooperación con el Estado de Israel en la que se muestra dudoso.
Desde Podemos, Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y Xabier Benito (números 1, 2 y 9 de la lista) muestran su disposición y compromiso al apoyo a la causa palestina y a la resolución del conflicto. Otros candidatos, concretamente Itxaso Cabrera y J. J. Bosch (puestos 22 y 23), se muestran dudosos en algunas cuestiones pero reafirman su intención de trabajar para el cumplimiento de los derechos humanos.
Desde Alternativa Republicana muestran su apoyo total, contestando sí a las 6 preguntas.
La agrupación Escaños en Blanco mantiene su línea argumental (que las leyes electorales recojan el voto en blanco en forma de escaño vacío) y no se posiciona ante la cuestión.
UPyD responde que cumplirán con lo que aparece en su programa político, donde no se menciona ni a Palestina ni a Israel, y que las decisiones que tomarán sus parlamentarios se decidirán en cada debate concreto.
Desde el Partido da Terra, Iolanda Mato, número 2 en la lista, manifiesta su plena adhesión a todas las cuestiones planteadas por RESCOP.
Desde el Partido Comunista de los Pueblos de España muestran su apoyo total, contestando sí a las 6 preguntas.
Desde Corriente Roja muestran su apoyo total, contestando sí a las 6 preguntas.
Numerosos partidos como PP, ERC, CIU, PNV-EAJ, Foro de Cuidadanos, PACMA, EQUO, Partido X, Ciudadanos, Extremadura Unida, Recortes Cero, Extremeños por Europa, DER, Bildu, Partido Andalucista, RRUE, SAIN, Confederación Pirata, Movimiento RED, CILUS y Los Verdes Ecopacifistas, también consultados, a día de hoy no han respondido a nuestra petición.
Desde la RESCOP seguimos abiertos a conocer la posición de los mismos en relación a las políticas que tiene que mantener la UE con Israel, ante la continua violaciones del derecho internacional y la práctica de políticas de apartheid con la población palestina. La comunicación entre la RESCOP y los diferentes partidos y/o sus candidatos ha sido continuada desde antes del inicio de la campaña electoral, ante la ausencia de respuesta por parte de estas formaciones, nosotros seguimos abiertos a conocer su postura y compromiso ante la situación del pueblo palestino, para que en el Parlamento Europeo se vigile y actúe ante la violación de los Derechos Humanos en la zona.
Desde la RESCOP pedimos a las y los votantes del Estado español que tengan en cuenta, a lo hora de elegir libremente su voto, la postura de las agrupaciones políticas que se presentan a las elecciones al Parlamento Europeo ante la lucha del pueblo palestino para acabar con la impunidad del Estado israelí y el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos.
Jorge Ramos Tolosa, especialista en Historia Contemporánea de Israel y Palestina y miembro del grupo BDS País Valencià, habla sobre la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones y el apartheid al que el estado de Israel somete al pueblo palestino en el programa Nota al Margen, de la Universitat de València.
Nota al Margen es un programa de análisis crítico de la actualidad desde un enfoque cultural, conducido por Sergio Arnau, Ana Bellido, Diego San José y David Silvestre, cuatro alumnos de periodismo de la Universitat de València. El programa del 1 de abril de 2014 fue dedicado a la campaña palestina de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el estado israelí, y a desgranar el sistema de apartheid y ocupación que ejerce sobre el pueblo palestino.
Para ello, se contó con el testimonio de Jorge Ramos Tolosa, profesor de Historia Contemporánea en la UV, especialista en Palestina e Israel y miembro del grupo BDS País Valencià.
Para escucharlo o descargarlo podéis visitar la web de Nota al Margen y elegir el programa 1×16 en la barra de la derecha, o directamente aquí:
Los australianos Juice Rap News nos traen este mordaz vídeo subtitulado en castellano sobre Israel, Palestina, y los agentes internacionales que juegan su propio papel en la Ocupación. Cuenta con la participación del grupo palestino DAM y el profesor Norman Finkelstein, cuyos testimonios ofrecen una visión más amplia del asunto.
RAP NEWS 24: ISRAEL & PALESTINA [S02:E04]. Décadas de fallidas conversaciones de paz no han llevado a ninguna parte; pero no pierdas todavía la esperanza. Robert Foster intenta acoger el primer Rap por la Paz en Oriente Próximo, usando la rima y la razón para reunir al primer ministro israelí Benjamín “Bibi” Netanyahu, y un representante de Hamás. Investigamos los argumentos principales, contraargumentos y ad hominem de ambas partes. Pero el análisis no sería completo sin profundizar en el “último tabú de Estados Unidos”, como dijo Edward Said: el papel de EE. UU. como mejor (y único) colega de Israel (bueno, junto con Australia). Con los cameos estelares del prominente académico judío americano Dr. Norman Finkelstein, y las leyendas del rap palestino DAM, estamos ante un capítulo que pasará a la historia. Únete a nosotros mientras tratamos de forma valiente (o quizás estúpida) uno de los más amargos, divisivos y controvertidos conflictos de nuestros tiempos: Israel y Palestina.
Escrito y creado por Giordano Nanni y Hugo Farrant en un estudio en el patio de atrás de una casa en los suburbios de Melbourne, Australia, en la tierra de los Wurundjeri.
Ayer, Roger Waters y Nick Mason del grupo Pink Floyd, instaron a los Rolling Stones a abandonar su concierto programado para principios de junio en Tel Aviv. La Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) ha recogido ya más de 5.000 firmas.
Roger Waters interpretando The Wall durante un concierto en Barcelona en 2011.
«Mientras que los Rolling Stones van a tocar su primer concierto en Israel, y en un momento decisivo de la lucha mundial por la libertad de los palestinos y la igualdad de derechos, nosotros, los dos fundadores sobrevivientes de Pink Floyd, nos unimos al llamamiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS), un movimiento mundial no violento lanzado en 2005 y en pleno crecimiento, por iniciativa de la sociedad civil palestina para poner fin a la ocupación israelí, la discriminación racial y la negación de los derechos fundamentales de los palestinos», han escrito los dos músicos en un mensaje publicado en la web Salon.
«Actuar ahora en Israel es el equivalente moral de actuar en Sun City en el apogeo del apartheid sudafricano. Independientemente de sus intenciones, cruzar esta línea roja facilita la propaganda del gobierno israelí en su afán por blanquear las políticas de su régimen, injustas y racistas».
«Si no actuaron en Sun City en el pasado, como ustedes, los Rolling Stones, no lo hicieron, entonces no deben actuar en Tel Aviv hasta que la libertad impere para todos y la igualdad de derechos sea la ley de la tierra», concluyen los dos músicos.
El mensaje ha sido ampliamente difundido en los medios de comunicación, incluyendo el Washington Post y el New York Daily News.
Este llamamiento es compartido también por miles en las redes sociales y está recibiendo mucha atención en la página de Facebook de Roger Waters con cerca de 10.000 me gusta y unos 800 comentarios.
Aunque un gran número de comentarios, al parecer de internautas israelíes, son extremadamente violentos contra Waters y los palestinos y muchos son islamófobos.
Sin embargo, esto revela que muchos israelíes se han vuelto sensibles a los llamamientos para que su Estado asuma las consecuencias de las violaciones sistemáticas de los derechos de millones de palestinos.
Waters se ha convertido en una de las voces más importantes que apelan al boicot cultural de Israel, una toma de posición que él explicó en una carta a su “familia del Rock and Roll” ampliamente difundida el año pasado.
No es posible la paz con colonias / Ahmad Gharabli (AFP)
Tras el anuncio por parte del gobierno israelí de suspender “las negociaciones de paz” con los palestinos, emitido en respuesta al acuerdo de reconciliación firmado entre Hamas y Fatah, la Coordinadora Europea de Comités y Asociaciones por Palestina (ECCP) [1] insta a la Unión Europea a tomar medidas eficaces contra las violaciones israelíes del derecho internacional, la anexión de tierras palestinas y la construcción en curso de asentamientos, que aumentó exponencialmente durante los 9 meses de “negociaciones” patrocinados por el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry.
Al haber suspendido las conversaciones acerca de la inclusión de Hamas, Israel demuestra que no buscaba ni un socio legítimo o ni paz verdadera. La paz justa y duradera con Israel tendrá que basarse en un acuerdo de paz con un gobierno palestino unificado y democrático, razón por la cual, la ECCP apoya plenamente el intento actual de los partidos políticos palestinos de unificación.
Israel no sólo se negó a respetar el acuerdo de liberar el último grupo de presos palestinos, que cumplen penas superiores a 20 años –acuerdos previos a Oslo–, sino que también anunció a una licitación para 700 nuevas viviendas en los asentamientos de Jerusalén oriental. La falta de seriedad de Israel se ha visto agravada aún más por la destrucción de los proyectos financiados por la UE para los palestinos en territorio palestino, por lo que la UE ni siquiera ha exigido indemnización.
La UE y las organizaciones internacionales deben asumir sus responsabilidades para poner fin a la ocupación israelí de Palestina y para que se respete el derecho internacional, incluido el respeto por el derecho de los ciudadanos palestinos de Israel a la plena igualdad y apoyar el derecho de los refugiados palestinos al retorno. Dada la negativa de Israel a respetar incluso los mínimos requisitos acordados para la última ronda de ‘negociaciones’, la OLP ejerció su derecho a adherirse a los tratados internacionales en la ONU.
La UE debe apoyar todas las iniciativas palestinas presentes y futuras de adhesión a distintas agencias de la ONU y los tratados internacionales –empezando con la cuarta Convención de Ginebra sobre la protección de los civiles– y evitar contribuir a las violaciones israelíes del derecho internacional.
Dado que Israel ha mostrado su negativa a detener la construcción de asentamientos y poner fin a sus numerosas violaciones del derecho internacional –ni siquiera como una medida temporal de buena fe durante las ‘negociaciones’– la UE debe cumplir con su compromiso para condicionar sus relaciones con Israel sobre derechos humanos y principios democráticos, conforme a lo estipulado en el artículo 2 del Acuerdo de Asociación UE-Israel. Numerosos informes de la UE y la ONU han concluido que Israel no respeta los principios básicos de los derechos humanos universales y del derecho internacional.
La política de la UE de mantener estrechas relaciones con Israel como supuesta medida de persuadir este Estado a poner fin a las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional y negociar de buena fe ha fracasado claramente.
Durante varios meses, la UE se centró en el apoyo a la iniciativa de Kerry. Con el anuncio por parte de Israel de finalizar las ‘conversaciones de paz’, y dado el retroceso relativo de los Estados Unidos, la UE afronta ahora su responsabilidad histórica con respecto a este conflicto. La UE debe ahora ir más allá de declaraciones puramente retóricas. Aunque ritualmente repetidas durante los años, ninguna de las declaraciones de la UE, a excepción de las directrices de julio de 2013, ha sido acompañada de una acción correspondiente. Mientras que la UE proporcione fondos y apoyo a las entidades públicas y privadas israelíes que violan el derecho internacional y los derechos humanos del pueblo palestino, no podrá desempeñas un papel positivo y con éxito en el logro de una paz justa y duradera entre Israel y el pueblo palestino.
De hecho, seguir aplicando el Acuerdo de Asociación entre la UE e Israel, junto con las mejoras de facto que se han producido durante años, manda un claro mensaje a Israel de que no será sometido a las mismas normas que otros países que cometen violaciones a los derechos humanos. Mantener el statu quo respecto a las relaciones entre la UE e Israel solo servirá para dar luz verde a Israel para que continúe actuando con impunidad.
Por consiguiente, el ECCP hace un llamamiento a la UE para que suspenda su Acuerdo de Asociación con Israel.
Además, la UE debe publicar las directrices en las que se advertía a las empresas sobre su implicación en asentamientos ilegales y en las que se trataba el etiquetado de productos provenientes de los asentamientos, que, en un principio, debían ser publicadas a finales de 2013, pero que fueron pospuestas hasta que concluyeran las “negociaciones de paz”. Todo ello, en nuestra opinión, debe abrir el camino hacia la prohibición de productos israelíes procedentes de asentamientos en todos los Estados miembros de la UE.
Hasta ahora, la UE se ha abstenido de publicar las directrices con el objetivo, según sus declaraciones, de evitar interferir en la iniciativa de Kerry. Sin embargo, en vista de la presente situación, no hay más pretextos para no publicarlas.
En 2004, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que el muro y los asentamientos israelíes son ilegales y que los Estados tienen la obligación legal de pedir cuentas a Israel y no dar reconocimiento, ayuda o asistencia a las violaciones israelíes del derecho internacional.
Cuando la UE publicó las directrices en noviembre de 2013 que excluían a las entidades israelíes y a los proyectos basados en territorios palestinos ocupados de la participación en programas de la UE y de recibir financiación de la UE, estaba aceptando y actuando según su obligación.
Diez años después del dictamen de la Corte Internacional de Justicia, este principio de debe de implementar en su totalidad. La UE debe imponer un embargo militar a Israel, detener el comercio con los asentamientos israelíes ilegales y asegurarse de que las empresas europeas no contribuyen a las violaciones del derecho internacional por parte de Israel. Al mismo tiempo, tal y como se ha mencionado anteriormente, la advertencia a las empresas se debe publicar inmediatamente y se debe suspender el Acuerdo de Asociación hasta que Israel cumpla sus obligaciones según el derecho internacional.
Unas cifras sobre las supuestas “negociaciones de paz”:
Entre Agosto 2013 y Abril 2014:
Israel ha autorizado la construcción de 14.000 nuevas viviendas en asentamientos ilegales en territorio palestino.
Israel ha autorizado la construcción de 3.226 nuevas viviendas en asentamientos ilegales de Jerusalén Este ocupado ilegalmente.
61 palestinos y palestinas han sido asesinadas por el Ejército israelí.
1.751 palestinos y palestinas han resultado heridas por el Ejército israelí.
660 ataques de colonos israelíes han sido registrados contra la población palestina.
508 estructuras (viviendas, escuelas, fábricas, etc) palestinas han sido demolidas por Israel en territorio palestino.
899 palestinos y palestinas han sido desplazadas a la fuerza por el Ejército israelí.
3.300 palestinos y palestinas han sido arrestadas.
Notas:
1. La Coordinadora Europea de Comités y Asociaciones por Palestina (ECCP) es una red constituida por 48 comités, organizaciones, ONG y movimientos de solidaridad internacional de 20 países de la UE, que trabaja por la lucha del pueblo palestino por libertad y justicia.