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Mientras las protestas continúan en Palestina, hay actos en todo el mundo para detener la impunidad de Israel en el Mes Contra el Muro de Apartheid. En la ONU, 86 importantes expertos jurídicos instan a la ONU y a Estados terceros a actuar.
Decenas de organizaciones palestinas llaman a hacer de julio el Mes contra el Muro del Apartheid: #StopImpunity.
Los principales juristas internacionales y redes legales de todos los continentes, entre ellos los relatores especiales de la ONU, actuales y exjueces, principales profesores de derecho, así como las asociaciones profesionales nacionales y continentales, pidieron al Secretario General de las Naciones Unidas, Ban-Ki Moon, y los líderes del mundo a tomar “acciones concretas” contra el Muro de Israel en la Cisjordania ocupada.
El 9 de julio 2014 se cumple diez años desde que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió su opinión consultiva sobre el Muro que Israel está construyendo en los territorios de Cisjordania, incluida Jerusalén oriental. La Corte Internacional de Justicia comprende que el Muro es parte de la colonización y anexación illegal. Instó a que Israel cese la construcción, derribe los tramos ya construidos y haga reparaciones por los daños causados.
La carta denuncia el fracaso de las Naciones Unidas para aplicar el fallo de la CIJ y ofrece recomendaciones concretas para que los estados rompan con la inactividad.
Jamal Juma, coordinador del movimiento de base palestino Stop the Wall, comentó:
“Mientras Gaza está una vez más bajo un ataque militar de gran escala, el aniversario de la opinión de la CIJ sobre el Muro es un oportuno recordatorio de la complicidad internacional por su constante injusticia contra nuestro pueblo y las obligaciones legales de la comunidad internacional para detener las violaciones israelíes de nuestros derechos fundamentales”.
El fallo de la CIJ afirmó que el derecho internacional obliga a la comunidad internacional a no reconocer la ayuda o ayudar en el mantenimiento de la situación ilegal creada por Israel con el Muro y el régimen asociado de las leyes, órdenes y medidas administrativas. La CIJ también pidió a la comunidad internacional a adoptar nuevas medidas con el objetivo de que esta situación ilegal llegue a su fin y garantizar el cumplimiento de Israel con la Cuarta Convención de Ginebra.
Hace diez años, que ante la falta de acción internacional y la continua construcción del Muro y de los asentamientos de Israel, decenas de coaliciones y organizaciones palestinas hicieron un llamamiento para hacer de julio, el “Mes contra el Muro del Apartheid”, bajo el lema “Stop Israeli Impunity”.
“Con nuestro llamado a la acción, se destaca el hecho de que la ocupación de Israel y la colonización de la tierra palestina continúa, y que la discriminación racista, la opresión y el desplazamiento de nuestro pueblo, son la causa de las pasados y actuales protestas palestinas y esto debe terminar”, dijo Jamal Juma
La carta será presentada en una reunión especial de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, donde el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y los estados miembros estarán presentes. Firmado por los expertos legales, la carta insta a la ONU y sus Estados miembros “para cumplir con sus obligaciones y adoptar las medidas legalmente admisibles para garantizar la eliminación del Muro israelí del territorio palestino ocupado y el régimen asociado de asentamientos de colonos, la discriminación institucionalizada y la anexión”. Tales medidas incluyen la prohibición completa y vinculante sobre el comercio con los asentamientos ilegales israelíes, un alto de todas las relaciones económicas con empresas e instituciones que participan en estas violaciones de Israel del derecho internacional, así como el enjuiciamiento de los actores involucrados en los crímenes de guerra.
“Creo que la carta refleja el enfoque adecuado para una causa justa”, dice Shawqui Issa, el ministro palestino, en representación del Estado de Palestina en la reunión de la ONU. “Todos los Estados tienen responsabilidades legales como se indica en la Corte Internacional de Justicia en el poder y la IV Convención de Ginebra, y deben actuar de inmediato con respecto al derecho internacional y la sentencia de la Corte Internacional de Justicia mediante la adopción de las medidas recomendadas en la carta”.
Con el fin de aumentar la presión sobre los gobiernos para que adopten las medidas recomendadas, eventos contra el Muro y la impunidad israelí se llevarán a cabo en por lo menos dos docenas de países en todo el mes de julio. Desde los EE. UU. y Gran Bretaña a Paraguay, Sudáfrica y la India, las organizaciones de la sociedad civil llevarán a cabo protestas, peticiones, conferencias, proyecciones de películas, exposiciones de arte, y mucho más.
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Ya han sido más de 1.300 personas las que se han adherido a la campaña #YoNOComproApartheid de la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP-BDS). El 9 de julio de 2014 se cumplen 10 años del dictamen de La Haya declarando ilegal el Muro de Apartheid y Anexión construido por Israel en territorios palestinos.
Con motivo del X Aniversario de la Sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya contra el Muro de Anexión construido en Palestina, y en un contexto marcado por la escalada de castigos colectivos, crímenes y ataques racistas contra la población palestina, 1300 personas han firmado contra el Apartheid israelí en Palestina. El 9 de Julio 2004, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya emitió una Opinión Consultiva sobre el Muro construido en Territorio Palestino Ocupado, dictaminando que el Muro del Apartheid y las colonias israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este debían ser desmantelados. Israel también debía restituir a los palestinos las tierras anexionadas y ofrecer reparación por los daños causados.
El Tribunal también exigió de la comunidad internacional que no reconociera ni prestara asistencia a la construcción de este Muro de más de 700 km de largo y 8 metros de alto, y que garantizara el respeto por Israel de la sentencia y la legalidad internacional. Después de este dictamen, ha transcurrido otra década de injusticia para el pueblo palestino, y de impunidad para el Estado israelí y sus más de 700 mil colonos y colonas instalados por Israel en territorio palestino en vulneración de la IV Convención de Ginebra.
Tras una década de incumplimiento, la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina, lanza un vídeo en el que decenas de personas afirman su voluntad de no comprar productos fabricados en Israel o en sus colonias construidas ilegalmente en Palestina (https://rescop.freepresshost.cloud/yonocomproapartheid). Recuerdan que la Unión Europea es el primer destinatario de las exportaciones israelíes, y que gran parte de estos productos son fabricados ilegalmente en territorio ocupado palestino aunque las empresas que los comercializan en nuestro país engañan a los consumidores, vendiéndolos como si fueran fabricados en territorio israelí. Por ello piden que distribuidores, tiendas y mercados se comprometan con la legalidad internacional y los derechos humanos y dejen de comercializar productos etiquetados en Israel.
Desde la desaparición de tres jóvenes colonos israelíes en Cisjordania, se han multiplicado los ataques racistas y supuestas represalias contra la población palestina perpetrados tanto por colonos israelíes como por las fuerzas militares y policiales de este estado de Apartheid. El lunes por la noche, el gabinete de Netanyahu decidió intensificar la operación militar contra la Franja de Gaza, en otro claro intento de socavar el gobierno de unidad nacional palestino, castigando a toda una población.
Se han convocado concentraciones de solidaridad con el pueblo palestino y contra la impunidad de Israel en muchas ciudades del Estado español.
Además de las acciones que se realizaron en Donostia y Bilbo, y las decenas que se realizarán a lo largo de todo el mundo, se han convocado concentraciones en las siguientes ciudades:
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Artículo de Lidón Soriano, activista de Komite Internazionalistak (KI) y de la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP).
El tiempo pasa pero las herramientas utilizadas por las fuerzas de poder siguen siendo las mismas. Vetustas, rancias pero efectivas.
Lo acontecido durante los últimos diecinueve días en Palestina responde a un patrón archiconocido. Lo sorprendente es que haya gente que todavía comulgue con el discurso oficial, habiendo como hay, tantos indicios en su contra. Aquí presentamos algunos argumentos básicos para quienes todavía presentan dudas sobre el asunto.
Cuando los palestinos, bien un comando o grupo armado, llevan a cabo alguna acción de resistencia reivindican inmediatamente su actuación. Para los palestinos eso es motivo de orgullo. Bueno, para ellos y me atrevería a decir que para cualquiera en su sano juicio ya que como escribe Michel Warchasky [1] en un artículo de apoyo a la parlamentaria Haneen Zoabi [2]: “..la lucha contra la ocupación no solo es un derecho, es un deber”.
El modus operandi habitual de los grupos de resistencia palestina es mantener a la o las personas secuestradas con vida ya que solo de esa manera se convierten en moneda de cambio. El ejemplo más claro y reciente lo tenemos en la captura del soldado Gilad Shalit. Su negociación y puesta en libertad responde al procedimiento básico palestino con un objetivo y un método de actuación.
La acusación por parte de Netanyahu hacia Hamas como responsables del secuestro al día siguiente del suceso resulta cuanto menos sorprendente por su rápida y eficiente “resolución”. Sin embargo, deviene sospechosa teniendo en cuenta que Hamas negó toda participación en esta acción. Además, sobre los dos autores según Israel, Marwan Qawasmeh y Amer Abu Aisha, existe una tupida confusión. Ambos son exculpados por sus familias quienes niegan su autoría. Sin embargo esto no ha sido impedimento para que esta mañana les hayan demolido la casa a las familias de ambos palestinos.
El principal objetivo de Israel, independientemente del color de su gobierno, ha sido y es crear la división entre el pueblo palestino. Desde los años 80 ha apoyado, directa o indirectamente, y de forma alternante a una de las dos fuerzas mayoritarias, Al Fatah y Hamas, con el único objetivo de enfrentarlas. Los representantes palestinos, a su vez, han ido siendo considerados por Israel desde legítimos representantes de su pueblo a terroristas reconocidos o personas non gratas: Yassir Arafat, Isamel Haniye e incluso Mahmoud Abbas han entrado en esa noria calificatoria que responde, exclusivamente al interés de Israel por ningunear y/o enfrentar a las fuerzas políticas palestinas entre sí y con su propio pueblo.
La creación en junio del gobierno de Unidad Nacional Palestino que acababa con las discrepancias existentes durante estos últimos 7 años desde que Hamas ganó unas elecciones de forma transparente y democrática constituyó un duro revés para los intereses de Israel y su objetivo básico de confrontar para dividir y debilitar al pueblo palestino. Ellos saben que la unión hace la fuerza de ahí su obsesión desde hace décadas por romper, a cualquier precio, esa unidad.
Y cuando decimos “cualquier precio” es lo que queremos decir. Ni más, ni menos.
A Israel, aunque lleva casi 70 años haciendo todo aquello que le place en territorio palestino sin que ninguna sanción le sea impuesta, le gusta tener alguna excusa para atacar a los palestinos. Eso le permite seguir manteniendo y fortaleciendo su discurso del “derecho a la defensa”, curioso oxímoron por el que las fuerzas de ocupación se definen como “de defensa” mientras el pueblo ocupado, que lucha legítimamente en base a los principios del derecho internacional, es tildado de agresor.
Todos los gobiernos de Israel saben que un ataque a israelíes y si éstos además son jóvenes y bien aparentes, mejor que mejor, es razón más que suficiente para convencer al único sector que tibiamente y en alguna ocasión puede mostrar cierta oposición a las acciones militares israelíes contra los palestinos, los sionistas de izquierdas. También son conscientes que ante el mundo y sus, aparentemente, bienintencionados gobiernos, una excusa de este tipo les permite, en primer lugar, seguir manteniendo su papel de víctima universal y única y, en segundo lugar, atacar sin oposición internacional, cuando no con su apoyo explícito, al pueblo palestino.
Por eso, resulta evidente que esta acción solo tiene un gran beneficiario: el proyecto sionista de Israel. Y, por ende, no resulta difícil deducir la autoría de esta acción.
Si en estos últimos 19 días el Tsahal [3] ha asesinado a ocho palestinos y encarcelado a más de quinientos, qué no hará a partir de ahora. Lo más probable es que durante los próximos días asistamos, una vez más, a un despliegue de fuerza desproporcionada que lo único que persigue no es “dar una lección a los palestinos”, acto que en todo caso es considerado como una crimen de lesa humanidad al ser un castigo colectivo cometido, además, sobre población civil indefensa, sino seguir implementando el plan de limpieza étnica detalladamente descrito por Ilan Pappe [4], en su libro La limpieza étnica de Palestina.
La planificación de la expulsión del pueblo palestino de sus tierras y la expropiación de sus tierras y pertenencias lleva más de un siglo implementándose. Éste no será más que otro triste capítulo llevado a cabo ante el silencio cómplice de la comunidad internacional.
Notas:
[1] Escritor israelí co-fundador del Alternative Information Centre (AIC) único colectivo antisionista formado por israelíes y palestinos. Defensor del estado binacional y varias veces encarcelado por Israel debido a sus escritos y acciones políticas.
[2] Parlamentaria palestina en la Knesset, miembro del partido político Balad.
[3] Ejército israelí conocido como “Fuerzas de Defensa de Israel”.
[4] Profesor e historiador israelí exiliado en Gran Bretaña por los continuos ataques sufridos desde la comunidad judía sionista por defender sus tesis criticando duramente las bases sionistas y racistas del estado de Israel.
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Concentración en la Plaza de Callao el miércoles 9 de Julio a las 19h en solidaridad con el pueblo palestino, por el fin de la impunidad israelí y por el cumplimiento de la Sentencia del Tribunal de La Haya contra el Muro de Apartheid construido por Israel en territorio palestino.
Desde el anuncio por la Autoridad Palestina de su intención de constituir un gobierno de unidad nacional con Hamas, Israel ha puesto todo su empeño en socavar la reconciliación intrapalestina y reunificación política de Gaza y Cisjordania. Ha anunciado la construcción de más colonias israelíes en Cisjordania y en Jerusalén Este, y ha incrementado sus ataques contra la población palestina.
El pasado 12 de junio, estos ataques se intensificaron tras la desaparición de 3 colonos israelíes menores de edad, cuyos cuerpos fueron hallados 18 días más tarde en una zona entre la ciudad de Hebrón y el bloque de colonias de Gush Etzion. Desde el inicio de la búsqueda de los tres colonos, el Ejército israelí ha asesinado a 13 civiles palestinos, de los cuales 2 eran menores de edad, y ha herido a 90 personas, incluyendo 16 menores y 3 periodistas. Ha realizado 190 incursiones en ciudades, pueblos y campos de refugiados palestinos, y ha asaltado casas, instituciones, universidades y sedes de ONG y revistas. Israel ha destruido las casas de las familias de los dos palestinos acusados del triple crimen sin que se haya demostrado que sean los autores de dichos asesinatos.
Israel no sólo se ha negado a liberar a los presos en detención administrativa en huelga de hambre, sino que ha aprovechado la desaparición de tres jóvenes colonos para encarcelar a más de 500 palestinos en toda Cisjordania. Además, como viene siendo costumbre, ha sometido a la Franja de Gaza a más de 100 bombardeos.
Netanyahu anunció que Israel le haría pagar un alto precio a Hamas, al que acusa de estar detrás del secuestro, responsabilidad que este partido ha negado rotundamente. Los discursos que animan a las represalias se extienden entre la derecha israelí, lo que se ha traducido ya en ataques violentos de colonos contra palestinos. Así, en la madrugada del 2 de julio, el secuestro y asesinato del palestino de 16 años Mohammed Abu Khdeir por unos colonos israelíes ha sembrado el pánico entre la población palestina indefensa ante el sistema racista que les discrimina y oprime.
Acostumbrado a quedar impune por sus crímenes de guerra contra el pueblo palestino, el gobierno de Israel tampoco parece asumir la responsabilidad que le corresponde en la muerte de los tres menores colonos al ser el arquitecto de la política colonial que utiliza a civiles israelíes como instrumento de anexión territorial. El trasvase de población civil israelí a los territorios ocupados constituye un crimen de guerra según la IV Convención de Ginebra y ha sido condenado por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya el 9 de julio 2004.
Ahora se cumplen 10 años desde que este tribunal internacional ordenó a Israel desmantelar el Muro de Anexión así como las colonias construidas ilegalmente, restituir las tierras anexionadas y reparar a los palestinos y palestinas por los daños causados. A la comunidad internacional exigió que no reconociera ni prestara ayuda o asistencia a la construcción y mantenimiento del Muro y las colonias. Instaba también a los países de la ONU a actuar para poner fin a la situación creada por dichas infraestructuras.
Hoy exigimos el cumplimiento de esta sentencia histórica, la suspensión del acuerdo de asociación entre la UE e Israel y la cancelación de todo tipo de cooperación militar y policial con el Estado colonial, criminal y de Apartheid israelí. Además, pedimos que las empresas españolas tales como ADIF, que alquila en sus estaciones tiendas a la marca de cosméticos Premier, dejen de sacar beneficio del comercio o inversiones con empresas activas en las colonias israelíes, porque con ello se convierten en cómplices de crimen de guerra.
Solidaridad con el pueblo palestino Rompamos el Muro del silencio y la impunidad
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Joaquín Sabina vuelve a Israel ignorando a Palestina.
Joaquín Sabina vuelve a Israel ignorando la petición de solidaridad con los palestinos en mitad de una ofensiva israelí que deja ya cuatro jóvenes muertos y cientos de detenidos. La Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) quiere mostrar su sorpresa ante el conocimiento de la actuación del cantante español Joaquín Sabina, de nuevo, en Tel Aviv, el próximo martes 24 de junio, justo en medio de una oleada de asesinatos, detenciones y castigo colectivo que está sufriendo el pueblo palestino por parte de la ocupación militar de Israel.
Joaquín Sabina ha decidido mirar para otro lado de forma descarada, ignorando el llamamiento de la campaña global al Boicot, Desinversión y Sanciones que lanzaron más de 5.000 personas y cientos de activistas israelíes, palestinos y españoles hace dos años ante su actuación en la misma ciudad junto con Joan Manuel Serrat en el marco de la gira “Dos pájaros contraatacan”.
El Ejército israelí ha admitido que uno de sus objetivo es destruir la infraestructura civil de Hamas en Cisjordania. Y lo hace atemorizando puerta por puerta a todas y cada una de las familias víctimas de la ocupación. Esto se suma al centenar de palestinos en huelga de hambre en las cárceles israelíes desde hace más de 50 días para denunciar el abuso de su encarcelamiento sin juicio ni cargos y las torturas que reciben a menudo.
La cita, a la que acudirá en calidad de padrino del nuevo disco de la israelí Noa, fiel defensora del Estado de Israel y sus políticas de normalización de la ocupación; coincide con un momento crítico en el que 4 jóvenes palestinos han sido asesinados y la ola de detenciones en toda Cisjordania se acerca a 400 personas, en una nueva escalada de la violencia impulsada por Israel.
Esta es la situación que se encontrará Joaquín Sabina durante el apadrinamiento musical a la israelí Noa y sobre la que la RESCOP tiene el deber de informar e incidir. Nada nos hace más cómplices con la violación diaria de los Derechos Humanos y la legislación internacional que nuestro silencio y por ello pedimos a Joaquín Sabina que cancele su visita a Tel Aviv atendiendo al llamamiento por el BDS que hizo la sociedad Palestina en 2005 para poner fin a la ocupacióny el Apartheid.
Además, este momento coincide con el 10º aniversario de la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya, el próximo 9 de julio, en la que exige el desmantelamiento del Muro de Anexión y Apartheid construido por Israel en territorio palestino. Una sentencia que, lejos de cumplirse, ha sido ignorada dado el progreso en la construcción del Muro que va camino de superar los 700 kilómetros.
Personalidades como el físico Stephen Hawking, los premios nobel Stephane Hessel, José Saramago y Desmon Tutu, la escritora Naomi Klein, el escritor Eduardo Galeano, el filósofo Slavoj Zizek, la activista Beatriz Gimeno, el cantante Luis Pinilla, la artista Carmen París o el poeta y escritor Luis García Montero se convertían en caras visibles de este movimiento el pasado año con la publicación de una guía de Boicot Cultural, entre otras personas solidarias y comprometidas.
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El Foro de Investigación sobre el Mundo Árabe y Musulmán (FIMAM), que agrupa a más de un centenar de investigadoras e investigadores del mundo árabe y musulmán en el Estado español, ha decidido por unanimidad en su último congreso celebrado en Toledo adherirse al manifiesto del BDS Académico por Palestina.
Mesa sobre el Sáhara Occidental, Palestina y el BDS Académico en en el XVII Encuentro del FIMAM.
El Foro de Investigación sobre el Mundo Árabe y Musulmán (FIMAM) es una iniciativa de cooperación científica e información temática nacida en 1995 que reúne a más de un centenar de investigadoras e investigadores del mundo árabe y musulmán en el Estado español. Los días 12 y 13 de junio ha tenido lugar su XVII encuentro en la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo, en el que han participado en torno a medio centenar de especialistas de diferentes universidades del estado español, europeas, americanas y árabes.
En este encuentro se decidió por unanimidad adherirse al manifiesto del BDS Académico por Palestina, que ya ha sido firmado por más de 1.600 personas del mundo universitario (incluyendo 1.000 profesoras e investigadoras), y más de cuarenta organizaciones sindicales, estudiantiles y de profesorado. El manifiesto impulsa así en el marco académico la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) que nació de la sociedad palestina en 2005 como vía pacífica para hacer cumplir a Israel con la legalidad internacional y respetar los Derechos Humanos del pueblo palestino. El boicot académico es la «respuesta al apoyo institucional unánime de las universidades israelíes a las políticas de ocupación y apartheid contra la población palestina», dice el manifiesto. Apoyo que se materializa «en una estrecha cooperación con el ejército israelí y en políticas discriminatorias contra los estudiantes palestinos».
El FIMAM se une de este modo a los departamentos de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de Granada, así como el de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna, que fueron las primeras instituciones en hacerlo. En Cataluña se ha obtenido un posicionamiento en contra del apartheid y la ocupación palestina tanto de la Secretaria d’Universitats i Recerca de la Generalitat en una reunión con Antoni Castellà, como de Jordi Montaña, rector de la Universitat de Vic.
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Julie Pronier. Mondoweiss.
Johar Halabiye (izquierda), 19 años, fue disparado el pasado enero en Abu Dis, junto con su primo Adam Abd al-Raouf Halabiya, de 18 años, también futbolista. Ambos están encarcelados bajo detención administrativa. (Fuente: xssportpal.blogspot.co.uk)
Hoy, 10 de Junio, representantes de asociaciones de fútbol de todo el mundo se reunirán en São Paulo, Brasil, con ocasión del 64 congreso de la FIFA. Durante el congreso del año pasado, el presidente de la FIFA Sepp Blatter recibió un mandato: solucionar el conflicto entre las asociaciones palestina e israelí sobre las restricciones al movimiento de los futbolistas palestinos.
“Es un asunto difícil y el Sr. Blatter está haciendo todo lo posible para solucionarlo. No me cabe duda de ello” dice Susan Shalabi, directora del Departamento Internacional de la Federación Palestina de Fútbol (PFA, en sus siglas en inglés). La PFA ahora está considerando pedir la expulsión de Israel de la FIFA como sanción en el caso de que Blatter informe que no ha podido cumplir su mandato.
La restricción al movimiento es el único tema que la PFA ha podido poner sobre la mesa en un compromiso con la Asociación de Fútbol de Israel (IFA, en sus siglas en inglés). Para Shalabi, el grupo de trabajo que se creó el año pasado para resolver el asunto está actuando como “una cirugía estética para la horrible cara de la ocupación”.
Para las familias de Adam Abd al-Raouf Halabiya y Johar Halabiya, dos jugadores de fútbol que fueron disparados a principios de año y se encuentran en espera de juicio tras cuarenta días encarcelados bajo detención administrativa, la cuestión de la expulsión de Israel de la FIFA es secundaria: sus hijos seguramente continuarán en la cárcel pase lo que pase.
Una reproducción de las negociaciones de paz entre Palestina e Israel
Durante el congreso del año pasado, la PFA solicitó la imposición de medidas contra las violaciones por parte de Israel de los derechos de los jugadores de fútbol palestinos: restricción a su libertad de movimiento, restricción a la construcción de instalaciones, la detención de materiales en aduana – incluyendo envíos de la propia FIFA –y la detención, asesinato y disparos contra futbolistas palestinos.
Un grupo de trabajo israelo-palestino se creó para solucionar estos temas. Sin embargo, la discusión se redujo a la libertad de movimiento. Shalabi lo explica de esta manera, “fue una especie de compromiso que tuvimos que hacer en nombre de la buena voluntad (…). Pensamos que si teníamos éxito en este tema, habría esperanza para el resto”.
También se estableció un enlace directo entre las administraciones israelíes y palestinas para resolver el asunto. La Administración Civil Palestina está coordinándose con la COGAT, Coordinación de Actividades Gubernamentales en los Territorios. El COGAT es un cuerpo militar. “Ellos sólo siguen al Ministerio de Defensa de Israel. Nadie puede controlarlos, son totalmente libres, tienen sus propias normas. Ellos deciden sus propias políticas y las políticas que deciden son las políticas de la ocupación (…)”, explica Shalabi, “la administración civil en Israel no se cuestiona esto. A veces tenemos la impresión de que no se atreven a cuestionarlo”.
Blatter ha finalizado recientemente una gira por Israel, Cisjordania y Jordania. En declaraciones tras su visita afirmó: “Aunque todavía queda trabajo por hacer, hay algunos resultados que podemos aprovechar. Estoy seguro de que el fútbol ayudará a construir puentes entre los pueblos de Palestina e Israel”.
Sin embargo, los resultados que Blatter mencionaba no tienen efecto obvio sobre el terreno. Para la celebración en mayo del segundo Torneo Internacional al-Nakba, en diferentes lugares de Cisjordania, estaba previsto que asistieran equipos de Pakistán, Irak, Sri Lanka y Jordania. Sin embargo Israel prohibió la entrada al equipo iraquí, al primer entrenador de Pakistán y algunos de los jugadores jordanos. “¿Qué equipo, dime, qué equipo internacional aceptaría esto? ¿Jugar sin su primer entrenador?”, pregunta Shalabi. Y añade, “además Jordania tiene un tratado de paz con Israel, ¡así que no hay razones de seguridad!”.
Esta semana, Israel prohibió al subsecretario general de la PFA, Mohammad Ammassi, viajar al congreso de la FIFA desde Gaza. En una declaración, la PFA afirmaba que, “las autoridades israelíes no tienen nada en su contra, lo que convierte este rechazo en una medida temperamental y arbitraria que no contribuye a encontrar una solución a la situación del fútbol palestino”.
Está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por cuestiones de raza, color de piel, su origen étnico, nacional o social, sexo, lengua, religión, posicionamiento político o de cualquier otra índole, poder adquisitivo, lugar de nacimiento o procedencia, orientación sexual o por cualquier otra razón, y será punible con suspensión o exclusión.
Irónicamente, el gobierno israelí recurrió a este mismo artículo en Marzo de este año para solicitar la expulsión de Rusia de la FIFA por su “ocupación militar de la Ucrania soberana”. La solicitud no era totalmente sincera: si Rusia era expulsada del Mundial de 2014 en Brasil, el equipo que la reemplazaría sería Israel.
Por todo ello, la tarea de Sepp Blatter parece imposible: “Cuando Blatter vino aquí, nuestros líderes políticos le presentaron garantías. Fue a Israel y no encontró nada: ellos incluso se negaron a decir la palabra Palestina”, afirma Shalabi.
Expulsar a Israel de la FIFA: “¿En qué nos beneficiará a nosotros?”
El 8 de junio Adam Abd al-Raouf Halabiya celebraba su 18 cumpleaños en detención administrativa. Además debería haber realizado sus exámenes finales del instituto esa semana para estudiar deportes. Su primo, Johar Halabiyeh, y él, formaban parte de la selección nacional de fútbol palestina. A principios de año, el 31 de enero, los dos fueron disparados cerca de la base militar situada sobre Abu Dis, a lo largo del Muro que separa Jerusalén.
Como recordó Nasser, el padre de Johar, los dos chicos estaban volviendo de su entrenamiento en al-Ram, cerca de Ramallah, y se dirigían a la casa de un amigo a cien metros de la base militar. Uno de ellos presuntamente encendió un cigarrillo y, en ese instante, los soldados comenzaron a disparar: pensaron que estaba encendiendo una bomba. Según los testimonios no se encontró ninguna bomba –tampoco detonadores como los militares afirmaron después–, y ninguno de los dos jóvenes llevaban guantes ni máscaras como suele ser habitual en esos casos, pero los soldados mantuvieron su declaración.
Halabiya recibió tres disparos en las piernas y Halabiyeh once –diez en las piernas y uno en su mano izquierda–. Tras soltarles a los perros y golpearles con la culata de sus armas, un soldado puso su pie en la pierna de Halabiya y tiró de él hacia atrás, hacia la cabeza, rompiéndolo. Después arrastraron a los dos jóvenes hacia el campamento antes de trasladarlos al hospital Hadassah en Jerusalén una hora más tarde.
Les esposaron a las camas del hospital y se les prohibió ver a sus madres después del primer día de hospitalización, a pesar de tener permiso para ello. Fueron liberados cuatro días más tarde. Gracias a un acuerdo entre Jibril Rajoub, presidente de la Federación de Fútbol de Palestina, y las autoridades jordanas, fueron trasladados durante unas dos semanas a Jordania para recibir tratamiento. Cuando cruzaron la frontera a su vuelta, fueron arrestados en Cisjordania por las autoridades israelíes y desde entonces están retenidos bajo detención administrativa. Ahora están a la espera del juicio.
Esto no es una historia aislada. En marzo, el estudiante y futbolista Saji Darwish, de 18 años, fue asesinado de un disparo por un francotirador israelí junto al checkpoint de Beitin, cerca de Ramallah. Una portavoz del ejército israelí informó que estaba participando en un lanzamiento de piedras contra el checkpoint. “Algunas personas dicen que iba a ver a sus compañeros del club, pero lo más probable es que estuviera trayendo de vuelta a casa el rebaño de ovejas que tiene”, declara Shalabi, “sea como fuere, estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado y el francotirador le disparó. No se permitió a la ambulancia ir a recogerle y murió en el camino. Imaginemos que estuviera tirando piedras, ¿es motivo suficiente para dispararle?”.
Según Shalabi, estos jóvenes no fueron atacados porque eran futbolistas sino porque son palestinos. Para ella esto debería ser sancionado. “No estamos aquí por venganza ni para castigar a nadie, sólo queremos disfrutar de los derechos que todo el mundo disfruta. Incluidos los israelíes. No queremos que sufran lo que están pasando nuestros jugadores”.
En opinión de Shalabi, permitir a los palestinos jugar libremente debería ser una cuestión de seguridad para las autoridades israelíes: “Uno de los propósitos de establecer una buena estructura deportiva es dar esperanza a estos jóvenes. E Israel no está ayudando. Cuando disparan a esta gente, cuando restringen su libertad de movimiento, ¿qué alternativa le queda al pueblo palestino? Ellos son los que ponen trabas a su propia seguridad”.
Lana, la madre de Halabiya, metió a su hijo en el fútbol cuando llegó con su marido de Abu Dabi. Era una manera de mantenerlo activo y fuera de problemas. Nasser, el padre de Johar, era futbolista en el equipo de Abu Dis, y después gerente del equipo de la ciudad en el que Johar y su hermano pequeño jugaban. Para él, expulsar a Israel de la FIFA o no no es el problema: “Necesito a mi hijo aquí. ¿Qué pasa si expulsan a Israel de la FIFA? ¿En qué nos beneficiará? ¿Acaso la FIFA liberará a nuestros hijos?”
Julie Pronier es periodista y fotógrafa freelance francesa actualmente en Ramallah.
Con motivo del X Aniversario de la Sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya contra el Muro de Anexión construido en Palestina, el movimiento de solidaridad con Palestina lanza una campaña de firmas contra el Apartheid israelí.
El próximo 9 de Julio 2014, hará 10 años que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, máximo órgano judicial para juzgar de la legalidad de las acciones adoptadas por un Estado miembro de las Naciones Unidas, emitió una Opinión Consultiva sobre el Muro construido en Territorio Palestino Ocupado. Dicho Tribunal dictaminó que este Muro de Apartheid era ilegal según el Derecho Internacional. No pudo ser más claro: Israel debía desmantelar el Muro y los asentamientos, restituir a los palestinos las tierras anexionadas y ofrecer reparación por los daños causados.
El Tribunal también exigió de la comunidad internacional que no reconociera ni prestara asistencia a la construcción de este Muro de más de 700 km de largo y 8 metros de alto, y que garantizara el respeto por Israel de la sentencia y la legalidad internacional. Después de esta sentencia, ha transcurrido otra década de injusticia para el pueblo palestino, y de impunidad para el Estado israelí y sus más de 700 mil colonos y colonas instalados por Israel en territorio palestino en vulneración de la IV Convención de Ginebra.
Indignadas por el inmovilismo de nuestros gobiernos, miles de organizaciones sociales y personas comprometidas se han adherido a la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra el Apartheid israelí para ayudar a poner fin a las violaciones del derecho humanitario internacional y de los derechos humanos de los palestinos. Personas de mucho renombre han apoyado esta campaña.
Ahora, tras otros diez años de injusticia, la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina, lanza una campaña de firmas para demostrar que en nuestros pueblos y ciudades hay miles de personas que no quieren ser cómplices con este sistema de Apartheid y se niegan a comprar productos fabricados en Israel. Tras denunciar que en tiendas, mercados y lugares públicos como las estaciones de RENFE, se están vendiendo productos fabricados ilegalmente en territorio palestino por empresas israelíes (Sodastream, Premier, Ahava, dátiles Medjoul, etc.), piden que se abran espacios de comercialización libres de Apartheid israelí. Invitan a personas y organizaciones sociales que firmen la petición #yoNOcomproApartheid en rescop.org/yonocomproapartheid.
El RIBA se ha hecho eco de los más de 200 arquitectos/as y profesionales de la construcción palestinos que habían escrito a Stephen Hodder, presidente del RIBA, apoyando la moción para la suspensión de la Asociación de Arquitectos Israelíes Unidos (IAUA) de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA).
Colonia israelí Har Homa en Jerusalén Este – RIBA dice que la IAUA es cómplice del “robo de tierras, desplazamientos forzosos (…) y el refuerzo del apartheid”
Una decisión muy significativa, después de un debate difícil y apasionado del Consejo el 19 de marzo de 2014, el pilar de la institución profesional de arquitectos del Reino Unido, el Instituto Real de Arquitectos Británicos (RIBA), aprobó una moción para excluir a la Asociación Israelí de Arquitectos Unidos (IAUA) del organismo mundial de arquitectos, la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). La moción fue aprobada por 23 votos a favor, 16 en contra y 10 abstenciones.
“Dado que la Asociación Israelí de Arquitectos Unidos (IAUA) decidió no respetar la resolución 13 de la UIA de 2005 y 2009, el RIBA pide a la UIA, como guardián internacional de los estándares profesionales y éticos de nuestra profesión, que suspenda la membresía de la Asociación Israelí de Arquitectos Unidos, hasta que se oponga a esos proyectos ilegales, respete el derecho internacional, los acuerdos de la UIA y la Resolución 13”.
La campaña iniciada y promovida desde hace más de siete años por los Arquitectos y Urbanistas por la Justicia en Palestina (APJP) fue llevada a buen término por el gran trabajo en equipo y por la acción valiente de la expresidenta del RIBA, Angela Brady, y miembros activos del Consejo, George Oldham y Owen O’Carroll, que presentaron la moción firmada por muchos de los miembros del RIBA y arquitectos registrados incluyendo principales figuras de la profesión como Ted Cullinan, Charles Jencks, Will Alsop, Peter Ahrends, Neave Brown y Richard Murphy.
Carta de más de 200 arquitectos y profesionales palestinos a Stephen Hodder, presidente del RIBA
Moción para la suspensión de la Asociación Israelí de Arquitectos Unidos (IAUA) de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA)
Estimado Sr. Hodder:
Estamos muy animados por la excelente y valiente moción del Consejo del RIBA del 19 de marzo de 2014 pidiendo la suspensión de la Asociación Israelí de Arquitectos Unidos (IAUA) de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), por su implicación directa en la construcción y arquitectura en los Territorios Palestinos Ocupados (TPO). Los TPO se construyen sobre la opresión y el despojo de los palestinos por medio de la violencia extrema, la expropiación de tierras y la limpieza étnica. La actual situación discriminatoria de la vivienda, la construcción y la planificación que viven los palestinos en ambos lados de la “Línea Verde” está bien documentada y ampliamente condenada por las Naciones Unidas, la Unión Europea y otros organismos internacionales.
Lamentablemente, después del paso tan valiente dado por el Consejo del RIBA, estamos viendo ahora la magnitud de la presión y la intimidación por parte de grupos de presión proisraelíes en ambos lados del Atlántico –como ha informado la prensa- con la intención de anular la moción.
La UIA —según se ha informado— habría asegurado a la Asociación Israelí de Arquitectos Unidos (IAUA) que la moción no estará en el orden del día de la próxima Asamblea General de la UIA en Sudáfrica.
Si es cierto, esto podría socavar el papel de la UIA como defensor de una arquitectura ética y el deber de los arquitectos de servir a toda la comunidad para la que ellos construyen, sin discriminación, y socavaría la propia Resolución 13 de la UIA, que condena específicamente los proyectos que están siendo construidos por arquitectos israelíes en los Territorios Palestinos Ocupados, en violación de los Convenios de Ginebra.
Estas últimas tentativas de bloquear la moción del Consejo del RIBA incluso antes de llegar al debate en la Asamblea de la UIA, donde todos los socios del mundo pueden decidir, son alarmantes por dos razones principales. En primer lugar, si estos informes de prensa son ciertos, nos tememos que la voz democrática de los miembros del Consejo del RIBA está siendo aplastada por un lobby influyente que actúa conjuntamente con algunos de los más altos responsables del RIBA, que, por consiguiente, están comportándose de manera contraria a la ética.
En segundo lugar, y lo que es especialmente preocupante, es que esta cuestión podría ahora quedar aplazada para su discusión por la UIA todavía tres años más, todo por interés de los arquitectos israelíes y de la política israelí en general en Cisjordania. Esto llegaría después de décadas de expansión frenética de las colonias, sin tener en cuenta el derecho internacional o la ética profesional, mientras la permanente opresión del pueblo palestino continúa, verbigracia, negándosele cualquier posibilidad de un estado propio o incluso la igualdad democrática en el marco del presente acuerdo.
Creemos —como palestinos en general, y como arquitectos, urbanistas, artistas y académicos en particular— que la moción del Consejo del RIBA es un paso decisivo frente a las prácticas de construcción israelíes ilegales e injustas que violan todos los códigos éticos. Es esencial para resistir la continua fragmentación espacial de la tierra y las comunidades palestinas. Después de todo, la arquitectura debe crear espacios habitables, no destruirlos.
Creemos por tanto que es responsabilidad del RIBA y de la UIA ayudar a resolver esta situación única de injusticia en la arquitectura y la construcción, y pedir cuentas a la institución profesional de cualquier país miembro de la UIA, donde sus socios continúan involucrándose en proyectos arquitectónicos ilegales que son considerados como auxiliares de los crímenes de guerra en los Territorios Palestinos Ocupados. La UIA está afiliada a la ONU por su asociación con la UNESCO, y por tanto debe ser muy consciente de que Israel viola más de 65 resoluciones de la ONU; una vez más, algo que es único entre los países del mundo. Así que la UIA corre el riesgo de convertirse inadvertidamente en cómplice de la injusticia de décadas de limpieza étnica planificada en los Territorios Palestinos Ocupados. Estas prácticas ilegales por parte de Israel nunca van a parar a no ser que se envíe el mensaje claro a la IAUA de que hay un precio que pagar por su intransigencia y negación, por lo que la UIA tiene que pedir a la IAUA que cese inmediatamente su persistente mala conducta profesional.
Esperamos sinceramente que el RIBA siga facilitando y apoyando esta moción muy urgente en la Asamblea General de la UIA en agosto, y de hecho debe tener prioridad en la agenda y no ser relegada por más tiempo. Nuestro deber como profesionales implica que tomemos una postura ética para promover la justicia y crear un mundo de paz e igualdad, exactamente como pedimos la calidad en el diseño. De ahí la petición de defender las resoluciones, la ética y los acuerdos de la UIA que no deben ser negados al pueblo palestino en esta etapa crítica.
Dada la enorme presión israelí puesta ahora sobre la moción del Consejo del RIBA, los arquitectos y profesionales palestinos corren el riesgo de estar ausentes en el debate. Al contrario, pedimos encarecidamente que nuestra voz sea escuchada. Si la igualdad y la paridad deben darse en cualquier organismo democrático, entonces la moción tiene que ser defendida por el RIBA y luego llegar a la UIA para que la comunidad internacional decida.
Este es el año de Nelson Mandela. La Asamblea General de la Unión Internacional de Arquitectos tendrá lugar en el país de Mandela, en la tierra de un pueblo que luchó largo y duro contra una injusticia similar y que, finalmente, consiguió con éxito hacer oír su voz en la UIA.
Nosotros, como palestinos, seguimos los pasos de Mandela. La Unión Internacional de Arquitectos tiene la oportunidad de demostrar su integridad moral y profesional, y esta no debería ser malgastada. Por consiguiente, instamos al Consejo del RIBA a mantenerse firme en la posición noble y moral que ha tomado. También le pedimos a usted que considere esta como una moción de urgencia que debe estar en la agenda principal de la Asamblea General.
Firmado por 226 arquitectos, urbanistas y profesionales palestinos. Ver la lista completa.
Más de una veintena de personas del mundo académico argentino se han unido ya al manifiesto por el BDS Académico en Argentina que se acaba de lanzar. La campaña, que denuncia el papel activo de las universidades israelíes en el régimen de apartheid y pide la no-colaboración con el mismo, ha cosechado grandes éxitos en los últimos meses, como la adhesión de importantes asociaciones estadounidenses y europeas, o la expulsión del programa europeo Horizon 2020 de instituciones en territorios ocupados.
En el Estado español, el manifiesto BDS Académico por Palestina ha reunido en pocos meses más de 1.600 firmas (incluyendo 800 profesores e investigadoras). Los departamentos de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de Granada, así como el de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna han sido las primeras instituciones oficiales en unirse. En Cataluña se ha obtenido un posicionamiento en contra del apartheid y la ocupación palestina tanto de la Secretaría de Universidades de la Generalitat como del rector de la Universitat de Vic.
Para adherirte a la campaña argentina de forma individual o un colectivo, visita la web de BDS por Palestina en Argentina o escribe a bdsacademicoargentina@gmail.com con tus datos personales y académicos. Para información en castellano sobre el BDS académico a nivel mundial, entra al sitio del BDS Académico en el Estado español, además puedes unirte a la Campaña “Boicot Académico por Palestina en Argentina” también en Facebook.
MANIFIESTO: Las universidades y el apartheid israelí: acabemos con la complicidad
Como miembros de la comunidad universitaria, nos sumamos a la llamada hecha desde el conjunto de la sociedad y de las universidades palestinas pidiendo a la sociedad civil internacional que adopte la campaña para el Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) al Estado de Israel como la forma más pacífica y efectiva de obligar a Israel a cumplir la Legalidad Internacional vigente*. La campaña del BDS al Estado de Israel se inició en el año 2005 ante las constantes violaciones de los derechos humanos por parte del Estado de Israel y la reiterada falta de voluntad de los estados y actores internacionales para hacer que este Estado cumpla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas.
Esta campaña, que se apoya en la exitosa experiencia del movimiento internacional de boicot al Apartheid de Sudáfrica y ha recibido el apoyo de destacados activistas como el premio nobel de la paz Desmond Tutu, de organizaciones judías como Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz) y de un número creciente de académicos israelíes, ha demostrado ser una vía de creciente eficacia para que la sociedad civil internacional presione, mediante acciones no-violentas, a la comunidad internacional con el objetivo de hacer respetar los derechos de la población palestina.
Dentro de la campaña BDS, el boicot académico nace como respuesta al apoyo institucional unánime de las universidades israelíes a las políticas de ocupación y apartheid contra la población palestina, que, entre otras cosas, se materializa en una estrecha cooperación con el ejército israelí y en políticas discriminatorias contra los estudiantes palestinos. Por todo ello pedimos que, mientras el Estado de Israel no cumpla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, se apliquen las siguientes medidas:
Los organismos oficiales de Ciencia y Tecnología (CyT) y la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación en Argentina suspendan la cooperación con sus semejantes israelíes, así como las convocatorias a propuestas de cooperaciones académicas, científicas y tecnológicas de Universidades e Institutos de investigación argentinos con los israelíes.
Mientras esto no se cumpla, pedimos a las agrupaciones gremiales, sindicales, centros de estudiantes, colectivos populares, ONG por los derechos humanos, partidos políticos y otros colectivos, que presionen a dichos organismos oficiales para que así lo hagan y que tomen las medidas a su alcance para implementar dicha moratoria.
En el ámbito universitario, la mejor medida de presión a nuestro alcance es la misma que viene siendo utilizada por universitarios de todo el mundo comprometidos con una solución justa para los pueblos de la región: el boicot académico. En consecuencia, pedimos la suspensión de las relaciones entre nuestras instituciones universitarias y las israelíes hasta que el Estado de Israel respete el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, al tiempo que nos declaramos solidarios con todas aquellas personas -universitarias o no- que en Israel luchan valientemente en defensa de los derechos humanos, sociales y políticos del pueblo palestino.
* El llamamiento tiene el apoyo de más 170 organizaciones de la sociedad civil palestina, así como de todas las universidades palestinas. Puede verse en bdsmovement.net y pacbi.org.
La única vía para que las instituciones académicas argentinas no sean cómplices silenciosas de un sistema de ocupación, colonización y Apartheid es sumando el máximo de apoyo posible. Ante la inoperancia de los organismos internacionales, los pueblos debemos actuar. ¡Firmá y difundí!
Entrevista a David Comedi, coordinador de la Campaña BDS Académico por Palestina en Argentina
El programa Derribando Muros de Radio Gráfica entrevistó a David Comedi, doctor en Física, profesor de la Universidad Nacional de Tucumán e Investigador Independiente de CONICET. Comedi es miembro fundador del Grupo Tucumán por Palestina y coordinador del grupo Boicot Académico por Palestina en Argentina.
El mundo árabe tiene una historia propia de boicot a Israel que condiciona el actual desarrollo en sus sociedades del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), nacido en 2005 de un llamamiento de 172 asociaciones, sindicatos, organizaciones y partidos palestinos. Esta experiencia distinta tiene dos precedentes: el boicot comercial y financiero a Israel decretado por la Liga Árabe en 1948 y la lucha contra las políticas de «normalización» de Israel posteriores a los Acuerdos de Oslo de 1993. Estos dos hechos comparten la misma dialéctica no resuelta característica de la historia poscolonial de la región, marcada por la tensión entre las pulsiones panarabistas y los intereses estatales. En todos los países árabes la «cuestión palestina» ha sido a la vez un asunto de política interior, interárabe e internacional. Puede pesar como un lastre o ser un impulso, pero es una realidad que determina la estrategia árabe dentro del llamamiento global del BDS.
Junto a ello, las revueltas árabes en curso han introducido un factor nuevo en la marcha de la solidaridad con Palestina en el mundo árabe. Los levantamientos pacíficos han sacado a la luz el potencial del activismo civil frente a la hipocresía de la política institucional, y una vez más se ha puesto en evidencia que mientras los árabes no sean dueños de su destino, Palestina no lo será del suyo, y viceversa.
Grafiti en una calle de Egipto de un dibujo de Carlos Latuff.
El boicot de la Liga Árabe: de la Nakba a Camp David
En octubre de 1945, al poco de su creación, la Liga Árabe apoyó de manera expresa el llamamiento al boicot a los productos y servicios sionistas promovido en los años treinta por los líderes palestinos, y unos meses después lo amplió al comercio directo entre cualquier país miembro y las entidades sionistas asentadas en Palestina. Tras la creación del Estado de Israel en 1948, se formalizó el boicot contra el Estado de Israel propiamente dicho. En 1950 la Asamblea de la Liga Árabe (resolución 314) amplió el boicot en su forma original prohibiendo toda relación económica y comercial con terceros que tuvieran relación con Israel. Resulta por ello habitual que se hable de tres niveles de boicot, o boicot primario, secundario y terciario, si bien, según cuenta Nancy Turck, este lenguaje propio de la política norteamericana fue desconocido entre los árabes hasta la década de 1970 [2], cuando el boicot comenzó a preocupar en los círculos económicos occidentales y a discutirse con sus contrapartes árabes. Como se verá, la adopción árabe de este vocabulario fue pareja a la desintegración del boicot real, relativizado por la lógica de los «niveles».
Siguiendo la formulación de los tres niveles, hoy estándar, se denomina boicot primario al que prohíbe toda transacción e intercambio directos entre los países árabes o sus nacionales e Israel y los suyos. El boicot secundario afecta a cualquier compañía o persona de cualquier país cuyos tratos con Israel supongan el fortalecimiento económico y militar de éste. En un tercer nivel, se prohíbe a toda empresa extranjera que opere en el mundo árabe el uso de materiales, equipamiento y servicios de firmas objeto del boicot.
La Liga Árabe concebía el boicot como una estrategia política de presión internacional en el marco de la guerra no cerrada con Israel, pues cabe recordar que el armisticio de 1949 no supuso la paz oficial entre los contendientes, sino el fin de las hostilidades armadas. Para la coordinación y seguimiento del boicot se creó en 1951 la Oficina Central del Boicot (OCB), con sede en Damasco y sucursales en las capitales árabes. En reuniones semestrales se establecían las directrices comunes, que no eran vinculantes, sino que luego se formalizaban según los diversos intereses nacionales. Una de las principales iniciativas de la OCB fue la elaboración de una «lista negra» de empresas que incumplían el boicot, generalmente a partir de las respuestas a un cuestionario que la OCB enviaba a las firmas interesadas en invertir en algún país árabe: Ford, Xerox, Topps o Miles Laboratories son algunas de las que figuraron en ella. Sin embargo, la «lista negra» no era unitaria sino estatal, y cada empresa tenía que satisfacer los protocolos locales. Así, por ejemplo, en los años setenta era imposible encontrar Coca-Cola en Egipto, Siria, Kuwait o Irak, mientras que era un producto común en Túnez o Marruecos. Es más, Argelia, Marruecos, Mauritania, Túnez y Sudán nunca elaboraron «listas negras», y en la práctica solo siguieron el boicot primario. Por el contrario, Kuwait era uno de los países más estrictos en la aplicación del boicot. El secretismo de la OCB, la descoordinación y la falta de objetivos vinculantes lastraron desde un primer momento la efectividad del boicot proyectado por la Liga Árabe. Y sobre todo, impidieron que el mundo entendiera por qué el boicot y el aislamiento de Israel eran legítimos.
Por otro lado, muy pronto se vio la dificultad de implementar el llamado «boicot terciario», que, como mucho, quedó reducido a los grandes proyectos de infraestructuras. También hubo excepciones legales, como la exención del boicot en las transacciones Gobierno-Gobierno, que permitía a los Estados árabes comprar equipamiento militar a las mismas compañías que proveían a Israel, o la excepción generalizada del boicot en el ámbito del turismo. Con todo, la llamada al boicot, con su simbolismo, fue respaldada a su vez por el Movimiento de los No Alineados en los años sesenta, y luego por la Organización de la Conferencia Islámica, y si bien sus resultados han sido más bien pobres en el terreno económico, en el político no ha dejado de tener trascendencia hasta la actualidad.
Ni Estados Unidos ni Israel, los principales afectados, parecieron preocuparse en exceso por el boicot hasta la crisis del petróleo de 1973. Isaac Rabin, primer ministro de Israel, dedicó al asunto una minuciosa exposición ante el Parlamento israelí en 1975, en la cual alertaba sobre las nefastas consecuencias del mantenimiento del boicot para las inversiones extranjeras en Israel. Pero de cara a la opinión pública ese mismo año Chaim Bar-Lev, ministro de Comercio e Industria, negaba la evidencia en una visita a Washington: «El boicot árabe no significa nada para nosotros. No afecta en absoluto a Israel» [3]. En 2014, ya en los tiempos del BDS, hemos podido escuchar una frase igual de displicente en boca del actual ministro de Economía, Naftali Bennett: «Más vale un boicot que la creación de un Estado palestino» [4].
El cambio en los equilibrios internacionales que supuso la utilización del petróleo como arma política por parte de la OPEP afectó de manera decisiva al boicot tal cual venía practicándose. El alza de los precios disparó los ingresos de los Estados árabes productores, convertidos de repente en atractivos consumidores para las empresas norteamericanas: EEUU pasó de 1.000 millones de dólares en exportaciones a países árabes en 1971 a 5.400 millones en 1975 y 6.900 millones en 1976 [5]. Para allanar el camino a sus empresas, el Gobierno norteamericano decidió, tras varias normativas parciales que se remontaban a 1959 y 1965, promulgar una legislación antiboicot. No faltó en ello el acostumbrado argumentario moral, que acusaba al boicot de la Liga Árabe de antisemita, afirmando que se regía por criterios étnicos y religiosos; como prueba, se aducían lecturas torticeras o malas traducciones de los protocolos en árabe, como la traducción del término «sionista» por «judío» o «hebreo». Nancy Turck concluía en su informe para la revista Foreing Affairs:
«Los “Principios Generales para el Boicot a Israel”, un compendio de regulaciones sobre el boicot publicado por el OCB, no contienen criterio alguno para el boicot basado en el origen étnico o religioso, y a lo más que se llega es a definir el sionismo en el contexto del apoyo económico y político a Israel». [6]
Finalmente, en 1979 la Administración Carter incluyó la normativa antiboicot en la Ley para la Administración de las Exportaciones, que declaraba ilegal y sancionaba por la vía civil y criminal a las empresas que participaran en un boicot no patrocinado por EEUU. Algunas, como McDonald’s, prefirieron pagar las multas antes que perder sus mercados árabes. Se calcula que hacia 2005, EEUU había recaudado 26,5 millones de dólares en sanciones [7]. Pero en líneas generales la presión norteamericana surtió efecto y la supervisión árabe se relajó. Además, el boicot pasó a formar parte de la agenda política norteamericana, y el Congreso encargó periódicamente informes de seguimiento a la unidad de Comercio y Finanzas Internacionales de su Servicio de Investigación, algunos de los cuales solo se han conocido gracias a WikiLeaks.
Europa, que nunca llegó a legislar en esta materia a la manera de EEUU, no se vio presionada por los intereses encontrados de sus empresas, que hasta más tarde no se involucraron a fondo en el mercado israelí. Pero a fecha de hoy la UE es el principal importador de productos israelíes (más de 14.000 millones de dólares en 2012, frente a los 11.000 millones de EEUU) y el primer proveedor de Israel (que importó 22.000 millones de dólares de la UE y 8.000 millones de EEUU). En este nuevo contexto, en el Parlamento Europeo se han promovido recientemente algunas iniciativas, si bien minoritarias, solicitando que la UE se alinee con EEUU y presione a sus socios árabes. Lo resume una pregunta parlamentaria de febrero de 2013 a la Comisión:
«1. ¿Cuál es la postura de la Vicepresidenta/Alta Representante en relación con la imposición del boicot de la Liga Árabe a Israel, que es un país democrático y amistoso, además de un socio comercial habitual de la UE?
2. ¿Qué medidas ha tomado ya la Vicepresidenta/Alta Representante para debatir este asunto con la Liga Árabe?
3. ¿Está dispuesta la Vicepresidenta/Alta Representante a cooperar con el Gobierno de los Estados Unidos para exigir que se ponga fin oficialmente al boicot?»
Sin embargo, en un sentido político más amplio el boicot de la Liga Árabe murió, como tantas otras cosas, con la firma de los Acuerdos de Paz entre Egipto e Israel en 1978. En Camp David se enterró el sueño unitario árabe, que en buena medida se había forjado en la lucha contra Israel. Y aunque Egipto fue expulsado de la Liga Árabe, la década de 1980 fue testigo de la práctica disolución del boicot como arma de presión económica y política. El boicot fue quedando reducido a una retórica versión primaria en boca de los gobernantes árabes: resultaba difícil liquidarlo sin que se viera afectada la imagen de soberanía de los Estados, que seguían sin establecer relaciones diplomáticas con Israel. El alzamiento palestino de la Primera Intifada y el llamamiento de los líderes del interior al boicot comercial, fiscal y funcionarial en los Territorios Ocupados [8] no cambió esta dinámica. En el mundo árabe los ochenta fueron los años del boicot sin boicot. O del chocolate Nestlé sin fronteras: ¡por fin se vendía en Riad y en Tel Aviv!
«Normalización se deletrea O-s-l-o»
Edward Said tituló un artículo publicado en Haaretz el 11 de octubre de 1998 «Apartheid se deletrea O-s-l-o». Igual podría decirse de la «normalización». Son las dos caras de la moneda de Oslo: apartheid para Palestina, normalización para Israel. En árabe, la expresión que se utiliza para «normalización» es todavía más ajustada: tatbii, esto es, «naturalización». La «normalización» pretende borrar la historia, el derecho internacional y la noción misma de justicia para consagrar a nivel internacional el estado de cosas interno: la ocupación y el régimen de apartheid. La normalización, además, convierte a Israel en un socio legítimo, cuando no indispensable, en la región.
Como se vio a reglón seguido de los Acuerdos de Paz de Oslo (1993), la estrategia israelí de «normalización» estaba meticulosamente diseñada. Para Israel, acabar con su aislamiento regional significaba en primera instancia introducirse en los mercados árabes como proveedor de alta tecnología y bienes de equipo, toda vez que la crisis de los años ochenta había mostrado la debilidad estructural de su economía. Lester Thurow, economista estadounidense, lo explicaba así tan solo unos meses antes de Oslo:
«Los que en la región no producen petróleo deberán fabricar bienes para los que producen petróleo. Israel debería llevar a la mesa de intercambio tecnología, industrias de categoría intermedia y capacidad de organización. Pero nada de eso pude ocurrir si antes no se solucionan las disputas en el mundo árabe e Israel». [9]
Esto ya se venía ensayando con Egipto: en 1992 Egipto exportó a Israel por valor de 967 millones de libras (sobre todo petróleo, y en segundo lugar productos agrícolas) e importó por valor de 41 millones (fundamentalmente semillas, fertilizantes y material de regadío). En un mercado occidental globalizado, la economía israelí, aislada en Oriente Próximo, amenazaba con convertirse en una carga para sus socios, o peor aún, con ser superflua.
En mayo de 1994 el Gobierno israelí y la naciente Autoridad Nacional Palestina (ANP) firmaron el Protocolo de París, que regulaba el marco de las relaciones económicas y financieras entre Israel y los territorios gestionados por la ANP. Si bien previsto para un periodo transitorio de cinco años, sigue en vigor en la actualidad, y en 2012 la ANP pidió formalmente a Israel su renegociación. Es un ejemplo más de la perpetuación de la transitoriedad y las asimetrías de Oslo. Por otra parte, en octubre de 1994, Jordania firmó su tratado de paz con Israel, y cuatro meses después los grandes hombres de negocios egipcios, jordanos, norteamericanos y palestinos acordaron en la Declaración de Taba «aunar esfuerzos para acabar con el boicot a Israel» [10].
El Protocolo de París supedita la economía palestina a Israel, que controla el agua, la tierra y las fronteras, y la somete a la supervisión del FMI y el Banco Mundial, de los que depende la ANP para seguir recibiendo la ayuda financiera de los países donantes. Los fondos de ayuda estadounidenses y europeos han servido para promover proyectos de normalización económica, que alimentan las relaciones de poder desiguales y mantienen la ficción de las negociaciones de «paz». Un macroproyecto paradigmático es el llamado «Corredor de la Paz». Comprende un ferrocarril Jordania-Yenín-Haifa, un canal para unir el mar Muerto y el mar Rojo y la construcción de infraestructuras turísticas regionales, pensadas sobre todo para los árabes de los países del Golfo y que constituyen una seria amenaza para el precario ecosistema de la zona. Por el Corredor de la Paz se pretende que circulen los productos de las Zonas Industriales Cualificadas (ZIC), el plan estrella de la normalización.
Para la puesta en marcha de las ZIC se precisó la implicación directa del Gobierno de EEUU. Las ZIC, situadas en zonas estratégicas de Egipto, Jordania y Cisjordania, han atraído industrias deslocalizadas de la región, con el consiguiente perjuicio para las economías locales, y han introducido la tecnología punta israelí, de la que ahora dependen. Las mercancías de las ZIC llevan la etiqueta «made in Jordan» o «made in Palestine», subterfugio que en el mundo árabe facilita la circulación de productos israelíes susceptibles de ser boicoteados por la población. Hay que añadir que esta producción penetra libre de aranceles en el mercado norteamericano, de modo que el resto de la exportación regional no puede competir con ella.
También a escala internacional no árabe la normalización ha reportado notables beneficios a Israel. Destacan las inversiones de Japón (en el pasado uno de los países más escrupulosos en el cumplimiento del boicot de la Liga Árabe) en las industrias automovilística y electrónica, que han contribuido a la bajada de los precios de numerosos bienes de consumo en Israel.
En este contexto de desintegración generalizada del espíritu y la forma del boicot de 1948, la propia Liga Árabe, que en su origen lo había concebido como una estrategia política en la lucha común contra el sionismo, pasó a considerarlo en función del proyecto de consecución de un Estado palestino independiente en las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como capital. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Kuwait, Bahréin, Catar, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí) anunciaron su renuncia formal al boicot secundario y terciario tras la firma del Tratado de Paz Jordano-Israelí. Y muy pronto Catar, Omán y Marruecos establecieron relaciones comerciales directas con Israel. Entre 1993 y 2001 la Oficina Central del Boicot no se reunió. Cuando lo hizo en 2004, bajo la presión de la Segunda Intifada, asistieron 19 Estados, y faltaron Egipto, Jordania y Mauritania, los tres países que, junto con Marruecos y Túnez, ya habían establecido relaciones diplomáticas con Israel.
Aunque a raíz de la Segunda Intifada pareció que las nefastas políticas árabes de normalización iban a dar un vuelco, lo cierto es que todo se quedó en el terreno de los buenos propósitos. La Liga Árabe aprobó en 2003 una resolución llamando a intensificar el desvaído boicot (solo Líbano seguía manteniéndolo de hecho en los tres niveles), pero con escaso éxito: en el primer semestre de 2004 el comercio árabe con Israel creció un 47%, y esto sin incluir el negocio a través de países intermediarios como Chipre [11]. En 2007 la OCB volvió a reunirse (esta vez con la participación de 14 Estados, 5 menos que en 2004) y propuso que se reactivara el mecanismo de las listas negras, pero ningún país, salvo Siria, se manifestó dispuesto a asumir las consecuencias inmediatas, como por ejemplo romper con Nestlé.
En la actualidad la Liga Árabe sigue manteniendo oficialmente el boicot y hasta lo incluye en el orden del día de sus plenarios. Pero en la práctica no se va más allá de las declaraciones de principios. Y aunque el lobby proisraelí de EEEUU lo sigue incluyendo entre sus prioridades, Doron Peskin, consultor israelí especializado en relaciones comerciales con el mundo árabe, lo ha resumido sin tapujos: «El boicot árabe solo existe hoy de boquilla».
Movimiento antinormalización y BDS
La respuesta de las sociedades árabes a las políticas de normalización promovidas por sus Gobiernos fue inmediata. Desde el principio se denunció el carácter transversal y hegemónico de la normalización/naturalización y se pusieron en marcha estrategias para contrarrestarla. A nivel popular, arraigó el boicot al consumo de productos israelíes, y tras la Segunda Intifada aumentó además el rechazo a las multinacionales que los ciudadanos relacionaban con el conflicto: en Mascate, por ejemplo, los directivos de McDonald’s y KFC reconocieron que la Intifada había influido en la caída de sus ingresos en 2002 [12]. A nivel organizativo, se constituyeron los llamados «movimientos antinormalización», que abrieron un camino en el mundo árabe a lo que luego sería el movimiento BDS global. Su historia anticipa, en buena medida, la del BDS.
El movimiento antinormalización jordano fue pionero. Hisham Bustani, uno de sus fundadores y destacado militante de izquierda, definió en 1996 la lucha contra la normalización como: «el rechazo a establecer trato o relación con ningún individuo, compañía, institución o producto sionista (sea político, comercial, personal, cultural, turístico, etc.)» [13]. El movimiento antinormalización jordano preludió formas de organización posteriores al incorporar a distintos sectores cívicos. Su motor fue la Unión de Asociaciones Profesionales, y en el organigrama del Comité Nacional Anti-Normalización (NANC, por sus siglas en inglés) se integraron la Asociación Jordana de Escritores, la Asociación de la Prensa Jordana, la Asociación para la Protección de los Consumidores, la Asociación de Cambistas, las Cámaras de Comercio e Industria, asociaciones de mujeres, movimientos estudiantiles de izquierda, sindicatos y partidos políticos islamistas y nacionalistas. Hasta hoy en el NANC se conjugan intereses económicos, políticos y estratégicos, pero existen distintos comités sectoriales con sus propios mecanismos de actuación para denunciar los casos de normalización, prevenirlos o neutralizarlos.
Este modelo se siguió pronto en Egipto, el otro país objeto preferente de la normalización. Y desde finales de la década de 1990 Argelia, Líbano, Túnez, Omán, Bahréin y Marruecos han creado también sus gestoras de coordinación de actividades antinormalización. Aunque a nivel interárabe se echa en falta una estrategia conjunta, a escala internacional los movimientos antinormalización han sabido integrarse en los foros antiglobalización. Ya en 2001 el movimiento antinormalización jordano denunció en el Foro Social de Génova los intereses hegemónicos sobre la región del proyecto colonial israelí, y desde entonces los distintos movimientos antinormalización se han ido sumando al Foro Social Mundial, situando la lucha contra la normalización en la dimensión altermundista en la que cobra pleno sentido.
A diferencia del boicot de la Liga Árabe (centralizado, secretista, protocolario, volcado en la acción exterior), el movimiento antinormalización era y es centrífugo, abierto, horizontal y se dirige a las sociedades árabes. Son características que comparte con el movimiento BDS, fruto del llamamiento palestino de 2005. Al igual que en el caso del BDS, su penetración entre los grupos de base y sindicales ha sido notable, si bien, como afirma Wissam al-Saliby, «los activistas no han sido capaces de trasladar estos logros a la política gubernamental debido a su exclusión de las altas esferas de poder y a la continua represión de los Gobiernos». Aunque esto es cierto, el movimiento BDS ha introducido sin embargo un importante giro en las prácticas antinormalización al potenciar la acción ciudadana y no privilegiar la presión política. Esto es especialmente relevante en la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, en sus siglas en inglés), que define la normalización en el contexto árabe y palestino como «la participación en cualquier proyecto, iniciativa o actividad, en Palestina o en el ámbito internacional, que pretenda implícita o explícitamente reunir a palestinos (y/o árabes) e israelíes (personas o instituciones) con cualquier objetivo que no sea denunciar y resistir a la ocupación israelí y a todas las formas de discriminación y opresión contra el pueblo palestino».
Pero mientras que el ideario del BDS apela al derecho internacional y a la legalidad y deja muy claro que se dirige contra Israel y sus instituciones y empresas y no contra sus ciudadanos, los movimientos antinormalización se han caracterizado siempre por su radicalidad, hasta el punto de que hay sectores antinormalizadores muy críticos con la campaña BDS por las limitaciones programáticas que impone. Por ejemplo, buena parte de los militantes antinormalización se niegan a toda participación conjunta en proyectos de resistencia con ciudadanos israelíes.
BDS y antinormalización son iniciativas que tienen estrategias diferentes, pero en buena medida confluyen en sus objetivos, y muchas de las acciones del BDS en el actual contexto árabe coinciden con las propias de los movimientos antinormalización. En concreto, se enfrentan a una serie de desafíos:
Vincular los objetivos del boicot económico y comercial a los de la integración árabe, especialmente en dos sentidos: mostrando a los poderes públicos que el boicot a los productos de las colonias israelíes no perjudica a la economía de cada país siempre que la política arancelaria interárabe se flexibilice y promueva la circulación de mercancías; y aprovechando la puesta en marcha de una nueva legislación de boicot para armonizar las distintas normativas estatales, a la manera de lo que está sucediendo en la UE con la exclusión de las colonias del tratado de libre comercio UE-Israel.
Romper la dinámica histórica del boicot árabe centrado en el comercio y ampliar la gama de objetivos. El boicot cultural es una de las asignaturas pendientes en el mundo árabe, y, como analiza Sami Jitan a propósito de la visita del Cirque du Soleil a Ammán en el verano de 2012, de las más difíciles de aprobar dado el grado de snobismo de las élites de la región en el consumo de cultura globalizada.
Abrir la organización de los comités para integrar a otros colectivos. Fue así como nacieron los grupos BDS de Marruecos, en concreto el de Casablanca y el de Marrakech, aunque sus actividades se centran más en la denuncia de las relaciones fluidas entre Marruecos e Israel que en la puesta en marcha de campañas específicas de BDS. También existen grupos propiamente BDS en Líbano, sobre todo implicados en una continua actualización de la normativa estatal sobre boicot. Otros, como los de Catar o Kuwait, se presentan de manera indistinta como «antinormalización» y «BDS». Un caso particular es el de Egipto, donde la solidaridad con Palestina puesta en marcha a raíz de la Segunda Intifada incorporó al movimiento antinormalización a grupos y personas hasta entonces ajenos. Este capital humano ha sido fundamental para sostener el activismo del actual BDS, en la medida en que sus reivindicaciones (por ejemplo en lo referido a la denuncia de los acuerdos energéticos para el comercio de gas con Israel) encajan en el marco general de las reivindicaciones de la revolución de 2011.
Incorporar al ciudadano no ideologizado o bien activista en otros frentes, a objetivos concretos del boicot. Una campaña novedosa en este sentido ha sido la lanzada recientemente en las redes sociales contra las autoridades saudíes por contratar servicios y equipamiento de seguridad del grupo G4S para La Meca, cuando el BDS hace años que denuncia a G4S por su complicidad con el sistema represivo israelí.
Evitar la manipulación política del BDS. Es un reto decisivo en el caso de los sindicatos árabes, perdidos en una retórica estéril, cuando no hipócrita: Kamal Abu Aita, ex representante de la Federación de Sindicatos Independientes Egipcios, anunciaba en el verano de 2011 en un discurso en Londres ante simpatizantes del BDS que la Federación había acordado boicotear a todos los sindicatos y organismos oficiales israelíes, y llamaba «al movimiento sindical internacional a cortar lazos con el Histadrut y a apoyar a la Coalición de Sindicatos Palestinos por el BDS». En 2013, Abu Aita se convirtió en ministro de Recursos Humanos y Trabajo en el Gobierno formado tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Morsi, y que se ha caracterizado, entre otras cosas, por la fluidez de sus relaciones con Israel y la persecución de los gazauíes en Egipto.
Reconducir la dependencia de campañas promovidas desde el exterior hacia una mayor iniciativa propia que retroalimente la efectividad del BDS en las sociedades árabes. Un logro agridulce en esta línea es la marcha atrás del Gobierno de los EAU a la apertura de una sucursal en Dubái de la cadena de joyerías de Lev Leviev, lograda gracias a la presión de la asociación de derechos humanos Adalah-New York.
Recuperar el liderazgo del discurso anticolonialista, que, cada vez más, está siendo protagonizado por los activistas occidentales, y vincularlo con el sentido del BDS. Es una cuestión delicada y difícil de encauzar en la actual situación política y social árabe. A pesar de ello, hay actuaciones que solo pueden partir de las sociedades árabes, y que por desgracia no reciben la misma atención que otras similares promovidas desde EEUU o Europa, lo que es un claro síntoma de imperialismo cultural aplicado en este caso a la solidaridad con Palestina. En este sentido, apenas han trascendido las presiones de músicos, actores y escritores árabes al Gobierno militar egipcio, que en mayo de 2012 lograron que se abriera el paso de Rafah y ese año pudiera celebrarse en Gaza el Festival Palestino de Literatura.
Coordinar la respuesta a las estrategias antiboicot. El terreno académico y cultural es especialmente indicado: una campaña de promoción árabe bien estructurada podría combatir la «marca Israel», con la que el Estado israelí pretende difundir una imagen de potencia cultural y científica ajena a la ocupación y el apartheid. Un buen punto de partida son los artistas árabes de fama internacional que vienen participando en la difusión del boicot, como la escritora egipcia Ahdaf Soueif, la cantante palestina Reem Kelani, el compositor libanés Marcel Khalife o el director cinematográfico palestino Elia Suleiman.
El momento es decisivo. Las revueltas árabes han recordado la centralidad de la causa palestina en la reivindicación de dignidad, justicia social y libertad de los pueblos árabes. Durante los alzamientos populares de 2011, en ninguna manifestación de Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin o Siria faltaron los llamamientos en favor de Palestina. Sin embargo, cabe el riesgo de que la deriva nacional de cada revolución lastre las estrategias globales en que se fundamenta el actual movimiento BDS. A comienzos de 2014 la persecución de los refugiados palestinos en Siria y su criminalización en Egipto nos recuerdan, una vez más, que los palestinos son moneda de cambio en las políticas nacionales árabes y que de los viejos poderes no cabe esperar nada. Es la prueba de la estrecha relación que hay entre el movimiento BDS y los demandas de apertura democrática de los ciudadanos árabes.
Notas:
[1] Este artículo es una versión ampliada del capítulo correspondiente del libro: Luz Gómez (ed.): BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes, Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014.
[2] Nancy Turck: «The Arab boycott of Israel», Foreing Affairs, 55 (1977), p. 472.
[3] Ibíd. p. 473.
[4] Le Monde, 29.1.2014.
[5] N. Turck, art. cit., p. 485.
[6] Ibíd. p. 480.
[7] Grassroots Palestinian Anti-Apartheid Wall Campaign: Towards a Global Movement: A framework for today’s anti-apartheid activism, 2007, p. 20.
[8] Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, Intifada. La voz del levantamiento palestino, Tafalla, Txalaparta, 1991, pp. 211-217.
[9] Lester Thurow: Head to Head. The Comming Economic Battle Among Japan, Europe, and America, Nueva York, Warner Books, 1993, apud. «Israel se globaliza. Las claves económicas ocultas de Oslo», Nación Árabe, 38 (1999), p. 104.
[10] «Taba Declaration» en Business America, 116/3 (1995), p. 8.
[11] Grassroots Palestinian…, art. cit., p. 25.
[12] Ibíd. p. 28.
[13] Loles Oliván: «El movimiento antinormalización en Jordania», Nación Árabe, 45 (2001), p.128.
Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid. Es autora, entre otras obras, de Diccionario de islam e islamismo (Madrid, Espasa, 2009). Recientemente ha editado el volumen colectivo BDS por Palestina. El boicot a la ocupación y el apartheid israelíes (Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2014).
La col·laboració del Festival Primavera Sound amb l’Ambaixada d’Israel a Espanya converteix al Festival en còmplice de les polítiques contràries al Dret Internacional i als Drets Humans que l’Estat sionista du a terme a Palestina des de 1948.
Primavera Sound: els “Sons d’Israel” són #SoundsFromApartheid.
El Festival de música independent Primavera Sound, que tindrà lloc a Barcelona entre el 28 i el 31 de maig, inclou en el seu cartell d’artistes convidats a tres bandes israelianes: Vaadat Charigim, The Secret Sea i Lola Marsh, que formen part de la secció “Sounds from Israel“. Aquestes tres bandes tenen previst tocar el 29 de maig en el marc de PrimaveraPro, que l’organització del Festival defineix com a “una trobada dirigida a professionals de la indústria musical que es duu a terme de forma paral·lela a Primavera Sound”.
Les tres bandes musicals incloses en la secció “Sounds from Israel” reben el suport institucional de l’Ambaixada d’Israel a Espanya, tal com informa clarament la pàgina web de PrimaveraPro: “El departament de Cultura de l’Ambaixada d’Israel a Espanya té per objectiu recolzar empreses, artistes o organismes que promouen la cultura i la ciència israeliana fora de les seves fronteres en l’Estat espanyol. El seu objectiu és donar a conèixer les últimes innovacions en els camps de la cultura i la ciència en les quals Israel, en la seva curta història com a nació, destaca a tot el món. En aquesta ocasió aposta per donar a conèixer el millor del panorama musical israelià promovent una petita mostra de grups seleccionats d’entre més de 190 candidatures presentades“.
El 6 de juliol de 2004, la Campanya Palestina pel Boicot Acadèmic i Cultural d’Israel (PACBI, en les seves sigles en anglès), formada per desenes d’organitzacions de la societat civil palestina, va llençar una crida a la comunitat internacional demanant que s’apliqui un boicot a totes les institucions culturals i acadèmiques israelianes, com a contribució noviolenta en la lluita contra les polítiques d’ocupació, colonització i apartheid que Israel du a terme a Palestina des de 1948.
Un any més tard, el 9 de juliol de 2005, més de 170 organitzacions de la societat civil palestina van llençar una crida al Boicot, Desinversions i Sancions (BDS) contra Israel fins que aquest Estat: 1/ posi fi a l’ocupació i colonització de totes les terres àrabs ocupades al juny de 1967 i destrueixi el Mur; 2/ reconegui els drets fonamentals de la ciutadania àrab-palestina d’Israel; i 3/ respecti, protegeixi i promogui el dret dels refugiats palestins a tornar a les seves cases i propietats tal com estableix la resolució 194 de les Nacions Unides.
Les directrius de PACBI defineixen que el boicot cultural és aplicable quan “un esdeveniment cultural està totalment o parcialment patrocinat per un organisme israelià oficial o una institució còmplice”. L’actuació d’aquestes tres bandes israelianes en el marc del Festival Primavera Sound viola clarament la crida al boicot cultural de la societat civil palestina, a causa del suport institucional que reben de l’Ambaixada d’Israel a Espanya. Les institucions israelianes inverteixen una gran quantitat de recursos econòmics per promoure la seva cultura, en un intent desesperat de netejar la seva imatge davant d’una comunitat internacional cada cop més farta de les seves sistemàtiques polítiques il·legals.
La col·laboració del Festival Primavera Sound amb l’Ambaixada d’Israel a Espanya converteix al Festival en còmplice de les polítiques contràries al Dret Internacional i als Drets Humans que l’Estat sionista du a terme a Palestina des de 1948.
En vista del que hem exposat més amunt, demanem a l’organització del Festival: i) que cancel·li els concerts de les bandes israelianes Vaadat Charigim, The Secret Sea i Lola Marsh i la secció “Sounds from Israel”; ii) que trenqui totes les seves relacions actuals de col·laboració amb l’Ambaixada d’Israel a Espanya i amb qualsevol altra institució d’aquest Estat.
En cas que l’organització del Festival es negui a donar resposta a aquestes dues demandes, demanem a les persones que tenen previst assistir a aquest Festival, que boicotegin els concerts d’aquestes tres bandes israelianes i no hi participin de cap manera.
Inspirat en el magnífic exemple del boicot cultural que es va dur a terme contra el règim d’apartheid sud-africà, el boicot cultural a Israel té cada dia més força i rep un suport creixent d’artistes i personalitats internacionals lligades al sector cultural. Entre els artistes internacionals que ja han donat el seu suport al boicot cultural d’Israel hi ha Cassandra Wilson, Bono, Natacha Atlas, Jean Luc Godard, Cat Power, Jello Biafra, Lenny Kravitz, Lhasa, Roger Waters, Elvis Costello, Carlos Santana, Annie Lennox, Devendra Banhart, Vanessa Paradis, Gil Scott-Heron, The Pixies i Massive Attack.
A l’Estat espanyol, molts artistes i intel·lectuals donen també suport al boicot cultural a Israel: Obrint Pas, Maruja Torres, Juan Diego Botto, Amparo Sánchez (Amparanoia), Pilar Bardem, Cesk Freixas, Los Chicos del Maíz, Leo Bassi, Pau Alabajos, Willy Toledo, etc. La Guia de boicot cultural contra l’apartheid israelià, publicada el 2013 per la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP), ofereix tota la informació necessària sobre les raons d’aquest boicot cultural i com aplicar-lo.
Primavera Sound: els “Sons d’Israel” són sons d’apartheid.
Prou de complicitat! Boicot cultural a Israel!
Firmen:
BDS Catalunya
Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP)
Complicitats que maten
Plataforma Aturem la Guerra
Revolta Global-Esquerra Anticapitalista
Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC)
En lluita
(Totes aquelles organitzacions i moviments que vulguin firmar el comunitat i no ho hagin fet encara, ens poden escriure a info@bdscatalunya.org)
Ante los asesinatos aparentemente antijudíos de Bruselas, primero hay que lamentar la pérdida de vidas humanas. Todos somos judíos. Las autoridades israelís claman contra el antisemitismo señalando la elección de las víctimas y el lugar del crimen, el Museo Judío. Pero además, Avigdor Lieberman, ministro de Exteriores, extiende la consideración de antisemita al boicot pacífico a los productos israelís. El día 15, dos jóvenes palestinos fueron asesinados por el Ejército israelí, a sangre fría, desarmados, cuando protestaban ante un muro que muerde la Palestina conquistada en 1967. Fueron asesinatos antisemitas. Dos palestinos semitas asesinados por gente que no les reconoce, que considera que deben ser expulsados de su tierra, que no son personas con derechos, no son humanos. Hace tiempo que personas palestinas, israelís, europeas, judías, musulmanas, cristianas y gentiles creen que la falta de empatía ante el sufrimiento de los palestinos y la negación de su derecho a vivir en su propia tierra con dignidad se deben corregir. Ese es el motivo de la campaña de boicot: pedir sanciones a Israel por su política expansionista (la ocupación, las expropiaciones, la esquilmación de la economía palestina) y que no haya inversiones que favorezcan que se mantenga. La vida humana es preciosa, sea la de un ciudadano israelí o un belga. Pero también si es la de un habitante de un territorio ocupado militarmente al que se le quita la dignidad a diario y que no puede vivir, porque no le dejan, con ciudadanía.
Santiago González (Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. El Escorial)
Ben Ehrenreich, periodista y escritor estadounidense, ha investigado los sucesos del pasado 15 de mayo, día de la Nakba. Dos jóvenes palestinos, Nadeem Nowarrah y Mohammad Abu Thaher, morían tras ser alcanzados por munición real de soldados israelíes. “Estaban de cacería”, cuentan fuentes presenciales al ver cómo francotiradores disparaban a las personas que les ordenaban, cuando éstas no suponían ningún peligro.
Oraciones de duelo en los funerales de Nadeem Nowarrah y Mohammad Abu Thaher.
Las cosas más extrañas se convierten en rutina. Todas las noches de la semana, hay un taxi parado frente al recinto de la prisión militar de Ofer en Beitunia, alrededor de 10 minutos al sur de Ramallah, esperando a que se abra la puerta y que la crucen un puñado de hombres aturdidos cargando sus pertenencias en bolsas selladas de plástico mientras caminan hacia la libertad o, al menos, hacia una cárcel más espaciosa conocida como Cisjordania. A veces hay una camioneta en la que venden café, patatas y barritas de caramelo a las familias de los presos mientras esperan en el suelo polvoriento fuera del recinto que también aloja una base militar Israelí, un checkpoint para camiones que entran a Israel, y un tribunal militar —la población de Cisjordania es juzgada en procesos militares en vez de civiles. La última vez que se publicaron datos sobre la tasa de condenas ascendía a 99,74%. La cárcel, por tanto, juega un papel de gran importancia en la vida de Cisjordania: prácticamente la mitad de todos los varones palestinos ha sido encarcelado en algún momento de su vida.
Cada viernes, cuando los tribunales están cerrados y ningún preso puede ser liberado, adolescentes y jóvenes de Beitunia, Ramallah, y los pueblos de alrededor se reúnen en la larga carretera fuera de la cárcel para tirar piedras hacia la puerta de metal. Pocas veces llegan lo suficientemente cerca para golpearla. Los soldados responden con balas de acero revestidas de goma, grandes cantidades de gases lacrimógenos y, en algunas ocasiones, con munición real. A veces los enfrentamientos pasan de los viernes a la semana laboral. A veces alguien lanza un cóctel molotov. A veces participan decenas de personas, otras sólo un puñado. Los portavoces del ejército israelí —y siguiendo su ejemplo la mayoría de los medios de comunicación israelíes— llaman a los enfrentamientos “disturbios”, palabra que les despoja de cualquier intención política y, a quienes participan en ellos, de cualquier cosa parecido a la racionalidad. No son disturbios y tampoco son exactamente manifestaciones. La mayoría de protestas de Cisjordania tienen algún objetivo simbólico claro: cerrar una carretera o forzar un checkpoint, romper una valla, llegar a territorios ocupados por colonos. En la cárcel de Ofer, los niños arriesgan su vida por lanzar piedras a la prisión en la que seguramente serán encarcelados un día generalmente desde una distancia demasiado grande como para alcanzar su objetivo. La desesperanza también tiene sus rutinas.
Estaba en el centro de Ramallah cuando lo escuché. Alguien había sido asesinado fuera de la cárcel. Era el 15 de Mayo, el día de la Nakba, el 66 aniversario del día en el que se levantaron más de 700.000 palestinos en ciudades y pueblos de lo que se convertiría en el Estado de Israel. (Pregunta a los Cherokee: la fiesta patria de un hombre es un desastre para otro). De los postes de la luz colgaban banderas negras. Fui al hospital y encontré a cientos de personas reunidas en el patio. En la puerta, fui corriendo hacia un médico que conocía y se llamaba Ahmad Nasser. Acababa de llegar de Ofer. Había dos muertos, dijo. El había traído al primero. Se llamaba Nadeem Nowarrah. Le habían disparado en el corazón. Tenía 17 años.
Nasser me contó que había visto al comandante mirando a través de prismáticos y señalando a los francotiradores hacia dónde debían disparar. En total hubo nueve heridos, todos por munición real. El otro chico que murió también había recibido un disparo en el pecho. Se llamaba Mohammad Abu Thaher. También tenía 17 años. (Otras fuentes periodísticas han dado diferentes datos sobre su edad, de 15 a 22 años). Me encontré a Mohannad Darabee, el médico que había atendido a Abu Thaher en primer lugar. “Escuchamos el disparo y bajamos” dijo. “Miramos hacia atrás y él seguía en el suelo. Gritó y después no dijo nada más”.
El muro de cemento fuera de Ofer. Los testigos informaron de que el disparo que mató a Nadeem fue disparado por soldados que se encontraban detrás de ese muro.
La calle del hospital estaba abarrotada. Adolescentes, algunos todavía con sus uniformes de colegio, pasaban por allí con lágrimas en los ojos. Otros se sentaban en la acera llorando. En dos ocasiones vi un grupo de chicos llevando a uno de ellos tambaleándose de pena hacia la sala de emergencias. Una multitud se había reunido en la morgue del hospital, un edificio bajo estucado. El padre de Nadeem Nowarrah estaba allí. Tendría unos cuarenta y cinco años, con el pelo prematuramente canoso. Las cámaras le rodeaban mientras esperaba a ver los restos de su hijo. Una y otra vez llamaba a Dios y a su hijo. “Querido mío”, gritaba una y otra vez. “Si pudiera, si pudiera”, gritaba. Detrás suyo, una mujer gemía gritando.
Un poco más tarde de las cinco, se formó una manifestación: cientos de personas aplaudiendo y cantando. Algunos de los jóvenes que había visto antes abrazándose unos a otros en lágrimas caminaban al frente gritando himnos nacionalistas. De un momento a otro, el dolor individual se transformó en rabia colectiva. Marcharon de la puerta del hospital a la morgue y al revés para llegar después a las calles de la ciudad. “La sangre de los mártires está llamando”, gritaban. El chico que habían llevado antes a urgencias yacía colapsado en el cemento, tratando de respirar, solo.
Vi a Rajai Abu Khalil, un doctor joven que trabaja en urgencias de pie fuera del hospital fumando un cigarro. “Dentro es una locura” dijo. Uno de los heridos estaba todavía en cuidados intensivos. “Puede que salga”, dijo, “puede que no”. El resto había sido herido en las extremidades. Todo saldría bien. Pero Abu Khalil no tenía ninguna duda de que los soldados habían utilizado munición real (los medios de comunicación israelíes todavía repetían la afirmación del Ejército de que los soldados de Ofer solo habían disparado balas de goma). “Había heridas de salida”, me contó Abu Khalil. Nadeem todavía estaba vivo cuando llegó al hospital. Cuando le abrió el pecho “su corazón estaba destrozado”. Murió algunos minutos más tarde. Abu Khalil dio una larga calada a su cigarro. “Eran unos niños”, dijo, “todos ellos”.
Por la noche, las fotos estaban colgadas en Facebook: Nadeem haciendo girar su pelota de baloncesto, Mohammad sonriendo, un selfie de Nadeem con su uniforme de los Boy Scout con el brazo de un amigo rodeando sus hombros, los dos chicos boca abajo sobre el asfalto de la carretera de Ofer. A la mañana siguiente fui al funeral. Había demasiada gente para poder entrar en la mezquita, así que se reunieron en un campo detrás de la Universidad de Bir Zeit para realizar las plegarias. Se colocaron lonas gigantes azules y negras en el suelo para que los dolientes no se ensuciaran la ropa cuando se arrodillaran para rezar, pero las lonas no eran suficientemente grandes para que todo el mundo pudiera entrar. Algunos hombres trajeron sus propias alfombras para rezar. Otros se arrodillaron en periódicos o en sus kuffiyas (pañuelo palestino), en banderas amarillas de Fatah o verdes de Hamas. En el centro de la multitud, al frente, los dos cadáveres yacían en sus ataúdes, con sus cuerpos envueltos en banderas palestinas, una bandera amarilla en el pecho de Nadeem Nowarrah y una verde en el de Mohammad Abu Thaher.
Procesión en el funeral de Nadeem Nowarrah, en el pueblo de Mazra’a al Qabilia de Cisjordania.
Después de la oración, cuando todo el mundo se levantó de nuevo y los discursos políticos habían acabado, los porteadores levantaron el cuerpo de Nowarrah en sus hombros y empezaron a transportarlo por la serpenteante carretera que bajaba hacia el valle, dirigiéndose al pueblo de su familia Mazra’a al Qabilia. Las mujeres miraban desde los balcones, llorando. Una banda de tambores en uniformes de los Boy Scout lideraba la procesión a lo largo de las estrechas callejuelas del pueblo. Detrás oscilaba Nowarrah en su ataúd, en una horrible parodia del sueño: sus ojos cerrados, sus mejillas lisas y ligeramente amarilleadas, los labios separados lo justo para enseñar sus dientes. Los hombre que estaban directamente a su alrededor daban palmas y gritaban, pero detrás de ellos, los asistentes caminaban en silencio hasta que llegaron al cementerio del pueblo, en una ladera elevada cubierta de hierba y cardos. En la parte de abajo del valle había un grupo de remolques blancos, un “puesto de avanzada”, un asentamiento en embrión. Dos torres de radio sobresalían desde más colonias ya establecidas un poco más allá de las colinas. Casi todas las puertas y todas las paredes de la aldea tenían un cartel de Nadeem: un chico de pelo corto en camiseta y sudadera con capucha, frente a la cámara, con la mandíbula y la boca ligeramente torcidos, como si estuviera a punto de hablar, o a punto de sonreír.
Ya avanzada la tarde, tomé un taxi a Ofer. Los enfrentamientos casi habían terminado cuando llegué. Sólo cinco o seis jóvenes permanecían, turnándose para lanzar piedras contra un enemigo demasiado lejos para verlo. Dos ambulancias esperaban al ralentí al lado de ellos.
Regresé dos días más tarde con Mohannad Darabee , el médico que había tratado a Abu Thaher, y con Samer Nazal, un fotoperiodista que había estado a pocos metros de Nadeem cuando le dispararon. “Fue exactamente aquí”, dijo Nazal, de pie en medio de la calle. Las puertas de la cárcel ni siquiera eran visibles desde donde estábamos. Había cerca de 60 personas en la calle esa tarde, dijo, 10 o 12 lanzando piedras y otras 50 ligeramente más atrás. Era, dijo Nazal, un enfrentamiento “normal”, incluso en calma. 20 o 30 soldados se habían reunido detrás de un destrozado muro de hormigón, en el borde del aparcamiento de la prisión, a unos 200 metros carretera abajo. Un grupo más pequeño de la policía fronteriza israelí permanecía en la ladera, a unos 10 metros por encima de la calle y unos 50 metros de distancia.
La construcción junto a la cual Nowarrah y Abu Thaher fueron abatidos. Sus nombres han sido pintados en rojo sobre el muro.
Ambos grupos estaban demasiado distantes para estar en peligro de ser golpeados por las piedras, pero los soldados, dijo Nazal, estaban usando munición real cuando llegó al lugar. No estaban disparando salvajemente. “Cada vez era un solo disparo”, dijo, “como un francotirador”. Había permanecido allí menos de 15 minutos cuando Nowarrah fue alcanzado. “En ese momento recibió un disparo cuando simplemente permanecía de pie en la calle. Ellos le vieron y le dispararon”. Darabee llegó al lugar unos 15 minutos después de que la ambulancia se llevara Nadeem. No había nadie allí pero sabía que la herida de Nadeem había sido fatal. Abu Thaher, dijo Darabee, sólo había tirado una piedra a la Policía de Fronteras que estaba en la colina, y corría para ponerse a cubierto detrás de un edificio. Le dispararon por la espalda y cayó en la calzada a unos 10 metros del lugar donde había caído Nadeem. Darabee puso su mano sobre la salida de la herida, en el pecho del chico, para que dejase de sangrar. “Puso su mano sobre la mía”, dijo Darabee, y no se movió más. “Murió cuando estábamos llevándole hasta la ambulancia. Pensamos que se había desmayado”.
El propietario del edificio nos invitó a su oficina para tomar un café. Sus cámaras de seguridad habían registrado los tiroteos, dijo, pero él le había dado el material de archivo a la policía palestina. (También le dio una copia a la organización no gubernamental Defensa Internacional de los Niños, que lo publicó en internet). Los testigos me dijeron que habían visto a los comandantes eligiendo los objetivos y habían apuntando hacia ellos antes de sonara cada disparo. El comandante del ejército que estaba detrás del muro derruido, dijo Darabee, usaba prismáticos. El comandante de la Policía de Fronteras en la ladera, dijo Nazal, no los necesitaba. Él señaló, un soldado disparó, y Nadeem cayó. “He estado en muchos enfrentamientos y nunca he visto esto antes”, dijo Nazal. “Estaban de cacería”.
Asesinato ilegal de dos jóvenes en las afueras de Ofer. Defence for Children Palestine.